Movimiento de los Focolares
Una petición para Europa

Una petición para Europa

«La fraternidad universal ha sido también el programa de personas que no estaban inspiradas por motivos religiosos. El proyecto mismo de la Revolución francesa tenía como lema: “libertad, igualdad, fraternidad”, pero después numerosos países, al implantar regímenes democráticos, lograron poner en práctica, de algún modo, la libertad y la igualdad, mientras que la fraternidad fue, en cambio, más anunciada que vivida. Pero quien sobre todo ha proclamado la fraternidad universal y nos ha dado el modo de realizarla ha sido Jesús. Revelándonos la paternidad de Dios ha derribado los muros que separan a los “iguales” de los “diferentes”, a los amigos de los enemigos. Y ha liberado a cada hombre de mil formas de subordinación y de esclavitud, de toda relación injusta, provocando así una auténtica revolución existencial, cultural y política. (…) El instrumento que Jesús nos ha ofrecido para realizar esta fraternidad universal es el amor: un amor grande, un amor nuevo, distinto del que conocemos habitualmente. En efecto, él ha traído a la tierra el estilo de amar del cielo. Este amor exige que se ame a todos: es decir, no solamente a parientes y amigos. Pide que se ame al simpático y al antipático, al compatriota y al extranjero, al europeo y al inmigrante, al de la propia Iglesia y al de otra, de la propia religión y de la que es diferente. Hoy pide que los Países de Europa occidental amen a los de Europa central y oriental, y viceversa, y a todos, que se abran a los demás continentes, según la visión de los fundadores de Europa unida. Este amor también pide que se ame al enemigo, y que se lo perdone si es que nos hubiera hecho mal. Después de las guerras que han ensangrentado nuestro continente, muchos europeos han sido modelos de amor al enemigo y de reconciliación. (…) Me estoy refiriendo a un amor que no hace distingos y toma en consideración a todos aquellos que están físicamente a nuestro lado, y también a aquellos de los que hablamos o se habla; a los destinatarios del trabajo que nos ocupa día tras día, como a aquellos de quienes sabemos algo por los periódicos o la televisión… Porque así ama Dios Padre, que manda el sol y la lluvia sobre todos sus hijos, sobre buenos y malos, sobre justos e injustos (cf. Mt.5,45). (…) El amor que Jesús trajo no es un amor platónico, sentimental, basado en las palabras, es un amor concreto. Exige que se vaya a los hechos. Y esto es posible si nos hacemos “todo a todos”: enfermos con quien está enfermo; alegres con quien está alegre; preocupados, inseguros, hambrientos, pobres con los demás.  Y habiendo probado lo que los demás sienten, actuar en consecuencia. ¡Cuántas formas nuevas de pobreza conoce hoy Europa! Pensemos un poco, por ejemplo, en la marginación de los discapacitados y de los enfermos de SIDA, en el tráfico de las mujeres obligadas a prostituirse, en los vagabundos, en las madres solteras… Pensemos también en quien recurre a los falsos ídolos del hedonismo, del consumismo, en la sed de poder, en el materialismo. Jesús en cada uno de ellos espera nuestro amor concreto, eficaz. Él considera hecho a sí mismo el bien o el mal que hacemos a los demás. Cuando habló del juicio final dijo que a los buenos y a los malos repetirá: “Me lo hicieron a mí” (cf Mt. 25,40). Y cuando este amor es vivido por varias personas, se hace recíproco. Esto es lo que más subraya Jesús: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn. 13,34). Es el mandamiento que El llama suyo y nuevo. A este amor recíproco no están llamados sólo los individuos, sino también los grupos, los Movimientos, las ciudades, las regiones, los Estados… Los tiempos actuales exigen que los discípulos de Jesús adquieran una conciencia “social” del cristianismo. Es más que nunca urgente y necesario que se ame la patria del otro como la propia: Polonia como Hungría, el Reino Unido como España, la República Checa como Eslovaquia… El amor que trajo Jesús es indispensable para Europa, para que sea también una familia de naciones, la “casa común europea”». Chiara Lubich, Stuttgart 8 Mayo 2004

Diwali, la fiesta de la Luz

Diwali, la fiesta de la Luz

En estos días, en la India, se celebra la fiesta más importante del año: Diwali o la fiesta de la Luz. Se recuerda el regreso victorioso de Rama, manifestación de la divinidad Vishnu, a su capital Ayodhya, tras 14 años de exilio y peregrinaciones. Simbólicamente, entonces, se festeja el regreso de la Luz a su casa de origen: la victoria del bien sobre el mal. Durante la fiesta si usa encender luces, velas o lámparas tradicionales llamadas diya. En muchas regiones de la India los festejos prevén espectáculos pirotécnicos. Desde el “Proyecto Udisha” de Mumbai, nos llega la invitación a «encender una luz sobre el dintel de la ventana para recordar la victoria del Amor que está en nuestro corazón y que queremos hacer crecer cada día para con todos, empezando por la propia familia». Ver página Facebook UDISHA PROGETTO MUMBAI INDIA

Hambre y comida a la basura

Hambre y comida a la basura

Con una de las economías que más rápidamente crece, la India es un país que va hacia un mejoramiento constante de las expectativas de vida, de la tasa de alfabetización y de las condiciones de salud. Pero, entre los 1200 millones de habitantes del país, las condiciones de los que viven en las regiones más pobres aún son muy difíciles. A pesar de su status de potencia económica, los problemas de la falta de nutrición,  que lleva a la muerte, persisten.  Todas las noches, en la India, 200 millones de personas tratan de dormirse a pesar del hambre.  Y cada día mueren de hambre 3.000 niños. A  Mumbai, desde donde escribe Sunny, de la comunidad de los Focolares, llegan todos los años miles de personas enfermas de cáncer.   «Sus familias, durante el tratamiento, se quedan en las adyacencias, cerca del hospital, sin nada».  Son situaciones alarmantes de pobreza, especialmente si las comparamos con los datos del derroche creciente de alimentos perfectamente íntegros, literalmente tirados cuando terminan las fiestas de casamiento, banquetes, eventos, fiestas familiares.  El país se encuentra entre los mayores productores mundiales de bienes alimenticios, pero al mismo tiempo es una nación de las que más derrochan tales bienes. Entre las causas, están también las deficiencias en el sistema de transporte y almacenamiento y en la “cadena de frío”. Según estimaciones de 2017 del Ministerio de Agricultura indio, el valor de las pérdidas relacionadas con el derroche de alimentos (no sólo en términos de bienes agrícolas y alimenticios, sino también del uso del agua y la energía) se calcula entre los 8000 y los 15.000 millones de dólares año. Desde 2017 la Ong RotiBank trabaja para recoger la comida descartada o recién hecha por las empresas alimenticias, como hoteles o cafeterías, y llevarla de manera segura a los barrios pobres o personas que viven en la calle. “Roti”  es un típico pan indio, de forma circular, hecho de harina integral y agua, cocido sobre piedra. Después de haber recibido de regalo una camioneta, la RotiBank está trabajando para aumentar el número de medios de transporte y personas involucradas. Muchas personas a las que llega son niños o trabajadores que no llegan a un salario mínimo para sobrevivir. La iniciativa, sin fines de lucro, se sirve de una red de voluntarios que, después del normal horario de trabajo, se ocupan de recoger y distribuir alimentos que han sobrado.  «Es esencial – se lee en la presentación de la iniciativa – orientar la comida sobrante, perfectamente comestible y destinada a ser descartada, hacia las personas que realmente la necesitan». Explica Sunny: «Hemos decidido empezar con una tarde de sensibilización para sostener esta  Ong. Alrededor de  45 personas de la comunidad del Focolar de  Mumbai se pusieron a disposición para servir la comida. Fue una ocasión para verificar la manera en que nosotros mismos hacemos nuestras compras, y para entender que todos los días podríamos guardar una parte y así  permitir que esas familias puedan comer. Era conmovedor ver cuántas personas estaban esperando para recibir algo de comida. Uno de los participantes dijo:  “Estoy feliz por haber venido a hacer esta experiencia. No olvidaré nunca la expresión de esas personas haciendo la cola”». Tal vez tendríamos que verla todos.   Chiara Favotti

El Espíritu Santo, alma de la Iglesia

El Espíritu Santo, alma de la Iglesia

Han elegido a Suecia por su profundo significado en el camino ecuménico, los 40 obispos de diferentes Iglesias cristianas, amigos de los Focolares que se reunirán del 6 al 9 de noviembre, próximo. La reunión se llevará a cabo dos años después del evento de Lund que dio un nuevo impulso al diálogo ecuménico: en la declaración conjunta firmada por el papa Francisco y por el obispo Munib Younan, ex presidente de la Federación Luterana Mundial, leemos: “Nos comprometemos a testimoniar juntos la gracia misericordiosa de Dios, hecha visible en Cristo crucificado y resucitado. (…) nos comprometemos a un mayor crecimiento en la comunión enraizada en el bautismo, mientras intentamos eliminar los obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad en conformidad con la voluntad de Cristo que desea que seamos uno, para que el mundo cree (cf. Jn 17,22)”. Entretejer una comunión que se convierta en testimonio es el significado de estas reuniones periódicas de los obispos amigos de los Focolares que también desean profundizar la espiritualidad de la unidad nacida del carisma de Chiara Lubich. Después de las etapas de Jerusalén, Constantinopla (Estambul), Londres, Augsburgo, Katowice y otras ciudades significativas para el camino ecuménico, los participantes de 12 Iglesias cristianas de 18 países se reunirán para reflexionar sobre el tema: “El soplo del Espíritu, la Iglesia y el mundo de hoy”. Maria Voce, presidente de los Focolares, presentará el tema: “El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, en la experiencia y en el pensamiento de Chiara Lubich”. Diferentes las temáticas a tratar: desde el desafío ecuménico actual en diferentes regiones geográficas, al sentido de la reconciliación en la cultura contemporánea, a la renovación de la Iglesia, a la sinodalidad. También se dedicará un espacio a la conmemoración conjunta de la Reforma (2017) y su importancia para las Iglesias hoy. Stefania Tanesini

Hacer propia la cultura del otro

Hacer propia la cultura del otro

Soy médico internista y pertenezco a la Iglesia Ortodoxa rusa. Como persona y como creyente fui formada por mi párroco y por la espiritualidad de Chiara Lubich. Era muy joven cuando conocí a las focolarinas de Moscú, advertí el llamado a seguir a Dios de forma radical y desde hace siete años vivo en el focolar de Belgrado (Serbia). En Serbia hay una tradición especial, única: la fiesta de la Slava, que las familias celebran el día del santo protector de cada familia: para el pueblo serbio, la Slava es tan antigua como el cristianismo mismo. Ninguna nación cristiana tiene este tipo de celebración, con excepción de los ortodoxos serbios. Para una familia serbia la Slava es casi tan importante como la Pascua y la Navidad. Los misioneros cristianos ortodoxos, que convirtieron a los serbios a la santa fe ortodoxa, cristianizaron también sus costumbres. Al convertirse en cristianos ortodoxos, los serbios aceptaron al santo o los santos del día en que eran bautizados. Por lo que respecta a la cultura serbia, la Slava es un elemento único e ininterrumpido en toda la historia del pueblo serbio ortodoxo. Debido a que los serbios se encuentran en una región geográfica que está entre el Oriente y el Occidente, entre culturas distintas, la Slava se convirtió en una fiesta que se identifica con su nombre y con su existencia. También las organizaciones culturales y sociales, las ciudades e incluso los comandos militares, la celebran. Todos los parientes se reúnen ese día junto a amigos y conocidos; la casa permanece abierta para todos los que lleguen. Nuestro focolar está compuesto por focolarinas católicas de varias naciones y por mí. Desde hace tiempo sentíamos el deseo de hacer nuestra esta bellísima tradición del pueblo serbio y vivirla junto a nuestros hermanos y hermanas. Para elegir el santo protector, en un espíritu ecuménico, nos ayudó un monje amigo nuestro, el padre Djordje, quien nos propuso celebrar a las santas mujeres “mironosice” (las “mujeres que fueron al sepulcro con los aromas”), a las cuales la Iglesia ortodoxa dedica una semana entera a partir del segundo domingo de Pascua. Así, desde hace cuatro años empezamos a celebrar la Slava del focolar. Muchos de nuestros amigos ortodoxos se mostraron entusiastas con nuestra decisión y nos ayudan a preparar lo necesario para la fiesta. Cada año, para el domingo de las santas mujeres del sepulcro, acogemos en el focolar a nuestros amigos de varias Iglesias, entre los cuales también nuestros vecinos, algún colega del trabajo, obreros o médicos. El momento principal –el rito del corte del pan de Slava- lo celebra nuestro amigo el padre Djordje, delante del ícono de las mujeres del sepulcro. Empieza con una oración profunda, acompañada por cantos, después con conmoción, tomados de la mano, rezamos según la tradición de la fiesta de la Slava. Al darnos la bendición la primera vez, el padre Djordje nos señaló a las mujeres del sepulcro como modelos y protectoras del focolar, animándonos a seguir el ejemplo de las mujeres que siguieron a Jesús, y ser “como la sal que transforma la sociedad y a todos alrededor”. Después del rito sigue el ágape, con varias especialidades culinarias, en una atmósfera de fiesta y comunión, como en una familia. Una persona conocida nos dijo que ve en este paso “una auténtica inculturación que aprecia y hace propia la cultura del otro: un cristianismo auténtico”. Fuente: NU, Nuova Umanità, n. 231, p. 75.

Personas en el centro de la acción

Personas en el centro de la acción

«Durante los meses de verano participé en el programa de pasantía empresarial de la red de empresas que adhieren a la Economía de Comunión en Estados Unidos. De esta forma, como complemento del bienio en Economía y Gestión que estoy estudiando en el Instituto Universitario Sophia, en la ciudadela internacional de Loppiano, en Italia, estuve en Indiana en los meses de julio y agosto. Pensaba que sería solamente una experiencia de investigación científica. Por el contrario me encontré inmersa no sólo en una serie de actividades, sino también en una apasionante aventura personal. Un pro-memoria para las próximas veces: ¡qué necesario es desarmar nuestras expectativas para acoger profundamente cada experiencia! El programa de la pasantía para jóvenes se llevaba a cabo en la empresa Mundell & Associates Inc.con sede en Indianápolis. Pero este año había algo más: los que realizaban la pasantía también podían transcurrir algún tiempo y compartir sus competencias profesionaes dentro de Project Lia , otra empresa de Economía de Comunión que se desempeña en dos vertientes: impacto social e impacto ambiental. Fue un verdadero extra-bonus haberme podido acercar a este sector de los negocios también. Y no me dejé escapar la oportunidad que se me presentó. Quisiera compartir un par de ideas. Como primera cosa, considero que uno de los aspectos más importantes en el momento de estudiar, observar, practicar y promover la Economía de Comunión es la voluntad de colaborar. Para entrar en las dinámicas relacionales de esta propuesta, hay que abrir el corazón, la mente y los ojos a esos pequeños detalles que hacen de cada jornada algo extraordinario: el aliciente recíproco y la acogida sonriente, el reconocimiento del valor y de la humanidad del otro, el encuentro con personas que nunca habías conocido, la capacidad de sorprenderse, la búsqueda de equilibrio entre los diversos aspectos de la vida, la elección de privilegiar toda ocasión de aprendizaje, asumir nuevas informaciones, reconocer y sostener el cambio concreto, participar en la transformación de conceptos obsoletos. Economía de Comunión (EdC) es una propuesta económica distinta de las demás, porque gestionada por personas distintas. No es el modelo en sí mismo, son las personas las que constituyen el centro de la acción. Mientras me preparaba para partir, concluyendo, me preguntaba: ¿cómo describiré esta expriencia? La pasantía fue muy exigente: el encuentro con Project Lia, innovadora experiencia empresarial, me dio mucho. Por otra parte, trabajando en estrecho contacto con Elizabeth Wallin, que fue la iniciadora del proyecto, me vi en el futuro afrontando y superando desafíos y momentos difíciles. Aprecio mucho el tiempo que tuve para conocer su historia: me permitió comprender el business, pero también contactarme con la esencia de una empresa que tiene una finalidad social. Constaté que encaminar una empresa o un proyecto, el startup, es un proceso muy enriquecedor. No es un secreto que hacer una empresa es un continuo descubrimiento de cosas nuevas, una batalla. Observando a Elizabeth, día tras día, admiré su capacidad de navegar en un mar de cambios. Encaminar una empresa es una actividad que nace de la inteligencia, pero también del corazón. Para proyectar una sociedad EdC, hay que saber salir de la zona de confort para ir al encuentro de los demás, así como ellos son. Se necesitan paciencia, humildad, flexibilidad. Cuando se abra este camino para mí, me acercaré más a quien realmente soy». Fuente: sophiauniversity.org Leer también: Project Lía: transformar vidas