Movimiento de los Focolares

Un himno a la alegría

Oct 13, 2019

Sacerdote originario del norte de Italia, p. Mario Bodega, después de treinta años en la diócesis de Milán como párroco, director espiritual de un colegio y capellán en el hospital Niguarda, estuvo en el Centro de los Focolares en Grottaferrata (Roma) y durante diez años fue párroco de Pieve de Loppiano, la ciudadela internacional de los Focolares.

Sacerdote originario del norte de Italia, p. Mario Bodega, después de treinta años en la diócesis de Milán como párroco, director espiritual de un colegio y capellán en el hospital Niguarda, estuvo en el Centro de los Focolares en Grottaferrata (Roma) y durante diez años fue párroco de Pieve de Loppiano, la ciudadela internacional de los Focolares. Cuando piensas en p. Mario Bodega te vienen a la mente las notas del “Himno a la alegría” de Beethoven. Y esto por muchas razones: porque la alegría era realmente su rasgo distintivo y porque esta pieza era una de sus favoritas y a menudo la interpretaba con una armónica. Había aprendido a tocar en el seminario y la música había acompañado tantos momentos de su vida. Como joven capellán en el hospital, durante la época de Navidad, solía ir de habitación en habitación tocando su armónica. “Ahora sí es Navidad”, le decía alguno de los pacientes tan pronto como escuchaba sus notas. “Tocaste el himno con alegría”, le escribió un recluso en la prisión de Bollate, cerca de Milán, y me hiciste comprender que no todos pasan para emitir juicios. También hay quien simplemente ama” y expresaba su gratitud por haberle hecho encontrar a Dios nuevamente, de quien pensaba que había sido abandonado. Y el arzobispo de Milán, monseñor Mario Delpini, habló de alegría y júbilo profundo ante la noticia de su muerte: “Acompañemos al encuentro con la alegría de Dios a un hombre, un sacerdote, un amigo que ha mantenido la sonrisa de una alegría íntima y profunda, en los días de la juventud y en los días de la vejez y la enfermedad, en la acumulación de compromisos pastorales y en los años en que la actividad se había reducido debido a la disminución de las fuerzas”. El p. Mario nació el 15 de septiembre de 1942, en medio de la Segunda Guerra Mundial, en Lecco, en el norte de Italia. Cuando termina las escuela primaria ingresa al seminario y aquí, a través del rector, conoce la espiritualidad de los Focolares. Ordenado sacerdote en 1968, permaneció treinta años en la diócesis con diversas tareas, y luego aceptó la propuesta del obispo cardenal Martini, y se puso a disposición del Movimiento de los Focolares. En los once años en Grottaferrata (Roma) había profundizado su relación con Chiara Lubich, a quien escribió a lo largo de su vida 135 cartas. En una de sus respuestas, la fundadora de los Focolares le indicó una Palabra de la Escritura para vivir en particular: “Siguiendo su misericordia, abandonaron las realidades vanas y falsas”. Y “Credo la Misericordia” es el título del libro, con experiencias escritas por él, regalado por el obispo de Fiesole, monseñor Meini, a todos los sacerdotes de la diócesis el Jueves Santo de 2018. En 2009 había llegado a este territorio, como párroco en la ciudadela de Loppiano. Aquí, además de crear una comunión muy profunda entre los habitantes, fue para muchos una guía segura en el camino espiritual. Su participación en “Caminos de luz” para parejas en dificultades fue fundamental. También contribuyó al desarrollo del Instituto Universitario Sophia. “Su casa, la iglesia parroquial de San Vito en Loppiano, muy cerca de nuestro Instituto, y el presbiterio que tradicionalmente se le atribuye – escribe el decano Piero Coda – se ha convertido en nuestro hogar, donde la presencia y la guía de p. Mario han sido luz, bálsamo, escuela de vida. Y nuestro Instituto también se ha vuelto un poco como su hogar. Tanto es así que, entre los ecos más conmovedores después de su partida, están los comunicados por nuestros amigos musulmanes del proyecto ‘Alas de la Unidad’”. En 2018 celebró el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal. Poco antes, con motivo de la visita del Papa a la ciudadela, dado el empeoramiento de su condición física, no hubiera querido presentarse así ante Francisco. El obispo lo había convencido con amor paternal. “Soy un párroco enfermo, camino con dificultad y ya no puedo trabajar”. “Si no puedes trabajar de pie, trabaja sentado”, fue la respuesta del Papa. Y p. Mario continuó haciéndolo, con tenacidad y alegría, durante los siguientes 365 días que la vida le dio. De hecho, se apagó exactamente un año después, el 10 de mayo de 2019.

Anna Lisa Innocenti

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