{"id":294628,"date":"2010-04-30T22:00:00","date_gmt":"2010-04-30T20:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/palabra-de-vida-de-mayo-2010\/"},"modified":"2024-05-13T20:50:48","modified_gmt":"2024-05-13T18:50:48","slug":"palabra-de-vida-de-mayo-2010","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/palabra-de-vida-de-mayo-2010\/","title":{"rendered":"Palabra de vida de Mayo 2010"},"content":{"rendered":"<p><b>En el &uacute;ltimo discurso de Jes&uacute;s, el amor es el punto central: el amor del Padre al Hijo, <\/b>el amor a Jes&uacute;s, que consiste en observar sus mandamientos.<br \/> A los que escuchaban a Jes&uacute;s no les costaba reconocer en sus palabras un eco de los libros sapienciales: El amor es la observancia de sus leyes&nbsp; y f&aacute;cilmente la contemplan &ndash;la Sabidur&iacute;a&ndash; los que la aman . Y sobre todo, el manifestarse a quien lo ama encuentra su paralelo en el Antiguo Testamento, en el libro de la Sabidur&iacute;a (Sb 1, 2), donde se dice que el Se&ntilde;or se manifiesta a los que creen en &Eacute;l.<br \/> Pues bien, el sentido de esta Palabra que proponemos es: el que ama al Hijo es amado por el Padre y tambi&eacute;n es amado por el Hijo, el cual se le manifiesta.<\/p>\n<p><span style=\"padding-right: 0px; padding-left: 0px; font-weight: bold; font-size: 14px; padding-bottom: 0px; margin: 0px; color: #206bd1; padding-top: 12px\">&laquo;El que me ama ser&aacute; amado por mi Padre, y tambi&eacute;n yo lo amar&eacute; y me manifestar&eacute; a &eacute;l&raquo;.<\/span><\/p>\n<p><b>Pero para que Jes&uacute;s se manifieste hay que amar.<br \/> <\/b>No se concibe un cristiano que no posea ese dinamismo, esa carga de amor en el coraz&oacute;n. Un reloj no funciona, no da la hora &ndash;y se puede decir que ni siquiera es un reloj&ndash; si no anda. De la misma manera, un cristiano que no est&eacute; siempre dispuesto a amar, no merece el nombre de cristiano.<\/p>\n<p> <b>Y es porque todos los mandamientos de Jes&uacute;s se resumen en uno solo: amar a Dios y al pr&oacute;jimo<\/b>, y en el pr&oacute;jimo ver y amar a Jes&uacute;s.<br \/> El amor no es mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta, en servicio a los hermanos, especialmente a los que tenemos al lado, empezando por las cosas peque&ntilde;as, por los servicios m&aacute;s humildes.<br \/> Dice Carlos de Foucauld: Cuando uno ama a alguien, est&aacute; realmente en &eacute;l, est&aacute; en &eacute;l con el amor, vive en &eacute;l con el amor, ya no vive en s&iacute; mismo, est&aacute; &laquo;despojado&raquo; de s&iacute;, est&aacute; &laquo;fuera&raquo; de s&iacute; .<\/p>\n<p><b>Este amor abre camino en nosotros a su luz, la luz de Jes&uacute;s, tal como &Eacute;l prometi&oacute;<\/b>: A quien me ama&hellip; me manifestar&eacute; . El amor es fuente de luz. Amando comprendemos m&aacute;s a Dios, que es amor.<br \/> Y esto hace que amemos a&uacute;n m&aacute;s y que la relaci&oacute;n con nuestros pr&oacute;jimos sea m&aacute;s profunda.<\/p>\n<p><b>Esa luz, ese conocimiento amoroso de Dios es, por lo tanto, el sello, la prueba del amor verdadero.<\/b> Y lo podemos experimentar de distintos modos, porque en cada uno de nosotros la luz adquiere un color, una tonalidad propia. Pero tiene caracter&iacute;sticas comunes: nos ilumina sobre la voluntad de Dios, nos da paz, serenidad y una comprensi&oacute;n siempre nueva de la Palabra de Dios. Es una luz c&aacute;lida que nos estimula a caminar por la senda de la vida de una manera cada vez m&aacute;s segura y ligera.<\/p>\n<p><b>Cuando las sombras de la existencia nos hagan incierto el camino,<\/b> o incluso cuando nos paralice la oscuridad, esta Palabra del Evangelio nos recordar&aacute; que al amar se enciende la luz y que un gesto concreto de amor, por peque&ntilde;o que sea (una oraci&oacute;n, una sonrisa, una palabra), es suficiente para ofrecernos un destello que nos permita seguir adelante.<\/p>\n<p> Cuando vamos en bicicleta por la noche, al pararnos nos quedamos a oscuras, pero si nos ponemos a pedalear de nuevo, la dinamo dar&aacute; la corriente necesaria para ver el camino. As&iacute; sucede en la vida: basta con volver a poner en marcha el amor, el verdadero, el que da sin esperar nada, para encender de nuevo en nosotros la fe y la esperanza.<\/p>\n<p>Chiara Lubich&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl que me ama ser\u00e1 amado por mi Padre, y tambi\u00e9n yo lo amar\u00e9 y me manifestar\u00e9 a \u00e9l\u00bb (Jn 14, 21)<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[95,46],"tags":[],"class_list":["post-294628","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-palabra-de-vida","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=294628"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294628\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=294628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=294628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=294628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}