{"id":323934,"date":"2015-02-27T05:00:22","date_gmt":"2015-02-27T04:00:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/marzo-2015\/"},"modified":"2024-05-16T14:49:17","modified_gmt":"2024-05-16T12:49:17","slug":"marzo-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/marzo-2015\/","title":{"rendered":"Marzo 2015"},"content":{"rendered":"<p><p>Durante su viaje al norte de Galilea, por los pueblos en torno a la ciudad de Cesarea de Filipo, Jes\u00fas pregunta a sus disc\u00edpulos qu\u00e9 piensan de \u00e9l. Pedro confiesa en nombre de todos que \u00e9l es el Cristo, el Mes\u00edas esperado desde hace siglos. Para evitar equ\u00edvocos, Jes\u00fas explica claramente c\u00f3mo pretende llevar a cabo su misi\u00f3n. Liberar\u00e1 a su pueblo, pero de un modo inesperado, pagando con su persona: deber\u00e1 sufrir mucho, ser condenado, ejecutado y, al cabo de tres d\u00edas, resucitar. Pedro no acepta esta visi\u00f3n del Mes\u00edas \u2013como tantos otros de su tiempo, se imaginaba una persona que actuar\u00eda con poder y fuerza derrotando a los romanos y poniendo a la naci\u00f3n de Israel en el lugar que le correspond\u00eda en el mundo\u2013 e increpa a Jes\u00fas, quien a su vez lo reprende: \u00ab\u00a1T\u00fa piensas como los hombres, no como Dios!\u00bb (cf. 8, 31-33).<\/p>\n<p>Jes\u00fas se pone de nuevo en camino, esta vez hacia Jerusal\u00e9n, donde se cumplir\u00e1 su destino de muerte y resurrecci\u00f3n. Ahora que sus disc\u00edpulos saben que va para morir, \u00bfquerr\u00e1n seguir con \u00e9l? Las condiciones que Jes\u00fas pide son claras y exigentes. Convoca a la muchedumbre y a sus disc\u00edpulos en torno a \u00e9l y les dice:<\/p>\n<p><strong>\u00ab<\/strong><strong>El que quiera venir detr\u00e1s de m\u00ed, que se niegue a s\u00ed mismo, que cargue con su cruz y me siga\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>Se hab\u00edan quedado fascinados por \u00e9l, el Maestro, cuando hab\u00eda pasado por las orillas del lago mientras echaban las redes para pescar o estaban en el mostrador de los impuestos. Sin dudarlo hab\u00edan dejado barcas, redes, mostrador, padre, madre, casa y familia para ir detr\u00e1s de \u00e9l. Lo hab\u00edan visto hacer milagros y hab\u00edan o\u00eddo de \u00e9l palabras de sabidur\u00eda. Hasta aquel momento lo hab\u00edan seguido llenos de alegr\u00eda y entusiasmo.<\/p>\n<p>Sin embargo, seguir a Jes\u00fas resultaba ser una tarea a\u00fan m\u00e1s comprometida. Ahora se ve\u00eda claramente que significaba compartir plenamente su vida y su destino: el fracaso y la hostilidad, incluso la muerte, \u00a1y vaya muerte! La m\u00e1s dolorosa, la m\u00e1s infamante, la que estaba reservada a los asesinos y a los delincuentes m\u00e1s despiadados. Una muerte que las Sagradas Escrituras tachaban de \u00abmaldita\u00bb (cf. <em>Dt<\/em> 21, 23). Ya solo el nombre de la \u00abcruz\u00bb infund\u00eda terror, era casi impronunciable. Es la primera vez que esta palabra aparece en el Evangelio. Qu\u00e9 impresi\u00f3n habr\u00e1 dejado en quienes lo escuchaban.<\/p>\n<p>Ahora que Jes\u00fas ha afirmado claramente su identidad, puede mostrar con la misma claridad la de sus disc\u00edpulos. Si el maestro es el que ama a su pueblo hasta morir por \u00e9l, cargando con la cruz, tambi\u00e9n sus disc\u00edpulos, para serlo, deber\u00e1n dejar de lado su modo de pensar para compartir totalmente el camino de su maestro, comenzando por la cruz:<\/p>\n<p><strong>\u00ab<\/strong><strong>El que quiera venir detr\u00e1s de m\u00ed, que se niegue a s\u00ed mismo, que cargue con su cruz y me siga\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>Ser cristianos significa ser otros Cristo: tener \u00ablos sentimientos propios de Cristo Jes\u00fas\u00bb, el cual \u00abse humill\u00f3 a s\u00ed mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz\u00bb (<em>Flp<\/em> 2, 5.8); ser crucificados con Cristo, hasta poder decir con Pablo: \u00abno soy yo el que vive, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb (<em>Ga<\/em> 2, 20); no saber \u00abcosa alguna, sino a Jesucristo, y \u00e9ste crucificado\u00bb (<em>1 Co<\/em> 2, 2). Jes\u00fas sigue viviendo, muriendo y resucitando en nosotros. Es el deseo y la ambici\u00f3n m\u00e1s grande del cristiano, la que ha forjado grandes santos: ser como el Maestro. Pero \u00bfc\u00f3mo seguir a Jes\u00fas para llegar a ser as\u00ed?<\/p>\n<p>El primer paso es \u00abnegarse a uno mismo\u00bb, distanciarme de mi propio modo de pensar. Era el paso que Jes\u00fas le hab\u00eda pedido a Pedro cuando le reprochaba que pensase como los hombres y no como Dios. Tambi\u00e9n nosotros, como Pedro, a veces queremos afirmarnos de manera ego\u00edsta, o por lo menos siguiendo nuestros criterios. Buscamos el \u00e9xito f\u00e1cil e inmediato, exento de cualquier dificultad, miramos con envidia a los que prosperan, so\u00f1amos con tener una familia unida y con construir en torno a nosotros una sociedad fraterna y una comunidad cristiana sin tener que pagar caro por ello.<\/p>\n<p>Negarse a uno mismo significa entrar en el modo de pensar de Dios, el que Jes\u00fas nos indic\u00f3 con su modo de actuar: la l\u00f3gica del grano de trigo, que debe morir para dar fruto, de encontrar m\u00e1s alegr\u00eda en dar que en recibir, de ofrecer la vida por amor; en una palabra, de cargar cada uno con su cruz.<\/p>\n<p><strong>\u00ab<\/strong><strong>El que quiera venir detr\u00e1s de m\u00ed, que se niegue a s\u00ed mismo, que cargue con su cruz y me siga\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>La cruz \u2013la de \u00abcada d\u00eda\u00bb, como dice el Evangelio de Lucas (9, 23)\u2013 puede tener mil caras: una enfermedad, el quedarse sin trabajo, la incapacidad de gestionar los problemas familiares o profesionales, la sensaci\u00f3n de fracaso por no saber crear relaciones aut\u00e9nticas, la sensaci\u00f3n de impotencia ante los grandes conflictos mundiales, la indignaci\u00f3n por los repetidos esc\u00e1ndalos en nuestra sociedad\u2026 La cruz no hay que buscarla; nos sale al encuentro por s\u00ed sola, y precisamente cuando menos lo esperamos y de un modo que nunca nos habr\u00edamos imaginado.<\/p>\n<p>Jes\u00fas nos invita a \u00abcargar\u00bb con ella en lugar de sufrirla con resignaci\u00f3n como un mal inevitable, de dejar que nos caiga encima y nos aplaste, o incluso de soportarla de modo sereno y desprendido. M\u00e1s vale acogerla como un modo de compartir su cruz, como posibilidad de ser sus disc\u00edpulos incluso en esa situaci\u00f3n y de vivir en comuni\u00f3n con \u00e9l tambi\u00e9n en ese dolor, porque \u00e9l fue el primero en compartir nuestra cruz. Porque cuando Jes\u00fas carg\u00f3 con la cruz, con ella tom\u00f3 sobre sus hombros todas nuestras cruces. En cualquier dolor, tenga el rostro que tenga, podemos, pues, encontrar a Jes\u00fas, que ya lo ha hecho suyo.<\/p>\n<p>As\u00ed ve Igino Giordani la inversi\u00f3n del papel de Sim\u00f3n de Cirene, que lleva la cruz de Jes\u00fas: la cruz \u00abpesa menos si Jes\u00fas hace de Cireneo con nosotros\u00bb. Y pesa a\u00fan menos, contin\u00faa, si la llevamos juntos. \u00abUna cruz llevada por una criatura, al final aplasta; llevada juntos por varias criaturas teniendo en medio a Jes\u00fas o tomando como Cireneo a Jes\u00fas, se vuelve ligera: yugo suave. Una escalada en cordada, entre muchos, concordes, se convierte en una fiesta, y a la vez procura una ascensi\u00f3n\u00bb<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, tomar la cruz para llevarla con \u00e9l, sabiendo que no la llevamos solos porque \u00e9l la lleva con nosotros, es relaci\u00f3n, es pertenencia a Jes\u00fas, hasta la plena comuni\u00f3n con \u00e9l, hasta convertirnos en otros \u00e9l. As\u00ed es como seguimos a Jes\u00fas y nos convertimos en aut\u00e9nticos disc\u00edpulos. Entonces la cruz ser\u00e1 de verdad para nosotros, como para Cristo, \u00abfuerza de Dios\u00bb (<em>1 Co<\/em> 1, 18), camino de resurrecci\u00f3n. Encontraremos la fuerza en cada debilidad, la luz en cada oscuridad, la vida en cada muerte, porque encontraremos a Jes\u00fas.<\/p>\n<p><strong><em>Fabio Ciardi<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> I. Giordani, <em>La divvina aventura<\/em>, Citt\u00e0 Nuova, Roma 1966, pp. 149ss.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl que quiera venir detr\u00e1s de m\u00ed, que se niegue a s\u00ed mismo, que cargue con su cruz y me siga\u00bb (Mc 8, 34).<\/p>\n","protected":false},"author":27,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[95,46],"tags":[],"class_list":["post-323934","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-palabra-de-vida","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/323934","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=323934"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/323934\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=323934"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=323934"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=323934"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}