Movimiento de los Focolares
Luigino Bruni: 25 años de Economía de Comunión

Luigino Bruni: 25 años de Economía de Comunión

Chiara Lubich, Brasile 1991 -© Centro S. Chiara Audiovisi

Chiara Lubich, Brasil 1991 – © Centro S. Chiara Audiovisivi

«Han pasado 25 años desde que, en mayo de 1991, Chiara Lubich lanzara en Brasil la semilla de la Economía de Comunión (EdC). Entonces yo era un joven recién licenciado en economía y sentí que lo que estaba ocurriendo en Sao Paulo tenía que ver también conmigo. Aún no sabía cómo, pero intuía que yo formaría parte de aquella historia que estaba comenzando. Hoy sé que haber acompañado el desarrollo de aquel “sueño” ha sido un acontecimiento decisivo en mi vida. Mi vida habría sido muy distinta sin aquel encuentro profético entre una mirada de mujer y el pueblo brasileño. El muro de Berlín acababa de caer y en aquel mundo y en aquel tiempo la propuesta lanzada por Chiara a los empresarios de compartir sus talentos, sus riquezas y sus beneficios para ocuparse directamente de la pobreza, resonó como una gran innovación, que hizo de la EdC una novedad económica y social importante y de frontera en el ámbito de la responsabilidad social de la empresa, que todavía se encontraba en sus primeros tiempos. No se trataba simplemente, como dijo algún economista (Serge Latouche, por ejemplo), de una reedición del “empresariado católico”. El ADN de aquella semilla llevaba también una idea distinta de la naturaleza de los beneficios y por consiguiente de la empresa, entendida como bien común, en una perspectiva global y mundial (no muy frecuente en aquellos años). Los empresarios se vieron involucrados de este modo en la solución a un problema social de desigualdad.
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Chiara Lubich con los integrantes de la Escuela Abbà (Luigino Bruni el tercero a la derecha, tercera fila) – © Centro S. Chiara Audiovisivi

A Chiara le impresionó el contraste entre las favelas y los rascacielos de la ciudad de Sao Paulo, pero en lugar de lanzar un proyecto social en las periferias de la ciudad o una actividad de captación de fondos, dirigió su invitación a los empresarios, que, como sabemos, no tienen como objetivo primario la creación de beneficios para donarlos fuera de la empresa, porque, cuando las empresas son honradas, no hay muchos beneficios extra y los que hay muchas veces son reinvertidos en la propia empresa. Así pues, la EdC lleva dentro de sí la intuición de que para reducir la pobreza y la desigualdad hay que reformar el capitalismo y, por consiguiente, su institución principal: la empresa. El lenguaje con que se expresó la intuición de Chiara y su primera mediación cultural y económica fueron los que estaban a disposición de la sociedad, de la Iglesia, del pueblo brasileño y del Movimiento de los Focolares. Pero a 25 años de distancia, el gran reto colectivo que se le plantea a la EdC consiste en expresar las intuiciones clave de 1991 en palabras y categorías capaces de hablar y ser comprendidas en un mundo cultural y socioeconómico que en estos 25 años ha cambiado radicalmente. También la frontera de la responsabilidad social de las empresas y la comprensión de las pobrezas han avanzado mucho con el cambio de milenio. El mundo de la empresa social se ha convertido en un movimiento variado, dinámico y en constante crecimiento. La llamada sharing economy está produciendo en todo el mundo experiencias muy innovadoras.
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© Centro S. Chiara Audiovisivi

La reflexión sobre la pobreza y las acciones para aliviarla se han enriquecido, gracias al pensamiento y a la acción de economistas como Amartya Sen o Muhammad Yunus. A finales del segundo milenio, compartir los beneficios de las empresas a favor de los pobres y de los jóvenes representaba una innovación en sí misma. Pero si en 2016 seguimos encarnando la propuesta de la EdC con aquellas mismas formas, la propuesta parecerá obsoleta e insuficientemente atractiva, sobre todo para los jóvenes. En un mundo social y económico radicalmente distinto, la EdC está llamada a regenerarse, como está haciendo y como siempre ha hecho para llegar viva a sus “bodas de plata”. Y de bodas se trata, porque cada vez que un carisma logra encarnarse, hay un encuentro esponsal entre cielo y tierra, entre ideal e historia. Bodas como las de Caná, cuando el agua se convirtió en vino porque una mujer vio que la gente se había quedado sin vino, creyó, pidió y obtuvo el milagro. La Economía de Comunión seguirá viviendo y llegará a su 50º cumpleaños y más, si hay mujeres y hombres con una “mirada distinta”, capaces de darse cuenta de lo que le falta a la gente de su tiempo y de pedir el milagro del agua transformada en vino, de los beneficios convertidos en alimento del cuerpo y del corazón. ¡Felicidades, EdC!». Publicado en Città Nuova nº 6/2016 – Junio 2016  

Conexiones perdidas y reencontradas

Conexiones perdidas y reencontradas

Airport«Cuando mi vuelo de la mañana de Boloña a Londres, que ya estaba atrasado debido a los temporales que arreciaban sobre la capital inglesa, empezó a volar en círculo sobre el aeropuerto por otros 20 minutos, entendí que sería casi imposible que lograra tomar el vuelo de coincidencia, de hecho poco después me encontré en una fila interminable junto a otros cientos de pasajeros que habían perdido su vuelo. Las compañías aéreas estaban congestionadas y también los teléfonos estaban bloqueados. La mayor parte de las personas logró soportar la espera durante una hora, pero cuando llegaron a ser dos y después tres, después mucho más tarde de la hora de la cena, la atmósfera empezó a volverse cada vez más tensa. Yo estaba cómoda con un libro, pero también yo empecé a agitarme cuando me di cuenta que iba a ser difícil ponerme en contacto con la amiga que tenía que venir a buscarme al aeropuerto de Estados Unidos. No soy muy locuaz con los desconocidos, sobre todo cuando viajo sola; pero a ese punto me sentí impulsada a mirar a mí alrededor y a recordarme que el calor y el alivio de la presencia de Dios se podían percibir también en esa fila caótica. Me di cuenta de que tenía un paquetito de galletas en la cartera, mediante el cual establecí un primer contacto con un estudiante hambriento que estaba detrás de mí. Fue suficiente para romper el hielo con todos los que estaban en esa parte de la fila. Cuando empezamos a contar nuestras historias y a solidarizarnos, Nos dimos cuenta de que podíamos ayudarnos recíprocamente. La batería de mi lap top  era apenas suficiente para recargar el celular de una pareja alemana que necesitaba llamar a la familia, y esa pareja se puso a disposición para echarle un ojo a mi equipaje  mientras que iba a buscar un lugar con Internet para poderle enviar un email a mi amiga. Un rápido saludo en italiano a otra pareja me bastó para darme cuenta de que otras dos parejas –ambas en el viaje de luna de miel- no entendían los anuncios que se hacían, así que se los traduje para que pudieran valorar las varias opciones. Después de cinco horas y media no se había encontrado un vuelo alternativo así que nos dieron un vale por una habitación en un hotel y una comida, y nos indicaron que llamáramos a las líneas aéreas desde el hotel.  Así lo hice, entonces supe que tenía que ir de nuevo al hotel después de pocas horas. Mientras intentaba acomodarme en una silla del aeropuerto, tratando de dormir al menos un poquito, me di cuenta de que a pesar de la incomodidad, todas esas ‘conexiones’ que en cambio había construido con quien tenía a mi lado en el momento presente habían llenado mi día de un insólito de una sensación de paz. Al día siguiente llegué a casa, cansada, pero serena». Amy Uelmen, Bethesda, Maryland (Usa) Fuente: Living City Mayoo 2016 – www.livingcitymagazine.com

Gran y Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa

Gran y Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa

© POLISH ORTHODOX CHURCH/JAROSLAW CHARKIEWICZ.

Divine Liturgy at the Patriarchal and Stavropegial Monastery of Gonia. PHOTO: © POLISH ORTHODOX CHURCH/JAROSLAW CHARKIEWICZ.

Eran enormes las expectativas que esta cita había levantado, preparada desde 1961 (es decir desde que se reunió la primera conferencia pan-ortodoxa convocada por el patriarca Atenágoras). El título ya es bastante significativo: “He called all to unity” (Ha llamado a todos a la unidad), tomado del himno de Pentecostés en el rito bizantino. Las diferentes Iglesias ortodoxas, de hecho, compartían el deseo de encaminarse hacia una sinodalidad y participación más explícita y de corroborar la unidad de la Iglesia ortodoxa, urgidas también por la necesidad de enfrentarse juntas a los nuevos desafíos del milenio. Esta cumbre marcó el paso a nuevas aperturas: en el ecumenismo y en el diálogo interreligioso, a los hallazgos científicos y tecnológicos; dedicó energías en la cuestión ecológica, y en el drama de las migraciones y de los cristianos perseguidos en Oriente Medio; abrió “su horizonte al multiforme mundo actual”. Aunque fue convocado por una decisión sinodal tomada a la unanimidad por los responsables de las 14 Iglesias ortodoxas, durante su reunión en Chambesy el pasado mes de enero, se ha visto marcado desde el principio por un gran dolor: la ausencia física de 4 de las 14 Iglesias. La Iglesia ortodoxa rusa no se ha expresado todavía a este respecto y espera la reunión del Santo Sínodo de julio para manifestar su valoración sobre el acontecimiento apenas concluido. En el Sínodo estaban presentes también 15 observadores, delegados de varias Iglesias cristianas, que han podido participar en la sesión inaugural y conclusiva del Concilio. Y cristianos no ortodoxos, en todo el mundo, han acompañado con la oración este importante evento de la Iglesia ortodoxa: «Recemos todos también por el Concilio pan-ortodoxo, se lo confío como si fuera el Concilio de la mi Iglesia, porque es mi Iglesia en este momento», había dicho María Voce a un grupo de focolarinos de varias Iglesias reunidos en Rocca di Papa a finales de mayo. Lo que más de uno ha subrayado ha sido, no tanto las deliberaciones finales, los seis documentos firmados por los patriarcas [sobre la misión en el mundo contemporáneo, sobre la importancia del ayuno, sobre la relación de la Iglesia ortodoxa con el resto del mundo cristiano, sobre el matrimonio, sobre la diáspora Ortodoxa y sobre  la autonomía de las Iglesias], sino más bien la esencia  misma del Sínodo, es decir, el hecho de que se haya realizado, y que esta ocasión de encuentro finalmente se haya dado. En la perspectiva de que este Sínodo no sea un evento aislado, sino que pueda repetirse como si fuera una praxis del camino de la iglesia. Al regreso de su viaje a Armenia, al periodista que le pide una evaluación sobre el sínodo pan-ortodoxo recientemente concluido, papa Francisco respondió: «¡Una valoración positiva! Se ha dado un paso adelante: no al cien por cien, pero sí un paso adelante. Las cosas que han dicho para justificar, entre comillas, [las ausencias] para ellos son sinceras, son cosas que con el tiempo se podrán resolver». «El mero hecho de que estas Iglesias autocéfalas se hayan reunido, en nombre de la Ortodoxia, (…) es más que positivo. Yo doy gracias al Señor. En el próximo serán más. ¡Bendito sea el Señor!». Y hablando a la delegación ortodoxa presente para la festividad de los Santos Pedro y Pablo, Francisco cita el Concilio Pan-ortodoxo, para auspiciar “abundantes frutos para el bien de la Iglesia”. Encíclica del Grand y Santo Sínodo Mensaje del Gran y Santo Sínodo Maria Chiara De Lorenzo

Pasquale Foresi: una elección que hay que renovar siempre

Pasquale Foresi: una elección que hay que renovar siempre

Chiaretto2«A aquéllos que ya se han donado a Dios con toda su mente, con todo su corazón, con todas sus fuerzas e incluso por encima de sus mismas fuerzas, en cierto momento Dios les pide que se lo elija una segunda vez. La primera vez habíamos entendido que a Dios había que amarlo por encima de todo. Pero si se pudiera seccionar esa elección nuestra, nos encontraríamos que en realidad contenía un 30% de amor de Dios, un 30% de hastío por la mediocridad y vacío en el que vivíamos, un 15% de alegría y de entusiasmo por el hecho de habernos donado a una causa tan hermosa y santa, para alguno quizás un 10% de remordimiento por los pecados cometidos en el pasado… (…) En realidad, es prácticamente imposible que la primera vez que  elegimos a Dios seriamente, lo hayamos hecho con un amor total y pleno. Pero desde el momento en que entendemos que la perfección consiste sólo en la caridad, todos aquellos motivos secundarios que al principio nos ayudaron porque venían acompañados por nuestra buena voluntad y por nuestro deseo de amar a Dios, poco a poco salen a flote y nos molestan. Es lógico que salgan a flote, pues ya estaban allí anteriormente, como cizaña que ha crecido junto con el buen trigo, como dice el Evangelio de Mateo. Se trata de pequeños apegos, de defectos, de actitudes que no son en realidad  santidad auténtica, porque no construyen el Reino de Dios sino que nos molestan a nosotros y a los demás. Quizás no son siquiera pecados veniales, pero no son tampoco amor puro. ¿Qué tenemos que hacer en ese momento? Una nueva elección de Dios. Es decir, querer que el motivo de toda nuestra vida sea solamente el amor de Dios, el amor puro, y ninguna otra cosa en absoluto. (…) Hay que hacer un salto de calidad: elijo amar a Dios por Dios, no por lo que siento, no por los frutos que produce  sino por Él mismo, para responder con mi amor personal al Amor personal que Él tiene por mí. Debo encontrar en esta unión con Dios el motivo de mi existir, de mi vida cotidiana. Cuando se llega a tener esta relación con Dios, se llega a ser personas libres, no condicionadas. Cualquier cosa que suceda, cualquier calumnia, dificultad, preocupación, motivo de amargura, nada altera esa paz, porque se vive insertados en Dios. Y se encuentra en Dios esa unidad, esa alegría, esa serenidad que sólo el amor de Dios puede dar. (…) Lo cierto es que la elección de Dios hay que renovarla siempre. Quizás se nos pedirá una tercera elección y después seguirán otras , porque la vida en Dios es siempre nueva, inagotable y llena de sorpresas». Pasquale Foresi Fuente: Pasquale Foresi, Colloqui, Città Nuova Editrice, 2009