{"id":311794,"date":"2022-06-15T01:00:53","date_gmt":"2022-06-14T23:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/juntos-libres-de-cualquier-encierro\/"},"modified":"2024-05-15T20:53:04","modified_gmt":"2024-05-15T18:53:04","slug":"juntos-libres-de-cualquier-encierro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/juntos-libres-de-cualquier-encierro\/","title":{"rendered":"Juntos, libres de cualquier encierro"},"content":{"rendered":"<p><em>El arte de sostenerse rec\u00edprocamente no se aprende en los libros, pero ayudar a alguien en su estudio y dedicarle tiempo puede ser la oportunidad adecuada para descubrir maravillas y cosechar frutos inesperados, incluso en un lugar como la c\u00e1rcel. As\u00ed le pas\u00f3 a Marta Veracini, d\u00e1ndole una nueva mirada a su vida.<\/em>  Re\u00edr a carcajadas mientras una voz lejana te susurra que no molestes; intercambiar ideas y opiniones en un intento de encontrar la concentraci\u00f3n adecuada para estudiar y permanecer en los libros. Es la escena que se repite todos los d\u00edas en las salas de estudio de las universidades, entre una pausa para el caf\u00e9 y una nueva lecci\u00f3n a seguir.  En realidad, todo esto y mucho m\u00e1s es lo que le sucede a Marta Veracini, una joven toscana, cada vez que escucha cerrarse tras ella las puertas blindadas de la Dogaia, la prisi\u00f3n de Prato (Florencia &#8211; Italia).  Licenciada en derecho y con una maestr\u00eda en criminolog\u00eda, en 2019 Marta se uni\u00f3 al proyecto de Servicio Civil organizado de la Universidad de Florencia, a trav\u00e9s del cual los voluntarios ayudan a los reclusos a prepararse para los ex\u00e1menes universitarios. Desde ese momento, incluso pasado el final del a\u00f1o, sigui\u00f3 realizando este servicio, all\u00ed mismo, en un lugar que a cualquiera le costar\u00eda definir como \u201cbonito\u201d pero que, sorprendente e inesperadamente, se ha convertido en un espacio dedicado al cuidado y a la confianza rec\u00edproca; un lugar donde es la relaci\u00f3n la que se convierte en un \u201ccasa acogedora\u201d y donde todos, prisioneros y no, pueden finalmente ser ellos mismos.  \u201cCuando alguien me entrevista -dice Marta- siempre me preguntan c\u00f3mo se siente llevar consuelo y ayuda a un lugar como la prisi\u00f3n. La verdad es que nadie imagina realmente cu\u00e1nto puede recibir, incluso en ese contexto. El voluntariado en prisi\u00f3n me ha cambiado la vida, me ha permitido derrumbar las barreras de mi timidez, de mis inseguridades y hoy me permite lucir una sonrisa que antes escond\u00eda. Soy yo quien debe agradecer a las personas que conoc\u00ed por todo lo que han hecho por m\u00ed y siguen haciendo. Con ellos soy realmente libre\u201d.  Un verdadero logro. De hecho, hay muchas celdas que pueden aprisionarnos, que pueden encerrar nuestros sue\u00f1os, nuestros pensamientos, nuestras esperanzas. La experiencia de Marta, compartida con la de los internos que ha tenido la suerte de conocer y ayudar en el estudio a lo largo de los a\u00f1os, son un ejemplo de c\u00f3mo, juntos, todav\u00eda es posible levantar vuelo, sentir que vales algo y, por qu\u00e9 no, pensar en el futuro.  \u201cEl curso universitario es ciertamente un camino agotador para todos &#8211; dice Marta &#8211; pero trabajan duro y es lindo ver su determinaci\u00f3n y alegr\u00eda al aprobar un examen. Son peque\u00f1os grandes objetivos que los ven confront\u00e1ndose tambi\u00e9n con materias dif\u00edciles. Muchos, por ejemplo, estudian derecho y algunos ya han alcanzado la graduaci\u00f3n. Entre ellos hay j\u00f3venes, pero tambi\u00e9n adultos, de varias regiones de Italia o extranjeros. Es bonito ver c\u00f3mo no se ponen l\u00edmites, se animan unos a otros y se convierten en un ejemplo el uno para el otro. Para quienes tienen una larga condena significa invertir fuerza y \u200b\u200btiempo para lograr un resultado que los enorgullezca y enorgullezca a las familias afuera. Los que se van, en cambio, tienen la oportunidad de aprovechar lo estudiado para volver a empezar\u201d.  Una mirada de esperanza que abraza y se deja abrazar. Las historias de la vida cotidiana entre los muros de la Dogaia, contenidas en el libro que escribi\u00f3 Marta durante la pandemia, \u201cMi \u00e1ngel de la guarda tiene cadena perpetua\u201d, son una peque\u00f1a gota en el gran mar de indiferencia que divide el interior del exterior, testimonio de c\u00f3mo es posible derribar barreras generando belleza, poniendo en el centro el amor incondicional al pr\u00f3jimo.  \u201cNunca quise saber las razones por las que cada uno de ellos est\u00e1 en prisi\u00f3n -contin\u00faa Marta- pero una cosa es cierta, nunca los he mirado como \u2018monstruos\u2019, solo personas que, aunque con errores detr\u00e1s, tienen las mismas necesidades de los dem\u00e1s, los mismos sentimientos y el mismo deseo de relaci\u00f3n y de compartir. Personas que tienen una dignidad como las dem\u00e1s y gracias a las cuales yo tambi\u00e9n encontr\u00e9 la m\u00eda. En pocas palabras, verdaderos amigos\u201d. <\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Maria Grazia Berretta<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El arte de apoyarse no se aprende en los libros, pero ayudar a alguien en su estudio y dedicarle tiempo puede ser la oportunidad adecuada para descubrir maravillas y cosechar frutos inesperados, incluso en un lugar como la c\u00e1rcel. 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