{"id":294676,"date":"2010-09-30T22:00:00","date_gmt":"2010-09-30T20:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/octubre-2010\/"},"modified":"2024-05-13T20:50:53","modified_gmt":"2024-05-13T18:50:53","slug":"octubre-2010","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/octubre-2010\/","title":{"rendered":"Octubre 2010"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: Verdana;\">Esta Palabra se encuentra ya en el Antiguo Testamento(2).&nbsp; Para responder a una pregunta, Jes&uacute;s se injerta en la gran tradici&oacute;n prof&eacute;tica y rab&iacute;nica que estaba en b&uacute;squeda del principio unificador de la Torah, es decir, de la ense&ntilde;anza de Dios contenida en la Biblia. El Rabino Hillel, contempor&aacute;neo suyo, hab&iacute;a dicho: &ldquo;No le hagas a tu pr&oacute;jimo lo que te resulta odioso&nbsp; &eacute;sta es toda la ley. El resto es interpretaci&oacute;n&rdquo;(3). <br \/> Para los maestros del hebra&iacute;smo, el amor al pr&oacute;jimo deriva del amor a Dios que ha creado al hombre a su imagen y semejanza, por lo cual no se puede amar a Dios sin amar a su criatura: &eacute;ste es el verdadero motivo del amor al pr&oacute;jimo y es &ldquo;un gran principio general de la ley&rdquo;(4).<br \/> Jes&uacute;s insiste en este principio y agrega que el mandamiento de amar al pr&oacute;jimo es similar al primero y el m&aacute;s grande mandamiento, es decir, el de amar a Dios con todo el coraz&oacute;n, la mente y el alma. Afirmando una relaci&oacute;n de semejanza entre los dos mandamientos Jes&uacute;s los une definitivamente y as&iacute; har&aacute; toda la tradici&oacute;n cristiana, como dir&aacute; lapidariamente el ap&oacute;stol Juan. &ldquo;Quien no ama a su hermano que ve, no puede amar a Dios, a quien no ve?&rdquo;(5).<\/p>\n<p> <span style=\"margin: 0pt; padding: 0pt; font-family: Verdana,Geneva,Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209);\">&ldquo;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&rdquo;<\/span><\/p>\n<p> Pr&oacute;jimo &ndash; lo dice claramente todo el Evangelio &ndash; es todo ser humano, hombre o mujer, amigo o enemigo, al cual se debe respeto, consideraci&oacute;n, estima. El amor al pr&oacute;jimo es universal y personal al mismo tiempo. Abraza a toda la humanidad y se concreta en aquel-que-est&aacute;-cerca.<br \/> Pero, &iquest;qui&eacute;n puede darnos un coraz&oacute;n tan grande, qui&eacute;n puede suscitar en nosotros una benevolencia tal como para hacernos sentir cercanos &ndash; pr&oacute;jimos &ndash; tambi&eacute;n de aquellos que son m&aacute;s extra&ntilde;os a nosotros, como para hacernos superar el amor propio y reconocernos en los dem&aacute;s? Es un don de Dios, es m&aacute;s, es el mismo amor de Dios que &ldquo;ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo, que se nos ha dado.&rdquo;(6).<br \/> No es por lo tanto un amor com&uacute;n, una simple amistad o pura filantrop&iacute;a, sino ese amor que fue derramado desde el bautismo en nuestros corazones: ese amor que es la vida de Dios mismo, de la Trinidad beata, de la cual nosotros podemos participar.<br \/> Entonces, el amor lo es todo, pero para poder vivirlo bien es necesario conocer sus cualidades que emergen del Evangelio y de la Escritura en general y que nos parece que se pueden resumir en algunos aspectos fundamentales. <br \/> Lo primero es que Jes&uacute;s, que muri&oacute; por todos, amando a todos, nos ense&ntilde;a que el verdadero amor va dirigido a todos. No como el amor que vivimos nosotros tantas veces, simplemente humano, que tiene un radio restringido: la familia, los amigos, los vecinos&#8230; El amor verdadero que Jes&uacute;s quiere no admite discriminaciones: no distingue tanto la persona simp&aacute;tica de la antip&aacute;tica, no existe para &eacute;l el lindo, el feo, el grande o el peque&ntilde;o; para este amor no hay diferencia entre el compatriota y el extranjero, el de mi Iglesia o de otra, de mi religi&oacute;n o de otra. Este amor ama a todos. Y as&iacute; tenemos que hacer nosotros: amar a todos.<br \/> El amor verdadero, adem&aacute;s, es el primero en amar, no espera ser amado, como en general es propio del amor humano, que ama a quien nos ama. No, el amor verdadero toma la iniciativa, como hizo el Padre cuando, siendo nosotros todav&iacute;a pecadores, por lo tanto no amantes, mand&oacute; al Hijo para salvarnos.<br \/> Entonces: amar a todos y ser el primero en amar.<br \/> A&uacute;n m&aacute;s: el amor verdadero ve a Jes&uacute;s en cada pr&oacute;jimo: &ldquo;A m&iacute; me lo hiciste&rdquo;(7) nos dir&aacute; Jes&uacute;s en el juicio final. Y eso vale para el bien que hagamos y tambi&eacute;n para el mal, lamentablemente.<br \/> El amor verdadero ama al amigo y tambi&eacute;n al enemigo; le hace el bien, reza por &eacute;l.<br \/> Jes&uacute;s tambi&eacute;n quiere que el amor que &Eacute;l trajo a la tierra se vuelva rec&iacute;proco: que el uno ame al otro y viceversa, hasta llegar a la unidad.<br \/> Todas estas cualidades del amor nos hacen comprender y vivir mejor la palabra de vida de este mes.<\/p>\n<p> <span style=\"margin: 0pt; padding: 0pt; font-family: Verdana,Geneva,Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209);\">&ldquo;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&rdquo;<\/span><\/p>\n<p> S&iacute;, el amor verdadero ama al otro como a s&iacute; mismo. Y esto debe ser tomado al pie de la letra: hace falta justamente ver en el otro a s&iacute; mismo, y hacer al otro lo que uno se har&iacute;a a s&iacute; mismo. El amor&nbsp; verdadero sabe sufrir con quien sufre, gozar con quien goza, llevar los pesos del otro, sabe, como dice Pablo, hacerse uno con la persona amada. Por lo tanto es un amor que no s&oacute;lo sentimiento, o bellas palabras, sino&nbsp; hechos concretos.<br \/> Quien tiene otro credo religioso busca tambi&eacute;n hacer esto por la as&iacute; llamada &ldquo;regla de oro&rdquo;, que encontramos en todas las religiones. La misma quiere que hagamos a los otros lo que quisi&eacute;ramos que nos hicieran a nosotros. Gandhi la explica de modo muy simple y eficaz: &ldquo;No puedo hacerte da&ntilde;o sin herirme a m&iacute; mismo&rdquo;(8).<br \/> Este mes, por lo tanto, tiene que ser una ocasi&oacute;n para volver a centrarnos en el amor al pr&oacute;jimo, que tiene muchos rostros: desde el vecino de casa, a la compa&ntilde;era de escuela, desde el amigo hasta la pariente m&aacute;s cercana. Pero tambi&eacute;n tiene el rostro de esa humanidad angustiada que la TV nos presenta desde lugares de guerra y de cat&aacute;strofes naturales. Una vez eran desconocidos y lejanos miles de millas. Ahora tambi&eacute;n ellos se han vuelto nuestros pr&oacute;jimos.<br \/> Cada vez el amor nos sugerir&aacute; qu&eacute; hacer, y dilatar&aacute; poco a poco nuestro coraz&oacute;n seg&uacute;n la medida del coraz&oacute;n de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p> &nbsp;Chiara Lubich<\/p>\n<p> Publicaci&oacute;n mensual del Movimiento de los Focolares<br \/> 1.Este texto fue publicado en octubre de 1999. <br \/> 2.Lev. 19, 18.<br \/> 3.Talmud de Babilonia Shabbat, 31a.<br \/> 4.Rabino Akiba, cit. en Sifra, comentario rab&iacute;nico a Lev. 19,18. (nuestra traducci&oacute;n).<br \/> 5.1 Jn., 4, 20.<br \/> 6.Rom. 5, 5.<br \/> 7.Cf. Mt. 25, 40.<br \/> 8.Cf. Wilhelm Muhs, Palabras del coraz&oacute;n, Bs. As.<\/span><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u201d (Mt 22, 39) (1)<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[95,46],"tags":[],"class_list":["post-294676","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-palabra-de-vida","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294676","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=294676"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294676\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=294676"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=294676"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=294676"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}