{"id":293384,"date":"2002-10-15T22:00:00","date_gmt":"2002-10-15T20:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/rosarium-virginis-mariae\/"},"modified":"2024-05-13T20:46:07","modified_gmt":"2024-05-13T18:46:07","slug":"rosarium-virginis-mariae","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/rosarium-virginis-mariae\/","title":{"rendered":"Rosarium Virginis Mariae"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0  <b>ITRODUCCI\u00d3N<\/b>  1. El Rosario de la Virgen Mar\u00eda, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Esp\u00edritu de Dios, es una oraci\u00f3n apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo tambi\u00e9n en este tercer Milenio apenas iniciado una oraci\u00f3n de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, despu\u00e9s de dos mil a\u00f1os, no ha perdido nada de la novedad de los or\u00edgenes, y se siente empujado por el Esp\u00edritu de Dios a \u201cremar mar adentro\u201d (duc in altum!), para anunciar, m\u00e1s a\u00fan, \u2019proclamar\u2019 a Cristo al mundo como Se\u00f1or y Salvador, \u201cel Camino, la Verdad y la Vida\u201d (Jn14, 6), el \u201cfin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilizaci\u00f3n\u201d.1 El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su car\u00e1cter mariano, es una oraci\u00f3n centrada en la cristolog\u00eda. En la sobriedad de sus partes, concentra en s\u00ed la profundidad de todo el mensaje evang\u00e9lico, del cual es como un compendio.2 En \u00e9l resuena la oraci\u00f3n de Mar\u00eda, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnaci\u00f3n redentora en su seno virginal. Con \u00e9l, el pueblo cristiano aprende de Mar\u00eda a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibi\u00e9ndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor.  <b>Los Romanos Pont\u00edfices y el Rosario<\/b> 2. A esta oraci\u00f3n le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores. Un m\u00e9rito particular a este respecto corresponde a Le\u00f3n XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulg\u00f3 la Enc\u00edclica Supremi apostolatus officio,3 importante declaraci\u00f3n con la cual inaugur\u00f3 otras muchas intervenciones sobre esta oraci\u00f3n, indic\u00e1ndola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los Papas m\u00e1s recientes que, en la \u00e9poca conciliar, se han distinguido por la promoci\u00f3n del Rosario, deseo recordar al Beato Juan XXIII4 y, sobre todo, a PabloVI, que en la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Marialis cultus, en consonancia con la inspiraci\u00f3n del Concilio Vaticano II, subray\u00f3 el car\u00e1cter evang\u00e9lico del Rosario y su orientaci\u00f3n cristol\u00f3gica. Yo mismo, despu\u00e9s, no he dejado pasar ocasi\u00f3n de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oraci\u00f3n ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis a\u00f1os j\u00f3venes. Me lo ha recordado mucho mi reciente viaje a Polonia, especialmente la visita al Santuario de Kalwaria. El Rosario me ha acompa\u00f1ado en los momentos de alegr\u00eda y en los de tribulaci\u00f3n. A \u00e9l he confiado tantas preocupaciones y en \u00e9l siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro a\u00f1os, el 29 de octubre de 1978, dos semanas despu\u00e9s de la elecci\u00f3n a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expres\u00e9 as\u00ed: \u201cEl Rosario es mi oraci\u00f3n predilecta. \ufffdPlegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [&#8230;] Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oraci\u00f3n sobre el cap\u00edtulo final de la Constituci\u00f3n Lumen gentium del Vaticano II, cap\u00edtulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemar\u00edas pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comuni\u00f3n vital con Jes\u00fas a trav\u00e9s \u2013podr\u00edamos decir\u2013 del Coraz\u00f3n de su Madre. Al mismo tiempo nuestro coraz\u00f3n puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la naci\u00f3n, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del pr\u00f3jimo, sobre todo de las personas m\u00e1s cercanas o que llevamos m\u00e1s en el coraz\u00f3n. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana \u201d.5 Con estas palabras, mis queridos Hermanos y Hermanas, introduc\u00eda mi primer a\u00f1o de Pontificado en el ritmo cotidiano del Rosario. Hoy, al inicio del vig\u00e9simo quinto a\u00f1o de servicio como Sucesor de Pedro, quiero hacer lo mismo. Cu\u00e1ntas gracias he recibido de la Sant\u00edsima Virgen a trav\u00e9s del Rosario en estos a\u00f1os: Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Se\u00f1or con las palabras de su Madre Sant\u00edsima, bajo cuya protecci\u00f3n he puesto mi ministerio petrino: Totus tuus!  <b>Octubre 2002 &#8211; Octubre 2003: A\u00f1o del Rosario<\/b> 3. Por eso, de acuerdo con las consideraciones hechas en la Carta apost\u00f3lica Novo millennio ineunte, en la que, despu\u00e9s de la experiencia jubilar, he invitado al Pueblo de Dios \u201c a caminar desde Cristo \u201d,6 he sentido la necesidad de desarrollar una reflexi\u00f3n sobre el Rosario, en cierto modo como coronaci\u00f3n mariana de dicha Carta apost\u00f3lica, para exhortar a la contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo en compa\u00f1\u00eda y a ejemplo de su Sant\u00edsima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con Mar\u00eda el rostro de Cristo. Para dar mayor realce a esta invitaci\u00f3n, con ocasi\u00f3n del pr\u00f3ximo ciento veinte aniversario de la mencionada Enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, deseo que a lo largo del a\u00f1o se proponga y valore de manera particular esta oraci\u00f3n en las diversas comunidades cristianas. Proclamo, por tanto, el a\u00f1o que va de este octubre a octubre de 2003 A\u00f1o del Rosario. Dejo esta indicaci\u00f3n pastoral a la iniciativa de cada comunidad eclesial. Con ella no quiero obstaculizar, sino m\u00e1s bien integrar y consolidar los planes pastorales de las Iglesias particulares. Conf\u00edo que sea acogida con prontitud y generosidad. El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al coraz\u00f3n mismo del vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda espiritual y pedag\u00f3gica, para la contemplaci\u00f3n personal, la formaci\u00f3n del Pueblo de Dios y la nueva evangelizaci\u00f3n. Me es grato reiterarlo recordando con gozo tambi\u00e9n otro aniversario: los 40 a\u00f1os del comienzo del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II (11 de octubre de 1962), el \u201cgran don de gracia\u201d dispensada por el esp\u00edritu de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo.7  <b>Objeciones al Rosario<\/b> 4. La oportunidad de esta iniciativa se basa en diversas consideraciones. La primera se refiere a la urgencia de afrontar una cierta crisis de esta oraci\u00f3n que, en el actual contexto hist\u00f3rico y teol\u00f3gico, corre el riesgo de ser infravalorada injustamente y, por tanto, poco propuesta a las nuevas generaciones. Hay quien piensa que la centralidad de la Liturgia, acertadamente subrayada por el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II, tenga necesariamente como consecuencia una disminuci\u00f3n de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualiz\u00f3 Pablo VI, esta oraci\u00f3n no s\u00f3lo no se opone a la Liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participaci\u00f3n interior, recogiendo as\u00ed sus frutos en la vida cotidiana. Quiz\u00e1s hay tambi\u00e9n quien teme que pueda resultar poco ecum\u00e9nica por su car\u00e1cter marcadamente mariano. En realidad, se coloca en el m\u00e1s l\u00edmpido horizonte del culto a la Madre de Dios, tal como el Concilio ha establecido: un culto orientado al centro cristol\u00f3gico de la fe cristiana, de modo que \u201cmientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado\u201d.8 Comprendido adecuadamente, el Rosario es una ayuda, no un obst\u00e1culo para el ecumenismo.  <b>V\u00eda de contemplaci\u00f3n<\/b> 5. Pero el motivo m\u00e1s importante para volver a proponer con determinaci\u00f3n la pr\u00e1ctica del Rosario es por ser un medio sumamente v\u00e1lido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplaci\u00f3n del misterio cristiano, que he propuesto en la Carta Apost\u00f3lica Novo millennio ineunte como verdadera y propia \u2019pedagog\u00eda de la santidad\u2019: \u201ces necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oraci\u00f3n\u201d.9 Mientras en la cultura contempor\u00e1nea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, impulsada tambi\u00e9n por influjo de otras religiones, es m\u00e1s urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en \u201caut\u00e9nticas escuelas de oraci\u00f3n\u201d.10 El Rosario forma parte de la mejor y m\u00e1s reconocida tradici\u00f3n de la contemplaci\u00f3n cristiana. Iniciado en Occidente, es una oraci\u00f3n t\u00edpicamente meditativa y se corresponde de alg\u00fan modo con la \u201coraci\u00f3n del coraz\u00f3n\u201d, u \u201coraci\u00f3n de Jes\u00fas\u201d, surgida sobre el humus del Oriente cristiano.  <b>Oraci\u00f3n por la paz y por la familia<\/b> 6. Algunas circunstancias hist\u00f3ricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagaci\u00f3n del Rosario. Ante todo, la urgencia de implorar de Dios el don de la paz. El Rosario ha sido propuesto muchas veces por mis Predecesores y por m\u00ed mismo como oraci\u00f3n por la paz. Al inicio de un milenio que se ha abierto con las horrorosas escenas del atentado del 11 de septiembre de 2001 y que ve cada d\u00eda en muchas partes del mundo nuevos episodios de sangre y violencia, promover el Rosario significa sumirse en la contemplaci\u00f3n del misterio de Aqu\u00e9l que \u201ces nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad\u201d (Ef 2, 14). No se puede, pues, recitar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz, con una particular atenci\u00f3n a la tierra de Jes\u00fas, a\u00fan ahora tan atormentada y tan querida por el coraz\u00f3n cristiano. Otro \u00e1mbito crucial de nuestro tiempo, que requiere una urgente atenci\u00f3n y oraci\u00f3n, es el de la familia, c\u00e9lula de la sociedad, amenazada cada vez m\u00e1s por fuerzas disgregadoras, tanto de \u00edndole ideol\u00f3gica como pr\u00e1ctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable instituci\u00f3n y, con ella, por el destino de toda la sociedad. En el marco de una pastoral familiar m\u00e1s amplia, fomentar el Rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual.  <b>\u201c \ufffdAh\u00ed tienes a tu madre! \u201d (Jn 19, 27)<\/b> 7. Numerosos signos muestran c\u00f3mo la Sant\u00edsima Virgen ejerce tambi\u00e9n hoy, precisamente a trav\u00e9s de esta oraci\u00f3n, aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confi\u00f3 en la persona del disc\u00edpulo predilecto: \u201c\ufffdMujer, ah\u00ed tienes a tu hijo!\u201d (Jn 19, 26). Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo, entre el siglo XIX y XX, ha hecho de alg\u00fan modo notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta forma de oraci\u00f3n contemplativa. Deseo en particular recordar, por la incisiva influencia que conservan en el vida de los cristianos y por el acreditado reconocimiento recibido de la Iglesia, las apariciones de Lourdes y F\u00e1tima,11 cuyos Santuarios son meta de numerosos peregrinos, en busca de consuelo y de esperanza.  <b>Tras las huellas de los testigos<\/b> 8. Ser\u00eda imposible citar la multitud innumerable de Santos que han encontrado en el Rosario un aut\u00e9ntico camino de santificaci\u00f3n. Bastar\u00e1 con recordar a san Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort, autor de un preciosa obra sobre el Rosario12 y, m\u00e1s cercano a nosotros, al Padre P\u00edo de Pietrelcina, que recientemente he tenido la alegr\u00eda de canonizar. Un especial carisma como verdadero ap\u00f3stol del Rosario tuvo tambi\u00e9n el Beato Bartolom\u00e9 Longo. Su camino de santidad se apoya sobre una inspiraci\u00f3n sentida en lo m\u00e1s hondo de su coraz\u00f3n: \u201c \ufffdQuien propaga el Rosario se salva! \u201d.13 Bas\u00e1ndose en ello, se sinti\u00f3 llamado a construir en Pompeya un templo dedicado a la Virgen del Santo Rosario colindante con los restos de la antigua ciudad, apenas influenciada por el anuncio cristiano antes de quedar cubierta por la erupci\u00f3n del Vesuvio en el a\u00f1o 79 y rescatada de sus cenizas siglos despu\u00e9s, como testimonio de las luces y las sombras de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica. Con toda su obra y, en particular, a trav\u00e9s de los \u201cQuince S\u00e1bados\u201d, Bartolom\u00e9 Longo desarroll\u00f3 el meollo cristol\u00f3gico y contemplativo del Rosario, que ha contado con un particular aliento y apoyo en Le\u00f3n XIII, el \u201cPapa del Rosario\u201d.   <b>CAP\u00cdTULO I CONTEMPLAR A CRISTO CON MAR\u00cdA<\/b>  <b>Un rostro brillante como el sol<\/b> 9. \u201cY se transfigur\u00f3 delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol\u201d (Mt 17, 2). La escena evang\u00e9lica de la transfiguraci\u00f3n de Cristo, en la que los tres ap\u00f3stoles Pedro, Santiago y Juan aparecen como extasiados por la belleza del Redentor, puede ser considerada como icono de la contemplaci\u00f3n cristiana. Fijar los ojos en el rostro de Cristo, descubrir su misterio en el camino ordinario y doloroso de su humanidad, hasta percibir su fulgor divino manifestado definitivamente en el Resucitado glorificado a la derecha del Padre, es la tarea de todos los disc\u00edpulos de Cristo; por lo tanto, es tambi\u00e9n la nuestra. Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegr\u00eda del Esp\u00edritu Santo. Se realiza as\u00ed tambi\u00e9n en nosotros la palabra de san Pablo: \u201cReflejamos como en un espejo la gloria del Se\u00f1or, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez m\u00e1s: as\u00ed es como act\u00faa el Se\u00f1or, que es Esp\u00edritu\u201d (2 Co 3, 18).  <b>Mar\u00eda modelo de contemplaci\u00f3n<\/b> 10. La contemplaci\u00f3n de Cristo tiene en Mar\u00eda su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando tambi\u00e9n de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente m\u00e1s grande a\u00fan. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de Mar\u00eda a la contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo. Los ojos de su coraz\u00f3n se concentran de alg\u00fan modo en \u00c9l ya en la Anunciaci\u00f3n, cuando lo concibe por obra del Esp\u00edritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Bel\u00e9n, sus ojos se vuelven tambi\u00e9n tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo \u201cenvolvi\u00f3 en pa\u00f1ales y le acost\u00f3 en un pesebre\u201d (Lc 2, 7). Desde entonces su mirada, siempre llena de adoraci\u00f3n y asombro, no se apartar\u00e1 jam\u00e1s de \u00c9l. Ser\u00e1 a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extrav\u00edo en el templo: \u201c Hijo, \ufffdpor qu\u00e9 nos has hecho esto? \u201d (Lc 2, 48); ser\u00e1 en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo \u00edntimo de Jes\u00fas, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Can\u00e1 (cf. Jn 2, 5); otras veces ser\u00e1 una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todav\u00eda ser\u00e1, en cierto sentido, la mirada de la \u2019parturienta\u2019, ya que Mar\u00eda no se limitar\u00e1 a compartir la pasi\u00f3n y la muerte del Unig\u00e9nito, sino que acoger\u00e1 al nuevo hijo en el disc\u00edpulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27); en la ma\u00f1ana de Pascua ser\u00e1 una mirada radiante por la alegr\u00eda de la resurrecci\u00f3n y, por fin, una mirada ardorosa por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s (cf. Hch 1, 14).  <b>Los recuerdos de Mar\u00eda<\/b> 11. Mar\u00eda vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras: \u201c Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su coraz\u00f3n \u201d (Lc 2, 19; cf. 2, 51). Los recuerdos de Jes\u00fas, impresos en su alma, la han acompa\u00f1ado en todo momento, llev\u00e1ndola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto al Hijo. Han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en cierto sentido, el \u2019rosario\u2019 que Ella ha recitado constantemente en los d\u00edas de su vida terrenal. Y tambi\u00e9n ahora, entre los cantos de alegr\u00eda de la Jerusal\u00e9n celestial, permanecen intactos los motivos de su acci\u00f3n de gracias y su alabanza. Ellos inspiran su materna solicitud hacia la Iglesia peregrina, en la que sigue desarrollando la trama de su \u2019papel\u2019 de evangelizadora. Mar\u00eda propone continuamente a los creyentes los \u2019misterios\u2019 de su Hijo, con el deseo de que sean contemplados, para que puedan derramar toda su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana est\u00e1 en sinton\u00eda con el recuerdo y con la mirada de Mar\u00eda.   <b>El Rosario, oraci\u00f3n contemplativa<\/b> 12. El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de Mar\u00eda, es una oraci\u00f3n marcadamente contemplativa. Sin esta dimensi\u00f3n, se desnaturalizar\u00eda, como subray\u00f3 Pablo VI: \u201cSin contemplaci\u00f3n, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mec\u00e1nica repetici\u00f3n de f\u00f3rmulas y de contradecir la advertencia de Jes\u00fas: \u00abCuando or\u00e9is, no se\u00e1is charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad\u00bb (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditaci\u00f3n de los misterios de la vida del Se\u00f1or, vistos a trav\u00e9s del coraz\u00f3n de Aquella que estuvo m\u00e1s cerca del Se\u00f1or, y que desvelen su insondable riqueza\u201d.14 Es necesario detenernos en este profundo pensamiento de Pablo VI para poner de relieve algunas dimensiones del Rosario que definen mejor su car\u00e1cter de contemplaci\u00f3n cristol\u00f3gica.  <b>Recordar a Cristo con Mar\u00eda<\/b> 13. La contemplaci\u00f3n de Mar\u00eda es ante todo un recordar. Conviene sin embargo entender esta palabra en el sentido b\u00edblico de la memoria (zakar), que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la salvaci\u00f3n. La Biblia es narraci\u00f3n de acontecimientos salv\u00edficos, que tienen su culmen en el propio Cristo. Estos acontecimientos no son solamente un \u2019ayer\u2019; son tambi\u00e9n el \u2019hoy\u2019 de la salvaci\u00f3n. Esta actualizaci\u00f3n se realiza en particular en la Liturgia: lo que Dios ha llevado a cabo hace siglos no concierne solamente a los testigos directos de los acontecimientos, sino que alcanza con su gracia a los hombres de cada \u00e9poca. Esto vale tambi\u00e9n, en cierto modo, para toda consideraci\u00f3n piadosa de aquellos acontecimientos: \u201chacer memoria\u201d de ellos en actitud de fe y amor significa abrirse a la gracia que Cristo nos ha alcanzado con sus misterios de vida, muerte y resurrecci\u00f3n. Por esto, mientras se reafirma con el Concilio Vaticano II que la Liturgia, como ejercicio del oficio sacerdotal de Cristo y culto p\u00fablico, es \u201cla cumbre a la que tiende la acci\u00f3n de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza\u201d,15 tambi\u00e9n es necesario recordar que la vida espiritual \u201c no se agota s\u00f3lo con la participaci\u00f3n en la sagrada Liturgia. El cristiano, llamado a orar en com\u00fan, debe no obstante, entrar tambi\u00e9n en su interior para orar al Padre, que ve en lo escondido (cf. Mt 6, 6); m\u00e1s a\u00fan: seg\u00fan ense\u00f1a el Ap\u00f3stol, debe orar sin interrupci\u00f3n (cf. 1 Ts 5, 17) \u201d.16 El Rosario, con su car\u00e1cter espec\u00edfico, pertenece a este variado panorama de la oraci\u00f3n \u2019incesante\u2019, y si la Liturgia, acci\u00f3n de Cristo y de la Iglesia, es acci\u00f3n salv\u00edfica por excelencia, el Rosario, en cuanto meditaci\u00f3n sobre Cristo con Mar\u00eda, es contemplaci\u00f3n saludable. En efecto, penetrando, de misterio en misterio, en la vida del Redentor, hace que cuanto \u00c9l ha realizado y la Liturgia actualiza sea asimilado profundamente y forje la propia existencia.  <b>Comprender a Cristo desde Mar\u00eda<\/b> 14. Cristo es el Maestro por excelencia, el revelador y la revelaci\u00f3n. No se trata s\u00f3lo de comprender las cosas que \u00c9l ha ense\u00f1ado, sino de \u2019comprenderle a \u00c9l\u2019. Pero en esto, \ufffdqu\u00e9 maestra m\u00e1s experta que Mar\u00eda? Si en el \u00e1mbito divino el Esp\u00edritu es el Maestro interior que nos lleva a la plena verdad de Cristo (cf. Jn 14, 26; 15, 26; 16, 13), entre las criaturas nadie mejor que Ella conoce a Cristo, nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio. El primero de los \u2019signos\u2019 llevado a cabo por Jes\u00fas \u2013la transformaci\u00f3n del agua en vino en las bodas de Can\u00e1\u2013 nos muestra a Mar\u00eda precisamente como maestra, mientras exhorta a los criados a ejecutar las disposiciones de Cristo (cf. Jn 2, 5). Y podemos imaginar que ha desempe\u00f1ado esta funci\u00f3n con los disc\u00edpulos despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n de Jes\u00fas, cuando se qued\u00f3 con ellos esperando el Esp\u00edritu Santo y los confort\u00f3 en la primera misi\u00f3n. Recorrer con Mar\u00eda las escenas del Rosario es como ir a la \u2019escuela\u2019 de Mar\u00eda para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje. Una escuela, la de Mar\u00eda, mucho m\u00e1s eficaz, si se piensa que Ella la ejerce consigui\u00e9ndonos abundantes dones del Esp\u00edritu Santo y proponi\u00e9ndonos, al mismo tiempo, el ejemplo de aquella \u201cperegrinaci\u00f3n de la fe\u201d,17 en la cual es maestra incomparable. Ante cada misterio del Hijo, Ella nos invita, como en su Anunciaci\u00f3n, a presentar con humildad los interrogantes que conducen a la luz, para concluir siempre con la obediencia de la fe: \u201c He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra \u201d (Lc 1, 38).  <b>Configurarse a Cristo con Mar\u00eda<\/b> 15. La espiritualidad cristiana tiene como caracter\u00edstica el deber del disc\u00edpulo de configurarse cada vez m\u00e1s plenamente con su Maestro (cf. Rm 8, 29; Flp 3, 10. 21). La efusi\u00f3n del Esp\u00edritu en el Bautismo une al creyente como el sarmiento a la vid, que es Cristo (cf. Jn 15, 5), lo hace miembro de su Cuerpo m\u00edstico (cf. 1 Co 12, 12; Rm 12, 5). A esta unidad inicial, sin embargo, ha de corresponder un camino de adhesi\u00f3n creciente a \u00c9l, que oriente cada vez m\u00e1s el comportamiento del disc\u00edpulo seg\u00fan la \u2019l\u00f3gica\u2019 de Cristo: \u201cTened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo\u201d (Flp 2, 5). Hace falta, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol, \u201crevestirse de Cristo\u201d (cf. Rm 13, 14; Ga 3, 27). En el recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplaci\u00f3n incesante del rostro de Cristo \u2013en compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda\u2013 este exigente ideal de configuraci\u00f3n con \u00c9l se consigue a trav\u00e9s de una asiduidad que pudi\u00e9ramos decir \u2019amistosa\u2019. \u00c9sta nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como \u2019respirar\u2019 sus sentimientos. Acerca de esto dice el Beato Bartolom\u00e9 Longo: \u201cComo dos amigos, frecuent\u00e1ndose, suelen parecerse tambi\u00e9n en las costumbres, as\u00ed nosotros, conversando familiarmente con Jes\u00fas y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comuni\u00f3n, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra peque\u00f1ez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto\u201d.18 Adem\u00e1s, mediante este proceso de configuraci\u00f3n con Cristo, en el Rosario nos encomendamos en particular a la acci\u00f3n materna de la Virgen Santa. Ella, que es la madre de Cristo y a la vez miembro de la Iglesia como \u201cmiembro supereminente y completamente singular\u201d,19 es al mismo tiempo \u2019Madre de la Iglesia\u2019. Como tal \u2019engendra\u2019 continuamente hijos para el Cuerpo m\u00edstico del Hijo. Lo hace mediante su intercesi\u00f3n, implorando para ellos la efusi\u00f3n inagotable del Esp\u00edritu. Ella es el icono perfecto de la maternidad de la Iglesia. El Rosario nos transporta m\u00edsticamente junto a Mar\u00eda, dedicada a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret. Eso le permite educarnos y modelarnos con la misma diligencia, hasta que Cristo \u201csea formado\u201d plenamente en nosotros (cf. Ga 4, 19). Esta acci\u00f3n de Mar\u00eda, basada totalmente en la de Cristo y subordinada radicalmente a ella, \u201cfavorece, y de ninguna manera impide, la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo\u201d.20 Es el principio iluminador expresado por el Concilio Vaticano II, que tan intensamente he experimentado en mi vida, haciendo de \u00e9l la base de mi lema episcopal: Totus tuus.21 Un lema, como es sabido, inspirado en la doctrina de san Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort, que explic\u00f3 as\u00ed el papel de Mar\u00eda en el proceso de configuraci\u00f3n de cada uno de nosotros con Cristo: \u201cComo quiera que toda nuestra perfecci\u00f3n consiste en el ser conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la m\u00e1s perfecta de la devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, nos une y nos consagra lo m\u00e1s perfectamente posible a Jesucristo. Ahora bien, siendo Mar\u00eda, de todas las criaturas, la m\u00e1s conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las devociones, la que m\u00e1s consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoci\u00f3n a Mar\u00eda, su Sant\u00edsima Madre, y que cuanto m\u00e1s consagrada est\u00e9 un alma a la Sant\u00edsima Virgen, tanto m\u00e1s lo estar\u00e1 a Jesucristo\u201d.22 De verdad, en el Rosario el camino de Cristo y el de Mar\u00eda se encuentran profundamente unidos. \ufffdMar\u00eda no vive m\u00e1s que en Cristo y en funci\u00f3n de Cristo!  <b>Rogar a Cristo con Mar\u00eda<\/b> 16. Cristo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza para ser escuchados: \u201cPedid y se os dar\u00e1; buscad y hallar\u00e9is; llamad y se os abrir\u00e1\u201d (Mt 7, 7). El fundamento de esta eficacia de la oraci\u00f3n es la bondad del Padre, pero tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n de Cristo ante \u00c9l (cf. 1 Jn 2, 1) y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que \u201cintercede por nosotros\u201d (Rm 8, 26-27) seg\u00fan los designios de Dios. En efecto, nosotros \u201cno sabemos c\u00f3mo pedir\u201d (Rm 8, 26) y a veces no somos escuchados porque pedimos mal (cf. St 4, 2-3). Para apoyar la oraci\u00f3n, que Cristo y el Esp\u00edritu hacen brotar en nuestro coraz\u00f3n, interviene Mar\u00eda con su intercesi\u00f3n materna. \u201cLa oraci\u00f3n de la Iglesia est\u00e1 como apoyada en la oraci\u00f3n de Mar\u00eda\u201d.23 Efectivamente, si Jes\u00fas, \u00fanico Mediador, es el Camino de nuestra oraci\u00f3n, Mar\u00eda, pura transparencia de \u00c9l, muestra el Camino, y \u201ca partir de esta cooperaci\u00f3n singular de Mar\u00eda a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oraci\u00f3n a la santa Madre de Dios, centr\u00e1ndola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios\u201d.24 En las bodas de Can\u00e1, el Evangelio muestra precisamente la eficacia de la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, que se hace portavoz ante Jes\u00fas de las necesidades humanas: \u201cNo tienen vino\u201d (Jn 2, 3). El Rosario es a la vez meditaci\u00f3n y s\u00faplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesi\u00f3n lo puede todo ante el coraz\u00f3n del Hijo. Ella es \u201comnipotente por gracia\u201d, como, con audaz expresi\u00f3n que debe entenderse bien, dijo en su S\u00faplica a la Virgen el Beato Bartolom\u00e9 Longo.25 Basada en el Evangelio, \u00e9sta es una certeza que se ha ido consolidando por experiencia propia en el pueblo cristiano. El eminente poeta Dante la interpreta estupendamente, siguiendo a san Bernardo, cuando canta: \u201cMujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas\u201d.26 En el Rosario, mientras suplicamos a Mar\u00eda, templo del Esp\u00edritu Santo (cf. Lc 1, 35), Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros.  <b>Anunciar a Cristo con Mar\u00eda<\/b> 17. El Rosario es tambi\u00e9n un itinerario de anuncio y de profundizaci\u00f3n, en el que el misterio de Cristoes presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia cristiana. Es una presentaci\u00f3n orante y contemplativa, que trata de modelar al cristiano seg\u00fan el coraz\u00f3n de Cristo. Efectivamente, si en el rezo del Rosario se valoran adecuadamente todos sus elementos para una meditaci\u00f3n eficaz, se da, especialmente en la celebraci\u00f3n comunitaria en las parroquias y los santuarios, una significativa oportunidad catequ\u00e9tica que los Pastores deben saber aprovechar. La Virgen del Rosario contin\u00faa tambi\u00e9n de este modo su obra de anunciar a Cristo. La historia del Rosario muestra c\u00f3mo esta oraci\u00f3n ha sido utilizada especialmente por los Dominicos, en un momento dif\u00edcil para la Iglesia a causa de la difusi\u00f3n de la herej\u00eda. Hoy estamos ante nuevos desaf\u00edos. \ufffdPor qu\u00e9 no volver a tomar en la mano las cuentas del rosario con la fe de quienes nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador.  <b>CAP\u00cdTULO II MISTERIOS DE CRISTO, MISTERIOS DE LA MADRE<\/b>  <b>El Rosario \u201ccompendio del Evangelio\u201d<\/b> 18. A la contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo s\u00f3lo se llega escuchando, en el Esp\u00edritu, la voz del Padre, pues \u201cnadie conoce bien al Hijo sino el Padre\u201d (Mt 11, 27). Cerca de Cesarea de Felipe, ante la confesi\u00f3n de Pedro, Jes\u00fas puntualiza de d\u00f3nde proviene esta clara intuici\u00f3n sobre su identidad: \u201cNo te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u201d (Mt 16, 17). As\u00ed pues, es necesaria la revelaci\u00f3n de lo alto. Pero, para acogerla, es indispensable ponerse a la escucha: \u201cS\u00f3lo la experiencia del silencio y de la oraci\u00f3n ofrece el horizonte adecuado en el que puede madurar y desarrollarse el conocimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico, fiel y coherente, de aquel misterio\u201d.27 El Rosario es una de las modalidades tradicionales de la oraci\u00f3n cristiana orientada a la contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo. As\u00ed lo describ\u00eda el Papa Pablo VI: \u201c Oraci\u00f3n evang\u00e9lica centrada en el misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora, el Rosario es, pues, oraci\u00f3n de orientaci\u00f3n profundamente cristol\u00f3gica. En efecto, su elemento m\u00e1s caracter\u00edstico \u2013la repetici\u00f3n lit\u00e1nica del \u00abDios te salve, Mar\u00eda\u00bb\u2013 se convierte tambi\u00e9n en alabanza constante a Cristo, t\u00e9rmino \u00faltimo del anuncio del \u00c1ngel y del saludo de la Madre del Bautista: \u00abBendito el fruto de tu seno\u00bb (Lc 1,42). Diremos m\u00e1s: la repetici\u00f3n del Ave Maria constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplaci\u00f3n de los misterios: el Jes\u00fas que toda Ave Mar\u00eda recuerda es el mismo que la sucesi\u00f3n de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen\u201d.28  <b>Una incorporaci\u00f3n oportuna<\/b> 19. De los muchos misterios de la vida de Cristo, el Rosario, tal como se ha consolidado en la pr\u00e1ctica m\u00e1s com\u00fan corroborada por la autoridad eclesial, s\u00f3lo considera algunos. Dicha selecci\u00f3n proviene del contexto original de esta oraci\u00f3n, que se organiz\u00f3 teniendo en cuenta el n\u00famero 150, que es el mismo de los Salmos. No obstante, para resaltar el car\u00e1cter cristol\u00f3gico del Rosario, considero oportuna una incorporaci\u00f3n que, si bien se deja a la libre consideraci\u00f3n de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar tambi\u00e9n los misterios de la vida p\u00fablica de Cristo desde el Bautismo a la Pasi\u00f3n. En efecto, en estos misterios contemplamos aspectos importantes de la persona de Cristo como revelador definitivo de Dios. \u00c9l es quien, declarado Hijo predilecto del Padre en el Bautismo en el Jord\u00e1n, anuncia la llegada del Reino, dando testimonio de \u00e9l con sus obras y proclamando sus exigencias. Durante la vida p\u00fablica es cuando el misterio de Cristo se manifiesta de manera especial como misterio de luz: \u201cMientras estoy en el mundo, soy luz del mundo\u201d (Jn 9, 5). Para que pueda decirse que el Rosario es m\u00e1s plenamente \u2019compendio del Evangelio\u2019, es conveniente pues que, tras haber recordado la encarnaci\u00f3n y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasi\u00f3n (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrecci\u00f3n (misterios de gloria), la meditaci\u00f3n se centre tambi\u00e9n en algunos momentos particularmente significativos de la vida p\u00fablica (misterios de luz). Esta incorporaci\u00f3n de nuevos misterios, sin prejuzgar ning\u00fan aspecto esencial de la estructura tradicional de esta oraci\u00f3n, se orienta a hacerla vivir con renovado inter\u00e9s en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducci\u00f3n a la profundidad del Coraz\u00f3n de Cristo, abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria.  <b>Misterios de gozo<\/b> 20. El primer ciclo, el de los \u201cmisterios gozosos\u201d, se caracteriza efectivamente por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n. Esto es evidente desde la anunciaci\u00f3n, cuando el saludo de Gabriel a la Virgen de Nazaret se une a la invitaci\u00f3n a la alegr\u00eda mesi\u00e1nica: \u201cAl\u00e9grate, Mar\u00eda\u201d. A este anuncio apunta toda la historia de la salvaci\u00f3n, es m\u00e1s, en cierto modo, la historia misma del mundo. En efecto, si el designio del Padre es de recapitular en Cristo todas las cosas (cf. Ef 1, 10), el don divino con el que el Padre se acerca a Mar\u00eda para hacerla Madre de su Hijo alcanza a todo el universo. A su vez, toda la humanidad est\u00e1 como implicada en el fiat con el que Ella responde prontamente a la voluntad de Dios. El regocijo se percibe en la escena del encuentro con Isabel, d\u00f3nde la voz misma de Mar\u00eda y la presencia de Cristo en su seno hacen \u201csaltar de alegr\u00eda\u201d a Juan (cf. Lc 1, 44). Repleta de gozo es la escena de Bel\u00e9n, donde el nacimiento del divino Ni\u00f1o, el Salvador del mundo, es cantado por los \u00e1ngeles y anunciado a los pastores como \u201cuna gran alegr\u00eda\u201d (Lc 2, 10). Pero ya los dos \u00faltimos misterios, aun conservando el sabor de la alegr\u00eda, anticipan indicios del drama. En efecto, la presentaci\u00f3n en el templo, a la vez que expresa la dicha de la consagraci\u00f3n y extas\u00eda al viejo Sime\u00f3n, contiene tambi\u00e9n la profec\u00eda de que el Ni\u00f1o ser\u00e1 \u201cse\u00f1al de contradicci\u00f3n\u201d para Israel y de que una espada traspasar\u00e1 el alma de la Madre (cf. Lc 2, 34-35). Gozoso y dram\u00e1tico al mismo tiempo es tambi\u00e9n el episodio de Jes\u00fas de 12 a\u00f1os en el templo. Aparece con su sabidur\u00eda divina mientras escucha y pregunta, y ejerciendo sustancialmente el papel de quien \u2019ense\u00f1a\u2019. La revelaci\u00f3n de su misterio de Hijo, dedicado enteramente a las cosas del Padre, anuncia aquella radicalidad evang\u00e9lica que, ante las exigencias absolutas del Reino, cuestiona hasta los m\u00e1s profundos lazos de afecto humano. Jos\u00e9 y Mar\u00eda mismos, sobresaltados y angustiados, \u201cno comprendieron\u201d sus palabras (Lc 2, 50). De este modo, meditar los misterios \u201cgozosos\u201d significa adentrarse en los motivos \u00faltimos de la alegr\u00eda cristiana y en su sentido m\u00e1s profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnaci\u00f3n y sobre el sombr\u00edo preanuncio del misterio del dolor salv\u00edfico. Mar\u00eda nos ayuda a aprender el secreto de la alegr\u00eda cristiana, record\u00e1ndonos que el cristianismo es ante todo evangelion, \u2019buena noticia\u2019, que tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, \u00fanico Salvador del mundo.  <b>Misterios de luz<\/b> 21. Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, la contemplaci\u00f3n nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial \u201cmisterios de luz\u201d. En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. \u00c9l es \u201cla luz del mundo\u201d (Jn 8, 12). Pero esta dimensi\u00f3n se manifiesta sobre todo en los a\u00f1os de la vida p\u00fablica, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos \u2013misterios \u201cluminosos\u201d\u2013 de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden se\u00f1alar: 1. su Bautismo en el Jord\u00e1n; 2. su autorrevelaci\u00f3n en las bodas de Can\u00e1; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversi\u00f3n; 4. su Transfiguraci\u00f3n; 5. instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, expresi\u00f3n sacramental del misterio pascual. Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jes\u00fas. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jord\u00e1n. En \u00e9l, mientras Cristo, como inocente que se hace \u2019pecado\u2019 por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del r\u00edo, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3, 17 par.), y el Esp\u00edritu desciende sobre \u00c9l para investirlo de la misi\u00f3n que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Can\u00e1 (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el coraz\u00f3n de los disc\u00edpulos a la fe gracias a la intervenci\u00f3n de Mar\u00eda, la primera creyente. Misterio de luz es la predicaci\u00f3n con la cual Jes\u00fas anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversi\u00f3n (cf. Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a \u00c9l con humilde fe (cf. Mc 2. 3-13; Lc 47-48), iniciando as\u00ed el ministerio de misericordia que \u00c9l continuar\u00e1 ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a trav\u00e9s del sacramento de la Reconciliaci\u00f3n confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguraci\u00f3n, que seg\u00fan la tradici\u00f3n tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los ap\u00f3stoles extasiados para que lo \u201c escuchen \u201d (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con \u00c9l el momento doloroso de la Pasi\u00f3n, a fin de llegar con \u00c9l a la alegr\u00eda de la Resurrecci\u00f3n y a una vida transfigurada por el Esp\u00edritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad \u201c hasta el extremo \u201d (Jn13, 1) y por cuya salvaci\u00f3n se ofrecer\u00e1 en sacrificio. Excepto en el de Can\u00e1, en estos misterios la presencia de Mar\u00eda queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insin\u00faan su eventual presencia en alg\u00fan que otro momento de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas (cf. Mc 3, 31-35; Jn 2, 12) y nada dicen sobre su presencia en el Cen\u00e1culo en el momento de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Pero, de alg\u00fan modo, el cometido que desempe\u00f1a en Can\u00e1 acompa\u00f1a toda la misi\u00f3n de Cristo. La revelaci\u00f3n, que en el Bautismo en el Jord\u00e1n proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece tambi\u00e9n en labios de Mar\u00eda en Can\u00e1 y se convierte en su gran invitaci\u00f3n materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: \u201cHaced lo que \u00e9l os diga\u201d (Jn 2, 5). Es una exhortaci\u00f3n que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida p\u00fablica, siendo como el tel\u00f3n de fondo mariano de todos los \u201cmisterios de luz\u201d.  <b>Misterios de dolor<\/b> 22. Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la pr\u00e1ctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasi\u00f3n, intuyendo que ellos son el culmen de la revelaci\u00f3n del amor y la fuente de nuestra salvaci\u00f3n. El Rosario escoge algunos momentos de la Pasi\u00f3n, invitando al orante a fijar en ellos la mirada de su coraz\u00f3n y a revivirlos. El itinerario meditativo se abre con Getseman\u00ed, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentir\u00eda inclinada a rebelarse. All\u00ed, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: \u201cno se haga mi voluntad, sino la tuya\u201d (Lc 22, 42 par.). Este \u201cs\u00ed\u201d suyo cambia el \u201cno\u201d de los progenitores en el Ed\u00e9n. Y cu\u00e1nto le costar\u00eda esta adhesi\u00f3n a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes, en los que, con la flagelaci\u00f3n, la coronaci\u00f3n de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, se ve sumido en la mayor ignominia: Ecce homo! En este oprobio no s\u00f3lo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. Ecce homo: quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su ra\u00edz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor \u201chasta la muerte y muerte de cruz\u201d (Flp 2, 8). Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jes\u00fas poni\u00e9ndose al pie de la cruz junto a Mar\u00eda, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.  <b>Misterios de gloria<\/b> 23. \u201cLa contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. \ufffd\u00c9l es el Resucitado!\u201d.29 El Rosario ha expresado siempre esta convicci\u00f3n de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasi\u00f3n para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrecci\u00f3n y en su Ascensi\u00f3n. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15, 14), y revive la alegr\u00eda no solamente de aquellos a los que Cristo se manifest\u00f3 \u2013los Ap\u00f3stoles, la Magdalena, los disc\u00edpulos de Ema\u00fas\u2013, sino tambi\u00e9n el gozo de Mar\u00eda, que experiment\u00f3 de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. A esta gloria, que con la Ascensi\u00f3n pone a Cristo a la derecha del Padre, ser\u00eda elevada Ella misma con la Asunci\u00f3n, anticipando as\u00ed, por especial\u00edsimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrecci\u00f3n de la carne. Al fin, coronada de gloria \u2013como aparece en el \u00faltimo misterio glorioso\u2013, Mar\u00eda resplandece como Reina de los \u00c1ngeles y los Santos, anticipaci\u00f3n y culmen de la condici\u00f3n escatol\u00f3gica del Iglesia. En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecost\u00e9s, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con Mar\u00eda, avivada por la efusi\u00f3n impetuosa del Esp\u00edritu y dispuesta para la misi\u00f3n evangelizadora. La contemplaci\u00f3n de \u00e9ste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez m\u00e1s viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran \u2019icono\u2019 es la escena de Pentecost\u00e9s. De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatol\u00f3gica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsar\u00e1 necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel \u201cgozoso anuncio\u201d que da sentido a toda su vida.  <b>De los \u2019misterios\u2019 al \u2019Misterio\u2019: el camino de Mar\u00eda<\/b> 24. Los ciclos de meditaciones propuestos en el Santo Rosario no son ciertamente exhaustivos, pero llaman la atenci\u00f3n sobre lo esencial, preparando el \u00e1nimo para gustar un conocimiento de Cristo, que se alimenta continuamente del manantial puro del texto evang\u00e9lico. Cada rasgo de la vida de Cristo, tal como lo narran los Evangelistas, refleja aquel Misterio que supera todo conocimiento (cf. Ef 3, 19). Es el Misterio del Verbo hecho carne, en el cual \u201creside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente\u201d (Col 2, 9). Por eso el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica insiste tanto en los misterios de Cristo, recordando que \u201ctodo en la vida de Jes\u00fas es signo de su Misterio\u201d.30 El \u201cduc in altum\u201d de la Iglesia en el tercer Milenio se basa en la capacidad de los cristianos de alcanzar \u201cen toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual est\u00e1n ocultos todos los tesoros de la sabidur\u00eda y de la ciencia\u201d (Col 2, 2-3). La Carta a los Efesios desea ardientemente a todos los bautizados: \u201cQue Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor [&#8230;], pod\u00e1is conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vay\u00e1is llenando hasta la total plenitud de Dios\u201d (3, 17-19). El Rosario promueve este ideal, ofreciendo el \u2019secreto\u2019 para abrirse m\u00e1s f\u00e1cilmente a un conocimiento profundo y comprometido de Cristo. Podr\u00edamos llamarlo el camino de Mar\u00eda. Es el camino del ejemplo de la Virgen de Nazaret, mujer de fe, de silencio y de escucha. Es al mismo tiempo el camino de una devoci\u00f3n mariana consciente de la inseparable relaci\u00f3n que une Cristo con su Santa Madre: los misterios de Cristo son tambi\u00e9n, en cierto sentido, los misterios de su Madre, incluso cuando Ella no est\u00e1 implicada directamente, por el hecho mismo de que Ella vive de \u00c9l y por \u00c9l. Haciendo nuestras en el Ave Maria las palabras del \u00e1ngel Gabriel y de santa Isabel, nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en Mar\u00eda, entre sus brazos y en su coraz\u00f3n, el \u201cfruto bendito de su vientre\u201d (cf. Lc 1, 42).  <b>Misterio de Cristo, \u2019misterio\u2019 del hombre<\/b> 25. En el testimonio ya citado de 1978 sobre el Rosario como mi oraci\u00f3n predilecta, expres\u00e9 un concepto sobre el que deseo volver. Dije entonces que \u201c el simple rezo del Rosario marca el ritmo de la vida humana \u201d.31 A la luz de las reflexiones hechas hasta ahora sobre los misterios de Cristo, no es dif\u00edcil profundizar en esta consideraci\u00f3n antropol\u00f3gica del Rosario. Una consideraci\u00f3n m\u00e1s radical de lo que puede parecer a primera vista. Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre tambi\u00e9n en \u00c9l la verdad sobre el hombre. \u00c9sta es la gran afirmaci\u00f3n del Concilio Vaticano II, que tantas veces he hecho objeto de mi magisterio, a partir de la Carta Enc\u00edclica Redemptor hominis: \u201cRealmente, el misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado\u201d.32 El Rosario ayuda a abrirse a esta luz. Siguiendo el camino de Cristo, el cual \u201crecapitula\u201d el camino del hombre,33 desvelado y redimido, el creyente se sit\u00faa ante la imagen del verdadero hombre. Contemplando su nacimiento aprende el car\u00e1cter sagrado de la vida, mirando la casa de Nazaret se percata de la verdad originaria de la familia seg\u00fan el designio de Dios, escuchando al Maestro en los misterios de su vida p\u00fablica encuentra la luz para entrar en el Reino de Dios y, siguiendo sus pasos hacia el Calvario, comprende el sentido del dolor salvador. Por fin, contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno de nosotros est\u00e1 llamado, si se deja sanar y transfigurar por el Esp\u00edritu Santo. De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre. Al mismo tiempo, resulta natural presentar en este encuentro con la santa humanidad del Redentor tantos problemas, afanes, fatigas y proyectos que marcan nuestra vida. \u201cDescarga en el se\u00f1or tu peso, y \u00e9l te sustentar\u00e1\u201d (Sal 55, 23). Meditar con el Rosario significa poner nuestros afanes en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre. Despu\u00e9s de largos a\u00f1os, recordando los sinsabores, que no han faltado tampoco en el ejercicio del ministerio petrino, deseo repetir, casi como una cordial invitaci\u00f3n dirigida a todos para que hagan de ello una experiencia personal: s\u00ed, verdaderamente el Rosario \u201c marca el ritmo de la vida humana \u201d, para armonizarla con el ritmo de la vida divina, en gozosa comuni\u00f3n con la Sant\u00edsima Trinidad, destino y anhelo de nuestra existencia.  <b>CAP\u00cdTULO III \u201c PARA M\u00cd LA VIDA ES CRISTO \u201d<\/b>  <b>El Rosario, camino de asimilaci\u00f3n del misterio<\/b> 26. El Rosario propone la meditaci\u00f3n de los misterios de Cristo con un m\u00e9todo caracter\u00edstico, adecuado para favorecer su asimilaci\u00f3n. Se trata del m\u00e9todo basado en la repetici\u00f3n. Esto vale ante todo para el Ave Maria, que se repite diez veces en cada misterio. Si consideramos superficialmente esta repetici\u00f3n, se podr\u00eda pensar que el Rosario es una pr\u00e1ctica \u00e1rida y aburrida. En cambio, se puede hacer otra consideraci\u00f3n sobre el rosario, si se toma como expresi\u00f3n del amor que no se cansa de dirigirse hacia a la persona amada con manifestaciones que, incluso parecidas en su expresi\u00f3n, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira. En Cristo, Dios ha asumido verdaderamente un \u201ccoraz\u00f3n de carne\u201d. Cristo no solamente tiene un coraz\u00f3n divino, rico en misericordia y perd\u00f3n, sino tambi\u00e9n un coraz\u00f3n humano, capaz de todas las expresiones de afecto. A este respecto, si necesit\u00e1ramos un testimonio evang\u00e9lico, no ser\u00eda dif\u00edcil encontrarlo en el conmovedor di\u00e1logo de Cristo con Pedro despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n. \u201cSim\u00f3n, hijo de Juan, \ufffdme quieres?\u201d Tres veces se le hace la pregunta, tres veces Pedro responde: \u201cSe\u00f1or, t\u00fa lo sabes que te quiero\u201d (cf. Jn 21, 15-17). M\u00e1s all\u00e1 del sentido espec\u00edfico del pasaje, tan importante para la misi\u00f3n de Pedro, a nadie se le escapa la belleza de esta triple repetici\u00f3n, en la cual la reiterada pregunta y la respuesta se expresan en t\u00e9rminos bien conocidos por la experiencia universal del amor humano. Para comprender el Rosario, hace falta entrar en la din\u00e1mica psicol\u00f3gica que es propia del amor. Una cosa est\u00e1 clara: si la repetici\u00f3n del Ave Maria se dirige directamente a Mar\u00eda, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jes\u00fas. La repetici\u00f3n favorece el deseo de una configuraci\u00f3n cada vez m\u00e1s plena con Cristo, verdadero \u2019programa\u2019 de la vida cristiana. San Pablo lo ha enunciado con palabras ardientes: \u201cPara m\u00ed la vida es Cristo, y la muerte una ganancia\u201d (Flp 1, 21). Y tambi\u00e9n: \u201cNo vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed\u201d (Ga 2, 20). El Rosario nos ayuda a crecer en esta configuraci\u00f3n hasta la meta de la santidad.  <b>Un m\u00e9todo v\u00e1lido&#8230;<\/b> 27. No debe extra\u00f1arnos que la relaci\u00f3n con Cristo se sirva de la ayuda de un m\u00e9todo. Dios se comunica con el hombre respetando nuestra naturaleza y sus ritmos vitales. Por esto la espiritualidad cristiana, incluso conociendo las formas m\u00e1s sublimes del silencio m\u00edstico, en el que todas las im\u00e1genes, palabras y gestos son como superados por la intensidad de una uni\u00f3n inefable del hombre con Dios, se caracteriza normalmente por la implicaci\u00f3n de toda la persona, en su compleja realidad psicof\u00edsica y relacional. Esto aparece de modo evidente en la Liturgia. Los Sacramentos y los Sacramentales est\u00e1n estructurados con una serie de ritos relacionados con las diversas dimensiones de la persona. Tambi\u00e9n la oraci\u00f3n no lit\u00fargica expresa la misma exigencia. Esto se confirma por el hecho de que, en Oriente, la oraci\u00f3n m\u00e1s caracter\u00edstica de la meditaci\u00f3n cristol\u00f3gica, la que est\u00e1 centrada en las palabras \u201cSe\u00f1or Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de m\u00ed, pecador\u201d,34 est\u00e1 vinculada tradicionalmente con el ritmo de la respiraci\u00f3n, que, mientras favorece la perseverancia en la invocaci\u00f3n, da como una consistencia f\u00edsica al deseo de que Cristo se convierta en el aliento, el alma y el \u2019todo\u2019 de la vida.  <b>&#8230; que, no obstante, se puede mejorar<\/b> 28. En la Carta apost\u00f3lica Novo millennio ineunte he recordado que en Occidente existe hoy tambi\u00e9n una renovada exigencia de meditaci\u00f3n, que encuentra a veces en otras religiones modalidades bastante atractivas.35 Hay cristianos que, al conocer poco la tradici\u00f3n contemplativa cristiana, se dejan atraer por tales propuestas. Sin embargo, aunque \u00e9stas tengan elementos positivos y a veces compaginables con la experiencia cristiana, a menudo esconden un fondo ideol\u00f3gico inaceptable. En dichas experiencias abunda tambi\u00e9n una metodolog\u00eda que, pretendiendo alcanzar una alta concentraci\u00f3n espiritual, usa t\u00e9cnicas de tipo psicof\u00edsico, repetitivas y simb\u00f3licas. El Rosario forma parte de este cuadro universal de la fenomenolog\u00eda religiosa, pero tiene caracter\u00edsticas propias, que responden a las exigencias espec\u00edficas de la vida cristiana. En efecto, el Rosario es un m\u00e9todo para contemplar. Como m\u00e9todo, debe ser utilizado en relaci\u00f3n al fin y no puede ser un fin en s\u00ed mismo. Pero tampoco debe infravalorarse, dado que es fruto de una experiencia secular. La experiencia de innumerables Santos aboga en su favor. Lo cual no impide que pueda ser mejorado. Precisamente a esto se orienta la incorporaci\u00f3n, en el ciclo de los misterios, de la nueva serie de los mysteria lucis, junto con algunas sugerencias sobre el rezo del Rosario que propongo en esta Carta. Con ello, aunque respetando la estructura firmemente consolidada de esta oraci\u00f3n, quiero ayudar a los fieles a comprenderla en sus aspectos simb\u00f3licos, en sinton\u00eda con las exigencias de la vida cotidiana. De otro modo, existe el riesgo de que esta oraci\u00f3n no s\u00f3lo no produzca los efectos espirituales deseados, sino que el rosario mismo con el que suele recitarse, acabe por considerarse como un amuleto o un objeto m\u00e1gico, con una radical distorsi\u00f3n de su sentido y su cometido  <b>El enunciado del misterio<\/b> 29. Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atenci\u00f3n. Las palabras conducen la imaginaci\u00f3n y el esp\u00edritu a aquel determinado episodio o momento de la vida de Cristo. En la espiritualidad que se ha desarrollado en la Iglesia, tanto a trav\u00e9s de la veneraci\u00f3n de im\u00e1genes que enriquecen muchas devociones con elementos sensibles, como tambi\u00e9n del m\u00e9todo propuesto por san Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales, se ha recurrido al elemento visual e imaginativo (la compositio loci) consider\u00e1ndolo de gran ayuda para favorecer la concentraci\u00f3n del esp\u00edritu en el misterio. Por lo dem\u00e1s, es una metodolog\u00eda que se corresponde con la l\u00f3gica misma de la Encarnaci\u00f3n: Dios ha querido asumir, en Jes\u00fas, rasgos humanos. Por medio de su realidad corp\u00f3rea, entramos en contacto con su misterio divino. El enunciado de los varios misterios del Rosario se corresponde tambi\u00e9n con esta exigencia de concreci\u00f3n. Es cierto que no sustituyen al Evangelio ni tampoco se refieren a todas sus p\u00e1ginas. El Rosario, por tanto, no reemplaza la lectio divina, sino que, por el contrario, la supone y la promueve. Pero si los misterios considerados en el Rosario, aun con el complemento de los mysteria lucis, se limita a las l\u00edneas fundamentales de la vida de Cristo, a partir de ellos la atenci\u00f3n se puede extender f\u00e1cilmente al resto del Evangelio, sobre todo cuando el Rosario se recita en momentos especiales de prolongado recogimiento.  <b>La escucha de la Palabra de Dios<\/b> 30. Para dar fundamento b\u00edblico y mayor profundidad a la meditaci\u00f3n, es \u00fatil que al enunciado del misterio siga la proclamaci\u00f3n del pasaje b\u00edblico correspondiente, que puede ser m\u00e1s o menos largo seg\u00fan las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. \u00c9sta debe ser escuchada con la certeza de que es Palabra de Dios, pronunciada para hoy y \u201cpara m\u00ed\u201d. Acogida de este modo, la Palabra entra en la metodolog\u00eda de la repetici\u00f3n del Rosario sin el aburrimiento que producir\u00eda la simple reiteraci\u00f3n de una informaci\u00f3n ya conocida. No, no se trata de recordar una informaci\u00f3n, sino de dejar \u2019hablar\u2019 a Dios. En alguna ocasi\u00f3n solemne y comunitaria, esta palabra se puede ilustrar con alg\u00fan breve comentario.  <b>El silencio<\/b> 31. La escucha y la meditaci\u00f3n se alimentan del silencio. Es conveniente que, despu\u00e9s de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oraci\u00f3n vocal, para fijar la atenci\u00f3n sobre el misterio meditado. El redescubrimiento del valor del silencio es uno de los secretos para la pr\u00e1ctica de la contemplaci\u00f3n y la meditaci\u00f3n. Uno de los l\u00edmites de una sociedad tan condicionada por la tecnolog\u00eda y los medios de comunicaci\u00f3n social es que el silencio se hace cada vez m\u00e1s dif\u00edcil. As\u00ed como en la Liturgia se recomienda que haya momentos de silencio, en el rezo del Rosario es tambi\u00e9n oportuno hacer una breve pausa despu\u00e9s de escuchar la Palabra de Dios, concentrando el esp\u00edritu en el contenido de un determinado misterio.  <b>El \u201cPadrenuestro\u201d<\/b> 32. Despu\u00e9s de haber escuchado la Palabra y centrado la atenci\u00f3n en el misterio, es natural que el \u00e1nimo se eleve hacia el Padre. Jes\u00fas, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre, al cual \u00c9l se dirige continuamente, porque descansa en su \u2019seno\u2019 (cf Jn 1, 18). \u00c9l nos quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con \u00c9l: \u201c\ufffdAbb\u00e1, Padre!\u201d (Rm 8, 15; Ga 4, 6). En esta relaci\u00f3n con el Padre nos hace hermanos suyos y entre nosotros, comunic\u00e1ndonos el Esp\u00edritu, que es a la vez suyo y del Padre. El \u201cPadrenuestro\u201d, puesto como fundamento de la meditaci\u00f3n cristol\u00f3gico-mariana que se desarrolla mediante la repetici\u00f3n del Ave Maria, hace que la meditaci\u00f3n del misterio, aun cuando se tenga en soledad, sea una experiencia eclesial.   <b>Las diez \u201cAve Maria\u201d<\/b> 33. Este es el elemento m\u00e1s extenso del Rosario y que a la vez lo convierte en una oraci\u00f3n mariana por excelencia. Pero precisamente a la luz del Ave Maria, bien entendida, es donde se nota con claridad que el car\u00e1cter mariano no se opone al cristol\u00f3gico, sino que m\u00e1s bien lo subraya y lo exalta. En efecto, la primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a Mar\u00eda por el \u00e1ngel Gabriel y por santa Isabel, es contemplaci\u00f3n adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por as\u00ed decir, la admiraci\u00f3n del cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra \u2013la encarnaci\u00f3n del Hijo en el seno virginal de Mar\u00eda\u2013, an\u00e1logamente a la mirada de aprobaci\u00f3n del G\u00e9nesis (cf. Gn 1, 31), aquel \u201cpathos con el que Dios, en el alba de la creaci\u00f3n, contempl\u00f3 la obra de sus manos\u201d.36 Repetir en el Rosario el Ave Maria nos acerca a la complacencia de Dios: es j\u00fabilo, asombro, reconocimiento del milagro m\u00e1s grande de la historia. Es el cumplimiento dela profec\u00eda de Mar\u00eda: \u201cDesde ahora todas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada\u201d (Lc1, 48). El centro del Ave Maria, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jes\u00fas. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relaci\u00f3n con el misterio de Cristo que se est\u00e1 contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da al nombre de Jes\u00fas y a su misterio lo que caracteriza una recitaci\u00f3n consciente y fructuosa del Rosario. Ya Pablo VI record\u00f3 en la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Marialis cultus la costumbre, practicada en algunas regiones, de realzar el nombre de Cristo a\u00f1adi\u00e9ndole una cl\u00e1usula evocadora del misterio que se est\u00e1 meditando.37 Es una costumbre loable, especialmente en la plegaria p\u00fablica. Expresa con intensidad la fe cristol\u00f3gica, aplicada a los diversos momentos de la vida del Redentor. Es profesi\u00f3n de fe y, al mismo tiempo, ayuda a mantener atenta la meditaci\u00f3n, permitiendo vivir la funci\u00f3n asimiladora, innata en la repetici\u00f3n del Ave Maria, respecto al misterio de Cristo. Repetir el nombre de Jes\u00fas \u2013el \u00fanico nombre del cual podemos esperar la salvaci\u00f3n (cf. Hch 4, 12)\u2013 junto con el de su Madre Sant\u00edsima, y como dejando que Ella misma nos lo sugiera, es un modo de asimilaci\u00f3n, que aspira a hacernos entrar cada vez m\u00e1s profundamente en la vida de Cristo. De la especial relaci\u00f3n con Cristo, que hace de Mar\u00eda la Madre de Dios, la Theot\u00f2kos, deriva, adem\u00e1s, la fuerza de la s\u00faplica con la que nos dirigimos a Ella en la segunda parte de la oraci\u00f3n, confiando a su materna intercesi\u00f3n nuestra vida y la hora de nuestra muerte.  <b>El \u201cGloria\u201d<\/b> 34. La doxolog\u00eda trinitaria es la meta de la contemplaci\u00f3n cristiana. En efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Esp\u00edritu. Si recorremos este camino hasta el final, nos encontramos continuamente ante el misterio de las tres Personas divinas que se han de alabar, adorar y agradecer. Es importante que el Gloria, culmen de la contemplaci\u00f3n, sea bien resaltado en el Rosario. En el rezo p\u00fablico podr\u00eda ser cantado, para dar mayor \u00e9nfasis a esta perspectiva estructural y caracter\u00edstica de toda plegaria cristiana. En la medida en que la meditaci\u00f3n del misterio haya sido atenta, profunda, fortalecida \u2013de Ave en Ave \u2013 por el amor a Cristo y a Mar\u00eda, la glorificaci\u00f3n trinitaria en cada decena, en vez de reducirse a una r\u00e1pida conclusi\u00f3n, adquiere su justo tono contemplativo, como para levantar el esp\u00edritu a la altura del Para\u00edso y hacer revivir, de alg\u00fan modo, la experiencia del Tabor, anticipaci\u00f3n de la contemplaci\u00f3n futura: \u201cBueno es estarnos aqu\u00ed\u201d (Lc 9, 33).  <b>La jaculatoria final<\/b> 35. Habitualmente, en el rezo del Rosario, despu\u00e9s de la doxolog\u00eda trinitaria sigue una jaculatoria, que var\u00eda seg\u00fan las costumbres. Sin quitar valor a tales invocaciones, parece oportuno se\u00f1alar que la contemplaci\u00f3n de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oraci\u00f3n dirigida a alcanzar los frutos espec\u00edficos de la meditaci\u00f3n del misterio. De este modo, el Rosario puede expresar con mayor eficacia su relaci\u00f3n con la vida cristiana. Lo sugiere una bella oraci\u00f3n lit\u00fargica, que nos invita a pedir que, meditando los misterios del Rosario, lleguemos a \u201cimitar lo que contienen y a conseguir lo que prometen\u201d.38 Como ya se hace, dicha oraci\u00f3n final puede expresarse en varias forma leg\u00edtimas. El Rosario adquiere as\u00ed tambi\u00e9n una fisonom\u00eda m\u00e1s adecuada a las diversas tradiciones espirituales y a las distintas comunidades cristianas. En esta perspectiva, es de desear que se difundan, con el debido discernimiento pastoral, las propuestas m\u00e1s significativas, experimentadas tal vez en centros y santuarios marianos que cultivan particularmente la pr\u00e1ctica del Rosario, de modo que el Pueblo de Dios pueda acceder a toda aut\u00e9ntica riqueza espiritual, encontrando as\u00ed una ayuda para la propia contemplaci\u00f3n.  <b>El \u2019rosario\u2019<\/b> 36. Instrumento tradicional para rezarlo es el rosario. En la pr\u00e1ctica m\u00e1s superficial, a menudo termina por ser un simple instrumento para contar la sucesi\u00f3n de las Ave Maria. Pero sirve tambi\u00e9n para expresar un simbolismo, que puede dar ulterior densidad a la contemplaci\u00f3n. A este prop\u00f3sito, lo primero que debe tenerse presente es que el rosario est\u00e1 centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oraci\u00f3n. En Cristo se centra la vida y la oraci\u00f3n de los creyentes. Todo parte de \u00c9l, todo tiende hacia \u00c9l, todo, a trav\u00e9s de \u00c9l, en el Esp\u00edritu Santo, llega al Padre. En cuanto medio para contar, que marca el avanzar de la oraci\u00f3n, el rosario evoca el camino incesante de la contemplaci\u00f3n y de la perfecci\u00f3n cristiana. El Beato Bartolom\u00e9 Longo lo consideraba tambi\u00e9n como una \u2019cadena\u2019 que nos une a Dios. Cadena, s\u00ed, pero cadena dulce; as\u00ed se manifiesta la relaci\u00f3n con Dios, que es Padre. Cadena \u2019filial\u2019, que nos pone en sinton\u00eda con Mar\u00eda, la \u201csierva del Se\u00f1or\u201d (Lc 1, 38) y, en definitiva, con el propio Cristo, que, aun siendo Dios, se hizo \u201csiervo\u201d por amor nuestro (Flp 2, 7). Es tambi\u00e9n hermoso ampliar el significado simb\u00f3lico del rosario a nuestra relaci\u00f3n rec\u00edproca, recordando de ese modo el v\u00ednculo de comuni\u00f3n y fraternidad que nos une a todos en Cristo.  <b>Inicio y conclusi\u00f3n<\/b> 37. En la pr\u00e1ctica corriente, hay varios modos de comenzar el Rosario, seg\u00fan los diversos contextos eclesiales. En algunas regiones se suele iniciar con la invocaci\u00f3n del Salmo 69: \u201cDios m\u00edo ven en mi auxilio, Se\u00f1or date prisa en socorrerme\u201d, como para alimentar en el orante la humilde conciencia de su propia indigencia; en otras, se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesi\u00f3n de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende. \u00c9stos y otros modos similares, en la medida que disponen el \u00e1nimo para la contemplaci\u00f3n, son usos igualmente leg\u00edtimos. La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa, para elevar la mirada de quien reza hacia el vasto horizonte de las necesidades eclesiales. Precisamente para fomentar esta proyecci\u00f3n eclesial del Rosario, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones. En efecto, si se hace as\u00ed, el Rosario es realmente un itinerario espiritual en el que Mar\u00eda se hace madre, maestra, gu\u00eda, y sostiene al fiel con su poderosa intercesi\u00f3n. \ufffdC\u00f3mo asombrarse, pues, si al final de esta oraci\u00f3n en la cual se ha experimentado \u00edntimamente la maternidad de Mar\u00eda, el esp\u00edritu siente necesidad de dedicar una alabanza a la Sant\u00edsima Virgen, bien con la espl\u00e9ndida oraci\u00f3n de la Salve Regina, bien con las Letan\u00edas lauretanas? Es como coronar un camino interior, que ha llevado al fiel al contacto vivo con el misterio de Cristo y de su Madre Sant\u00edsima.  <b>La distribuci\u00f3n en el tiempo<\/b> 38. El Rosario puede recitarse entero cada d\u00eda, y hay quienes as\u00ed lo hacen de manera laudable. De ese modo, el Rosario impregna de oraci\u00f3n los d\u00edas de muchos contemplativos, o sirve de compa\u00f1\u00eda a enfermos y ancianos que tienen mucho tiempo disponible. Pero es obvio \u2013y eso vale, con mayor raz\u00f3n, si se a\u00f1ade el nuevo ciclo de los mysteria lucis\u2013 que muchos no podr\u00e1n recitar m\u00e1s que una parte, seg\u00fan un determinado orden semanal. Esta distribuci\u00f3n semanal da a los d\u00edas de la semana un cierto \u2019color\u2019 espiritual, an\u00e1logamente a lo que hace la Liturgia con las diversas fases del a\u00f1o lit\u00fargico. Seg\u00fan la praxis corriente, el lunes y el jueves est\u00e1n dedicados a los \u201cmisterios gozosos\u201d, el martes y el viernes a los \u201cdolorosos\u201d, el mi\u00e9rcoles, el s\u00e1bado y el domingo a los \u201cgloriosos\u201d. \ufffdD\u00f3nde introducir los \u201cmisterios de la luz\u201d? Considerando que los misterios gloriosos se proponen seguidos el s\u00e1bado y el domingo, y que el s\u00e1bado es tradicionalmente un d\u00eda de marcado car\u00e1cter mariano, parece aconsejable trasladar al s\u00e1bado la segunda meditaci\u00f3n semanal de los misterios gozosos, en los cuales la presencia de Mar\u00eda es m\u00e1s destacada. Queda as\u00ed libre el jueves para la meditaci\u00f3n de los misterios de la luz. No obstante, esta indicaci\u00f3n no pretende limitar una conveniente libertad en la meditaci\u00f3n personal y comunitaria, seg\u00fan las exigencias espirituales y pastorales y, sobre todo, las coincidencias lit\u00fargicas que pueden sugerir oportunas adaptaciones. Lo verdaderamente importante es que el Rosario se comprenda y se experimente cada vez m\u00e1s como un itinerario contemplativo. Por medio de \u00e9l, de manera complementaria a cuanto se realiza en la Liturgia, la semana del cristiano, centrada en el domingo, d\u00eda de la resurrecci\u00f3n, se convierte en un camino a trav\u00e9s de los misterios de la vida de Cristo, y \u00c9l se consolida en la vida de sus disc\u00edpulos como Se\u00f1or del tiempo y de la historia.  <b>CONCLUSI\u00d3N<\/b>  <b>\u201cRosario bendito de Mar\u00eda, cadena dulce que nos unes con Dios\u201d<\/b> 39. Lo que se ha dicho hasta aqu\u00ed expresa ampliamente la riqueza de esta oraci\u00f3n tradicional, que tiene la sencillez de una oraci\u00f3n popular, pero tambi\u00e9n la profundidad teol\u00f3gica de una oraci\u00f3n adecuada para quien siente la exigencia de una contemplaci\u00f3n m\u00e1s intensa. La Iglesia ha visto siempre en esta oraci\u00f3n una particular eficacia, confiando las causas m\u00e1s dif\u00edciles a su recitaci\u00f3n comunitaria y a su pr\u00e1ctica constante. En momentos en los que la cristiandad misma estaba amenazada, se atribuy\u00f3 a la fuerza de esta oraci\u00f3n la liberaci\u00f3n del peligro y la Virgen del Rosario fue considerada como propiciadora de la salvaci\u00f3n. Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oraci\u00f3n \u2013lo he se\u00f1alado al principio\u2013 la causa de la paz en el mundo y la de la familia.  <b>La paz<\/b> 40. Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo Milenio nos inducen a pensar que s\u00f3lo una intervenci\u00f3n de lo Alto, capaz de orientar los corazones de quienes viven situaciones conflictivas y de quienes dirigen los destinos de las Naciones, puede hacer esperar en un futuro menos oscuro. El Rosario es una oraci\u00f3n orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Pr\u00edncipe de la paz y \u201cnuestra paz\u201d (Ef 2, 14). Quien interioriza el misterio de Cristo \u2013y el Rosario tiende precisamente a eso\u2013 aprende el secreto de la paz y hace de ello un proyecto de vida. Adem\u00e1s, debido a su car\u00e1cter meditativo, con la serena sucesi\u00f3n del Ave Maria, el Rosario ejerce sobre el orante una acci\u00f3n pacificadora que lo dispone a recibir y experimentar en la profundidad de su ser, y a difundir a su alrededor, paz verdadera, que es un don especial del Resucitado (cf. Jn 14, 27; 20, 21). Es adem\u00e1s oraci\u00f3n por la paz por la caridad que promueve. Si se recita bien, como verdadera oraci\u00f3n meditativa, el Rosario, favoreciendo el encuentro con Cristo en sus misterios, muestra tambi\u00e9n el rostro de Cristo en los hermanos, especialmente en los que m\u00e1s sufren. \ufffdC\u00f3mo se podr\u00eda considerar, en los misterios gozosos, el misterio del Ni\u00f1o nacido en Bel\u00e9n sin sentir el deseo de acoger, defender y promover la vida, haci\u00e9ndose cargo del sufrimiento de los ni\u00f1os en todas las partes del mundo? \ufffdC\u00f3mo podr\u00edan seguirse los pasos del Cristo revelador, en los misterios de la luz, sin proponerse el testimonio de sus bienaventuranzas en la vida de cada d\u00eda? Y \ufffdc\u00f3mo contemplar a Cristo cargado con la cruz y crucificado, sin sentir la necesidad de hacerse sus \u201ccireneos\u201d en cada hermano aquejado por el dolor u oprimido por la desesperaci\u00f3n? \ufffdC\u00f3mo se podr\u00eda, en fin, contemplar la gloria de Cristo resucitado y a Mar\u00eda coronada como Reina, sin sentir el deseo de hacer este mundo m\u00e1s hermoso, m\u00e1s justo, m\u00e1s cercano al proyecto de Dios? En definitiva, mientras nos hace contemplar a Cristo, el Rosario nos hace tambi\u00e9n constructores de la paz en el mundo. Por su car\u00e1cter de petici\u00f3n insistente y comunitaria, en sinton\u00eda con la invitaci\u00f3n de Cristo a \u201corar siempre sin desfallecer\u201d (Lc 18,1), nos permite esperar que hoy se pueda vencer tambi\u00e9n una \u2019batalla\u2019 tan dif\u00edcil como la de la paz. De este modo, el Rosario, en vez de ser una huida de los problemas del mundo, nos impulsa a examinarlos de manera responsable y generosa, y nos concede la fuerza de afrontarlos con la certeza de la ayuda de Dios y con el firme prop\u00f3sito de testimoniar en cada circunstancia la caridad, \u201cque es el v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n\u201d (Col 3, 14).  <b>La familia: los padres&#8230;<\/b> 41. Adem\u00e1s de oraci\u00f3n por la paz, el Rosario es tambi\u00e9n, desde siempre, una oraci\u00f3n de la familia y por la familia. Antes esta oraci\u00f3n era apreciada particularmente por las familias cristianas, y ciertamente favorec\u00eda su comuni\u00f3n. Conviene no descuidar esta preciosa herencia. Se ha de volver a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todav\u00eda esta forma de plegaria. Si en la Carta apost\u00f3lica Novo millennio ineunte he alentado la celebraci\u00f3n de la Liturgia de las Horas por parte de los laicos en la vida ordinaria de las comunidades parroquiales y de los diversos grupos cristianos,39 deseo hacerlo igualmente con el Rosario. Se trata de dos caminos no alternativos, sino complementarios, de la contemplaci\u00f3n cristiana. Pido, por tanto, a cuantos se dedican a la pastoral de las familias que recomienden con convicci\u00f3n el rezo del Rosario. La familia que reza unida, permanece unida. El Santo Rosario, por antigua tradici\u00f3n, es una oraci\u00f3n que se presta particularmente para reunir a la familia. Contemplando a Jes\u00fas, cada uno de sus miembros recupera tambi\u00e9n la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse rec\u00edprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Esp\u00edritu de Dios. Muchos problemas de las familias contempor\u00e1neas, especialmente en las sociedades econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrolladas, derivan de una creciente dificultad comunicarse. No se consigue estar juntos y a veces los raros momentos de reuni\u00f3n quedan absorbidos por las im\u00e1genes de un televisor. Volver a rezar el Rosario en familia significa introducir en la vida cotidiana otras im\u00e1genes muy distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, la imagen de su Madre sant\u00edsima. La familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jes\u00fas est\u00e1 en el centro, se comparten con \u00e9l alegr\u00edas y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de \u00e9l la esperanza y la fuerza para el camino.  <b>&#8230; y los hijos<\/b> 42. Es hermoso y fructuoso confiar tambi\u00e9n a esta oraci\u00f3n el proceso de crecimiento de los hijos. \ufffdNo es acaso, el Rosario, el itinerario de la vida de Cristo, desde su concepci\u00f3n a la muerte, hasta la resurrecci\u00f3n y la gloria? Hoy resulta cada vez m\u00e1s dif\u00edcil para los padres seguir a los hijos en las diversas etapas de su vida. En la sociedad de la tecnolog\u00eda avanzada, de los medios de comunicaci\u00f3n social y de la globalizaci\u00f3n, todo se ha acelerado, y cada d\u00eda es mayor la distancia cultural entre las generaciones. Los mensajes de todo tipo y las experiencias m\u00e1s imprevisibles hacen mella pronto en la vida de los chicos y los adolescentes, y a veces es angustioso para los padres afrontar los peligros que corren los hijos. Con frecuencia se encuentran ante desilusiones fuertes, al constatar los fracasos de los hijos ante la seducci\u00f3n de la droga, los atractivos de un hedonismo desenfrenado, las tentaciones de la violencia o las formas tan diferentes del sinsentido y la desesperaci\u00f3n. Rezar con el Rosario por los hijos, y mejor a\u00fan, con los hijos, educ\u00e1ndolos desde su tierna edad para este momento cotidiano de \u201cintervalo de oraci\u00f3n\u201d de la familia, no es ciertamente la soluci\u00f3n de todos los problemas, pero es una ayuda espiritual que no se debe minimizar. Se puede objetar que el Rosario parece una oraci\u00f3n poco adecuada para los gustos de los chicos y los j\u00f3venes de hoy. Pero quiz\u00e1s esta objeci\u00f3n se basa en un modo poco esmerado de rezarlo. Por otra parte, salvando su estructura fundamental, nada impide que, para ellos, el rezo del Rosario \u2013tanto en familia como en los grupos\u2013 se enriquezca con oportunas aportaciones simb\u00f3licas y pr\u00e1cticas, que favorezcan su comprensi\u00f3n y valorizaci\u00f3n. \ufffdPor qu\u00e9 no probarlo? Una pastoral juvenil no derrotista, apasionada y creativa \u2013\ufffdlas Jornadas Mundiales de la Juventud han dado buena prueba de ello!\u2013 es capaz de dar, con la ayuda de Dios, pasos verdaderamente significativos. Si el Rosario se presenta bien, estoy seguro de que los j\u00f3venes mismos ser\u00e1n capaces de sorprender una vez m\u00e1s a los adultos, haciendo propia esta oraci\u00f3n y recit\u00e1ndola con el entusiasmo t\u00edpico de su edad.  <b>El Rosario, un tesoro que recuperar<\/b> 43. Queridos hermanos y hermanas: Una oraci\u00f3n tan f\u00e1cil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana. Hag\u00e1moslo sobre todo en este a\u00f1o, asumiendo esta propuesta como una consolidaci\u00f3n de la l\u00ednea trazada en la Carta apost\u00f3lica Novo millennio ineunte, en la cual se han inspirado los planes pastorales de muchas Iglesias particulares al programar los objetivos para el pr\u00f3ximo futuro. Me dirijo en particular a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado, sacerdotes y di\u00e1conos, y a vosotros, agentes pastorales en los diversos ministerios, para que, teniendo la experiencia personal de la belleza del Rosario, os convirt\u00e1is en sus diligentes promotores. Conf\u00edo tambi\u00e9n en vosotros, te\u00f3logos, para que, realizando una reflexi\u00f3n a la vez rigurosa y sabia, basada en la Palabra de Dios y sensible a la vivencia del pueblo cristiano, ayud\u00e9is a descubrir los fundamentos b\u00edblicos, las riquezas espirituales y la validez pastoral de esta oraci\u00f3n tradicional. Cuento con vosotros, consagrados y consagradas, llamados de manera particular a contemplar el rostro de Cristo siguiendo el ejemplo de Mar\u00eda. Pienso en todos vosotros, hermanos y hermanas de toda condici\u00f3n, en vosotras, familias cristianas, en vosotros, enfermos y ancianos, en vosotros, j\u00f3venes: tomad con confianza entre las manos el rosario, descubri\u00e9ndolo de nuevo a la luz de la Escritura, en armon\u00eda con la Liturgia y en el contexto de la vida cotidiana. \ufffdQu\u00e9 este llamamiento m\u00edo no sea en balde! Al inicio del vig\u00e9simo quinto a\u00f1o de Pontificado, pongo esta Carta apost\u00f3lica en las manos de la Virgen Mar\u00eda, postr\u00e1ndome espiritualmente ante su imagen en su espl\u00e9ndido Santuario edificado por el Beato Bartolom\u00e9 Longo, ap\u00f3stol del Rosario. Hago m\u00edas con gusto las palabras conmovedoras con las que \u00e9l termina la c\u00e9lebre S\u00faplica a la Reina del Santo Rosario: \u201cOh Rosario bendito de Mar\u00eda, dulce cadena que nos une con Dios, v\u00ednculo de amor que nos une a los \u00c1ngeles, torre de salvaci\u00f3n contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el com\u00fan naufragio, no te dejaremos jam\u00e1s. T\u00fa ser\u00e1s nuestro consuelo en la hora de la agon\u00eda. Para ti el \u00faltimo beso de la vida que se apaga. Y el \u00faltimo susurro de nuestros labios ser\u00e1 tu suave nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo\u201d. <i>Vaticano, 16 octubre del a\u00f1o 2002, inicio del vig\u00e9simo quinto de mi Pontificado.<\/i>  <b>JUAN PABLO II<\/b>  <i> Notas 1 Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 45. 2 Pablo VI, Exhort. ap. Marialis cultus, (2 febrero 1974) 42, AAS 66 (1974), 153. 3 Cf. Acta Leonis XIII, 3 (1884), 280-289. 4 En particular, es digna de menci\u00f3n su Carta ap. sobre el Rosario Il religioso convegno del 29 septiembre 1961: AAS 53 (1961), 641-647. 5 Angelus: L\u2019Osservatore Romano ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 5 noviembre 1978, 1. 6 AAS93 (2002), 285. 7 En los a\u00f1os de preparaci\u00f3n del Concilio, Juan XXIII invit\u00f3 a la comunidad cristiana a rezar el Rosario por el \u00e9xito de este acontecimiento eclesial; cf. Carta al Cardenal Vicario del 28 de septiembre de 1960: AAS 52 (1960), 814-817. 8 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 66. 9 N. 32: AAS 93 (2002), 288. 10 Ib\u00edd., 33: l. c., 289. 11 Es sabido y se ha de recordar que las revelaciones privadas no son de la misma naturaleza que la revelaci\u00f3n p\u00fablica, normativa para toda la Iglesia. Es tarea del Magisterio discernir y reconocer la autenticidad y el valor de las revelaciones privadas para la piedad de los fieles. 12 El secreto admirable del sant\u00edsimo Rosario para convertirse y salvarse,en Obras de San Luis Mar\u00eda G. de Montfort, Madrid 1954, 313-391. 13 Beato Bartolo Longo, Storia del Santuario di Pompei, Pompei 1990, p.59. 14 Exhort. ap. Marialis cultus (2 febrero 1974), 47: AAS 66 (1974), 156. 15 Const. sobre Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium,10. 16 Ib\u00edd., 12. 17 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 58. 18 I Quindici Sabati del Santissimo Rosario,27 ed., Pompeya 1916), p. 27. 19 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 53. 20 Ib\u00edd., 60. 21 Cf. Primer Radiomensaje Urbi et orbi (17 octubre 1978): AAS 70 (1978), 927. 22 Tratado de la verdadera devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen, 120, en: Obras. de San Luis Mar\u00eda G. de Montfort, Madrid 1954, p.505s. 23 Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 2679. 24 Ib\u00edd., 2675. 25 La Suplica a la Reina del Santo Rosario, que se recita solemnemente dos veces al a\u00f1o, en mayo y octubre, fue compuesta por el Beato Batolom\u00e9 Longo en 1883, como adhesi\u00f3n a la invitaci\u00f2n del Papa Leon XIII a los cat\u00f3licos en su primera Enc\u00edclica sobre el Rosario a un compromiso espiritual orientado a afrontar los males de la sociedad. 26 Divina Comedia,Par. XXXIII, 13-15. 27 Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 20: AAS 93 (2001), 279. 28 Exort. ap. Marialis cultus (2 febrero 1974), 46: AAS 66 (1974), 155. 29 Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 28: AAS 93 (2001), 284. 30 N. 515. 31 Angelus del 29 de octubre 1978: L\u2019Osservatore Romano,ed. semanal en lengua espa\u00f1ola, 5 noviembre 1978, 1. 32 Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22. 33 S. Ireneo de Lyon, Adversus haereses, III, 18,1: PG 7, 932. 34 Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica,2616. 35 Cf. n. 33: AAS 93 (2001), 289. 36 Carta a los artistas(4 abril 1999), 1: AAS 91 (1999), 1155. 37 Cf. n. 46: AAS 66 (1974), 155. Esta costumbre ha sido alabada recientemente por la Congregaci\u00f3n para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones (17 diciembre 2001), n.201. 38 \u201c &#8230;concede, qu\u00e6sumus, ut h\u00e6c mysteria sacratissimo beat\u00e6 Mari\u00e6 Virginis Rosario recolentes, et imitemur quod continent, et quod promittunt assequamur \u201d: Missale Romanum (1960) in festo B. M. Virginis a Rosario. 39 Cf. n. 34: AAS 93 (2001), 290.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta apost\u00f3lica<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[46],"tags":[],"class_list":["post-293384","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/293384","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=293384"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/293384\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=293384"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=293384"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=293384"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}