{"id":294664,"date":"2010-07-31T22:00:00","date_gmt":"2010-07-31T20:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/agosto-2010\/"},"modified":"2024-05-13T20:50:52","modified_gmt":"2024-05-13T18:50:52","slug":"agosto-2010","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/agosto-2010\/","title":{"rendered":"Agosto 2010"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: Verdana;\">Esta Palabra forma parte de un acontecimiento sencillo y alt&iacute;simo al mismo tiempo: es el encuentro entre dos mujeres embarazadas, dos madres, cuya simbiosis espiritual y f&iacute;sica con sus hijos es total. Ellas son su boca, sus sentimientos. Cuando habla Mar&iacute;a, el ni&ntilde;o de Isabel da un salto de alegr&iacute;a en su vientre. Cuando habla Isabel, pareciera que el Precursor le ha puesto las palabras en los labios. Pero mientras que las primeras palabras de su himno de alabanza a Mar&iacute;a est&aacute;n dirigidas personalmente a la Madre del Se&ntilde;or, las &uacute;ltimas est&aacute;n dichas en tercera persona: &quot;Feliz la que ha cre&iacute;do&quot;.&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, su &quot;afirmaci&oacute;n&rdquo; adquiere car&aacute;cter de verdad universal: la bienaventuranza vale para todos los creyentes, concierne a todos los que acogen la Palabra de Dios y la ponen en pr&aacute;ctica y encuentran en Mar&iacute;a el modelo ideal&quot; .<\/p>\n<p> <span style=\"margin: 0pt; padding: 0pt; font-family: Verdana,Geneva,Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209);\">&quot;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or!&rdquo;<\/span><\/p>\n<p> Es la primera bienaventuranza del Evangelio que se refiere a Mar&iacute;a, pero tambi&eacute;n a todos los que quieren seguirla e imitarla.&nbsp; <br \/> En Mar&iacute;a hay un estrecho v&iacute;nculo entre fe y maternidad, fruto de la escucha de la Palabra. Lucas aqu&iacute; nos sugiere algo que se refiere tambi&eacute;n a nosotros al citar m&aacute;s adelante en su Evangelio las palabras de Jes&uacute;s: &quot;Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en pr&aacute;ctica&quot; .&nbsp; <br \/> Anticipando casi estas palabras, Isabel, movida por el Esp&iacute;ritu Santo, nos anuncia que cada disc&iacute;pulo puede llegar a ser &quot;madre&quot; del Se&ntilde;or. La condici&oacute;n es que crea en la palabra de Dios y que la viva.<\/p>\n<p> <span style=\"margin: 0pt; padding: 0pt; font-family: Verdana,Geneva,Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209);\">&quot;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or!&quot;<\/span><br \/> &nbsp; <br \/> Mar&iacute;a, despu&eacute;s de Jes&uacute;s, es quien mejor y m&aacute;s perfectamente ha sabido decir &quot;s&iacute;&quot; a Dios; y es &eacute;sta, sobre todo, su santidad y su grandeza. Y si Jes&uacute;s es el Verbo, la Palabra encarnada, Mar&iacute;a, por su fe en la Palabra, es la Palabra vivida, siendo criatura como nosotros, igual a nosotros. <br \/> El papel de Mar&iacute;a como madre de Dios es excelso y grandioso. Pero Dios no llama s&oacute;lo a la Virgen a generar a Cristo, ya que cada cristiano tiene una tarea semejante: encarnar a Cristo hasta repetir como San Pablo, &quot;Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;&quot; .<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <br \/> &iquest;C&oacute;mo viviremos esta Palabra? &nbsp; <br \/> Imitando la actitud de Mar&iacute;a hacia la Palabra de Dios, es decir, teniendo una total disponibilidad. Creer por lo tanto, como Mar&iacute;a, que todas las promesas contenidas en la Palabra de Jes&uacute;s se cumplir&aacute;n, y afrontar, como Mar&iacute;a, si es necesario, el riesgo del absurdo que a veces su Palabra comporta.<br \/> A quien cree en la Palabra le suceden cosas grandes y peque&ntilde;as, pero siempre maravillosas. Se podr&iacute;an llenar libros con hechos que dan prueba de ello.<br \/> <\/span><span style=\"font-family: Verdana;\">&iquest;Qui&eacute;n puede olvidar cuando, en plena guerra, creyendo en las palabras de Jes&uacute;s &quot;pidan y se les dar&aacute;&quot;&nbsp; pedimos todo aquello de lo que carec&iacute;an tantos pobres de la ciudad y vimos llegar sacos de harina, cajas de leche, de mermelada, le&ntilde;a, vestidos? <br \/> Tambi&eacute;n hoy suceden las mismas cosas. &quot;Den y se les dar&aacute;&quot;&nbsp; y las bodegas de las instituciones de caridad, que se vac&iacute;an regularmente, siempre est&aacute;n llenas.<br \/> Pero lo que m&aacute;s impresiona es c&oacute;mo las palabras de Jes&uacute;s son verdaderas siempre y en todo lugar. Y la ayuda de Dios llega puntual incluso en circunstancias imposibles, y en los lugares m&aacute;s aislados de la Tierra, como sucedi&oacute; hace poco tiempo a una madre que vive en condiciones de extrema pobreza. Un d&iacute;a ella sinti&oacute; el impulso de dar sus &uacute;ltimas monedas a una persona todav&iacute;a m&aacute;s pobre porque cre&iacute;a en aqu&eacute;l &quot;den y se les dar&aacute;&quot; del Evangelio; y sinti&oacute; una gran paz en el alma. Poco despu&eacute;s lleg&oacute; su ni&ntilde;a m&aacute;s peque&ntilde;a y le mostr&oacute; un regalo que acababa de recibir de un pariente anciano que, por casualidad, hab&iacute;a pasado por all&iacute;: en sus manitas ten&iacute;a el dinero multiplicado.<br \/> Una &quot;peque&ntilde;a&quot; experiencia como &eacute;sta nos impulsa a creer en el Evangelio; y cada uno de nosotros puede probar esa alegr&iacute;a, esa bienaventuranza que viene del ver realizadas las promesas de Jes&uacute;s.<br \/> Cuando, en la vida de todos los d&iacute;as, en la Lectura de las Sagradas Escrituras, nos encontremos con la Palabra de Dios, abramos nuestro coraz&oacute;n a la escucha, con la fe de que lo que Jes&uacute;s nos pide y nos promete se cumplir&aacute;. No tardaremos en descubrir, como Mar&iacute;a y como aquella madre, que &Eacute;l mantiene sus promesas.<br \/> <\/span><i><span style=\"font-family: Verdana;\"><br \/> <\/span><i>Chiara Lubich &#8211; Palabra de vida, agosto 1999, publicada en Citt&agrave; Nuova, 1999\/14, p. 33<\/i><\/i><br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&quot;\u00a1Feliz la que ha cre\u00eddo que se cumplir\u00edan las cosas que le fueron dichas de parte del Se\u00f1or!&quot; (Lc 1,45)<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[95,46],"tags":[],"class_list":["post-294664","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-palabra-de-vida","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294664","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=294664"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294664\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=294664"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=294664"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=294664"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}