El milagro de ser una sola familia

 
Durante 3 días, del 6 al 8 de octubre, la posibilidad de experimentar que aún siendo muchos -430 entre adultos, jóvenes y niños- se puede ser una sola familia. La Mariápolis temporaria para Buenos Aires "inundó" (aún más que la copiosa lluvia) toda la ciudadela con la frescura del amor recíproco puesto en práctica

El fin de semana del 6 al 8 de octubre se realizó la Mariápolis para Buenos Aires. Se trató de una Mariápolis temporánea que, durante esos días, se proponía hacer la experiencia de una sociedad que tiene como código fundamental el amor recíproco que propone el Evangelio, tal como intentamos hacer en forma permanente en nuestra ciudadela Lía. Una vez concluida los organizadores escribieron una carta a los 430 participantes que transcribimos a continuación.

“No es fácil que todos nos sintamos familia, sobre todo cuando no nos conocemos. Y  una familia de 430 personas todo el finde largo juntos …no es habitual.

Sin embargo el milagro se produjo. Con vaivenes obviamente, como en toda familia (¿o solo a nosotros nos sucede?) y aprendimos, enseñamos, construimos,  recibimos, creamos, aportamos, perdimos, encontramos, descansamos, trabajamos, servimos, jugamos, solucionamos, reímos, reflexionamos, dialogamos, profundizamos, dimos la vida por alguien …juntos.

Edades varias, procedencias varias, credos varios, ideas varias:  hicimos una “experiencia vital” de enriquecernos con lo distinto del otro, entregando lo “mio” como abono a lo “nuestro”.

Muchos sabían, otros solo tenían una idea y otros no entendían donde estaban: hicimos un proceso de tres días en búsqueda de “armonizar” y terminar sabiendo que todos podemos aportar al mejoramiento de nuestra gran casa: el mundo.

¿Organización?: Sí, hubo, muchos aportaron a que ésto fuera realidad.

¿Perfección? No, no vino. Le abrimos las puertas a la espontaneidad, en una consciente búsqueda de participación de los que se sintieron  integrantes, dueños y protagonistas de esta construcción.

El Amor estuvo con nosotros y habló. A grandes y chicos con la intensidad con la que solo el: – “lo viví en mi propia piel” – puede hacernos comprender lo que significa.

Un gracias gratuito y recíproco entre todos, es lo que nos queda por decirnos.

Un continuemos con la esperanza y la potencia de estos días a ponerle ladrillos al mundo unido es lo que nos deseamos.

Un: ¡aquí estamos Chiara! y te pedimos a vos que le hagas extensivo nuestro gracias a Quien corresponda allí donde estás. Y un deseo profundo: que nos “gestiones” el céntuplo para todos aquellos que dieron la vida desde donde les tocó incluso sin estar en la Mariápolis.

Queridos viejos, nuevos y espontáneos mariapolitas, ahora todos verdaderos mariapolitas. Hasta la próxima!!!”.

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