{"id":294678,"date":"2010-10-31T23:00:00","date_gmt":"2010-10-31T22:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/noviembre-2010\/"},"modified":"2024-05-13T20:50:53","modified_gmt":"2024-05-13T18:50:53","slug":"noviembre-2010","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/noviembre-2010\/","title":{"rendered":"noviembre 2010"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">La predicaci&oacute;n de Jes&uacute;s se inicia con el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. En una colina frente al lago Tiber&iacute;ades en las inmediaciones de Cafarna&uacute;n, sentado, como sol&iacute;an hacer los maestros, Jes&uacute;s anuncia a la muchedumbre c&oacute;mo es el hombre de las bienaventuranzas. En varias ocasiones hab&iacute;a resonado ya en el Antiguo Testamento la palabra &ldquo;bienaventurado&rdquo;, es decir, la exaltaci&oacute;n de aquel que observaba de los modos m&aacute;s variados la Palabra del Se&ntilde;or.<br \/> Las bienaventuranzas de Jes&uacute;s evocan en parte las que los disc&iacute;pulos ya conoc&iacute;an, pero por primera vez o&iacute;an que los puros de coraz&oacute;n no s&oacute;lo eran dignos de subir al monte del Se&ntilde;or, como cantaba el salmo , sino que incluso pod&iacute;an ver a Dios. &iquest;Cu&aacute;l era, pues, esa pureza tan elevada para merecer tanto? Jes&uacute;s lo explicar&iacute;a m&aacute;s de una vez en el curso de su predicaci&oacute;n. Por eso, tratemos de seguirlo para beber de la fuente de la pureza aut&eacute;ntica.<\/p>\n<p> <span style=\"font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209); padding: 12px 0pt 0pt; margin: 0pt;\">&laquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n, porque ellos ver&aacute;n a Dios&raquo;. <\/span><\/p>\n<p> Ante todo, seg&uacute;n Jes&uacute;s, hay un m&eacute;todo de purificaci&oacute;n por excelencia: &laquo;Vosotros est&aacute;is ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado&raquo; . No son los ejercicios rituales los que purifican el alma, sino su Palabra. La Palabra de Jes&uacute;s no es como las palabras humanas. En ella est&aacute; presente Cristo, como est&aacute; presente de otro modo en la Eucarist&iacute;a. Por ella Cristo entra en nosotros y, si la dejamos actuar, nos libera del pecado y, por consiguiente, nos hace puros de coraz&oacute;n.<br \/> Por tanto, la pureza es fruto de vivir la Palabra, de todas esas Palabras de Jes&uacute;s que nos liberan de los llamados apegos en los que necesariamente caemos si no se tenemos el coraz&oacute;n en Dios y en sus ense&ntilde;anzas. &Eacute;stos pueden referirse a las cosas, a las criaturas y a nosotros mismos, pero si nuestro coraz&oacute;n mira s&oacute;lo a Dios, todo el resto cae por su propio peso.<br \/> Para tener &eacute;xito en esta empresa, puede ser &uacute;til repetirle durante el d&iacute;a a Jes&uacute;s, a Dios, esa invocaci&oacute;n del salmo que dice: &laquo;Eres t&uacute;, Se&ntilde;or, mi &uacute;nico bien&raquo; . Procuremos repetirlo a menudo, y sobre todo cuando uno u otro apego quiera arrastrar a nuestro coraz&oacute;n hacia esas im&aacute;genes, sentimientos y pasiones que pueden ofuscar la visi&oacute;n del bien y quitarnos la libertad.<br \/> &iquest;Nos sentimos impulsados a mirar determinados carteles publicitarios, a ver ciertos programas de televisi&oacute;n? No, dig&aacute;mosle: &laquo;Eres t&uacute;, Se&ntilde;or, mi &uacute;nico bien&raquo;, y &eacute;ste ser&aacute; el primer paso que nos lleve a salir de nosotros mismos y a volver a declararle nuestro amor a Dios. As&iacute; habremos ganado en pureza.<br \/> &iquest;Notamos a veces que una persona o una actividad se interponen como un obst&aacute;culo entre Dios y nosotros y empa&ntilde;an nuestra relaci&oacute;n con &Eacute;l? Es el momento de repetirle: &laquo;Eres t&uacute;, Se&ntilde;or, mi &uacute;nico bien&raquo;. Esto nos ayudar&aacute; a purificar nuestras intenciones y a recobrar la libertad interior.<\/p>\n<p> <span style=\"font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209); padding: 12px 0pt 0pt; margin: 0pt;\">&laquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n, porque ellos ver&aacute;n a Dios&raquo;.<\/span><\/p>\n<p> Vivir la Palabra nos hace libres y puros, porque es amor. El amor purifica con su fuego divino nuestras intenciones y todo nuestro interior, porque seg&uacute;n la Biblia, el &ldquo;coraz&oacute;n&rdquo; es la sede m&aacute;s profunda de la inteligencia y de la voluntad.<br \/> Pero hay un tipo de amor que Jes&uacute;s nos exige y que nos permite vivir esta bienaventuranza. Es el amor rec&iacute;proco, el amor que tiene quien est&aacute; dispuesto a dar la vida por los dem&aacute;s, a ejemplo de Jes&uacute;s. &Eacute;ste crea una corriente, un intercambio, un entorno cuya nota dominante es precisamente la transparencia, la pureza, gracias a la presencia de Dios, el &uacute;nico que puede crear en nosotros un coraz&oacute;n puro . Viviendo el amor mutuo, la Palabra act&uacute;a y produce sus efectos de purificaci&oacute;n y de santificaci&oacute;n.<br \/> El individuo aislado es incapaz de resistir durante mucho tiempo las instigaciones del mundo, mientras que en el amor mutuo encuentra el ambiente sano capaz de proteger su pureza y toda su existencia cristiana aut&eacute;ntica.<br \/> <span style=\"font-size: 14px; font-weight: bold; color: rgb(32, 107, 209); padding: 12px 0pt 0pt; margin: 0pt;\"><br \/> &laquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n, porque ellos ver&aacute;n a Dios&raquo;.<\/span><\/p>\n<p> Y &eacute;se es el fruto de la pureza, que hay que reconquistar siempre: se puede &ldquo;ver&rdquo; a Dios, es decir, comprender su acci&oacute;n en nuestra vida y en la historia, o&iacute;r su voz en el coraz&oacute;n, captar su presencia all&iacute; donde est&aacute;: en los pobres, en la Eucarist&iacute;a, en su Palabra, en la comuni&oacute;n fraterna, en la Iglesia.<br \/> Es saborear por anticipado la presencia de Dios que empieza ya en esta vida &laquo;caminando en la fe y no en la visi&oacute;n&raquo;&nbsp; hasta que lo &laquo;veamos cara a cara&raquo;&nbsp; por toda la eternidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Chiara Lubich<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abBienaventurados los limpios de coraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios\u00bb (Mt 5, 8) .<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[95,46],"tags":[],"class_list":["post-294678","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-palabra-de-vida","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294678","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=294678"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/294678\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=294678"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=294678"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=294678"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}