4 Abr 2017 | Focolare Worldwide
El focolar del Himalaya del este, en Kalimpong, se abrió el 9 de septiembre de 2016, cuando tres focolarinos entraron en la casa ofrecida por el Obispo de la diócesis de Darjeeling, Mons. Stephen Lepcha. Ubicada a una altitud de 1250 metros, Kalimpong es una ciudad central en la diócesis, de la que se puede llegar – con algunas horas de viaje – tanto a las varias ciudades importantes de India (Darjeeling, Kurseong, Siliguri, Sikkim), como a Nepal y Bután. «Ya desde el inicio de junio viajamos a esa región para buscar una casa adecuada para abrir el focolar – cuenta Vivek de India – y el Obispo nos ofreció una en Kalimpong. En estos meses de espera ha habido varias ocasiones para encontrar a grupos de jóvenes (tanto en las parroquias como en las escuelas), familias, sacerdotes, religiosos y religiosas, además de personas involucradas en el diálogo interreligioso. Nosotros ofrecimos a todos la espiritualidad de la unidad que tratamos de vivir. El Obispo, de hecho, considera al Movimiento de los Focolares con su espiritualidad, como un elemento muy actual (“need of the hour”) para renovar tanto a la comunidad cristiana en su diócesis como al tejido de las relaciones interpersonales en la sociedad local».
«Apenas abrimos el focolar, experimentamos una gran acogida – agrega Rey, filipino – tanto por parte de nuestra comunidad en la India como de las personas del lugar, que nos han inundado con bienes de todo tipo para el focolar y la comida para los primeros días. Para nosotros era un signo de la bendición de Dios hacia esta nueva iniciativa». La noche anterior a la inauguración de la casa del focolar, las focolarinas de Delhi trajeron unas camándulas bendecidas por el Papa Francisco. «Recibiendo este regalo, uno de nosotros dijo que regalaría a alguien más su camándula. Esta propuesta no le gustó a otro de los presentes, así que la situación se puso un poco tensa. ¿Qué hacer? Sin duda no podíamos inaugurar el focolar al día siguiente, si entre nosotros no había unidad y armonía. Así que nos quedamos hasta pasada la medianoche, con tal de aclarar los malentendidos. De esta forma restablecimos la unidad y la presencia espiritual de Jesús en medio nuestro, que valía mucho más que todo los preparativos, que queríamos de todas formas cuidar».
Durante la inauguración, el Nuncio apostólico nos deseó «que la nueva casa del focolar sea un instrumento en las manos de Dios para realizar los ideales y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares». El Obispo dio su bendición, ante unas 50 personas, evidenciando el aporte del Movimiento en el campo del diálogo interreligioso y el testimonio dado al Evangelio a través de la vida. En el pasado mes de enero, el Obispo Mons. Vincent Aind, de la cercana diócesis de Bagdogra, invitó a dos focolarinos para que ofrecieran unas reflexiones espirituales en un retiro de sacerdotes. «El tema se centraba en el ministerio público de Jesús y, en especial, en su actitud hacia los extranjeros. Fue una ocasión para entregar a los sacerdotes nuestra dinámica de construir en la sociedad relaciones basadas en el amor evangélico».
«En estos últimos meses – concluyen Vivek, Rey y Jonathan Lara, quien también es filipino –, estamos dictando una sesiones formativas a los estudiantes sobre liderazgo y desarrollo de la personalidad en algunas escuelas cercanas y en la colinas circundantes. Recientemente, nos pidieron además dictar unas sesiones formativas para los docentes. Hay muchas ocasiones para ofrecer nuestra espiritualidad a los jóvenes y niños a través de estas sesiones. Es un desafío para nosotros el hecho de entender juntos cómo es mejor proceder para llevar la luz del Evangelio en estas tierras montañosas y fértiles».
3 Abr 2017 | Focolare Worldwide, Senza categoria
El aniversario de los 500 años de la Reforma, después del histórico encuentro en Lund – Suecia – entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica, el 31 de octubre pasado, sigue suscitando en el mundo entero un sinnúmero de iniciativas. El pasado 18 de marzo, la Asociación católica para el Ecumenismo Athanasios en Willibrord y el Movimiento de los Focolares, promovieron el encuentro “La unidad en marcha”. La fecha elegida fue la semana del aniversario del fallecimiento de Chiara Lubich, cuyo compromiso por la unidad de los cristianos es bien conocido. Para esta ocasión llegaron a la ciudadela de los Focolares en Marienkroon, Nieuwkuijk (a unos 100 km de Ámsterdam), 380 personas entre las cuales estaban los líderes de las principales denominaciones cristianas. Un pueblo en marcha, tal como subrayaba también el lugar del evento: una gran carpa blanca, abarrotada hasta el último asiento, con otra sala conectada. Durante unas cinco horas, incluida la pausa del almuerzo, se subsiguieron reflexiones, testimonios, cantos y momentos artísticos. El punto culminante del encuentro fue un momento común de Oración, del mismo estilo del de Lund. La gran afluencia, pero sobre todo la atmosfera fraterna que se creó entre los presentes, incluidos los jefes de las Iglesias, convirtió este día en una etapa histórica, como afirmó el director de la Asociación Católica para el Ecumenismo, Geert van Dartel. Al mismo tiempo fue «una fiesta ecuménica», como expresó uno de los participantes.
«La unidad en la diversidad no es algo que podemos “fabricar” nosotros, sino que es un don de Dios», dijo en la apertura el ponente principal del congreso, Hubertus Blaumeiser, experto católico de Lutero y miembro del Centro internacional de estudios de los Focolares, la “Escuela Abba”. Con una mirada a la agenda ecuménica después de Lund, agregó, citando a Chiara Lubich: «La partitura está escrita en el Cielo». A nosotros nos toca saberla leer. En todo caso – siguió –, desde que Jesús en la cruz dio su vida por todos, la unidad ya nos ha sido donada. La parte que nos corresponde es la de darle respuesta. Se explica así el primero de los cinco “imperativos ecuménicos” rubricados en Lund, el cual recomienda partir siempre de la perspectiva de la unidad y no de la separación. Pero ¿cómo hacer de manera que esta unidad se concretice, en medio de situaciones a menudo difíciles, después de siglos de división? Poniéndonos a la secuela del Dios trinitario y de Jesús, todos nosotros estamos llamados a un éxodo – dijo Blaumeiser –, es decir a salir de nosotros y a aprender a «pensar y vivir partiendo del otro», y esto «no sólo a nivel individual, sino también de Comunidad de fe». En definitiva, el ecumenismo es un camino con Jesús: de la muerte a la resurrección. «La unidad nace allá, donde tenemos el valor de no huir ante las dificultades, sino de entrar con Jesús en la herida de la separación, acogiéndonos el uno al otro aun cuando esto puede ser laborioso o doloroso». A este propósito, los “imperativos ecuménicos” afirman que es necesario dejarnos cambiar por el encuentro con el otro y por tanto buscar la unidad visible y testimoniar juntos la fuerza del Evangelio. Quienes respondieron a estas perspectivas fueron el Obispo Van den Hende (Presidente de la Conferencia de los Obispos católicos de Holanda), el Dr. De Reuver (Secretario general de las Iglesias protestantes de los Países Bajos) y Peter Sleebos (quien fue coordinador nacional de las Comunidades Pentecostales). En sus intervenciones, comentando las líneas directrices expuestas, agregaron nuevos inputs y elementos de reflexión, partiendo cada uno de su propia tradición. Al empezar la tarde, algunos testimonios ecuménicos mostraron en la práctica lo que Chiara Lubich definió el “diálogo de la vida”. Luego un foro con los ponentes. «Este sábado – comentó uno de los participantes – fuimos capaces de “tocar” juntos notas muy hermosas de la partitura que está en el Cielo» . «Este encuentro – declaró el pastor René De Reuver a la revista católica – fue muy especial. Experimenté la presencia de Cristo en el entusiasmo, en la comunión y en la pasión por la unión con Él. Esto no quita las diversidades, pero nos lleva a enriquecernos recíprocamente».
29 Mar 2017 | Focolare Worldwide
Impulsos audaces en favor del compromiso ecuménico. Católicos y luteranos pueden recorrer juntos el camino hacia una plena reconciliación. Transcurrieron 500 años desde el comienzo del movimiento reformador de Lutero. La conmemoración de este evento durará un año: desde el 31 de octubre pasado al 31 de octubre de 2017 (fecha simbólica, en que se recuerda la publicación, en 1517, en Wittenberg, de las 95 tesis de Lutero sobre las indulgencias y la justificación). Este año de conmemoración fue inaugurado en un encuentro en la catedral luterana de Lund, en Suecia, entre el Obispo Munib Younan, Presidente de la Federación luterana mundial y el Papa Francisco. En aquella ocasión, el Papa invitó a todos los cristianos, unidos por el Bautismo, a anunciar juntos la Palabra de Dios, poniendo fin a las controversias teológicas seculares que han separado a las dos Iglesias, y subrayando los dones comunes recibidos gracias al diálogo y a la recíproca escucha. La revista Nuova Umanitá dedicó el número 221 a este evento, con un Focus cuyo título es “Medio milenio después de Lutero” (que fue publicado en marzo de 2016). Fue escrito por Hubertus Blaumeiser, quien presenta el ensayo de un teólogo luterano Theodor Dieter, y el de un teólogo católico, Wolfgan Thönissen. El acontecimiento de Lund, de alcance histórico, estuvo precedido por el documento “Del conflicto a la comunión”, que se publicó en 2013, por la Comisión luterana-católica por la Unidad que trabaja en nombre de la Federación Luterana Mundial y del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos. El texto indica cinco “imperativos ecuménicos” para superar definitivamente las causas de la controversia y vivir en la recíproca confianza una época de compromiso común. Primer imperativo: católicos y luteranos, unidos fuertemente por el Bautismo, deberían partir siempre desde la perspectiva de la unidad y no del punto de vista de la división, para reforzar lo que tienen en común, en lugar de subrayar y experimentar las diferencias. Las dos Iglesias, católica y luterana, en el curso de la historia se definieron por sus oposiciones. Ahora son necesarios, por el contrario, la experiencia, el aliento y la crítica recíprocos. De aquí se deriva el segundo imperativo: dejarse transformar continuamente por el encuentro con el otro y por el recíproco testimonio de fe, a través del diálogo, que abre a formas y grados diferentes de comunión. Tercero: comprometerse nuevamente en la búsqueda de la unidad visible, a elaborar y desarrollar juntos lo que esto significa como pasos concretos, y a tender constantemente hacia este objetivo. Cuarto: volver a descubrir juntos la potencia del Evangelio de Jesucristo para nuestra época. Y finalmente el quinto: la tarea misionera del ecumenismo será tanto mayor cuando nuestras sociedades sean más pluralistas desde el punto de vista religioso, por esto es necesario que juntos se dé un visible testimonio de la misericordia de Dios en el anuncio del Evangelio y en el servicio al mundo. Concluye el Informe: «Los inicios de la Reforma serán recordados de forma adecuada y justa cuando luteranos y católicos escuchen juntos el Evangelio de Jesucristo y se dejen nuevamente llamar para formar comunidad junto al Señor». La génesis y el desarrollo de este documento fue profundizado en el número 223 de Nuova Umanitá, dedicado especialmente a este paso decisivo para el ecumenismo. Sobre el camino del evento de Lund y como lógica consecuencia de la respuesta “teórica” dada al Consejo ecuménico de las Iglesias, a fines de febrero, en la Ciudadela de Ottmaring, caracterizada por una específica vocación ecuménica, la presidente y el copresidente de los Focolares, en nombre de todo el Movimiento, se comprometieron a testimoniar y a trabajar por la comunión entre las Iglesias más allá de las divisiones. «Como movimiento mundial, al que adhieren cristianos de muchas Iglesias y que por lo tanto ya vive la experiencia de un pueblo cristiano unido por el amor recíproco […] entrevemos en el encuentro de Lund un verdadero y exacto “kairos”, un signo de Dios para nuestra época, que impulsa a los cristianos a comprometerse aún más para que el testamento de Jesús, que todos sean uno, se realice».
26 Mar 2017 | Focolare Worldwide
Llegué a Bagdad como Nuncio Apostólico de Irak y Jordania, dos semanas después del terrible atentado del 2010 en la catedral sirio-católica que provocó la muerte de 2 sacerdotes, 44 fieles y 5 soldados. Visitando la catedral, pueden imaginarse la desolación y la sen que advertí en mi interior al haber sido enviado allí para compartir ese dolor. Las relaciones entre los cristianos y los musulmanes eran conflictivas desde hacía años, a tal punto que incluso en la Nunciatura para cualquier trabajo o compra se elegían sólo a los cristianos. Sentía que tenía que ir contra la corriente. Comencé tratando de aprender el árabe (¡lamentablemente con poco éxito!) para poder saludar a todos. Cuando se me permitía, iba a conversar con los guardias dedicados a la protección de la Nunciatura, a veces compartiendo la cena preparada por ellos, aunque los soldados no son los mejores cocineros. La religiosa que me traducía no estaba muy de acuerdo, pero yo estaba convencido de que algo había que hacer. Sentía que tenía que “confiarme”, aunque si esto me ocasionaba alguna sorpresa. Una vez un peluquero musulmán al cual había comenzado a ir, para cortarme el pelo de las orejas, puso un poco de gas de su encendedor y después prendió fuego. Sabía que era un ingenuo, pero era una ingenuidad que yo quería mantener, queriendo conocer las razones del otro. El único musulmán que trabajaba en la Nunciatura era el jardinero. Cuando me fui me dijo: “Te vas, y yo quisiera que me dejaras un poco de tu paz”. Tal vez había captado que se trataba de esa paz interior que sólo Jesús puede dar. Una vez Chiara Lubich, hablando con los gen (los jóvenes de los Focolares), recordando al Emperador Constantino que había visto en el cielo una cruz con un escrito: “En este signo vencerás”- dijo que nuestra arma es Jesús Abandonado y que no existe otro camino para la unidad que el de la cruz. Allí Jesús tomó sobre sí mismo cada división, cada separación, y resucitó. También para nosotros la derrota se transformará en victoria. En mayo de 2015 fui trasladado a Cuba. Estaban en curso los preparativos para la visita del papa Francisco. Todo iba muy bien, pero un pequeño incidente diplomático de último momento perturbó los preparativos. Y yo en un momento perdí la paz interior, justo mientras el Papa estaba presente. Entrando en la plaza de la Revolución de La Habana para la Misa solemne, vi el retrato estilizado del Che Guevara, con el escrito: “¡Hasta la victoria, siempre! Y enseguida pensé en la clave de nuestra victoria: Jesús Abandonado. Y comprendí que no podía llegar a la victoria si no pasaba por esa derrota. Jesús no podía resucitar sin morir. Jesús Abandonado no es el instrumento para usar en caso de necesidad para que resuelva nuestros problemas, es el Esposo con el cual somos “una carne sola”. Y si me lamento de algo o de alguien, me doy cuenta de que me lamento de Él. No puedo decir que Lo elegí si prefiero que no esté. Comprendo que debo estar contento cuando está, más que cuando no está. Entonces los problemas, las divisiones, las guerras, la pobreza, etc., no me asustan más. No vivo esperando que terminen pronto, sino en la esperanza que nace de la certeza que en Él ya están resueltos. Entonces vivo sereno, y puedo transmitir la paz también a aquél que no comparte mi fe, como al jardinero de la Nunciatura de Bagdad.
25 Mar 2017 | Focolare Worldwide
El deber ser de Europa La unidad de Europa es una etapa hacia el mundo unido; un avance y un logro, bajo la presión de instancias populares, del derecho natural, de la revelación cristiana, de fuerzas morales y espirituales; a las que se suma la presión económica y política, científica y tecnológica, que pesa hacia la unificación: objetivo de la razón y de la moral; de la vida en el tiempo y en la eternidad. Para Clemente Alejandrino –heredero de la sabiduría helénica- la unidad es el bien, es productora de vida; la división es el mal y es generadora de muerte. La civilización crece en la medida que unifica los ánimos. Para Huxley todo verdadero progreso de la civilización es un progreso en la caridad. Y la caridad es el sentimiento que induce a hacer de todos uno, no por nada es el alma de Cristo, cuyo testamento culmina con la súplica: “que todos sean uno”. La caridad lleva a la integración, a la comunión, a la solidaridad, incluso en la política y en la economía. Por eso entre las fuerzas esenciales que impulsan hacia la integración europea, nosotros queremos resaltar las fuerzas del espíritu, y no tanto los aspectos políticos, económicos, sociales, etc. Igino Giordani, «Fides», Mayo de 1961, p.130 El cristianismo y Europa Europa está tan llena de rencores como un depósito de explosivos, mantenidos vivos por filosofías y falsos patriotismos, mitologías e intereses egoístas. Para que Europa no explote necesita remover todo este material inflamable, tiene necesidad de una reconciliación universal, que la libere del pasado y purifique el futuro. ¿Quién puede realizar “este ministerio de reconciliación”? El cristianismo: esa reserva de santidad que todavía Europa custodia y sigue comunicando a los otros continentes. Y El cristianismo comporta la unificación en la libertad y en la paz, eliminando las guerras y los otros motivos de fricción. Igino Giordani, «Fides», Mayo de 1961, p.131 El alma de Europa Europa ya tiene un alma, es el cristianismo, su esencia y su génesis. En este soplo espiritual común, también los factores materiales y humanos se funden, y se elevan, dando vida a un ideal universal. Así los pueblos de Europa, reavivando estos principios constitutivos de su historia, fundiéndolos en la llama ideal de la solidaridad, fruto del amor –que representa la inteligencia divina-, encontrarán en su misma racionalidad, en la convivencia y su urgencia y necesidad, la solución por excelencia de sus problemas; y esto en un momento decisivo, en donde una guerra interna –que hoy más que nunca parece irracional y fratricida- podría determinar la catástrofe definitiva. El amor, en cambio, poniendo en circulación el bien y los bienes, podrá determinar la salvación resolutiva. Igino Giordani, «Fides», Mayo de 1961, p.131
18 Mar 2017 | Focolare Worldwide
De niño soñaba con ser piloto, pero el atractivo hacia el sacerdocio lo acompañó desde los 11 años. Nacido el 17 de mayo de 1932 en Líšnice, provincia de Písek, en la Bohemia Meridional, trabajó como obrero de 1952 a 1953. Desde 1960, después de graduarse, trabajó como archivista pero pronto dejó la actividad para estudiar teología. En 1968 fue ordenado sacerdote. A principios de los años ’60, durante un viaje en la entonces DDR (Alemania Oriental), se encontró en Erfurt con algunos laicos y sacerdotes que vivían la espiritualidad del Movimiento de los Focolares. Impresionado por la presencia de Jesús en medio de este grupo de cristianos, presencia que Él promedió “cuando dos o más están unidos en Mi nombre” (Cfr. Mt. 18, 20). Esta experiencia de comunión lo acompañará siempre. Su trabajo pastoral en Ceské Budejovice molesta al aparato estatal comunista, que en 1971 lo transfiere a las parroquias de la Selva Bohema. Siete años más tarde, debido a su influencia sobre todo en los jóvenes, se le retira el permiso de desarrollar su función sacerdotal. «Perdí la licencia, ya no puedo celebrar la Misa –explica a sus parroquianos-. He hablado y predicado de la cruz y les he recomendado que la carguen. Ahora es el momento de que yo la lleve». Reducido oficialmente al estado laical, Chiara Lubich acoge su solicitud de vivir en el focolar de Praga que se había abierto en el ’81. Como oficio trabaja durante 10 años lavando vidrios. En distintas ocasiones contó: «Non podía predicar ni administrar los sacramentos públicamente, pero mirando la cruz entendí que mi Sumo Sacerdote, Jesús, cuando estaba en la cruz casi no lograba hablar y tenía las manos clavadas. Me convencí: “Ahora estás cerca de tu Sumo Sacerdote” y abracé a Jesús Abandonado. La espiritualidad de los Focolares me guió en esta dirección. Entendí la fuerza de la que habla Isaías 53: “El hombre de los dolores…”. (…) Durante largo tiempo viví bajo esta luz: todo lo que es feo puede servir para mi edificación. Comprendí, sin exagerar, que estos diez años lavando vidrios fueron los años más bendecidos de mi vida». Solía repetir: «Considero que ha sido un milagro que Dios haya difundido la espiritualidad de la unidad en el mundo socialista, donde todo estaba bajo vigilancia. Él siempre conoce las “brechas”».
Con la “Revolución de terciopelo”, en 1989 vuelve a ser párroco. En 1990 es nombrado obispo de Ceské Budejovice y al año siguiente Arzobispo de Praga. De 1992 al 2000 es el Presidente de la Conferencia Episcopal Checa y de 1993 al 2001 Presidente de las Conferencias Episcopales Europeas. El 26 de noviembre de 1994 es creado cardenal. Después de la muerte del Obispo Klaus Hemmerle en enero del ’94, quien fue el iniciador con Chiara Lubich de la rama de los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, la fundadora invita al Arzobispo de Praga a asumir el papel de moderador. Remplazar a Mons. Hemmerle, gran teólogo y figura carismática, le parece comprometedor, pero Chiara Lubich lo tranquiliza: «No tema, Excelencia. Usted no estará solo. Irán adelante como cuerpo». El Cardenal asume este encargo durante 18 años, convocando y sosteniendo numerosos encuentros internacionales de Obispos, católicos y también de varias Iglesias, realizados en Castelgandolfo (Roma), en Estambul, Jerusalén, Beirut, Augsburg, Wittenberg, Londres, Ginebra, El Cairo, para nombrar sólo algunos.
La participación de los Obispos en la Obra de María es de naturaleza exquisitamente espiritual, y no interfiere en modo alguno con sus deberes de Obispos, como lo establece la Iglesia. Ellos reconocen que la espiritualidad de la unidad está «en profunda sintonía con el Carisma episcopal, refuerza la colegialidad efectiva y afectiva y la unidad con el Santo Padre y entre los Obispos, y finalmente conduce a la actuación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia-comunión». Así se lee en el reglamento de la rama de los “Obispos amigos de la Obra de María”, reconocidos por Juan Pablo II y aprobados por el Consejo Pontificio para los Laicos con una carta del 14 de febrero de 1998. Han expresado su aprecio por estas iniciativas también los jefes de varias Iglesias Cristianas. Lee también: News.va