Movimiento de los Focolares

Simposio budista-cristiano

Jun 9, 2012

“Interpretar y vivir las Escrituras para construir la armonía y la paz universal”, es el título del quinto simposio organizado por el Centro para el diálogo interreligioso de los Focolares en Castel Gandolfo desde el 28 al 31 de mayo de 2012.

Fue una “peregrinación de la Verdad”, como Benedicto XVI había definido el evento de Asís en el 2011”, comenta uno de los organizadores del quinto simposio promovido en Castel Gandolfo por el Movimiento de los focolares. Un centenar de personas, entre budistas y cristianos de proveniencias, corrientes y experiencias religiosas distintas.

Los budistas, que llegaron de Tailandia, Japón, Taiwán, Sri Lanka, Malasia y Corea, representaban distintas corrientes del budismo: theravada con un grupo de monjes Thai, mahayana del Japón, además la Rissho Kosei-kai, asociación budista que desde hace más de treinta años colabora con el Movimiento de los focolares. Estaban presentes también miembros de escuelas tradicionales como la Tendai-shu, la Nichiren-shu, y la Hosso-shu y el budismo chino representado por las monjas que vinieron de Taiwán, Sri Lanka y Malasia pertenecientes a dos nuevas asociaciones: el Drama Drum Mountain y el Fo-Guang-Shan. De Corea asistió un representante del Won Buddhism.

Los cristianos, en  total unos cuarenta, provenían de Tailandia, Japón, Corea, Taiwán, Estados Unidos, Austria, Suiza, Inglaterra e Italia, con la asistencia del cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso, y también la asistencia de la presidente de los Focolares María Voce.

No solo encontrar los puntos en común, sino construir juntos un mundo lleno de amor y de compasión, permaneciendo fieles a la identidad de cada religión, es el aspecto extraordinario de este simposio que difícilmente se encuentra en otros lados”, escribía en su mensaje el Presidente de la Rissho Kosei kai, Nichiko Niwano, resumiendo muy bien el clima de profunda fe, construido en el transcurso de los años, que se respiraba en el simposio y que envolvió a los que asistían por primera vez a un evento de este tipo.

El título del convenio “Interpretar y vivir las Escrituras para construir la armonía y la paz universal”, fue profundizado por varios estudiosos que se alternaron en las distintas exposiciones. Ya en la fase de preparación existió una gran colaboración sea por el contenido de las intervenciones como por la traducción en cuatro idiomas. Todo este trabajo permitió que después de cada presentación existiese el tiempo suficiente para el diálogo que se expresaba sobre todo como comunión personal de los asistentes.

Las diferencias, no solo entre cristianismo y budismo sino también entre las diversas corrientes budistas, en este ámbito de profunda espiritualidad, no creaban dificultades o tensiones, al contrario, se convertían en un precioso don recíproco, afirmando al mismo tiempo la propia fe.

“Escuchando las Escrituras de cada religión he visto que hay puntos en común y las divergencias también las he visto, pero el simposio fue un aumento de sabiduría para cada uno de nosotros recíprocamente” decía Phrakhru Suplan, maestro de meditación Vipassana y abad del Templo Wat Ram Poeng en Chiang Mai (Tailandia)

Un dato que debemos señalar es el interés de los monjes de las escuelas tradicionales por los movimientos modernos budistas. Fue apreciada también la presencia entre los cristianos de un sacerdote anglicano, un pastor reformado y una laica luterana.

Durante el encuentro muchos resaltaron “la atmósfera especial” que percibían, a tal punto que recordaban las proféticas palabras de Juan Pablo II en 1986 en el encuentro con exponentes de las religiones no cristianas, en Madrás (India): “Dios está presente en medio nuestro, porque mientras nos abrimos uno al otro en el diálogo, nos abrimos también a Dios”

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