Movimiento de los Focolares

Protagonistas en la construcción de un mundo de paz

Oct 29, 2015

La intervención de la presidente de los Focolares, Maria Voce, en la apertura de los trabajos de la Asamblea europea de “Religiones por la paz” que se está desarrollando en Castel Gandolfo del 28 de octubre al 2 de noviembre.

Acogerse los unos a los otros, del temor a la confianza. Es el título, pero también el auspicio de la Asamblea europea de Religiones por la Paz (RfP), el organismo que reúne a los líderes religiosos a nivel mundial, y del cual Maria Voce es una de los co-presidentes, para caminar juntos en la búsqueda de la paz y de la justicia. En este periodo Religions for Peace está comprometida – entre otras cosas – en una campaña mundial, el proyecto Faiths for Earth (Religiones para la Tierra). «Una iniciativa importantísima» – declara – porque «la humanidad tiene que enfrentar un desafío a nivel planetario y con poquísimo tiempo disponible. Las religiones están llamadas a pasar a la acción una vez más, a convencer a los potentes de las naciones para que intervengan. Veo una providencial sintonía con la carta encíclica del Papa Francisco “Laudato si’, que ha suscitado un gran interés mundial». En su intervención durante la apertura de los trabajos, el 29 de octubre, la presidente de los Focolares vuelve a referirse a los acontecimientos recientes que han transformado el rostro de Europa. Frente al «océano de “refugiados” y emigrantes, sin precedentes», «fenómeno que, numéricamente, supera con creces los millones de personas sin hogar que dejó la Segunda Guerra Mundial», Maria Voce evidencia la situación dramática que «provoca en nosotros cada vez más desaliento, perplejidad, malestar». Entre las causas identificadas, también las «dramáticas y discutibles intervenciones militares que han trastornado naciones enteras del Norte de África, de Oriente Medio, de África subsahariana y otros conflictos aún en pleno desarrollo. Y los Países europeos ciertamente no dejan de tener alguna culpa frente a estos conflictos». Suscita preocupación «la profunda crisis de identidad del continente, que impide afrontar de modo coordinado y unitario estas emergencias» y la constatación que «con frecuencia estas personas que huyen del hambre y de la guerra están al centro de disputas, suscitan reacciones nacionalistas» y son «instrumentalizadas para cálculos estratégicos». Y he aquí que intervienen los «creyentes, pertenecientes a los más distintos credos religiosos, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad». «Sin lugar a dudas somos diferentes – afirma Maria Voce – pero permanecemos todos unidos por el mismo imperativo, ratificado por la “Regla de Oro” diseminada y repetida en todas nuestras Escrituras: “¡Haz a los demás lo que querrías que los demás te hicieran a ti!” Una referencia ética y espiritual olvidada muy a menudo, que el Papa Francisco ha propuesto como verdadero paradigma socio-político en su discurso al Congreso de los Estados Unidos». Una Regla que «nos interpela delante de estos dramas, invitándonos como líderes, como comunidad, como individuos, a un compromiso común, concreto, constante, heroico si es necesario, para salir al encuentro de las multitudes de humanidad que sufre». Y abre un camino de esperanza en el rol de las religiones, porque, afirma «precisamente la religión, desde hace siglos relegada a la esfera privada de la vida de los individuos y de las comunidades, se ha vuelto a poner de moda dentro de la vida pública de nuestros Países», como «protagonista en la construcción de un mundo de paz». «Ésta es la extraordinaria aventura que nos ha sido dada para vivirla en nuestros días y Religions for Peace es una plataforma providencial. Cada uno de nosotros tiene una función bien precisa en su vasto engranaje. Somos una comunidad internacional, intercultural e interreligiosa, muy bonita, hecha una familia también, y sobre todo, por el común ideal», apoyado sobre algunos pilares fundamentales: la unidad en la diversidad, la reciprocidad en las relaciones, la igualdad en la común dignidad humana. Sobre esta «sólida base» será posible «ofrecer una aportación eficaz para la paz y la reconciliación en Europa, y ponerse «un punto de llegada, un objetivo, una meta, que se alcanza tras un largo, y a menudo fatigoso, camino. Y la meta es: la humanidad en el designio de Dios, realizado, es decir, la fraternidad universal».

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