Gracias, Amigos!!!

 
Un taller sobre la armonía y el orden realizado por los "Amigos de la Mariápolis".

“Volvieron, ya es la cuarta vez, no pasaron desapercibidos, dejaron huella, y van a seguir viniendo. Eso es lo bueno….”.

Esta frase, que brota espontánea tras el paso de los “Amigos de la Mariápolis”, posiblemente sintetiza lo que ha significado para nosotros compartir con ellos este último sábado de marzo. Los colores del otoño derrochaban armonía, como si se hubieran puesto de acuerdo con el objetivo de este grupo, “nacido con el propósito de embellecer la ciudadela –  explican -, para retribuir todo lo que hemos recibido cuando, en distintos períodos, hicimos aquí nuestra experiencia en la cultura de la unidad.

Desde entonces el vínculo se mantenía y no era nostalgia, sino pertenencia. No era sólo cuestión de volver a casa, sino de volver a construir, como entonces, aunque desde otro lugar”, y eso es lo que hacen, cada vez que vienen, restaurando, pintando, vistiendo las casas de los jóvenes, trabajando de sol a sol. Tanto que, para seguirles el ritmo, nos movilizan a todos. Realmente, una movida, como se dice.

Así fue también esta vez, una jornada intensa, iniciada por Agustín e Ismael, jóvenes expertos en alternar disparates con cuestiones existenciales para desestructurar un auditorio intergeneracional y llevarnos a un común denominador abierto a lo que viniera.

 Y lo que vino después, de la mano los Amigos mayores, fue una clase teórica y práctica sobre lo que significa cultivar la armonía en nuestras casas, desde la estética, la funcionalidad y también la higiene, para poder vivir como una familia.

La cosa había sido preparada al detalle, con trabajo de grupo sobre cuestiones de fondo, más la entrega de un prolijo instructivo para las tareas prácticas y  finalmente, de regalo, un kit completo de elementos para cada casa. Era de no creer la alegría con que cada grupo se sacaba fotos armados de escobas, estropajos, guantes, jabón, detergentes… Luego toda la tarde se iría en usar esos elementos y llevar a los hechos la teoría, bajo la guía de los más experimentados.

En las conclusiones, sobre todo los más jóvenes, expresaban su agradecimiento no sólo por lo aprendido, sino sobre todo por haberse sentido acompañados por verdaderos padres y madres que se toman el trabajo de venir a compartir, con afecto, su proceso de crecimiento y responsabilidad, además del aliento y la esperanza que genera intimar en lo cotidiano con personas realizadas, que siguen considerando fundamental en su vocación profesional, familiar, social, la experiencia que en su momento pudieron vivir en Mariápolis porque “si esa experiencia fue tan importante para ellos, también lo puede ser para nosotros”.

A la mañana siguiente los Amigos ser reunieron a tomar el desayuno en el bar antes de partir y hacer el balance entre anécdotas de la jornada pasada, frutos, cuestionamientos, reflexiones, interrogantes, aprendizajes. Un diálogo fecundo en el que fueron madurando proyectos, estableciéndose acuerdos, surgiendo ideas, alternativas, definiéndose una organización… , tanto que el desayuno se prolongó hasta el mediodía. Nos dejaron asegurándonos que “esto de venir a construir junto a ustedes, en realidad nos construye a nosotros, es como volver a alimentarnos, a mamar nuestro Ideal”. Quedaron en consensuar fechas para volver a sorprendernos. Ya forman parte de la belleza de la Mariápolis.

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