20 Abr 2015 | Focolare Worldwide

En el distrito de Rotorua (Nueva Zelandia), el espesor de la corteza terrestre es de apenas 4 km. Aquí se pueden admirar espectaculares géiseres en erupción e, inclusive en la ciudad, charcos humeantes con burbujitas que se mueven en la superficie. Desde la tierra sale un calor que alcanza hasta los 120°C. Aquí los colonizadores ingleses habían intentado reproducir las termas romanas.
Aún hoy la actividad termal es un atractivo turístico muy importante para Rotorua, una ciudad sumergida en el verde y rodeada por colinas. A las orillas del lago homónimo surge el Keswick Christian Camp, una estructura recreativa. Para participar en un encuentro promovido por los Focolares, se dieron cita allí unas 156 personas procedentes de varias ciudades de las dos islas principales que conforman Nueva Zelandia. Su objetivo era el de pasar tres días juntos, lejos de la rutina diaria, para profundizar la espiritualidad de la unidad.
Maoríes, filipinos, chinos, coreanos, holandeses, anglosajones, italianos, malteses, singapurenses, taiwaneses, walisianos, franceses, tokelauanos, hindúes, pakistaníes…: una sorprendente variedad étnica en el bosquejo de humanidad que ha ido componiendo. A pesar de tanta diversidad, desde el primer momento se respiraba una atmósfera de familia.
Además de los momentos de espiritualidad y de actividades recreativas, el programa preveía amplios espacios para favorecer el conocimiento recíproco y el intercambio entre todos. Muy impactante el relato de la familia Pitcaithly, de Christchurch, la segunda ciudad del país, recientemente destrozada por dos fuertes terremotos. Una tragedia que unió a la población en un coro de solidaridad con el lema: “Kia kaha, stay strong Christchurch!”(traducción?), al que contribuyeron también donaciones recogidas por los Focolares en varias partes del mundo.
De Gisborne, la ciudad que goza del privilegio de ser la primera en ver cada día el nuevo amanecer, se presentó la actividad de “Fish & Chips Club”(“Club del Pescado y las Papas fritas”). Entre sus finalidades está la de recolectar fondos a favor de actividades formativas para los jóvenes, llevadas adelante por personas de varias Iglesias cristianas junto a otras de convicciones no religiosas. Juntos tratan de hacer algo útil por los demás. A pesar de la pluralidad, los jóvenes y los adultos se reúnen cada mes para reflexionar sobre el Evangelio y compartir las experiencias que surgen y tratan de ponerlo en práctica. Una manera realmente significativa para crecer como personas y sacar fuerzas para llevar adelante las distintas actividades artesanales y deportivas de un club en el que cada uno puede ser sí mismo y donde se trata de subrayar no tanto lo que separa, sino los valores que se pueden compartir.
Aunque Nueva Zelandia puede parecer un país acomodado y acogedor, una familia hindú-pakistaní contó cuán difícil ha sido para ellos insertarse en esta sociedad. Martis, padre de dos hijos, trabajaba en un asilo para ancianos y su esposa Antonieta, en una pequeña empresa de procesamiento de carnes. En un determinado momento, ambos perdieron el trabajo. La búsqueda de un nuevo empleo se prorrogaba sin resultado, hasta que decidieron volver a su patria. Faltando sólo diez días para que se les venciera la visa, alguien en una ciudad cercana, logró conseguir una entrevista de trabajo para Martins y por lo tanto, la posibilidad de renovar el permiso de residencia. Fue grande la alegría de todos y de esta familia que dio un fuerte testimonio del amor de Dios que se manifiesta a través de la comunidad.
Teresa, hablando a nombre de los jóvenes presentes, dijo: «La experiencia de estos días nos dio la carga necesaria para volver a nuestras respectivas ciudades y volver a empezar». Anne, una señora anciana maorí, muy estimada por su tribu, concluyó: «Aroha te mea nui o te ao Katoa»; lo que en su idioma significa: «El amor es el don más grande de todo el mundo».
17 Abr 2015 | Focolare Worldwide
«La empresa donde trabajaba, en el 2014 – cuenta Rosette- me destinó a la región de Kurdistán iraquí (KRI). Para facilitar la inserción laboral de mi marido Eric, también él con un óptimo currículo, pensamos ubicarnos en Dubái, un rico emirato árabe donde se vive de forma placentera con todo tipo de confort. A causa de esta riqueza muchos extranjeros vienen a Dubái para obtener una vida mejor para ellos mismos y para sus familias, aunque esto signifique abandonar a sus seres queridos en sus países de origen.
En uno de mis viajes a Kurdistán, aun estando en el aeropuerto con dos horas de anticipación, fui borrada de la lista de pasajeros. Estaba nerviosa porque significaba tomar un avión más pequeño que salía a la una de la madrugada. Faltaba mucho tiempo para el embarque pero igualmente fui a al nuevo terminal, pues nunca se sabe si puede pasar algo imprevisto. Me resultó extraño ver tanta gente, muchas personas estaban durmiendo en el piso. Pregunté cuánto tengo que esperar. Una señora me dice: “Depende: puede salir enseguida pero puede ser también dentro de algunos días”. Efectivamente, ella estaba allí desde hacía casi dos días a causa de un error ortográfico en su visa. Y no la dejaban salir. Para comenzar una conversación le pregunté si tenía algo para comer: “Sí, tengo todavía alguna galletita y un poco de agua”. La invité a comer conmigo y después de mucha resistencia, aceptó.
Mientras estábamos conversando, recibió una llamada de su jefe para saber cómo se encontraba y si tenía plata para permanecer allí. Ella no tenía dinero. Había enviado todo su sueldo a su hijo para que pagara la cuota de la Universidad. Cuando terminó la llamada telefónica me contó su historia: estaba separada del marido, los dos hijos vivían con la abuela en el país de origen. Ella había venido a trabajar a Dubái porque también la hija está terminando el liceo y se precisaba dinero para pagar la Universidad.
Poco después escuché que anunciaban mi vuelo. Pero quién sabe hasta cuándo ella tendría que esperar. La animé a que aceptara un dinero que le ofrecí. Le prometí que iba a rezar por su familia.
La suya es una de las tantas historias que muestran la vida de los emigrantes. Algunas familias están en Dubái porque en su tierra hay guerra (son palestinos, sirios, iraquíes): Dubái se presenta como un refugio seguro donde se puede vivir una vida normal. Para ellos el trabajo es todo, el principio y el fin, porque sin trabajo no tienen la visa y sin la visa no pueden permanecer en Dubái.
La distancia física y la soledad por vivir en un país extranjero que sufren en especial las personas que están solas, durante mucho tiempo, ofuscan también las más nobles de las intenciones. Conocemos personas que comenzaron relaciones extra conyugales, destruyendo así la familia por la cual vinieron a este lugar, limitándose a proveer a sus seres queridos sólo dinero y no más su presencia. Lamentablemente la mayoría de estas personas acepta estas soluciones como un hecho ineludible, aún si el precio que pagan por esta situación es muy alto.
Este mismo “precio” se nos estaba pidiendo a nosotros. Mis frecuentes viajes entre Kurdistán donde trabajaba y Dubái donde trabajaba Eric me llevaban a estar cada vez menos con mi esposo. Así que decidimos trasladarnos a Kurdistán, aunque esto significaba para Eric renunciar al buen trabajo que tenía en Dubái.
Al principio mi empresa aceptó, pero en el curso de posteriores conversaciones y debido a algunos episodios violentos en Kurdistán, nos dijeron que la empresa no podía garantizar la seguridad de Eric y por lo tanto él no podía permanecer allí. Uno de mis superiores me insinuó “… se acostumbrarán a vivir separados…”.
Frente a esta perspectiva decidimos inmediatamente presentar la renuncia. En ningún caso debíamos vivir separados, aunque esto significara renunciar a dos trabajos muy bien remunerados y a una carrera para la cual habíamos estudiado mucho. Confieso que fue una elección muy difícil. Sin embargo, en el corazón, los dos sentíamos que era la decisión más justa. Volvimos a nuestra tierra natal, Filipinas, empezando desde cero. Mi último día de trabajo fue el 31 de diciembre de 2014.
El pasado mes de enero, el Papa visitó Filipinas, y en el encuentro con las familias afirmó con fuerza el valor de la familia: “Debemos ser fuertes para decir que no a cualquier intento de colonización ideológica que quiera destruir la familia”. Parecía que lo decía a nosotros, y confirmaba la elección de ir contra la corriente que habíamos hecho”.
15 Abr 2015 | Focolare Worldwide
«Muchos han intentado explicar las raíces y los motivos que dieron origen a la vida monástica, pero las máximas de los Padres y su experiencia de vida nos muestran que el monje es “el mártir viviente”, y que “han dejado el mundo por la única realidad que tiene valor: Dios”. Es quien quiere responder al amor de Dios; así como lo expresa bien un versículo de la Santa Misa Copta, que nosotros llamamos Liturgia Divina, en el que la persona se dirige a Dios diciendo: “No hay nada en las palabras dichas que pueda delinear Tu amor por los hombres”. San Jerónimo dice que mediante su ascética y su vida eremítica es como si dijeran: “El amor divino me ha flechado”; y que cada uno repitiera: “He encontrado lo que mi alma anhela, lo agarro fuerte y no lo dejaré nunca”. El deseo de estos monjes era, por lo tanto, donarse completamente a este amor, y para consagrarse a Él no encontraron otra cosa que dejar la ciudad.
San Basilio lo anunciaba claramente: “Quien ama a Dios deja todo y va hacia Él”. Y se dice que para San Tawadros, discípulo de Pacomio, su “único interés en el mundo era amar a Dios con todo el corazón según el mandamiento de Jesucristo”. Se intuye que la raíz de la vida ascética es asemejarse a Cristo: el despojamiento completo de sí, seguir la voluntad del Padre, la virginidad, en un contacto continuo con Dios Padre mediante la oración. El Padre Matta El Meskin lo explica bien: “La garantía de nuestra consagración (el ser monjes) está en el aferrarse a Cristo personalmente, y atenerse a la Biblia. Y así, con Cristo y la Biblia, podremos caminar por nuestra vía, creciendo continuamente, hasta el final”.
La elección del consagrado es seguir a Jesús “Camino, Verdad y Vida”. Vivir en Cristo y por Él sólo. Seguirlo según el estilo de vida que Él vivió. Él eligió ser pobre, virgen y obediente. Entonces el monje no elige la pobreza, sino a Cristo pobre. La elección es la elección de la misma persona de Jesús, y por lo tanto de lo que Cristo vivió, de cómo lo vivió y por qué lo vivió así.
Por lo que se refiere al aspecto comunitario de la vida ascética de los monjes del desierto, podemos recordar cómo –por ejemplo en los monasterios que seguían a Pacomio- la vida de comunión era la extensión de la Iglesia primitiva del tiempo de los apóstoles. Mirando a la vida de los Padres, podemos trazar algunas características comunitarias: el amor recíproco (San Pacomio siempre solicitaba a los suyos que se amaran, y es por la caridad entre los monjes que esta vida se difundió y sigue existiendo hasta hoy); la vida en común (el “todo entre ellos estaba en común” de las primeras comunidades cristianas es la característica dominante en todos los aspectos de la convivencia de los monjes).
Las enseñanzas de los Padres del desierto me recuerdan la meditación de Chiara Lubich «El atractivo del tiempo moderno», que expresa bien lo que siento: “Penetrar en la más alta contemplación, permaneciendo mezclados entre todos, hombre junto a hombre”. Una contemplación que actualiza la vida de los Padres en este siglo, pero en medio del mundo.
La presencia espiritual de Jesús en medio con las focolarinas católicas con las que vivo en el Focolar de Suhag, el compromiso de querernos, nos ha hecho realmente hermanas y nos hace experimentar la alegría del Resucitado, más allá de nuestras diferencias. En la vida cotidiana todo lo tenemos en común: rezamos, trabajamos, gozamos y compartimos los momentos de sufrimiento de las personas que nos rodean. Tratamos de dar testimonio a todos, con nuestra vida, de que Dios es amor.
Vivir por la unidad plena de la Iglesia de Cristo “que todos sean una sola cosa”, me fascina cada vez más. Gozo de la belleza y de la variedad de los dones de Dios que encuentro en las distintas Iglesias, y por la aspiración y la emoción de ver que estamos unidos, con Cristo entre nosotros y ser el futuro de la Iglesia según el designio de Dios.
Son un testimonio de ello los pequeños y grandes pasos en el camino ecuménico, también en mi país. Desde hace algunos años, por ejemplo, se constituyó una comisión ecuménica con personas de todas las confesiones presentes en Suhag. Cada vez nos encontramos en una iglesia distinta, este año en la copta ortodoxa. El 5 de marzo estaban presentes casi todos los responsables locales de las iglesias. El tema principal era “la victoria sobre el mal”, a partir de la situación de persecución de los cristianos en Libia, se recorren las etapas del pueblo de Israel que deja Egipto. «La bandera que hondea sobre nosotros es el amor de Dios», afirmó el obispo copto ortodoxo Mons. Bakhoum, augurando a los presentes «que nos encontremos siempre en el Amor».
15 Abr 2015 | Focolare Worldwide, Senza categoria
«El Viernes Santo ocurrió la masacre de Garissa. Fui a la morgue donde estaban trasladando las salmas de los estudiantes para el reconocimiento, cerca de mi casa en Nairobi. Llevaba conmigo la cámara fotográfica, era imposible no escuchar las sirenas. Encontré por un lado a los padres de los estudiantes asesinados que se desmayaban… por el otro, a los colegas con las cámaras. Ciertamente hubiera podido grabar unas entrevistas, pero no lo logré; no podía hacer otra cosa sino llorar con esas familias. Había una fuerte presión por parte de todos, de la opinión pública, que quería noticias, esperaba algo… Sin embargo, yo necesitaba tiempo para asumir y digerir esa situación tan dolorosa, para ser capaz de decir algo constructivo. Sentía que mi parte era la de estar en silencio con este dolor, y resistir a las presiones». Esto nos cuenta, con visible emoción, Liliane Mugombozi, periodista keniana.
Son casi 150 las víctimas del ataque por parte de extremistas somalíes en el Garissa University College, en el Noreste de Kenia. De hecho el 3 de abril, los terroristas habían asaltado la residencia, buscando a los estudiantes cristianos. Sólo la intervención de las fuerzas armadas gubernamentales, que afrontaron todo el día a los asaltantes, evitó que la masacre alcanzara dimensiones aún mayores. Pero sigue siendo fuerte el miedo generalizado ante la posibilidad de nuevos ataques, de manera que cualquier incidente puede desencadenar el pánico con graves consecuencias, tal como sucedió el 12 de abril en otra residencia universitaria en Uthiru, cerca de Nairobi: un transformador eléctrico se incendió en el 4° y 5° piso, provocando un estruendo parecido al estallido de una bomba. El balance: un estudiante muerto y unos 150 heridos, algunos de gravedad.
«Ya desde los primeros días, fuimos con muchas personas de la comunidad a la morgue adonde trasladaron los cuerpos de los 148 jóvenes asesinados, para consolar a las personas que perdieron a sus hijos – cuenta Charles Besigye de la comunidad local de los Focolares –. Hoy 11 de abril, junto a nuestros jóvenes, pasamos ahí toda la tarde. ¡Es algo que te destroza el corazón! Personas en la más absoluta suspensión que, a distancia de una semana, todavía no saben dónde están sus hijos. Algunos cuerpos ya fueron identificados y se los están llevando para el entierro en las respectivas aldeas. El dolor es inmenso… vimos escenas angustiantes de los familiares. Es desgarrador verlos desmoronarse después de tanto tiempo de espera. Nos quedamos allí para compartir con ellos el dolor, para ayudarles a cargar esta cruz tan pesada. Para llorar con quien todavía logra hacerlo, porque hay quienes ya no tienen lágrimas. Una de nosotros se ofreció para ayudar a arreglar los cuerpos de los jóvenes fallecidos antes de mostrarlos a sus familiares. ¡Fue una experiencia muy fuerte! Hay mucho espíritu de solidaridad por parte de las distintas asociaciones y de todo el pueblo keniano: llevan pan, leche, bebidas, etc… Emociona respirar una atmósfera tan sagrada. Las personas se recogen, hay quien reza a Dios y quien consuela».
Durante el Vía Crucis en el Coliseo de Roma, la noche del Viernes Santo, el Papa pronunció palabras muy duras: «La sed de tu Padre misericordioso – dijo Francisco – que en ti quiso abrazar, perdonar y salvar a toda la humanidad, nos hace pensar en la sed de nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe en ti, ante nuestros ojos o, a menudo, con nuestro silencio cómplice». Es un fuerte llamado que nos invita a no callar.
14 Abr 2015 | Focolare Worldwide
13 Abr 2015 | Focolare Worldwide
En la sentida invocación pascual del papa Francisco por tantos hermanos nuestros que en el mundo «padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo», no podía faltar una súplica por «la amada Ucrania», para que «reencuentre la paz y la esperanza gracias al compromiso de todas las partes implicadas».
Sí, porque la de Ucrania es una guerra que aún sigue adelante en su absurda violencia. Hablamos de ella con Roberto Catalano, quien fue invitado a dictar unas conferencias en la universidad de Leopoli, Ivanova Franziksva y Ternopil sobre el tema del diálogo. Es significativo que en medio de la “crisis” los jóvenes (y sus tutores) antes que atrincherarse en los privado, se comprometan a profundizar el diálogo, como único recurso hacia el cual merece orientar todo esfuerzo.
Roberto, en el encuentro con la gente… ¿qué atmósfera percibiste?
«Al final de una conferencia, una colaboradora escolar me mostró tres fotos de ex-estudiantes de la Universidad asesinados en el conflicto en el sureste del país. Con los ojos llenos de lágrimas me contó que cada noche, al finalizar las clases, un grupo de estudiantes se reúne en la cafetería de la universidad para preparar platos típicos ucranianos, que luego se congelan y se mandan a los soldados. Otra señora me contó que su hijo, que ni siquiera tiene 6 años, dibuja unas cartulinas que envía a los soldados para agradecerles por el esfuerzo que hacen para defender su país. Lamentablemente hoy en Italia ya no es noticia lo que está sucediendo en Ucrania, mientras que el año pasado también nuestros telenoticieros hablaban de ello. Sin embargo en Ucrania occidental se está librando una verdadera guerra».
Una situación que parece sin salida, que genera inseguridad y sufrimiento en el corazón de las personas…
«Tuve la prueba de este profundo dolor en cada momento de mi permanencia en Ucrania. Estudiantes y profesores me preguntaron qué pensaba yo de la situación del país y, sobre todo, qué se dice en el resto de Europa. No tuve el valor de expresar juicios. Ante el dolor y el miedo preferí escuchar y guardar silencio. Me impresionó la fuerza y la dignidad de este pueblo, pero me dio miedo el hecho de que el resto de Europa y del mundo lo ha dejado prácticamente solo, un hecho que se ve agravado, entre otras cosas, por el creciente nacionalismo, un fenómeno que puede siempre esconder grandes peligros para el futuro».
Exactamente como dijo el Papa hablando de la masacre de los estudiantes en Kenia. Ante estas atrocidades parece que la Comunidad Internacional quita la mirada. Sin embargo también el pueblo ucraniano es nuestro hermano, por la común humanidad y por la fe cristiana que lo anima.
«Entré en una gran iglesia en la que se estaba celebrando la liturgia en rito oriental. Impresiona el iconostasio, modernísimo, de enorme belleza, pero más aún sorprende la religiosidad de la gente, en una participación atenta, concentrada, sagrada. Impresiona la larga fila de personas que esperan su turno para la confesión. Setenta años de marxismo no han borrado la fe en la gente».
Según tu opinión, ¿hay esperanza para una posible paz?
«Pude visitar sólo la mitad de Ucrania y no tuve la posibilidad, como me hubiera gustado, de encontrar a personas del bando opuesto. También ellos sufren por dolores que tal vez es difícil comprender. Aquí está presente la historia con sus vaivenes, pero también con sus problemas actuales, dictados por los intereses internacionales en el gas y el carburante. Se corre el riesgo de caer en un silencio que borra el dolor de millones de personas, en cualquier bando ellas se ubiquen. Tal como dijo el Papa, se necesita el compromiso de todas las partes implicadas. Sólo de esta forma se podrá llegar a una paz duradera».