Movimiento de los Focolares

Cagliari: en las cárceles de Buoncammino

Dic 16, 2012

Un grupo de jóvenes por un mundo unido, se organiza en Cerdeña para llevar el Evangelio dentro de una cárcel. Un “fragmento de mundo unido” en construcción.
Luca Pani, Cagliari – Italia

Luca Pani (Cagliari)

Con algunos Jóvenes por un Mundo Unido comenzamos una experiencia especial en las cárceles de Buoncammino, en Cagliari (Italia). Se dio la posibilidad de hacer una hora de catequesis con los presos. Nos dividimos, unos fueron hacia el pabellón izquierdo, otros fueron a las cárceles de mujeres, y otros como yo fuimos al pabellón de los más peligrosos. Era una ocasión para dedicar tiempo a estas personas “otros Jesús” , que por su condición no están cerca nuestro y son personas que en situaciones normales no encontraríamos.

Entrar en la cárcel es entrar en una sociedad completamente distinta, un pequeño mundo en miniatura, con sus ritmos, problemas, costumbres. Un detenido comienza a perder el contacto directo con el mundo externo, muchas veces las relaciones con los amigos y familiares se debilitan algunos caen en una profunda soledad, mientras que dentro de este mundo nos encontramos rodeados por personas con vidas comunes…. Se forman también nuevas amistades, nuevas relaciones, tantas que, si la pena es muy larga, la vida de ellos no será más afuera sino dentro de las rejas.

Cuando escuchas a fondo a un detenido, se conocen historias, problemas, vidas que no son nuestras y se comprende lo importante que es la libertad y qué difícil es vivirla bien en el mundo.

Dentro encontré personas normales, simpáticas, tal vez también avivadas… pero pensando en ellos uno se da cuenta que  personas así se encuentran también afuera de una cárcel. Preguntan, “¿por qué viniste a este lugar? ¿Qué te impulsa a venir? ¿Por qué no te quedas paseando y sales con tus amigos? Seguro que haces otras cosas más lindas” La respuesta fue sencilla: expliqué que si yo fuese un preso me gustaría que alguien viniera a visitarme aunque sea solo para cambiar la rutina semanal.

Descubro así que el amor gratuito y desinteresado no lo conocen, al revés, no existe para muchos de ellos: a un gesto de amor o de cortesía responden con  respeto y  gratitud.

Volviendo del Genfest que se realizó en Budapest, tenía en la cabeza un pensamiento escuchado en aquellos días: “Si no cambias tú el mundo, ¿quién lo hará en tu lugar?”. Encontrarnos con los presos, después de aquella extraordinaria experiencia de fraternidad universal, me maravilló un poco. Reinó el silencio entre ellos cuando con mis amigos contábamos nuestras diversas vicisitudes del viaje en el ómnibus, de la comida, de las experiencias vividas, ellos escuchaban e intervenían interesados. Así tentados de querer dar todo de esta experiencia, les hablamos de Unitedl World Project y les preguntamos: “Según ustedes, ¿es posible construir un mundo unido en el cual exista el amor desinteresado hacia el hermano, sin tener en cuenta las religiones, las culturas?” Comenzó un debate bastante agitado.

Los frutos no sabemos si ya se dieron o si se producirán, no sabemos si existirá algún joven entre ellos que haya decidido colaborar con la justicia luego de habernos conocido y ni siquiera como terminará. Esta experiencia trajo algunos frutos en mi alma y ha afirmado mis convicciones de ser jóvenes por un mundo unido. Es un fragmento de mundo unido que se convierte en realidad.

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