6 Jun 2018 | Focolare Worldwide
Las imágenes que llegan desde Guatemala son impresionantes. Las últimas noticias hablan de casi 200 personas desaparecidas, 3.000 personas desplazadas y por lo menos 75 muertos por la erupción del Volcán del Fuego. Ocurrió el 3 de junio pasado y significó una trágica sorpresa para los habitantes de los pueblos limitrófes. Un balance que, según lo que transmiten las autoridades civiles, irá lamentablemente, incrementándose. La catástrofe, asociada por muchos a la de Pompeya, ocurrida en el año 79 d.C., resulta de tal magnitud que hace que el trabajo de los socorristas sea muy difícil. La búsqueda de los cuerpos continúa sin interrupción, bajo grandes cantidades de lava y cenizas. El Volcán del Fuego (a 3.763 metros) se encuentra a 40 kilómetros al suroeste de la ciudad de Guatemala. Según los vulcanólogos, es la erupción más grande registrada en el país en los últimos 40 años y forma parte del período de mayor actividad volcánica que comenzó en los últimos 15 años. El Papa Francisco expresó su “cercanía y consuelo hacia los familiares de las víctimas, dolor por el imprevisto desastre natural, oraciones por todos los que fueron dramáticamente dañados y agradecimiento hacia todos los que trabajan como socorristas».
6 Jun 2018 | Focolare Worldwide
En el Focolar de Ciudad de México, la “Iglesia en salida” que el Papa Francisco tanto desea, tiene su voz y rostro en Reina Cruz, salvadoreña, animadora de una comunidad que comparte la Palabra de Vida en situaciones difíciles, a pocos quilómetros de la capital mexicana. En el grupo que ella formó para que la acompañe en esta actividad, hay también algunos que despachan y consumen droga. Las focolarinas llevan la voz del Papa a las periferias, como él con frecuencia exhorta a que se haga, yendo a los barrios suburbanos difíciles, pobres, poblados por millones de personas, que, gracias a ellos, por primera vez pueden escuchar una página del Evangelio. No es fácil, confiesa Reina, «pero ir a un contexto en el que jóvenes de 13-14 años viven prácticamente sin familiares, nos hace comprender que debemos llevar por lo menos, nuestra presencia. Un acompañamiento que se extiende a las zonas más lejanas, como la visita a los “Misioneros Xaverianos”, presentes en la selva de Santa Cruz, visitas intensificadas en Semana Santa y en Pascua. La catequesis y la ayuda material crearon un fecundo clima comunitario en las parroquias que visitamos» En estos ángulos de la Tierra, a menudo olvidados, las chicas presentaron la espiritualidad del Focolar, muy difundida ya en ciento ochenta y dos países del mundo, con centros en ochenta y siete naciones, también en México, y en ciento diez miel miembros. Con la óptica de acompañar a los hermanos, característica del Movimiento fundado por Chiara Lubich (que con la visita del 10 de mayo del Papa Francisco a Loppiano , se siente muy alentado a continuar el camino iniciado por la Sierva de Dios), los grupos mexicanos se insertaron en diversas experiencias sociales. «Con otras once personas – relata Reina- vamos a visitar Santiago de Anaya, Actopan, en el Estado de Hidalgo, en el corazón de México». Sin esperar nada como cambio, ni siquiera el interés por su espiritualidad, comenzaron un camino con los Padres Misioneros del Verbo Divino. Su único objetivo es el de ofrecer puntos para la reflexión comunitaria en la vida cotidiana: la palabra de Dios y sus consecuencias en la vida gracias a las parejas de laicos comprometidos. El fenómeno del despacho y consumo de droga entre los adolescentes ha alertado a los miembros del Focolar, empujándolos a escuchar las terribles experiencias y compartiendo el mensaje evangélico también con los jóvenes que viven aislados en las calles. «El 6 de mayo, por ejemplo, se acercaron dos jovencitas, de 14 y 17 años, para contarles, entre lágrimas, el crecimiento del consumo de droga entre sus amigos». La joven de 17 años había sido echada de la casa por su mamá, recuerda Reina, y la chica estaba desesperada por la ruptura de su vínculo con su madre. ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar? Recibir los problemas de las heridas familiares es parte de la tarea de acompañamiento que viven los seguidores de Chiara Lubich. Desafíos cada vez mayores que describen una sociedad con valores cada vez más frágiles, vínculos familiares débiles y muchas veces ausentes. De este modo, su presencia permanece frecuentemente como el único punto de referencia para personas que, en el momento de su crecimiento, necesitan un “mástil”, al cual aferrarse para no arriesgarse a ahogarse en la droga o en la desesperación. Aquí está la importancia de saber escuchar, explican al Focolar de Ciudad de México, proponer la oración, y realizar encuentros de espiritualidad para que renueven su vida de unidad con Dios. El objetivo es la unidad y el diálogo con los sacerdotes del lugar para trabajar juntos, evitando las fracturas y apuntando a proyectos de desarrollo, como la Economía de Comunión, posibilidades para salir de la pobreza y caminar hacia la dignidad. Un viaje que hay que emprender en compañía de la Virgen María, una Madre que no abandona a sus propios hijos «ni siquiera a los que están más solos» Fuente: Osservatore Romano http://www.osservatoreromano.va/vaticanresources/pdf/QUO_2018_119_2705.pdf
4 Jun 2018 | Focolare Worldwide
Gran satisfacción también en el Instituto Universitario Sophia de Loppiano. El nuevo rector de la Pontificia Universidad Lateranense (PUL), que acaba de ser nombrado por el Papa Francisco, es también “visiting professor” del Instituto Universitario. Vincenzo Buonomo, jurista e internacionalista se ha convertido, desde el 1° de Julio, en el primer laico en la conducción de esa universidad pontificia, siendo el sucesor del obispo Enrico dal Covolo. Nacido en 1961, casado y con dos hijos, Buonomo tiene un vínculo de muchos años con esa Universidad, primero como estudiante, con un doctorado en Utroque Iure, luego se especializó en Derecho Internacional, con un Diploma de Preparación a la Carrera Diplomática; y luego como docente desde 1984, obeniendo el cargo de Profesor Ordinario en 2001. Decano de la facultad de Derecho Civil, desde 2006 hasta 2012, es actualmente coordinador de los Doctorados de la misma Facultad. En 2007 Buonomo desempeñó el cargo de jefe de la Oficina de la Representación de la Santa Sede ante Organizaciones y Organismos de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Fao, Ifad, Pam), con las cuales empezó a colaborar en 1983. Desde 2000 hasta 2005 fue, además, consultor de la Comisión para el diálogo con los musulmanes del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso. Desde 2014, es consejero del Estado de la Ciudad del Vaticano.
3 Jun 2018 | Focolare Worldwide
«El flujo de emigrantes en la frontera crece cada hora. La crisis económica, que coloca de rodillas al país , une en el dolor tanto al que permanece como al que decide escapar». En las palabras de Silvano Roggero, venezolano, hijo de italianos, se percibe el drama que vive todo un pueblo. Desde hace tres años está en el focolar de Lima, Perú. «Los países vecinos, con la generosidad típica de estas tierras, a pesar de las enormes dificultades provocadas por el ingreso imprevisto e inesperado de centenares de millares de personas, tratan de ofrecerles acogida. Soy testigo directo de uno de tantos dramas que hoy está viviendo la “humanidad de la periferia”. Justo ayer me escribió la directora de una escuela de la península de Paraguaná, del norte de Venezuela. Hay un insólito movimiento en la secretaría, varios papás se han presentado para retirar a sus hijos. ¡Se ven obligados a irse!». Es un éxodo de proporciones bíblicas, causado por una crisis económica y social gravísima, que está transformando la misma fisionomía de Venezuela. La inflación está por las nubes y escasean dramáticamente la comida, las medicinas y la materia prima. «Desde el pasado mes de diciembre, también Ofelia y Armando, de la comunidad de los Focolares de Valencia (la tercera ciudad de Venezuela), llegaron a Lima. Antes administraban un prescolar. Con Ofelia cultivamos un sueño: encontrar un local en el cual ofrecer una primera acogida a los migrantes que llegan, después de un viaje por tierra de más o menos siete días. ¡Se habla de alrededor de 300 mil venezolanos que han llegado a Perú en el último año y medio! Con Ofelia –prosigue Silvano- organizamos una cena de acogida en el focolar para un pequeño grupo de venezolanos. Algunos ya conocían el Movimiento, pero había quien no conocía nada de nuestro grupo. Los huéspedes llegaron desde distintos puntos de la ciudad, desde tan lejos como una hora o dos. Todavía no se orientan muy bien en esta metrópolis de casi diez millones de habitantes». Parece una gota en el mar, pero el deseo es el de recibirlos como si fuera Jesús personalmente quien se presentaba a la puerta.
«Como podemos imaginar, frente a sus difíciles situaciones, no teníamos soluciones “preconstituidas”. Ni siquiera sabíamos por donde empezar, pero, eso sí, podíamos ofrecerles una comida caliente y ¡escucharlos! A uno de ellos lo habían robado: hábiles rapiñeros le sacaron de la mochila el celular y todo lo que tenía para sobrevivir. Otro no sabía qué documentos había que presentar para obtener el permiso de estadía. Ofelia, ya conocedora de los trámites, habiendo ya hecho el trámite completo, ofreció su experiencia. Otro contó que había encontrado un trabajito, a más de dos horas de distancia, por 10 euros al día (pero existen algunos que están dispuestos a trabajar aunque sea por 4 euros). Alguno tenía un “curriculum” demasiado excelente y por esta razón, no era considerado, por el temor de que quisiera sacarle el puesto de trabajo al responsable de turno. Pero, lo que más nos ha conmovido, fue compartir las historias, ver las fotos y escuchar a cada uno hablando de su propia familia».
«Para todos, la primera necesidad ahora es la de encontrar un trabajo. No les importa si duermen en el suelo, sin colchón o si comen poco. El sueño más grande es el de mandar de vez en cuando a la casa unos veinte euros. Nos pusimos de acuerdo para permanecer vinculados entre nosotros. Al focolar había llegado hacía poco, de una colecta hecha por la comunidad, que llamamos “montañita”, una pequeña cantidad y dos chaquetas abrigadas. Fueron providenciales, porque está por comenzar la estación del frío. Repartimos todo. Cuatro horas después, mientras estábamos por levantarnos de la mesa, llegó un nuevo SOS, esta vez provenía de una persona que vive en las Islas Canarias. “Once jóvenes se habían encaminado a pie, desde Venezuela, directamente a Lima. Estaban desesperados, sin plata y sin teléfonos, tenían sólo lo que llevan puesto. Entre ellos estaba el primo de una amiga mía. ¿Podrían ayudarlos?, preguntó. Principalmente para evitar que cayeran en manos de algún malhechor o de algún grupo organizado que se quiera aprovechar de su fragilidad. Calculamos que emplearán casi 30 días”. Nuevas llegadas, nuevas personas tocando a la puerta. Pero todas tienen el mismo nombre, Jesús. Un huésped excepcional. Lo esperamos». Chiara Favotti
31 May 2018 | Focolare Worldwide
30 May 2018 | Focolare Worldwide
“Puerta”, no “frontera”, por lo menos hasta cuando Francia suspendió los tratados de libre circulación. Así, Ventimiglia pasó a ser un embudo, en donde se recogen los migrantes que consideran nuestro país sólo una etapa, antes de alcanzar otras metas más allá de los límites geográficos. «Por Ventimiglia pasaron más de 20 mil personas el año pasado». Lo cuenta Paola, de la comunidad de los Focolares. «Prácticamente otra Ventimiglia, porque nuestra población es de alrededor de 24 mil habitantes». Ella es profesora en el Seminario del Obispado, y recuerda: «En los meses de febrero y marzo de 2015, los seminaristas habían empezado un servicio de distribución de alimentos a los que vivían en la estación de tren. Pero, con el pasar de los días, esta gente se multiplicaba». De hecho, a éstos se le agregaban los migrantes que habían desembarcado en las costas italianas y que querían atravesar la frontera con Francia para llegar a los otros países europeos. «Desde entonces empezó una “emergencia” que no ha terminado. Al comienzo nos esforzamos, con otras instituciones locales, por distribuir en forma voluntaria comida por la calle». Un voluntariado que desarrollábamos en colaboración con la Caritas diocesana. «Nos pusimos en contacto con la comunidad de los Focolares del otro lado de la frontera, que compartió con nosotros los turnos, y nos sostuvo con fondos recogidos en ventas de beneficencia durante el Grand Prix de Mónaco».
«En junio de 2015 – continúa contando – surgió un campamento de la Cruz Roja cerca de la estación. El acceso era limitado, pero algunos, con una debida autorización, pudimos entrar para colaborar de distintas maneras». Al lado de este campamento “oficial”, durante el verano nació un campamento “informal” justo en la frontera con Francia. «Muchos migrantes llegaban sin documentos, y como en el campamento gestionado por la Cruz Roja era obligatoria la identificación, muchos preferían acampar allí, para tratar de pasar enseguida la frontera». Luego, en los primeros días de octubre, este campamento fue desmantelado y desalojado, “diría brutalmente”. «Cuando en mayo de 2016 se cerró también el Campamento de la Cruz Roja nos encontramos de golpe con más de mil personas en la ciudad. Una situación insostenible, agravada por una ordenanza municipal que prohibía la distribución de alimentos y bienes de primera necesidad a los migrantes, con sanciones penales y multas. Hasta que la Caritas intervino y pudo mediar. Así nació una realidad de acogida en la iglesia de San Antonio. Iglesia de día, dormitorio de noche. Las familias con niños y las personas más frágiles eran hospedadas en la iglesia; se quitaban los bancos, se ponían mantas y, de mañana, se limpiaba todo». A mediados de julio de 2016 se abre un nuevo campamento de la Cruz Roja, fuera de la ciudad, reservado a los hombres; las mujeres y los menores siguen siendo alojados en la iglesia. «En 2017 empezó la llegada de una serie infinita de menores, que sobre todo se quedaban a lo largo del río Roya. Entonces, el Prefecto le pidió a la Cruz Roja si podía abrir una sección dedicada a ellos. Mientras tanto había rastrillajes continuos, con cientos de migrantes cargados en los buses hacia Taranto. Pero después de pocos días, estaban de nuevo aquí». Lo cierto es que – explica – estas personas quieren reunirse con sus familiares que se encuentran en otros países, y están dispuestas a todo para lograrlo: «Desde aquí pueden intentar pasar la frontera. Hay gente que lo intentó incluso hasta diez veces antes de conseguirlo». La frontera está presidiada día y noche. . «Desafortunadamente lo que estamos haciendo no es más que asistencialismo. Pero ellos no tienen necesidad de ropa o un par de zapatos. Tienen necesidad de ejercitar esa libertad de autodeterminación que debería ser de todo el género humano». Tal vez, la solución podría ser crear un campamento de tránsito, sugiere Paola, «un lugar en donde el migrante, durante el viaje, pueda detenerse, nutrirse, lavarse y cambiarse de ropa; en donde pueda recibir atención médica, asistencia legal». Paola llama a esta atención con el término “rien du tout”, cosas sin valor, detalles que los hacen sentir, a estos viajantes, nuevamente personas: «Cocinamos recetas africanas o árabes a base de cous cous y arroz, hemos aprendido a mezclar las especias y presentar platos como en sus tradiciones. Un día, notamos que una mujer siria se lavaba cada vez que venía a Caritas, pero seguía poniéndose el mismo vestido. Llevaba una túnica, con debajo unos pantalones. Siempre revisaba en la pila de ropa, pero se iba con las manos vacías. Al final entendimos, le pedimos a unas amigas marroquíes si tenían ropa de ese estilo. Y se cambió, se marchó feliz». Fonte: United World Project