{"id":325380,"date":"2016-09-17T03:00:05","date_gmt":"2016-09-17T01:00:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/giordani-el-encuentro-que-me-convirtio-en-un-hombre-nuevo\/"},"modified":"2024-05-16T14:53:54","modified_gmt":"2024-05-16T12:53:54","slug":"giordani-el-encuentro-que-me-convirtio-en-un-hombre-nuevo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/giordani-el-encuentro-que-me-convirtio-en-un-hombre-nuevo\/","title":{"rendered":"Giordani: el encuentro que me convirti\u00f3 en un hombre nuevo"},"content":{"rendered":"<p><div id=\"attachment_142314\" style=\"width: 257px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-142314\" class=\"wp-image-142314\" src=\"https:\/\/www.focolare.org\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/1956-Fiera-di-Piero_Chiara-Giosi-e-Igino-Giordani.jpg\" alt=\"1956 Fiera di Piero_Chiara, Giosi e Igino Giordani\" width=\"247\" height=\"335\" \/><p id=\"caption-attachment-142314\" class=\"wp-caption-text\">1956: Igino Giorani (a la izquierda) con Chiara Lubich en Fiera di Primiero<\/p><\/div>  <strong>Hemos encontrado estos apuntes en el diario personal de Giordani: <\/strong>\u201c17 septiembre 1948. Esta ma\u00f1ana, en Montecitorio, he sido llamado por \u00e1ngeles: un fraile capuchino, un menor, un conventual, un terciario y una terciaria,<strong> Silvia Lubig (\u00a1chic!), quien est\u00e1 iniciando una comunidad en Trento<\/strong>. Ella ha hablado como una santa inspirada por el Esp\u00edritu Santo\u201d.\u00a0\u00c9l mismo cuenta lo que sucedi\u00f3.  <strong>\u00abUn d\u00eda insistieron para que escuchara a una ap\u00f3stol \u2013 como la defin\u00edan \u2013 de la unidad. Fue en septiembre de 1948.<\/strong> Hice gala de la cortes\u00eda del diputado frente a posibles electores cuando vinieron a Montecitorio algunos religiosos, representantes de las diferentes familias franciscanas, y una se\u00f1orita, y un joven laico. Ver unidos y en armon\u00eda a un conventual, a un menor, a un capuchino y a un terciario y a una terciaria de san Francisco, ya me pareci\u00f3 un milagro de la unidad y se lo dije.  <strong>La se\u00f1orita habl\u00f3;<\/strong> estaba seguro de que iba a escuchar a una sentimental propagandista de una cierta utop\u00eda asistencial. Y en cambio, desde sus primeras palabras, advert\u00ed algo nuevo. Cuando, despu\u00e9s de media hora, acab\u00f3 de hablar, yo me sent\u00eda arrebatado en una atm\u00f3sfera encantada: hubiera deseado que aquella voz continuara hablando. <strong>Era la voz que, sin darme cuenta de ello, hab\u00eda esperado. <\/strong>Ella pon\u00eda la santidad al alcance de todos; hac\u00eda desaparecer las vallas que separaban el mundo laical y la vida m\u00edstica. Pon\u00eda ante los ojos de todos los tesoros de un castillo al que s\u00f3lo algunos estaban admitidos. <strong>Acercaba a Dios: lo hac\u00eda sentir Padre, hermano, amigo, presente en la humanidad.<\/strong>  <strong>Quise ir a fondo y, despu\u00e9s de que me puse al corriente sobre la vida del Focolar de la unidad<\/strong> \u2013 como entonces se llamaba \u2013 reconoc\u00ed en aquella experiencia la actuaci\u00f3n del ardiente deseo de San Juan Cris\u00f3stomo: que los laicos vivieran como los monjes, menos el celibato. Yo \u00a0hab\u00eda cultivado mucho, dentro de m\u00ed, aquel deseo.  Sucedi\u00f3 que la idea de Dios hab\u00eda dejado el lugar al amor de Dios, la imagen ideal, al Dios vivo. <strong>En Chiara no hab\u00eda encontrado a una mujer que hablaba de Dios, sino a una que hablaba con Dios: la hija que, en el amor, dialogaba con el Padre.<\/strong>  Si examinaba la cuesti\u00f3n de forma cr\u00edtica, llegaba a la conclusi\u00f3n de que no hab\u00eda descubierto nada nuevo. En el sistema de vida que se estaba abriendo ante mi alma, encontraba de nuevo los nombres, las figuras, las doctrinas que hab\u00eda amado hasta entonces. Mis estudios, mis ideales, los mismos acontecimientos de mi vida me parec\u00edan indicar esta meta. Nada nuevo y, sin embargo, todo nuevo: los elementos de mi formaci\u00f3n cultural y espiritual se iban disponiendo seg\u00fan el designio de Dios. Se pon\u00edan en su justo lugar.  <strong>Todo antiguo y todo nuevo<\/strong>. Se hab\u00eda encontrado la llave del misterio, es decir, se hab\u00eda cedido el lugar al amor que, muy a menudo, se hab\u00eda quedado encerrado y \u00e9ste prorrump\u00eda y, como una llama, dilat\u00e1ndose, crec\u00eda hasta hacerse un incendio.  <strong>Renac\u00eda una santidad colectiva, socializada<\/strong> (para usar dos vocablos que m\u00e1s tarde el Concilio Vaticano II har\u00eda populares) liberada del individualismo que obligaba a cada uno a santificarse para s\u00ed mismo, cultivando meticulosamente, con an\u00e1lisis sin fin, la propia alma, en lugar de perderla. Una piedad, <strong>una vida interior, que sal\u00eda de los atrios de las casas religiosas, de un cierto exclusivismo de castas privilegiadas \u00a0y se proyectaba a las plazas, en los talleres y en las oficinas, en las casas y en los campos,<\/strong> as\u00ed como en los conventos, pues por todas partes, encontr\u00e1ndose con hombres, se encontraban candidatos a la perfecci\u00f3n.  <strong>Y para vivir esta nueva vida, para nacer en Dios, no ten\u00eda que renunciar a mis doctrinas<\/strong>: s\u00f3lo ten\u00eda que sumergirlas en la llama de la caridad, para que se vivificaran. Por medio del hermano, empec\u00e9 a vivir a Dios. La existencia se convirti\u00f3 en toda una aventura, conscientemente vivida en uni\u00f3n con el Creador, que es la vida. Mar\u00eda resplandeci\u00f3 con una belleza nueva; los santos entraron a formar parte de los familiares; el para\u00edso se convirti\u00f3 en la casa com\u00fan.<strong> \u00c9ste fue el descubrimiento, \u00e9sta fue la experiencia. Me hizo un hombre nuevo\u00bb.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 17 de  septiembre de 1948 Igino Giordani se encontr\u00f3 con Chiara Lubich por primera vez. La narraci\u00f3n de aquel momento hist\u00f3rico, sucedido hace 68 a\u00f1os, se qued\u00f3 registrada en su diario personal.<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[46],"tags":[],"class_list":["post-325380","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categorizar"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/325380","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=325380"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/325380\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=325380"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=325380"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=325380"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}