Cuando vienen “los amigos”, la casa brilla…

 
Nos agarraron desprevenidos y no siempre dimos con la tecla

“¿Qué altura tiene un rollo de cocina? ¿Cuántos litros de agua gotea por día una canilla mal cerrada? ¿Cuál es el primer paso para limpiar el horno de la cocina?”.Nos agarraron desprevenidos y no siempre dimos con la tecla. ¿Qué tenía que ver todo esto con el tema de la armonía y el ambiente que íbamos a tratar ese día con los “Amigos de la Mariápolis…? Era la tercera vez  que venían y llegaban en patota, en esta ocasión para una jornada de ayuda recíproca con los jóvenes de la “experiencia 2020” que estamos concluyendo nuestro período de iniciación. Nos presentamos y se presentaron. Fue divertido y productivo. Compartimos, jugamos, conversamos, nos escuchamos, trabajamos, aprendimos, construimos juntos. Dos días a pleno. La convivencia con estos amigos fue intensa, nos trasmitieron su experiencia, vinieron a nuestras casas, nos ayudaron a organizarnos en la vida diaria, apreciar la practicidad, el orden, la armonía con otros ojos, imaginamos cambios, incluso movimos muebles, compartieron la mesa con nosotros, almuerzo y cena, escuchamos y nos escucharon, compartimos la dinámica de la armonía en las acciones y en las relaciones.

 

              

 

¿Por qué se llaman “Amigos de la Mariápolis”?, les preguntamos.

“Creo que el grupo nace del amor por un lugar y un momento que nos marcó la vida, incluso más allá de si seguimos vinculados al Movimiento o no. Lo que ha quedado en nosotros, después de pasar por acá, es un sentimiento de pertenencia contundente. Por eso, cada vez que venimos sentimos que volvemos a casa, la casa de todos, aunque ya no vivamos aquí, a construir la Mariápolis, que nunca está acabada.  Vemos también que cada uno que pasa le da su sello personal, distinto a los demás, precioso y único. Por eso la Mariápolis es siempre nueva.

¿Cómo nació el grupo, de dónde son?

“Es un grupo que nació de una experiencia espontánea, no tiene una estructura fija, participa quien tiene disponibilidad o recursos, no hay una lista. Incluso hay gente de Europa o de Estados Unidos que ha hecho una experiencia aquí, o se enteró de esta iniciativa y colaboran cada tanto, sobre todo económicamente, porque no pueden venir personalmente. Cada uno coopera con lo que puede, tiempo, talentos, ante necesidades concretas”.

¿Cómo está compuesto y qué actividades desarrollan?

“En realidad no tenemos un programa de actividades, van surgiendo, las conversamos y planificamos en función y de acuerdo con la Mariápolis. Algunas que ya hemos hecho en nuestra primera visita, fueron las jornadas intensivas en las casas, trabajando en la limpieza, mantenimiento, pintura y reparaciones varias. Al año siguiente, 2019, volvimos e hicimos un taller sobre Armonía y Ambiente junto con los habitantes de Mariápolis y este año es la segunda edición.

“Mientras tanto se está gestando el proyecto “Bazar”: un espacio para todo tipo de objetos domésticos, muebles, cuadros, etc., que circulan por la constante comunión de bienes en las distintas zonas y pueden ser de utilidad aquí.  De este modo podrán estar a disposición para cubrir necesidades, pero también para permitir que los que habitan las casas les puedan dar una impronta propia a sus ambientes, donando a su vez lo que no usan”.

¿Cómo se hace para sumarse al grupo?     

“Acercándose a la ciudadela o poniéndose en contacto con nosotros, los “Amigos de la Mariápolis”. Tenemos una página web en Facebook, https://www.facebook.com/amigosmariapolis/

Todos son bienvenidos y los aportes y las ideas nos ayudan mucho a seguir construyendo este lugar para la utopía de un mundo unido”.

Por las dudas, para despejar incógnitas: el rollo de cocina mide 22,5 cm, una canilla mal cerrada gotea por día 80 litros, y el primer paso para limpiar un horno es calentarlo. De cosas como éstas salimos expertos. Y mucho más, por supuesto.