Movimiento de los Focolares

El Evangelio vivido: En apuros

Mar 6, 2017

La Palabra vivida de este mes nos invita a “reconciliarnos con Dios”. Cada momento del día puede convertirse en una ocasión para hacerlo y para ayudar a los demás a reencontrar una relación con El.

Man pushing trolley along supermarket grocery aisle

.

La situación parecía absurda: estaba sacando unos artículos que ne­cesitaba de las estanterías del supermercado y de repente sentí que un carrito me chocaba la pierna. El dolor era tremendo y casi largué un grito, pero pude contenerme para mirar solamente qué había pasado. Una señora,con un nene en sus brazos me miró enojada, pero no me ofreció disculpa alguna. Siendo así le hice notar que estaba en el camino que ella había elegido para pasar. Ciertamente tenía mucho espacio para haber pasado sin chocarme, pero entre el celular con el cual estaba hablando, el nene que estaba gritando, el carrito que había que empujar y la bolsa que se le estaba cayendo, era en cierta manera comprensible que hubiera pasado lo que pasó. Por lo pronto, no me dejé llevar por sus comentarios poco amables y le cedí el paso sin más, sólo que las cosas no siempre se desarrollan como uno lo presupone, ya que al próximo pasillo nuevamente nos cruzamos: “¿Otra vez usted?” me dijo, con un tono no muy amigable. “¡Eh sí, otra vez yo! Estoy haciendo las compras como usted, y quién sabe si nos cruzaremos otras veces. ¿No convendría que termine su char­la por teléfono, y haga una cosa a la vez?” Ahora sí que se enojó, ¡y en grande! Se sintió con el derecho de despacharse con comentarios e insultos para los extranjeros como yo, etc. No se salvó nadie. Para peor, el chiquito empezó a gritar, el celular se le cayó, la bol­sa definitivamente se desplomó en el piso, desparramando todo su contenido. Fue demasiado para la mujer, que terminó sentada en el suelo llorando. Sin dudarlo, empecé a juntar sus cosas y a ocuparme del chiquito, intentando atraer su interés con un llavero que tenía en mi bolsillo. Finalmente la criatura empezó a reírse, y la señora logró tranquilizarse. Naturalmente los clientes, repositores y toda clase de gente acudió para ver de qué se trataba el lío que se había armado, pero al ver la escena un poco más calmada se fueron y nos dejaron solos; vaya uno a saber qué habrán pensando. Lo cierto es que ayudé a la señora a levantarse y le pregunté si le quedaba mucho por comprar. Una lista en su mano me mostró la respuesta. Le pedí que se quedará firme ahí, y me puse a juntarle las cosas que todavía le faltaban. Ciertamente, algunos productos tenía que cambiarlos dos o tres veces, hasta encontrar la marca adecuada, pero finalmente todo estuvo hecho. Una vez que en el carrito estuvieron todos los productos de la lista, la señora me miró con ojos grandes y esbozó un tímido pero since­ro: “Gracias, y perdón por cómo me comporté antes. No sé más cómo hacer: mi esposo ha perdido el trabajo, y no sabemos cómo hacer para llegar con el presupuesto familiar. Me parece que todo se derrumba. Me pongo nerviosa y agresiva”. Yo no tenía la solución inmediata, pero me surgió espontáneamente decirle: “Mire, no tengo respuesta, pero lo que puedo hacer es rezar por usted y su marido, ¡para que encuentre un trabajo!” Ella me miró un poco sorprendida y contestó: “Yo no puedo creer en Dios, pero bueno, ¡gracias!” En los días siguientes, mi oración por esta familia se hizo frecuente e intensa. Cuando otra mañana me encontré nuevamente con la señora en el supermercado, me vio desde lejos y se acercó: “Sabe, en contra de todas las previsiones, mi marido pudo presentarse en una empresa por un trabajo y sí, ¡lo tomaron! No es el trabajo ideal, pero es fijo y es una paga aceptable. ¿Será fruto de su compromiso de rezar por nosotros? Cuando mi marido me lo comentó, pensé enseguida en usted, y en sus oraciones. ¡Muchas gracias! ¿Será que Dios existe?” “¡Yo lo creo firmemente, y espero que un día usted también pueda encontrarlo!”, le contesté. Nos saludamos y cada uno siguió su camino, pero en el corazón surgió espontáneo el agradecimiento a Dios y el pedido para que esta señora pueda encontrarlo. Da “La vida se hace camino”, Urs Kerber, Ciudad Nueva 2016, Buenos Aires, pags. 16 y 17    

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Ojos de Pascua

Ojos de Pascua

Klaus Hemmerle (1929-1994), obispo de Aachen (en Aquisgrán, Alemania), teólogo y filósofo, gracias a su especial característica, dio un aporte importante a la profundización doctrinal del carisma de la unidad. Con estas palabras, nos introduce en el misterio de la Pascua y de la Resurrección de Cristo, invitándonos a sumergirnos plenamente en este momento y a adoptar una nueva perspectiva.

La cruz, fuente de comunión

La cruz, fuente de comunión

La muerte de Jesús en la cruz nos revela a un hombre arraigado en una relación tan profunda con el Padre, que es capaz de confiar en Él hasta el final. Por eso, ese calvario se convierte en el tesoro en el que se concentra todo el amor de Dios por nosotros. Las palabras de Igino Giordani nos invitan a hacer espacio para el silencio y la escucha, a fin de emprender este camino de contemplación, redención y comunión con Dios y entre los hombres.

Cada día un Jueves Santo

Cada día un Jueves Santo

En esta Semana Santa de 2026 proponemos una página extraída de los Diarios de Chiara Lubich, escrita precisamente un Jueves Santo, el 11 de abril de 1968.