{"id":311394,"date":"2021-07-13T01:00:23","date_gmt":"2021-07-12T23:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/el-arpista-paraguayo\/"},"modified":"2024-05-15T20:51:59","modified_gmt":"2024-05-15T18:51:59","slug":"el-arpista-paraguayo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/el-arpista-paraguayo\/","title":{"rendered":"El arpista paraguayo"},"content":{"rendered":"<p><em>Su m\u00fasica recorr\u00eda la sala del aeropuerto entre la indiferencia de la gente. Un juego de miradas y sonrisas. Estos son los misterios de las buenas relaciones, capaces de generar reciprocidad. Peque\u00f1os gestos que te hacen compartir algo con el otro y sentirte parte de la misma humanidad.<\/em>  <img alt=\"\" alt=\"\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-243151 alignleft\" src=\"https:\/\/www.focolare.org\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/aeroporto-Asuncio\u0300n-614x340.jpeg\" alt=\"\" width=\"332\" height=\"184\" \/>Regresaba al Paraguay luego de muchos a\u00f1os pasados en Europa. Me emocion\u00e9 cuando vislumbr\u00e9 la tierra roja y el verde, tan caract\u00e9risticos, mientras el avi\u00f3n descend\u00eda para el aterrizaje. El aeropuerto internacional, Silvio Pettirossi, no hab\u00eda cambiado mucho. La primera impresi\u00f3n, al salir del avi\u00f3n, el calor sofocante que me tra\u00eda recuerdos tan queridos. En vez de asfixiarme me pareci\u00f3 como un caluroso abrazo de tantas personas queridas que encontrar\u00eda.  <img alt=\"\" alt=\"\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-243149 alignright\" src=\"https:\/\/www.focolare.org\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/arpista-paraguaiano-454x340.jpeg\" alt=\"\" width=\"343\" height=\"257\" \/>Mientras esperaba que saliera mi valija en la gran sala que sirve de embarque, desembarque, zona para recoger las maletas, negocios <em>duty free<\/em> y un bar en el centro, llegaron a mis o\u00eddos las maravillosas notas de un arpa paraguaya. Busqu\u00e9 con la mirada el origen de la m\u00fasica; y all\u00ed estaba, sentado delante del bar, como abrazado a su enorme instrumento musical, un hombre con un rostro sereno y de fuertes rasgos ind\u00edgenas: el arpista paraguayo. Su m\u00fasica se esparc\u00eda por la sala, llen\u00e1ndola de armon\u00eda y de alegres notas de una polca paraguaya. Me llamaron la atenci\u00f3n su discreci\u00f3n y la indiferencia de la gente, como si estuviera acostumbrada a la m\u00fasica del arpista; como si fuera parte de la escenograf\u00eda de la sala, igual que el bar, los negocios o la zona para recoger las maletas. El hombre parec\u00eda resignado a tocar notas tan maravillosas, sin que nadie \u2013en apariencia\u2013 lo tomara en cuenta. Instintivamente revis\u00e9 en mis bolsillos y record\u00e9 que hab\u00eda apartado 5 d\u00f3lares para dar la propina al maletero (en general ni\u00f1os) que se ofrecer\u00eda a cargar con mis maletas hasta el veh\u00edculo que vendr\u00eda a buscarme. Me acerqu\u00e9 discretamente al arpista, lo mir\u00e9 agradecido, y dej\u00e9 los 5 d\u00f3lares en la gorra que ten\u00eda delante, temiendo herir su sensibilidad, porque su m\u00fasica val\u00eda mucho m\u00e1s que eso. Fue un gesto simple, en el cual puse toda la intenci\u00f3n de agradecer y reconocer su talento, tambi\u00e9n en nombre de quien no lo percib\u00eda.  Pasaron tres semanas inolvidables, llenas de reencuentros con gente tan querida, y me volv\u00ed a encontrar en la misma sala del aeropuerto, esta vez para tomar el avi\u00f3n que me reportar\u00eda de regreso a Montevideo, donde resid\u00eda. Estaba a\u00fan saludando a mis amigos que, desde afuera, segu\u00edan levantando las manos, cuando a mis o\u00eddos esta vez me sorprendieron las notas de &#8230; \u00a1La cumparsita! El tango m\u00e1s famoso que gan\u00f3 su popularidad gracias a la inolvidable voz de Carlos Gardel. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sucedido? Est\u00e1bamos en Paraguay, donde se toca y escucha m\u00fasica paraguaya. \u00bfDe d\u00f3nde sal\u00eda ese tango? Lo busqu\u00e9 con la mirada, con un p\u00e1lpito. Y all\u00ed lo volv\u00ed a encontrar, sentado con su inseparable arpa, que me miraba con una sonrisa c\u00f3mplice, como diciendo: \u201c\u00bfTe gust\u00f3 la sorpresa que te di?\u201d. Yo le respond\u00ed \u201cque me encant\u00f3\u201d, con otra sonrisa c\u00f3mplice, aunque tambi\u00e9n lo miraba como pregunt\u00e1ndole c\u00f3mo hab\u00eda hecho para reconocerme entre tanta gente que por all\u00ed va y viene y, sobre todo, c\u00f3mo hab\u00eda adivinado que soy argentino.  Son los misterios de las buenas relaciones, capaces de generar reciprocidad. Son peque\u00f1os gestos que te hacen compartir con el otro y sentirte parte de una misma humanidad. Desde entonces, cada vez que me ve aparecer en la sala de embarque, desembarque, zona de maletas y de <em>duty free<\/em> &#8230; interrumpe su polca y parte con un tango siempre diferente, dedicado a su amigo argentino. <\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Gustavo E. Clari\u00e1<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su m\u00fasica recorr\u00eda la sala del aeropuerto entre la indiferencia de la gente. Un juego de miradas y sonrisas. Estos son los misterios de las buenas relaciones, capaces de generar reciprocidad. 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