{"id":310558,"date":"2019-10-23T20:03:58","date_gmt":"2019-10-23T18:03:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/apuntar-a-lo-alto-el-encuentro-con-dios-que-sana-y-libera\/"},"modified":"2024-05-15T20:49:39","modified_gmt":"2024-05-15T18:49:39","slug":"apuntar-a-lo-alto-el-encuentro-con-dios-que-sana-y-libera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/apuntar-a-lo-alto-el-encuentro-con-dios-que-sana-y-libera\/","title":{"rendered":"Apuntar a lo alto, el encuentro con Dios que sana y libera"},"content":{"rendered":"<p><em>Salir de la dependencia del juego, pero no solo. La historia de Christian Rigor, filipino, quien en la Fazenda de la Esperan\u00e7a encontr\u00f3 tambi\u00e9n a Dios y el sentido m\u00e1s profundo de su existencia.<\/em>  Cuando pensamos en la idea de \u201capuntar a lo alto\u201d nos vienen a la mente distintas metas. Objetivos laborales, proyectos personales, sue\u00f1os por los cuales luchar. Esos \u201cdesaf\u00edos\u201d son a menudo totalizantes y les dedicamos buena parte de nuestra vida. Pero hay metas y metas, con un valor subjetivo o colectivo. Metas que para alcanzarlas debes hacer un camino, dejarte confrontar, desarrollar un sentido de responsabilidad hacia la colectividad, abrir tus horizontes a mundos lejanos. Y metas que llevan a encerrarse en uno mismo, que atascan a la persona dentro de sus intereses personales, que la a\u00edslan y a veces se vuelven destructivas. Los objetivos que nos planteamos marcan el camino de nuestra vida. Pero se puede cambiar de camino.  Bien lo sabe Christian Rigor, treinta\u00f1ero de Filipinas. Tuvo una infancia serena en una familia acomodada que le asegur\u00f3 estudios universitarios y una especializaci\u00f3n en Europa. Un chico con una vida social plena, pero vivida con el deseo de \u201chacer dinero\u201d f\u00e1cilmente, sin esfuerzo. Una superficialidad que le result\u00f3 fatal la primera vez que entr\u00f3 en un casino. All\u00ed empez\u00f3 su dependencia del juego de azar, cuando ten\u00eda 20 a\u00f1os. Un chico embriagado por las primeras victorias, que pronto cay\u00f3 v\u00edctima de la exaltaci\u00f3n del juego, atrapado por la necesidad de recuperar las inevitables p\u00e9rdidas. Fue un cap\u00edtulo oscuro de su vida en el que se enfoc\u00f3 en metas equivocadas, a lo largo del cual perdi\u00f3 amigos, el trabajo, a su novia, y la confianza de sus familiares. Tambi\u00e9n dej\u00f3 de buscar el bien para s\u00ed mismo, y arriba de una cornisa del 24\u00b0 piso de un edificio lleg\u00f3 al punto m\u00e1s bajo de su existencia.  El cambio empez\u00f3 cuando, animado por su madre, decidi\u00f3 entrar en la Fazenda de la Esperan\u00e7a &#8211; un proyecto con estructuras en varios pa\u00edses del mundo y que lleva en su ADN la espiritualidad de la unidad, en la que se inspiraron sus fundadores. All\u00ed empez\u00f3 a hacer un programa de rehabilitaci\u00f3n dedicado a personas con distintos tipos de dependencias. \u201cA lo largo del programa aprend\u00ed a ver m\u00e1s all\u00e1 de m\u00ed mismo, m\u00e1s all\u00e1 de mis ego\u00edsmos y superficiales deseos mundanos, a vivir por un fin superior. Aprend\u00ed a mirar hacia lo alto y encontr\u00e9 a Dios\u2026 Es as\u00ed que aprend\u00ed a amar, a Dios y a los dem\u00e1s, en lo que hago en el momento presente, tambi\u00e9n cuando es dif\u00edcil y doloroso\u201d.  En la Fazenda de la Esperan\u00e7a la vida transcurre marcada por tres dimensiones: la espiritual, la comunitaria y la laboral. Cada una ofrece una posibilidad de maduraci\u00f3n personal. \u201cComo cat\u00f3lico, aprend\u00ed a profundizar mi relaci\u00f3n personal con Dios, a escuchar y vivir Su Palabra, a buscar la unidad con \u00c9l en la Santa Misa, y a rezar como cuando se habla con un amigo\u201d. La vida comunitaria le ense\u00f1\u00f3 que \u201cpara amar plenamente a Dios necesito amar a las personas que tengo a mi alrededor, y ver a Jes\u00fas en ellas\u201d. Lo entren\u00f3 a ir m\u00e1s all\u00e1 de las diferencias para servir a cada hermano. A compartir la comida, a escuchar a los compa\u00f1eros tristes, a hacer los quehaceres dom\u00e9sticos. En el trabajo, fatigoso u ordinario, Christian aprendi\u00f3 a dar lo mejor de s\u00ed, \u201csin importar lo dif\u00edcil, f\u00edsicamente exhaustivo, aburrido, sucio o desagradable que pod\u00eda ser\u201d.  A lo largo del camino de recuperaci\u00f3n le pidieron que fuera coordinador de sus compa\u00f1eros: \u201cFue dif\u00edcil para m\u00ed modular la gentileza y firmeza, sobre todo cuando hab\u00eda peleas. Una vez fui acusado injustamente de un robo, no me sent\u00eda amado. Quer\u00eda rendirme, pero despu\u00e9s decid\u00ed quedarme porque quer\u00eda sanar de la dependencia y ser una persona nueva. Me puse a amar en cada momento, a pesar de los juicios de los dem\u00e1s. Le ped\u00ed ayuda a Dios y lo sent\u00ed todav\u00eda m\u00e1s cercano\u201d.  Hoy Christian afronta el desaf\u00edo de la vida fuera del contexto protegido de la Fazenda, y delante de las tentaciones del juego de azar encuentra refugio en Dios. De hecho ha descubierto que la felicidad aut\u00e9ntica la encuentra apuntando a metas altas: \u201cMe di cuenta de que la felicidad la encuentro cuando amo a Dios, cuando lo siento presente en la oraci\u00f3n, en las personas que encuentro, en la actividad que desempe\u00f1o, cuando amo en el momento presente. Para apuntar hacia lo alto no hace falta hacer grandes cosas, basta hacerlas con amor. \u00c9ste es hoy mi estilo de vida\u201d. <\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Claudia Di Lorenzi<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salir de la dependencia del juego, pero no solo. La historia de Christian Rigor, filipino, quien en la Fazenda de la Esperan\u00e7a encontr\u00f3 tambi\u00e9n a Dios y el sentido m\u00e1s profundo de su existencia.<\/p>\n","protected":false},"author":33,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[46],"tags":[],"class_list":["post-310558","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/310558","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=310558"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/310558\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=310558"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=310558"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=310558"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}