Movimiento de los Focolares

Chiara Lubich: Familia, misterio de amor

Ene 14, 2017

En 2017 se celebra el 50º aniversario de la fundación de la Rama de los Focolares dedicada a la familia. Un año para detenerse y reconocer esta célula base de la sociedad en su designio original.

famiglie 1[…] Cuando Dios creó el género humano, modeló una familia; cuando el Verbo de Dios vino a la Tierra, quiso nacer en una familia; cuando Jesús inició su vida pública, estaba festejando una nueva familia. Dios amó tanto a la familia, la consideró una realidad tan importante, que imprimió en ella su propia huella: de hecho, ella refleja la misma vida de Dios, la vida de la Santísima Trinidad […]. Pero, Dios, ¿cómo concibió a la familia? Dios, que es Amor, la ideó como un entramado, un engranaje de amor: amor nupcial entre los esposos, amor materno, paterno hacia los hijos, filial hacia los padres. Amor de los abuelos por los nietos, de los nietos por los abuelos, por los tíos y viceversa. La familia es pues un tesoro, una joya, un misterio de amor. Fue así como Dios la pensó, la creó. Y su Hijo, redimiendo al mundo, sublimó todo este amor natural, del que están impregnados todos los miembros de la familia, con el amor divino que Él trajo a la Tierra, con el fuego que quiere que arda por todas partes. Por eso, la familia ha llegado a ser, además de la célula básica de la Humanidad creada por Dios, la célula básica de la Iglesia fundada por su Hijo. Gracias al amor sobrenatural que le otorga el Bautismo y los otros sacramentos, especialmente el matrimonio, los componentes de la familia están llamados en efecto, personalmente y juntos, a la sublime y vertiginosa tarea de edificarla como pequeña iglesia, como «ecclesiola» […]. [Jesús] quiere que el esposo vea y ame en la esposa no sólo a aquella con la que comparte su vida, sino que en ella lo ame a Él, a Cristo mismo. En efecto, considera hecho a sí mismo lo que le hace a ella y viceversa. A Jesús en la esposa y a Jesús en el marido hay que amarlos con la medida que Jesús pide y que expresó con estas palabras: «Ámense como yo les he amado» (Jn. 13, 34). Es decir, ámense hasta estar dispuestos a dar la vida el uno por el otro. Si durante todo el día, los padres tienen presente esto, ya sea cuando rezan o trabajan o se reúnen para comer, cuando descansan o estudian, o ríen o juegan con sus hijos… todos los momentos serán oportunos para dar testimonio de Dios. Leer más: La Familia y la oración De la intervención de Chiara Lubich en el Congreso “Familia-sociedad: raíces en lo Absoluto para el hoy del hombre”- Castel Gandolfo, 8 de Abril de 1989.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Un premio para Run4Unity

Un premio para Run4Unity

La carrera de relevos que los Chicos por un mundo unido organizan cada año en todo el mundo el primer domingo de mayo, durante la “Semana Mundo Unido», ha ganado el premio #BeActive EU Sport Awards.

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

Han pasado ya algunos días desde que ocurrieron los terremotos en Venezuela, que provocaron el derrumbe de 770 edificios. En este momento las cifras oficiales hablan de más de 1400 víctimas, los heridos son miles y los dispersos se piensa que llegan a los 50.000. De muchos países han llegado socorristas que están haciendo una verdadera carrera contra el tiempo para encontrar sobrevivientes debajo de los escombros. Publicamos las noticias que hemos recibido de los focolares de Caracas que se han movilizado para ir al encuentro de las múltiples necesidades y la red de solidaridad se ha puesto en acción.

Chiara Lubich: Unidad

Chiara Lubich: Unidad

La unidad, como realización de las palabras de Jesús «Padre, que todos sean uno» (Jn 17,21), es uno de los puntos fundamentales de la espiritualidad de los Focolares. Pero ¿cómo lograr la unidad? ¿Cómo recibir la gracia de la unidad? Chiara Lubich habló de ello el 26 de septiembre de 1996 en su discurso durante una Conexión, de la que ofrecemos aquí un extracto.