{"id":293990,"date":"2005-08-25T22:00:00","date_gmt":"2005-08-25T20:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/homilia-del-santo-padre-benedicto-xvi-durante-la-santa-misa\/"},"modified":"2024-05-13T20:48:11","modified_gmt":"2024-05-13T18:48:11","slug":"homilia-del-santo-padre-benedicto-xvi-durante-la-santa-misa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/homilia-del-santo-padre-benedicto-xvi-durante-la-santa-misa\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Santo Padre Benedicto XVI durante la Santa Misa"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/2010.focolare.org\/layout\/foto2005\/20050821d.jpg\" alt=\"\" align=\"left\" border=\"0\" hspace=\"8\" \/>Queridos j\u00f3venes:  Ante la sagrada Hostia, en la cual Jes\u00fas se ha hecho pan para nosotros, que interiormente sostiene y nutre nuestra vida (cf. Jn 6,35), hemos comenzado ayer tarde el camino interior de la adoraci\u00f3n. En la Eucarist\u00eda la adoraci\u00f3n debe llegar a ser uni\u00f3n. Con la Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica nos encontramos en aquella \u201chora\u201d de Jes\u00fas, de la cual habla el Evangelio de Juan. Mediante la Eucarist\u00eda, esta \u201chora\u201d suya se convierte en nuestra hora, su presencia en medio de nosotros. Junto con los disc\u00edpulos \u00c9l celebr\u00f3 la cena pascual de Israel, el memorial de la acci\u00f3n liberadora de Dios que hab\u00eda guiado a Israel de la esclavitud a la libertad. Jes\u00fas sigue los ritos de Israel. Pronuncia sobre el pan la oraci\u00f3n de alabanza y bendici\u00f3n. Sin embargo, sucede algo nuevo. \u00c9l da gracias a Dios non solamente por las grandes obras del pasado; le da gracias por la propia exaltaci\u00f3n que se realizar\u00e1 mediante la Cruz y la Resurrecci\u00f3n, dirigi\u00e9ndose a los disc\u00edpulos tambi\u00e9n con palabras que contienen el compendio de la Ley y de los Profetas: \u201cEsto es mi Cuerpo entregado en sacrificio por vosotros. Este c\u00e1liz es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre\u201d. Y as\u00ed distribuye el pan y el c\u00e1liz, y, al mismo tiempo, les encarga la tarea de volver a decir y hacer siempre en su memoria aquello que estaba diciendo y haciendo en aquel momento.  \ufffdQu\u00e9 est\u00e1 sucediendo? \ufffdC\u00f3mo Jes\u00fas puede repartir su Cuerpo y su Sangre? Haciendo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre, \u00c9l anticipa su muerte, la acepta en lo m\u00e1s \u00edntimo y la transforma en una acci\u00f3n de amor. Lo que desde el exterior es violencia brutal, desde el interior se transforma en un acto de un amor que se entrega totalmente. Esta es la transformaci\u00f3n sustancial que se realiz\u00f3 en el cen\u00e1culo y que estaba destinada a suscitar un proceso de transformaciones cuyo \u00faltimo fin es la transformaci\u00f3n del mundo hasta que Dios sea todo en todos (cf. 1 Cor 15,28).  Desde siempre todos los hombres esperan en su coraz\u00f3n, de alg\u00fan modo, un cambio, una transformaci\u00f3n del mundo. Este es, ahora, el acto central de transformaci\u00f3n capaz de renovar verdaderamente el mundo: la violencia se transforma en amor y, por tanto, la muerte en vida. Dado que este acto convierte la muerte en amor, la muerte como tal est\u00e1 ya, desde su interior, superada; en ella est\u00e1 ya presente la resurrecci\u00f3n. La muerte ha sido, por as\u00ed decir, profundamente herida, tanto que, de ahora en adelante, no puede ser la \u00faltima palabra. \u00c9sta es, por usar una imagen muy conocida para nosotros, la fisi\u00f3n nuclear llevada en lo m\u00e1s \u00edntimo del ser; la victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. Solamente esta \u00edntima explosi\u00f3n del bien que vence al mal puede suscitar despu\u00e9s la cadena de transformaciones que poco a poco cambiar\u00e1n el mundo. Todos los dem\u00e1s cambios son superficiales y no salvan. Por esto hablamos de redenci\u00f3n: lo que desde lo m\u00e1s \u00edntimo era necesario ha sucedido, y nosotros podemos entrar en este dinamismo. Jes\u00fas puede distribuir su Cuerpo, porqu\u00e9 se entrega realmente a s\u00ed mismo.  Esta primera transformaci\u00f3n fundamental de la violencia en amor, de la muerte en vida lleva consigo las dem\u00e1s transformaciones. Pan y vino se convierten en su Cuerpo y su Sangre. Llegados a este punto la transformaci\u00f3n no puede detenerse, antes bien, es aqu\u00ed donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos dan para que a su vez nosotros mismos seamos transformados. Nosotros mismos debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consagu\u00edneos. Todos comemos el \u00fanico pan, y esto significa que entre nosotros llegamos a ser una sola cosa. La adoraci\u00f3n, hemos dicho, llega a ser, de este modo, uni\u00f3n. Dios no solamente est\u00e1 frente a nosotros, como el Totalmente otro. Est\u00e1 dentro de nosotros, y nosotros estamos en \u00c9l. Su din\u00e1mica nos penetra y desde nosotros quiere propagarse a los dem\u00e1s y extenderse a todo el mundo, para que su amor sea realmente la medida dominante del mundo.  Yo encuentro una alusi\u00f3n muy bella a este nuevo paso que la \u00daltima Cena nos indica con la diferente acepci\u00f3n de la palabra \u201cadoraci\u00f3n\u201d en griego y en lat\u00edn. La palabra griega es proskynesis. Significa el gesto de sumisi\u00f3n, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, cuya norma aceptamos seguir. Significa que la libertad no quiere decir gozar de la vida, considerarse absolutamente aut\u00f3nomo, sino orientarse seg\u00fan la medida de la verdad y del bien, para llegar a ser, de esta manera, nosotros mismos, verdaderos y buenos. Este gesto es necesario, aun cuando nuestra ansia de libertad se resiste, en un primer momento, a esta perspectiva. Hacerla completamente nuestra ser\u00e1 posible solamente en el segundo paso que nos presenta la \u00daltima Cena. La palabra latina adoraci\u00f3n es ad-oratio, contacto boca a boca, beso, abrazo y, por tanto, en resumen, amor. La sumisi\u00f3n se hace uni\u00f3n, porque aquel al cual nos sometemos es Amor. As\u00ed la sumisi\u00f3n adquiere sentido, porque no nos impone cosas extra\u00f1as, sino que nos libera desde lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestro ser.  Volvamos de nuevo a la \u00daltima Cena. La novedad que all\u00ed se verific\u00f3, estaba en la nueva profundidad de la antigua oraci\u00f3n de bendici\u00f3n de Israel, que ahora se hac\u00eda palabra de transformaci\u00f3n y nos conced\u00eda el poder participar en la hora de Cristo. Jes\u00fas no nos ha encargado la tarea de repetir la Cena pascual que, por otra parte, en cuanto aniversario, no es repetible a voluntad. Nos ha dado la tarea de entrar en su \u201chora\u201d. Entramos en ella mediante la palabra del poder sagrado de la consagraci\u00f3n, una transformaci\u00f3n que se realiza mediante la oraci\u00f3n de alabanza, que nos sit\u00faa en continuidad con Israel y con toda la historia de la salvaci\u00f3n, y al mismo tiempo nos concede la novedad hacia la cual aquella oraci\u00f3n tend\u00eda por su \u00edntima naturaleza. Esta oraci\u00f3n, llamada por la Iglesia \u201coraci\u00f3n eucar\u00edstica\u201d, hace presente la Eucarist\u00eda. Es palabra de poder, que transforma los dones de la tierra de modo totalmente nuevo en la donaci\u00f3n de Dios mismo y que nos compromete en este proceso de transformaci\u00f3n. Por esto llamamos a este acontecimiento Eucarist\u00eda, que es la traducci\u00f3n de la palabra hebrea beracha, agradecimiento, alabanza, bendici\u00f3n, y asimismo transformaci\u00f3n a partir del Se\u00f1or: presencia de su \u201chora\u201d. La hora de Jes\u00fas es la hora en la cual vence el amor. En otras palabras: es Dios quien ha vencido, porque \u00c9l es Amor. La hora de Jes\u00fas quiere llegar a ser nuestra hora y lo ser\u00e1, si nosotros, mediante la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, nos dejamos arrastrar por aquel proceso de transformaciones que el Se\u00f1or pretende. La Eucarist\u00eda debe llegar a ser el centro de nuestra vida. No se trata de positivismo o ansia de poder, cuando la Iglesia nos dice que la Eucarist\u00eda es parte del domingo. En la ma\u00f1ana de Pascua, primero las mujeres y luego los disc\u00edpulos tuvieron la gracia de ver al Se\u00f1or. Desde entonces supieron que el primer d\u00eda de la semana, el domingo, ser\u00eda el d\u00eda de \u00c9l, de Cristo. El d\u00eda del inicio de la creaci\u00f3n ser\u00eda el d\u00eda de la renovaci\u00f3n de la creaci\u00f3n. Creaci\u00f3n y redenci\u00f3n caminan juntas. Por esto es tan importante el domingo. Es bonito que hoy, en muchas culturas, el domingo sea un d\u00eda libre o, juntamente con el s\u00e1bado, constituya el denominado \u201cfin de semana\u201d libre. Pero este tiempo libre permanece vac\u00edo si en \u00e9l no est\u00e1 Dios. \ufffdQueridos amigos! A veces, en principio, puede resultar inc\u00f3modo tener que programar en el domingo tambi\u00e9n la Misa. Pero si os empe\u00f1\u00e1is, constatar\u00e9is m\u00e1s tarde que es exactamente esto lo que le da sentido al tiempo libre. No os dej\u00e9is disuadir de participar en la Eucarist\u00eda dominical y ayudad tambi\u00e9n a los dem\u00e1s a descubrirla. Ciertamente, para que de esa emane la alegr\u00eda que necesitamos, debemos aprender a comprenderla cada vez m\u00e1s profundamente, debemos aprender a amarla. Compromet\u00e1monos a ello, \ufffdvale la pena! Descubramos la \u00edntima riqueza de la liturgia de la Iglesia y su verdadera grandeza: no somos nosotros los que hacemos fiesta para nosotros, sino que es, en cambio, el mismo Dios viviente el que prepara una fiesta para nosotros. Con el amor a la Eucarist\u00eda redescubrir\u00e9is tambi\u00e9n el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n, en el cual la bondad misericordiosa de Dios permite siempre iniciar de nuevo nuestra vida. Quien a descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia \u00c9l. Una gran alegr\u00eda no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extra\u00f1o olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin \u00c9l. Pero al mismo tiempo existe tambi\u00e9n un sentimiento de frustraci\u00f3n, de insatisfacci\u00f3n de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: \ufffdNo es posible que la vida sea as\u00ed! Verdaderamente no. Y de este modo, junto a olvido de Dios existe como un boom de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sit\u00faa en este contexto. Puede darse tambi\u00e9n la alegr\u00eda sincera del descubrimiento. Pero exagerando demasiado, la religi\u00f3n se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que place, y algunos saben tambi\u00e9n sacarle provecho. Pero la religi\u00f3n buscada a la \u201cmedida de cada uno\u201d a la postre no nos ayuda. Es c\u00f3moda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte. Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: \ufffdJesucristo! Tratemos nosotros mismos de conocerlo siempre mejor para poder guiar tambi\u00e9n, de modo convincente, a los dem\u00e1s hacia \u00c9l. Por esto es tan importante el amor a la Sagrada Escritura y, en consecuencia, conocer la fe de la Iglesia que nos muestra el sentido de la Escritura. Es el Esp\u00edritu Santo el que gu\u00eda a la Iglesia en su fe creciente y la ha hecho y hace penetrar cada vez m\u00e1s en las profundidades de la verdad (cf. Jn 16,13). El Papa Juan Pablo II nos ha dejado una obra maravillosa, en la cual la fe secular se explica sint\u00e9ticamente: el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica. Yo mismo, recientemente, he podido presentar el Compendio de tal Catecismo, que ha sido elaborado a petici\u00f3n del difunto Papa. Son dos libros fundamentales que querr\u00eda recomendaros a todos vosotros. Obviamente, los libros por s\u00ed solos no bastan. \ufffdConstruid comunidades basadas en la fe! En los \u00faltimos decenios han nacido movimientos y comunidades en los cuales la fuerza del Evangelio se deja sentir con vivacidad. Buscad la comuni\u00f3n en la fe como compa\u00f1eros de camino que juntos van siguiendo el itinerario de la gran peregrinaci\u00f3n que primero nos se\u00f1alaron los Magos de Oriente. La espontaneidad de las nuevas comunidades es importante, pero es asimismo importante conservar la comuni\u00f3n con el Papa y con los Obispos. Son ellos los que garantizan que no se est\u00e1n buscando senderos particulares, sino que a su vez se est\u00e1 viviendo en aquella gran familia de Dios que el Se\u00f1or ha fundado con los doce Ap\u00f3stoles. A\u00fan, una vez m\u00e1s, debo volver a la Eucarist\u00eda. \u201cPorque a\u00fan siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan\u201d dice san Pablo (1 Cor 10,17). Con esto quiere decir: puesto que recibimos al mismo Se\u00f1or y \u00c9l nos acoge y nos atrae hacia s\u00ed, seamos tambi\u00e9n una sola cosa entre nosotros. Esto debe manifestarse en la vida. Debe mostrase en la capacidad de perd\u00f3n. Debe manifestarse en la sensibilidad hacia las necesidades de los dem\u00e1s. Debe manifestarse en la disponibilidad para compartir. Debe manifestarse en el compromiso con el pr\u00f3jimo, tanto con el cercano como con el externamente lejano, que, sin embargo, nos mira siempre de cerca. Existen hoy formas de voluntariado, modelos de servicio mutuo, de los cuales justamente nuestra sociedad tiene necesidad urgente. No debemos, por ejemplo, abandonar a los ancianos en su soledad, no debemos pasar de largo ante los que sufren. Si pensamos y vivimos en virtud de la comuni\u00f3n con Cristo, entonces se nos abren los ojos. Entonces no nos adaptaremos m\u00e1s a seguir viviendo preocupados solamente por nosotros mismos, sino que veremos donde y como somos necesarios. Viviendo y actuando as\u00ed nos daremos cuenta bien pronto que es mucho m\u00e1s bello ser \u00fatiles y estar a disposici\u00f3n de los dem\u00e1s que preocuparse solo de las comodidades que se nos ofrecen. Yo s\u00e9 que vosotros como j\u00f3venes aspir\u00e1is a cosas grandes, que quer\u00e9is comprometeros por un mundo mejor. Demostr\u00e1dselo a los hombres, demostr\u00e1dselo al mundo, que espera exactamente este testimonio de los disc\u00edpulos de Jesucristo y que, sobre todo mediante vuestro amor, podr\u00e1 descubrir la estrella que como creyentes seguimos. \ufffdCaminemos con Cristo y vivamos nuestra vida como verdaderos adoradores de Dios! Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JMJ 2005\/4<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_seopress_robots_follow":"","_seopress_robots_imageindex":"","_seopress_robots_snippet":"","_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_robots_breadcrumbs":"","_seopress_robots_freeze_modified_date":"","_seopress_robots_custom_modified_date":"","_seopress_robots_canonical":"","_seopress_social_fb_title":"","_seopress_social_fb_desc":"","_seopress_social_fb_img":"","_seopress_social_fb_img_attachment_id":0,"_seopress_social_fb_img_width":0,"_seopress_social_fb_img_height":0,"_seopress_social_twitter_title":"","_seopress_social_twitter_desc":"","_seopress_social_twitter_img":"","_seopress_social_twitter_img_attachment_id":0,"_seopress_social_twitter_img_width":0,"_seopress_social_twitter_img_height":0,"_seopress_redirections_value":"","_seopress_redirections_enabled":"","_seopress_redirections_enabled_regex":"","_seopress_redirections_logged_status":"","_seopress_redirections_param":"","_seopress_redirections_type":0,"_seopress_analysis_target_kw":"","_seopress_news_disabled":"","_seopress_video_disabled":"","_seopress_video":[],"_seopress_pro_schemas_manual":[],"_seopress_pro_rich_snippets_disable_all":"","_seopress_pro_rich_snippets_disable":[],"_seopress_pro_schemas":[],"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[904],"tags":[],"class_list":["post-293990","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-focolare-worldwide-2-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/293990","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=293990"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/293990\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=293990"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=293990"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=293990"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}