{"id":395980,"date":"2026-02-19T05:00:00","date_gmt":"2026-02-19T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.focolare.org\/?p=395980"},"modified":"2026-02-18T15:48:35","modified_gmt":"2026-02-18T14:48:35","slug":"la-enfermedad-en-comunion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/la-enfermedad-en-comunion\/","title":{"rendered":"La enfermedad en comuni\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Tengo 62 a\u00f1os, soy irland\u00e9s y vivo en Taiw\u00e1n desde hace muchos a\u00f1os. Padezco fibrosis pulmonar desde hace un tiempo, as\u00ed que cuando empec\u00e9 a sentirme m\u00e1s cansado, pens\u00e9 que solo era un empeoramiento. Fui al m\u00e9dico casi sin darle importancia. En cambio, me dijeron, sin rodeos y sin preparaci\u00f3n: c\u00e1ncer en etapa 4, ya extendido al otro pulm\u00f3n y quiz\u00e1s a otras partes.   <\/p>\n\n<p>Mi primera reacci\u00f3n fue llamar a mi esposa. Ella y mi hija, que vive con nosotros en Taiw\u00e1n, estaban sentadas junto al tel\u00e9fono en silencio. Mi otra hija est\u00e1 en Irlanda. En ese momento, no tem\u00ed por m\u00ed: mis pensamientos se dirigieron de inmediato a ellas, al peso que esta noticia les impondr\u00eda. Y con ello, un profundo arrepentimiento por todas las veces que no las hab\u00eda amado lo suficiente, por las heridas dejadas en el camino. Parec\u00eda demasiado tarde para enmendar el da\u00f1o.     <\/p>\n\n<p>Un d\u00eda, un sacerdote vino a celebrar misa en nuestra casa. Conozco el Movimiento de los Focolares desde los once a\u00f1os, y siempre he vivido la ofrenda de m\u00ed mismo a Dios durante la consagraci\u00f3n. Pero esa vez entend\u00ed algo nuevo: pod\u00eda poner en el c\u00e1liz, junto conmigo, a todas las personas a las que hab\u00eda hecho da\u00f1o. Pod\u00eda encomend\u00e1rselas a Jes\u00fas para que sanara lo que yo ya no pod\u00eda reparar. Fue un inmenso alivio. Desde entonces, una gran serenidad me acompa\u00f1a.     <\/p>\n\n<p>Hace ocho a\u00f1os, a mi esposa le diagnosticaron c\u00e1ncer de mama. Ya hemos pasado por momentos dif\u00edciles. Entonces, como ahora, elegimos confiar en el amor del Padre. Cuando rezo el Padrenuestro y digo: \u201cH\u00e1gase tu voluntad\u201d, siento que toda mi vida est\u00e1 custodiada en el cielo. El futuro no me pertenece: est\u00e1 en manos de Dios. Solo tengo que decir que s\u00ed.     <\/p>\n\n<p>A menudo recuerdo Loppiano, en Italia, donde de joven sent\u00ed una poderosa llamada a seguir a Jes\u00fas. Con el tiempo, comprend\u00ed que era una invitaci\u00f3n a reconocerlo sobre todo en el dolor, en ese rostro que el carisma llama \u201cJes\u00fas Abandonado\u201d. Incluso cuando mi esposa estaba enferma, ante la cruz comprend\u00ed que no basta con quedarse all\u00ed mirando: debemos subir con \u00c9l, entrar en su abandono y dejarnos guiar hacia el Padre. La casa est\u00e1 all\u00ed.   <\/p>\n\n<p>Antes de mi diagn\u00f3stico, ten\u00eda una vida plena: ense\u00f1aba en la universidad, orientaba a estudiantes y j\u00f3venes, apoyaba a familias y participaba en la vida del Movimiento. Ahora todo se ha reducido. Estoy de baja y rara vez salgo para evitar el contagio. Pero est\u00e1 sucediendo algo sorprendente: la gente me est\u00e1 contactando. Me escriben desde todos los continentes, rezan por m\u00ed. J\u00f3venes de Taiw\u00e1n han creado un grupo para rezar juntos cada semana. Pens\u00e9 que hab\u00eda sembrado poco; ahora veo que el amor est\u00e1 volviendo multiplicado.     <\/p>\n\n<p>Cuando hablo abiertamente de mi enfermedad, muchos encuentran el valor para abrir sus heridas. Mi debilidad se convierte en un espacio de comuni\u00f3n. Es como si, elevado en la cruz, Cristo atrajera corazones hacia s\u00ed. Esta enfermedad, que humanamente es una condena, se revela como una oportunidad de aceptaci\u00f3n.   <\/p>\n\n<p>Hay dolores que se pueden compartir con todos, y otros que solo se pueden decir a Dios, en un di\u00e1logo profundo con \u00c9l. S\u00e9 que llegar\u00e1n momentos en que ni siquiera tendr\u00e9 la fuerza para ofrecer mi dolor. Por eso me preparo as\u00ed: repitiendo mi s\u00ed: \u201cNo se haga mi voluntad, sino la tuya\u201d (Lc 22,42). S\u00e9 que no soy capaz de afrontar solo lo que viene. Pero tambi\u00e9n s\u00e9 que no estar\u00e9 solo.     <\/p>\n\n<p>En estos meses he aprendido que el amor no es propiedad de quienes conocen a Jes\u00fas o se llaman cristianos. En el hospital, los m\u00e9dicos y enfermeras que me atienden no comparten mi fe, pero aman con una delicadeza y un cuidado que me conmueven. He visto en sus gestos cotidianos \u2014 una llamada extra, una explicaci\u00f3n paciente, una presencia discreta \u2014 que el amor es m\u00e1s grande que las etiquetas. Cuando miro el dolor con los ojos del amor, no se queda encerrado en el miedo: se transforma, convirti\u00e9ndose en un espacio de esperanza, algo misteriosamente positivo. Es como si cada acto de cuidado, incluso inconsciente, ya fuera un viaje hacia Dios, porque el amor, dondequiera que est\u00e9, siempre conduce a \u00c9l.    <\/p>\n\n<p>Y dentro de esta inmensa comuni\u00f3n \u2014 formada por familiares, amigos, estudiantes, j\u00f3venes, m\u00e9dicos que aman sin quiz\u00e1 comprender del todo por qu\u00e9 \u2014 experimento que todo est\u00e1 custodiado en un plan para el bien. No tengo que controlarlo ni comprenderlo del todo: solo puedo habitarlo, d\u00eda tras d\u00eda, con gratitud. <\/p>\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Recogido por Carlos Mana<\/em><\/p>\n\n<p><\/p>\n\n<p>Foto \u00a9 Engin Akyurt-Pexels<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Brian, un irland\u00e9s residente en Taiw\u00e1n, de 62 a\u00f1os, casado, con dos hijas y profesor universitario, descubre de repente que padece una grave enfermedad que cambia toda su vida. <\/p>\n","protected":false},"author":33,"featured_media":395979,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[3629,3289],"tags":[3346,3199],"class_list":["post-395980","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-famiglie-es","category-testimonianze-di-vita-es","tag-notifiche-es","tag-ppg-es"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/395980","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=395980"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/395980\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":395981,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/395980\/revisions\/395981"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/395979"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=395980"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=395980"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.focolare.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=395980"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}