Te gusta la cuna?

 
En estos tiempos, cuando la Navidad se reduce a un intercambio de regalos más o menos inútiles y caros, nos parece una señal contracorriente de que todavía hay alguien para preparar la cuna en la familia e intentar involucrar a otros a su alrededor.

Cada año, mi suegra prepara el pesebre con mucha anticipación para que todo esté perfectamente listo para la víspera de la fiesta. En Nochebuena, espera con ansias el momento en el que pondrá al Niño Jesús en el pesebre y trata de involucrar a todos, nietos e hijos ahora adultos. Nos parece cosa del pasado, todo basado en las emociones, de una sensibilidad superficial que no  parece ayudar a nuestros hijos a entender el misterio de la encarnación ….

En verdad nos parece muy agradable que en estos tiempos, cuando la Navidad se reduce a un intercambio de regalos más o menos inútiles y caros, a ángeles brillantes colgando por todas partes a lo largo de las calles de nuestras ciudades, a grandes árboles de Navidad con bolas de colores , que todavía hay alguien que prepara el pesebre en la familia y trata de involucrar a los demás a su alrededor.

Otro aspecto que nos gustaría destacar es la importancia de las emociones; son tan importantes que el consumismo depende de ellos para vender sus productos. Ciertamente reducir todo a las emociones no es algo bueno, porque el ser humano no sólo está hecho de emociones, sino también de sentimientos, razón, voluntad, etc., sin embargo, tienen un papel importante en nuestras vidas. Pensemos, por ejemplo, ¡cuántas asignaturas pudimos aprender en la escuela debido a las emociones positivas que despertaron en nosotros ese maestro comprensivo y amable! ¡Cuántos valores se pueden transmitir en la familia si son transmitidos por emociones positivas! La emoción suscitada por un abrazo, una palabra amable, una sonrisa,  es mucho más importante que muchos otros discursos.

Tal vez deberíamos aprender más acerca de nuestras emociones, lo que pasa a través de nuestras almas: sentimientos de alegría o tristeza, nostalgia o decepción,  para poder manejarlas. Por esta razón debemos ayudar a nuestros hijos a expresar sus emociones, no a reprimirlas, como alguna vez se le decía a los niños: “¡No llores, porque pareces una niña!”.
De esta manera también podremos entender mejor las emociones de los demás frente a ciertos acontecimientos. No basta con convencerle de que algo está bien y de que hay que hacerlo; el otro no será capaz de completarlo si lo asocia con emociones negativas dentro de él.
Por esta razón, asociar la Navidad con emociones positivas, como las suscitadas por la abuela, en lugar de ser un obstáculo, mañana podrán ayudar a acercarse con mayor atención al misterio de la encarnación.
Recordamos las emociones producidas en nuestro interior por esa comedia de Eduardo De Filippo: La Navidad en la casa de Cupiello. En esa obra, el pesebre  era una especie de alienación por no abordar los problemas reales de la familia; pero en el caso de la suegra, nos parece que es una forma de transmitir un mayor amor por Jesús a todos. La pregunta que el protagonista de la obra le hizo repetidamente a su hijo: ¿Te gusta el pesebre?, me parece que en este caso tiene una respuesta positiva: Sí, nos gusta, porque puede ser una oportunidad para llenarnos de emociones positivas sobre esta importante ocasión.