Movimiento de los Focolares

«Sin espiritualidad, el ecumenismo no sobrevivirà»

Oct 25, 2002

Ecumenismo - Ginebra

En el mundo ecuménico está emergiendo con fuerza una exigencia de espiritualidad. Dijo ayer el teólogo ortodoxo rumeno Ioan Sauca, rector del Instituto ecuménico de Bossey, presentando a Chiara Lubich y motivando así la invitación a exponer su típica “espiritualidad de comunión”, ante el cuerpo docente y los estudiantes, futuros teólogos y ministros, que de todo el mundo son enviados por sus Iglesias para especializarse en este “laboratorio ecuménico”, como lo definió. «Sin una espiritualidad ecuménica –había dicho el Prof. Sauca- tendremos sólo un ecumenismo de eslogan. Si no vivimos la caridad, el ecumenismo no florecerá».

Chiara Lubich, tomando la palabra, dio testimonio de la acción del Espíritu Santo que, con el don de un carisma para la unidad, ha suscitado una nueva espiritualidad. Puso en evidencia el corazón de este carisma que ha provocado desde los primeros días un “salto en la calidad de vida”: la presencia vital de Jesús, con sus dones de “alegría, paz, abundancia de luz”, por Él prometida “a dos o más reunidos en Su nombre”, es decir en Su amor, ese amor recíproco exigente que pide la medida de la vida.  

«El hecho es –dice Chiara- que el Espíritu Santo, en este tiempo de transición, ofrece de este modo a los diálogos ecuménicos en todos los niveles, la posibilidad de ser ya “uno” en Jesús, de sentirnos ya una sola familia cristiana, porque es Cristo quien nos une». Es la experiencia de ese “diálogo del pueblo” que da origen a una «vida nueva para la plena y visible comunión a la que deseamos contribuir». La presencia, en la sala de Bossey, de los obispos de varias Iglesias amigos de los Focolares, reunidos en las cercanías de Ginebra para su congreso anual, promovido por el Card. Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, era un testimonio visible.

La aventura ecuménica de los Focolares, empezó precisamente por este testimonio de vida evangélica que impresionó a algunos pastores luteranos en Alemania, todavía en 1960. Y es por este testimonio dado el año pasado en un encuentro ecuménico en la Suiza alemana que se deben las citas de estos días.

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