Movimiento de los Focolares

Julio 2013

Jun 25, 2013

«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gal 5,14) .

«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»

Quien ama no evita solo el mal. Quien ama se abre a los otros, quiere el bien, lo hace, se dona y llega a dar la vida por el amado. Por esto, Pablo escribe que en el amor al prójimo no solo se observa la ley, sino que se tiene «la plenitud» de la ley.

«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»

Si toda la ley está en el amor al prójimo, es necesario ver los otros mandamientos como medio para iluminarnos y guiarnos a saber encontrar, en las difíciles situaciones de la vida, el camino para amar a los demás; es necesario descubrir en los otros mandamientos la intención de Dios, su voluntad.

Él nos quiere obedientes, castos, apacibles, clementes, misericordiosos, rdiosos, pobres… para realizar mejor el mandamiento de la caridad.

 «Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»

Nos podrían preguntar: ¿Cómo es que el Apóstol no habla del amor a Dios?

El hecho es que el amor a Dios y al prójimo no compiten entre ellos. Uno, el amor al prójimo, es de hecho expresión del otro, el amor a Dios. Amar a Dios, significa hacer su voluntad. Y su voluntad es que amenos al prójimo.

«Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo»

¿Cómo poner en práctica esta palabra? Está claro: amando al prójimo y amándolo de verdad.

Esto significa donarse, pero donarse desinteresadamente a él. No ama aquel que instrumentaliza al prójimo para sus propios fines, aunque sean espirituales, como puede ser la propia santificación. Es necesario amar al prójimo, no a nosotros mismos.

No hay duda, sin embargo, que quien ama así se hará santo de verdad; será «perfecto como el Padre», porque ha hecho lo mejor que podía hacer: ha descubierto la voluntad de Dios, la ha puesto en práctica, ha cumplido plenamente con la ley.

¿No seremos examinados al final de la vida únicamente sobre este amor?

Chiara Lubich

[1]  Palabra de vida publicada en Città Nuova, 1983/10, p.40.

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