18 Mar 2017 | Focolare Worldwide
Nuestra diócesis de Lodwar – cuenta Mons. Dominic Kimengich – está ubicada en Turkana County (Kenia), a los confines con Uganda, Sudán del Sud y Etiopía. De Nairobi nos separan unos 700 km. Los que viajan hacia nosotros deben asegurarse de ir escoltados por la policía a lo largo del camino, para evitar caer en los frecuentes asaltos de bandidos y ladrones. Por los cambios climáticos, hace mucho tiempo que no llueve, y esto trae como consecuencia una terrible carestía que afecta toda la región de Turkana. El 60% de la población practica todavía una vida nómada y hasta ahora sobrevivió criando camellos, ovejas, cabras, asnos y bovinos. Ahora que ya no hay comida, ni pasto para el ganado, están obligados a emigrar a los países cercanos. Sin embargo, siendo una zona fronteriza, hay muchos conflictos entre tribus aledañas que luchan por la supervivencia provocando la muerte de muchas vidas inocentes, entre ellas las de mujeres y niños. En la diócesis tenemos un enorme campo de refugiados llamado Kakuma, con casi 200.000 refugiados procedentes sobre todo de Sudán del Sud, cuya situación se agrava día tras día. Muchos provienen también de Somalia. Nos encontramos en una situación muy difícil, porque ni siquiera los habitantes de Lodwar tienen comida y agua suficientes. Incluso muchos niños han dejado de ir a la escuela porque no hay comida. En 1985, cuando estaba en el Seminario, alguien me habló de la espiritualidad de los Focolares, pero una vez ordenado sacerdote me asignaron a una parroquia desde la cual era muy difícil permanecer en contacto con el Movimiento. Sólo desde que soy obispo puedo participar en algún encuentro en Nairobi. En el 2012, para celebrar los 50 años de la evangelización, pensamos invitar a los obispos de las diócesis aledañas: Uganda, Sudán del Sud, Etiopía y de otras 4 diócesis de Kenia, para hablar de la paz y preguntarnos qué podemos hacer nosotros. Vinieron 10 obispos y compartimos juntos unos 3 días. Ahora este encuentro se repite cada año. Vimos que, desde que nos encontramos, el conflicto se ha ido reduciendo. Una vez fui a ver al obispo Markos de Etiopía, también él presente en este Congreso, y de la unidad que se ha creado también con los demás obispos, encontramos la fuerza para llevar adelante nuestro ministerio en una tierra tan asolada.
Aquí en Castel Gandolfo, es maravilloso compartir las propias experiencias con obispos de todo el mundo y ahondar juntos en el conocimiento del carisma de la unidad, que enseña de forma práctica cómo vivir – también como obispos – un amor auténtico en el espíritu de fraternidad. Participar en este Congreso ha sido un gran testimonio del amor de Dios por mí y de cómo Él quiere que nos amemos unos a otros como Jesús nos ha amado. El tema elegido para este año se encuentra en profunda sintonía con la realidad de mi vida y de la región de la que provengo. Es sólo viendo las cosas desde el punto de vista de Jesús crucificado y abandonado, que podemos esperar un mundo en el que las personas aprenden a vivir en paz, compartiendo lo que tienen hasta llegar a abrazarse el uno al otro como hijos del mismo Dios Padre. Mientras me preparo para volver a mi diócesis, puedo atestiguar con certeza de que ya no soy el de antes. Me siento muy fortalecido por la unidad con mis hermanos obispos. En la unidad en Jesús abandonado, sé que no estoy solo en aquel rincón de Kenia afrontando las numerosas situaciones difíciles. Jesús está conmigo de forma muy cercana. Sé también que puedo contar con las oraciones de todo el Movimiento. Estoy muy agradecido con Dios que hizo posible todo esto.
17 Mar 2017 | Focolare Worldwide
El Programa de Turismo Solidario y Sustentable que la Pastoral del Turismo de Salta (Argentina) promueve desde hace 6 años, sostiene pequeñas comunidades de las ciudades de Salta, Jujuy y Catamarca, en el norte del país, valorizando así sus recursos humanos y naturales, para salvar la riqueza cultural y la diversidad vinculada a la historia local. Al mismo tiempo, se ofrece una formación profesional para la producción de distintos productos vinculados a la industria del turismo, alojamientos, transportes, venta de productos artesanales y alimenticios (mermeladas, licores, miel, etc…). De este modo se trata de evitar la migración de la población del área rural a la urbana, impidiendo de este modo el crecimiento de las zonas marginales en las grandes ciudades, y al mismo tiempo, protegiendo a las pequeñas comunidades con su rica cultura que está en vías de extinción.
«Lo que distingue esta experiencia de desarrollo local de otro tipo de experiencias – explica Virgina Osorio, socióloga e investigadora de Suma Fraternidad– son las palabras “comunión y diálogo”: comunión, porque cada actor pone en común los propios talentos y los recursos para el desarrollo del programa; diálogo, porque en el proceso de desarrollo hay una fuerte interacción entre los diversos protagonistas, a menudo contrapuestos entre ellos. Las dificultades, realmente, no han faltado, pero la estrategia con la que se tratan de superar las problemáticas es la de trabajar en equipo poniendo en práctica la escucha activa de todas las partes interesadas: las comunidades locales, el Estado, las empresas y otras organizaciones de la sociedad civil». Y continúa: «El resultado de esta experiencia es el nacimiento de un nuevo producto y de un nuevo tipo de consumidor. No es el concepto de turismo al cual estamos acostumbrados, sino que en esta experiencia el valor agregado es el contacto con la riqueza cultural de las pequeñas comunidades rurales y, en algunos casos, de los descendientes de las poblaciones indígenas, es decir un turismo que genera el encuentro entre las personas».
Pero escuchemos a alguien que ha participado en el programa, como Stefano, joven turista italiano: «Siento que para algunas personas viajar es como ver el mundo desde una vitrina. Se viaja buscando nuestro estándar de vida occidental, con nuestras comodidades, nuestra seguridad y certezas, y vamos a “consumir”, como si visitar lugares fuese beber una bebida que después tiramos. Se toman muchas fotos, se adquieren suvenires, se come en un lugar típico y ¡el juego está hecho! En cambio un país no está hecho de monumentos y souvenirs, sino que está hecho por personas que pueden también ofrecer hospitalidad, compartiendo su casa, su mesa, la música: ¡es el modo más auténtico de viajar! “Compartir” que es “condividere” (en italiano), ¡es el verbo en lengua española que aprendí durante este viaje a Argentina!». Y la familia de María José y Pablo, argentinos: «Nos gustaba esta idea de vacación, hacer paseos, conocer nuevos paisajes, pero sobre todo tener la posibilidad de encontrarnos con estos “paisajes humanos” que a veces se esconden detrás de postales y fotos, que nos han permitido entrar en la realidad de estas comunidades. Una sensación que atravesó nuestra experiencia fue la de haber roto nuestros esquemas y llenarnos de la vida de estas personas que tenemos ahora en el corazón; experimentar el ritmo tranquilo y profundo de estos lugares y la vista de múltiples paisajes que hemos cruzado en nuestro recorrido. Ahora, llegando a la ciudad, miramos de otro modo, con ojos nuevos».
16 Mar 2017 | Focolare Worldwide
De ser un pequeño burgo medieval a uno de los principales “hub” de Gran Bretaña por el comercio transatlántico especialmente con Norteamérica. Glasgow, puerto fluvial sobre el río Clyde, se proyecta hacia el futuro, enriquecida por una vasta tradición cultural. Desde 1451 acoge a la cuarta universidad más antigua de Escocia. En esta prestigiosa sede, que formó a siete premios Nobel y escuchó a Albert Einstein explicar la teoría de la relatividad, el Movimiento de los Focolares y la Sociedad Islámica Ahl Al Bait organizaron, el 27 de febrero pasados, lección pública sobre el diálogo y la unidad entre personas de credos distintos. “Unity in God and Unity of God”, fue el título de la velada, que tuvo como invitados al Dr. Mohammad Ali Shomali, Director del Instituto Internacional para los Estudios Islámicos de Qum (Irán), quien actualmente es el responsable del Centro Islámico de Gran Bretaña y es una personalidad muy conocida en el mundo chiita, y al Prof. Paolo Frizzi, docente de Teología y praxis del diálogo interreligioso del Instituto Universitario Sophia de Loppiano, cerca de Florencia, donde coordina el Centro de Investigación y Formación “Sophia Global Studies”. Al día siguiente, el Dr. Shomali dictó una charla los miembros del Parlamento escocés.
La amistad entre el Instituto Universitario Sophia y el académico chiita se mantiene desde hace tiempo, y, el verano pasado, dio vida a un proyecto de investigación y diálogo con el sugestivo título “Wings of Unity”, “alas de unidad”. Ha involucrado a un grupo de expertos, cristianos y musulmanes. Explica el Prof. Frizzi: «Presenté la metodología y el clima de unidad promovidos por nuestro Instituto, donde trabajamos con un enfoque académico de tipo integrado, que complementa la teoría con la aplicación y la experiencia. Por ejemplo, en el curso sobre diálogo interreligioso, somos tres profesores con formación académica y experiencias distintas, pero tratamos de desarrollar un programa común, fruto de la escucha recíproca. Es una especie de viaje de unidad en el cual “co-enseñamos” en las clases en donde también los estudiantes son protagonistas».
Wings of Unity, explica el docente de Sophia, concretamente quiere ofrecer un espacio de diálogo en donde, por una parte, se pueda profundizar el significado de la “unidad en Dios y de Dios”, aclarando elementos comunes y diferencias; y por otro lado explorar las formas en las que se puede vivir la unidad concretamente, para sanar heridas y resolver divisiones. «Demasiado a menudo las iniciativas interreligiosas se limitan a pocos y no tienen un impacto concreto. El momento actual es delicado, tenemos que tomar en cuenta la transición hacia un incierto nuevo orden global, donde una mayor interconexión e interdependencia si conjugan con divisiones dolorosas, que fragmentan la unidad de las sociedades. Probablemente la globalización ha fracasado en su intento de construir una comunidad sostenible, así como las instituciones trasnacionales no han logrado garantizar un espacio seguro donde las culturas y las religiones puedan encontrarse, sin correr el riesgo de perder la propia identidad. Pero si bien esto es cierto, por otro lado existen experiencias y casos de compromiso y diálogo que provienen de la base y que por el contrario enriquecen las barriadas y unifican las comunidades. Parten de abajo y ayudan a comprender la unidad de la diversidad». Come dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium, el diálogo se realiza en un mundo que no tiene forma de pirámide (donde algunos están por encima de muchos otros) ni de esfera (sin ninguna diferencia), sino que de poliedro, donde se logra la convergencia entre todas las partes, mientras cada una mantiene su individualidad.
Sobre el tema de la identidad y la comparación intervino el Dr. Shomali: «Si reflexionamos sobre el desarrollo de las religiones, nos damos cuenta de que desde siempre existe un interrogante: cómo hacer para que las personas se mantengan unidas, convenciéndolas de que, permaneciendo dentro del recinto estamos mejor». Este concepto ha generado distancia, en cuanto no expresa tanto “quiénes somos” sino más bien “quiénes no somos”, según un modelo de identidad basado en el temor y en la exclusión. Si esto funcionó en el pasado, fue porque el mundo estaba muy segmentado, sin muchas posibilidades de encuentro entre personas de credos, etnias o culturas diferentes. Hoy no es así. En este mundo la identidad es más frágil y difusa. Por tal motivo, argumenta el estudioso chiita, «tenemos necesidad de una nueva comprensión basada en aquello que podemos ofrecer y lo que podemos apreciar en los demás. Relacionarse con los demás es esencial. Yo no puedo ser un buen musulmán, o cristiano –o un buen iraní o escocés- si no sé relacionarme con las otras personas y contenerlas dentro de mi identidad». Por lo tanto es necesario cuestionarnos el mismo término identidad: «El cuerpo humano tiene órganos diferentes, cada uno con una función. Sin embargo, ninguno sobrevive si está aislado». Y concluye: «Cuando miro el Corán me doy cuenta de que este es el plan de Dios. En su creación y revelación, Dios nos ha mostrado la vía hacia la unidad».
28 Feb 2017 | Focolare Worldwide
Federico: Un italiano y una uruguaya, ¿cuántas posibilidades tienen de encontrarse? Sin embargo a nosotros nos sucedió, hace siete años, frecuentando un centro latinoamericano en Roma; yo para dar una mano en la animación, ella para hablar un poco su idioma. Nuestras miradas se cruzaron y empezamos a hacer una casa juntos. Las restricciones económicas nos llevaron a dejar la gran ciudad para ir a vivir al pueblito de mis padres, también porque estaba por realizarse uno de nuestros deseos más grandes: la llegada de un hijo. La felicidad no faltaba, pero el estrés por el nacimiento y por la rapidez del cambio de vida no nos dejaban ni respirar. Laura: Como si no fuera suficiente, mi mamá, que se hacía cargo de mi papá inválido y de mi hermano menor, se enfermó gravemente. Pensé en ir enseguida a Uruguay, al menos un par de meses, también porque, quizás, no habría tenido otra posibilidad para hacerle conocer al pequeño a mi madre. Pero mientras tanto con Federico ya estábamos viviendo en dos planetas diferentes: yo encerrada en la casa con el niño, él siempre fuera para escapar de las tensiones entre nosotros. Cuando nuestras miradas se entrecruzaron había sólo rencor, cansancio, incomprensión. «A mi regreso –le dije al irme- o nos dejamos o estaremos juntos para siempre». Federico: La distancia física llegó a ser también del corazón. Los meses transcurrían y ella no regresaba, y yo me encontré en otro camino. Por honestidad sentí que tenía que decirle que no quería volver con ella y que quizás se podía quedar allí donde estaba. Laura: El dolor fue grande, aunque me lo esperaba. Recogí toda mi fuerza, dejé de lado mi sufrimiento y decidí regresar a Italia, aun consciente de que tenía pocas probabilidades. De hecho, cuando regresé a la casa, él no quería vivir conmigo. Federico: Un día le conté a mi hermano lo que estaba pasando y él me habló de una pareja con mucha experiencia que podía ayudarnos. La propuesta no me convenció mucho, pero al final, por el bien del niño, acepté que quizás ellos nos podrían ayudar a dejarnos sin desencadenar una guerra –me dije. Era una tarde de finales de mayo. En el parque donde nos encontramos había cerezas maduras, todo hablaba de esperanza y de paz, pero en nuestros corazones hervían sensaciones contrastantes. La mano fuerte de ese hombre que estrechaba la mía y el rostro delicado de su esposa me provocaron un largo escalofrío en la espalda. Vi que también a Laura la impactaron. El coloquio duró media hora. La misma noche corté en seco con todo y regresé a casa. Regresando las lágrimas bañaban mi rostro, pero el alma estaba empezando a volar: ¡lo podía lograr!
Laura: Cuando vi que Federico regresaba no lo podía creer. La nueva cita con esa pareja era en la ciudadela de Loppiano (Florencia), donde nos encontraremos con otras parejas amigas y otras en crisis como nosotros. En el curso, organizado por las Familias Nuevas de los Focolares, lo primero de lo que hablamos –casi como un juego- fue del arte japonés del kintsugi, según el cual una jarra de cerámica rota no se descarta, sino que se restaura con oro. Haciendo así se vuelve todavía más valioso. El clima nuevo que se respiraba nos regeneraba y nos dábamos cuenta de ello. Comprendimos que el oro que puede recomponer nuestra pareja es el perdón que nos pedimos el uno al otro y que encontramos la fuerza de donarnos recíprocamente. Federico: La espiritualidad de la unidad en la que está basado el curso, los consejos de los expertos, la ayuda de otras parejas: es una mezcla que refuerza nuestra voluntad de renacer como pareja y da un impulso fundamental a nuestro proceso de cambio. A partir de entonces todos los días nos declaramos que estamos dispuestos a volver a empezar, sin dar nada por descontado, esforzándonos en ponernos en los zapatos del otro. Laura: Después de dos años llegamos a tomar una decisión importante: casarnos por la Iglesia, para hacer que el amor por excelencia vele sobre nuestras vidas y siga brotando hasta el final. Ahora estamos esperando a nuestro segundo hijo que nacerá en julio. Realmente Dios-Amor ha sabido escribir derecho en nuestras líneas torcidas.
24 Feb 2017 | Focolare Worldwide
El College St. Joseph se transformó, durante tres días, en un pequeño laboratorio de fraternidad: los jóvenes estudiantes (desde los 9 a los 18 años) vivieron codo a codo con los profesores y sus familias, pero también con muchos, jóvenes, adultos, ancianos, procedentes de otras ciudades. La Mariápolis fue organizada por los miembros de la comunidad local de Jos, pero también por otras comunidades como la de Abuja (que viajaron durante 4 horas) y Otnisa (12 horas). Participaron también algunos jóvenes de los Focolares, de Lagos. En Nigeria, país de inmensos valles, los largos viajes, que a veces representan muchos peligros, son a menudo un obstáculo. Pero eso no detuvo a nadie para asistir a la Mariápolis en el College St. Joseph. Y la escuela abrió sus portones para recibir a los jóvenes y a los no tan jóvenes, a los estudiantes, docentes, obreros. Entre los “mariapolitas” estaba también John Maigari, ex docente y ex alumno de la escuela, hoy jubilado, que fue también uno de los responsables del Departamento de la Educación de la Diócesis. John Maigari, había experimentado hace años la vida de la Mariápolis, donde cada uno trata al otro como a un hermano y trata de amar y servir. Ahora, después de muchos años, ya jubilado, el profesor Maigari, quería que esa misma vida la experimentaran los alumnos de su escuela. Y su propuesta fue bien recibida.
Así durante tres días, la escuela cambió de cara. Los momentos de reflexión y profundización se consolidaron con la experiencia concreta. Divididos en grupos, los estudiantes de varias edades vivieron codo a codo con los profesores y con todos los otros y compartieron las varias actividades del día: cocinaron juntos, lavaron los platos, arreglaron la sala de encuentros, limpiaron los baños y el parque de la escuela. Para alguno era la primera vez: nunca habían vivido algo parecido. ¡Incluso el director de la escuela lavó platos! En un gran libro, preparado por los estudiantes, conservaron sus palabras y sus comentarios. ¡Relata tres días de verdadera vida! Este retiro transformó sus vidas, dicen. “La unidad vivida en estos días nos ha impresionado desde el primer momento en el que ustedes pisaron nuestra escuela”. Esa unidad que las palabras de Chiara Lubich y el testimonio de los miembros de los Focolares les transmitió.
“Me siento muy feliz y entusiasmado – escribe Nipps-, porque estos días fueron maravillosos. Hice muchas experiencias y estoy impresionado de modo especial por el amor y la unidad que el equipo de personas que organizaron el programa tenían entre ellos”. “Antes mi vida no estaba completa- cuenta Keivin- porque no sentía que Dios estaba vivo y que existe de verdad. Ahora creo de verdad en Dios” “Este retiro no es como los otros – agrega Daong-. Ustedes comieron con nosotros, durmieron en nuestro colegio”. En esta región de Nigeria, durante años, se verificaron muchos episodios de violencia entre cristianos y musulmanes: las semillas del odio están en todo el país. Los jóvenes estudiantes llevan a sus espaldas también todo esto. En la Mariápolis de Jos, pudieron comprobar que existe “otro camino”, la potencia del arma del amor de Dios y de la unidad.
22 Feb 2017 | Focolare Worldwide
«Nos encontramos en estos países de los Emiratos Árabes por motivos de trabajo –cuenta Claudia-. Nuestros ambientes de trabajo a menudo se caracterizan por una fuerte competitividad, acompañada por las dificultades de la integración y a menudo con falta de tiempo para relaciones interpersonales sencillas y auténticas. La Iglesia católica en Dubai es viva, joven, alegre y sin complejidades. En la misa cotidiana, con más de 2000 fieles –en su mayoría filipinos, paquistaníes e hindúes- hay mucha participación y gran recogimiento. También en nuestra comunidad local somos todos extranjeros y tratamos de dar testimonio evangélico en los distintos ambientes donde nos movemos, llevando el amor y la unidad a nuestro alrededor. Somos muchos los que vivimos la espiritualidad de la unidad que hemos conocido en nuestros países de origen. Y tratamos de proponerla a nuestros vecinos como remedio ante la vida frenética e individualista que se vive aquí. Para nosotros es de fundamental importancia el encuentro mensual de la Palabra de Vida. La leemos juntos, tratamos de profundizarla y compartimos las experiencias que surgen al ponerla en práctica. La visita de María Voce y Jesús Morán, en enero de 2016, en una escala de su viaje a India, ha dado un nuevo impulso a nuestra exigencia de llevar a muchos el ideal de la unidad, permaneciendo en red entre todos». «Por eso fue natural involucrar a todas las personas con las que estamos en contacto a que participaran y vivieran la experiencia de la Mariápolis que preparamos con tanto esmero – explica Amjad –. El 27 y 28 de enero pasado, 65 personas provenientes de 12 países (4 de Medio Oriente, también de Pakistán, Filipinas, Brasil, Japón, Italia y Camerún), nos dimos cita en Ras Al Khaimah, un Emirato cerca de Dubai, para vivir nuestra primera Mariápolis en estas tierras. ¡La emoción era grande! A algunos les parecía realmente un sueño finalmente encontrarse después de tanto tiempo. Fuimos acogidos en la parroquia del Padre Willy, quien es originario de Filipinas. El título elegido: “Unity in diversity” (“Unidad en la diversidad”), reflejaba muy bien la realidad y los desafíos que todos vivimos». «Me impresionó mucho –escribe una joven de India- lo que escuchamos de Chiara Lubich sobre la “técnica” para construir la unidad. Ahora quiero ponerla en práctica». Y una mujer filipina agrega: «Descubrir que Jesús, en el momento en el que se siente abandonado por el Padre, puede convertirse en “clave de unidad” en la medida en que trato de imitarlo, me ha llenado de esperanza». En un clima de gozo se compartieron alegrías y dificultades, tanto en los encuentros de grupo como en la sala, y las exigencias de una vida compartida con los demás. Hubo momentos de juego, de oración, una velada “intercultural” con un programa recreativo: canciones, videos, representaciones, danzas… que involucraron a todos. «Se dedicó especial atención al programa dedicado a los niños; varios de ellos no querían volver a sus casas…», cuenta Claudia. «Fue como un “oasis” –explica Amjad- donde cada uno encontró a una familia con la presencia espiritual de “Jesús vivo”. «En estos días volvió a despertar en mí la llama de este ideal que conocí hace tantos años –confesó un brasileño-; ahora quiero donar este ‘fuego’ a otros». «En la conclusión nos parecía –escriben Mía y Michel- que quienes regresaban a sus países o a los Emiratos como Omán, Qatar, Baréin, llevaban un “pedazo de la fraternidad” vivida en la Mariápolis. En cada uno era evidente el deseo de seguir viviendo así en los propios ambientes, llevando a todos la esperanza. Ahora, a través de los medios de comunicación, nos mantenemos conectados formando una red viva, tratando de ayudarnos los unos a los otros, abiertos a todos».