Movimiento de los Focolares

Un nuevo nosotros

May 28, 2018

Tras 35 años de matrimonio, en 2016, el desapego inesperado de su esposa. “El amor sigue, porque la eternidad es el perfecto amor”. El impactante testimonio de Zé Maia, de Portugal, después de la muerte improvisa de su mujer Maria da Conceição, con sólo 57 años.

« “Tú nos enseñaste que el matrimonio significa apertura, realización del proyecto que Dios tiene sobre nosotros. Haremos todos nuestros esfuerzos para que la familia y el mundo lleguen a ser como deben ser”. Maria da Conceição, para todos simplemente São, había escrito estas palabras a Chiara Lubich, nada más haber comenzado nuestra aventura. Nos casamos en Braga en 1981 – cuenta Zé Maia – y de nuestra unión nacieron seis hijos. Luego llegaron los nietos, que ya son nueve. La misma Chiara Lubich, un tiempo antes, le había indicado una frase el Evangelio como programa de vida: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn. 3, 30). ¡Cuántas veces me la había repetido!» Zé y São, ambos portugueses, en 2002 se habían ido a vivir junto con sus hijos a la ciudadela de los Focolares “Arco Iris”, a 50 kilómetros de Lisboa, para dar su aporte concreto a la construcción de ese Centro. En noviembre de 2016, São se encontraba en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo (Roma), participando en un Congreso de “Juntos por Europa”. «Antes de partir – prosigue Zé – me había confiado: “Estoy contenta de participar en este Congreso, creo que será éste el camino que tendremos que recorrer”. Fue su último acto de amor, en la alegría de dar su propia vida por los demás. El día 11, de improviso, por un infarto, Dios la llamó consigo. ¿Y ahora? Estoy haciendo la experiencia de vivirla a ella, que está en mí, en esa “sola carne”, entre el cielo y la tierra. No puedo perder la frescura de sus últimas palabras, ese reto a “ir adelante juntos y con coraje”. Vuelvo a comenzar todos los días, con el estímulo y la ayuda de la vida del focolar. En casa, en mi familia, estamos descubriendo un “nuevo nosotros” y experimentamos que lo que hemos construido con el amor permanece. Y continúa, porque la eternidad es el perfecto amor. Vivo en la búsqueda constante de cómo ser, al mismo tiempo, padre y madre. Vivo como si São estuviera aquí conmigo, acogiendo a los demás, o haciendo las compras. Junto con ella compro flores, preparo una buena comida para mis hijos, o lo que les gusta a mis nietos. Junto a ella digo una palabra que corrige, construye, o incentiva. Es un diálogo continuo, entre el cielo y la tierra. He hecho un nuevo descubrimiento, Jesús Eucaristía. Allí se da “nuestro” encuentro. Los momentos de dolor existen, pero nos hacen dilatar el corazón hacia el prójimo. La soledad está, es una sombra real. Hay que darle la espalda y mirar la luz. Al final de cada jornada descubro la gratitud, cuando levanto la mirada para lograr ver lo invisible, aunque el miedo se presenta como un ladrón, a escondidas, para robarnos la paz. A veces el alma desea volar, irse a otro sitio. Pero luego dejo que ese rayo de luz me hable, me salude y me acompañe». «A veces escribo dos líneas a los hijos, para contarles lo que estoy viviendo con su madre: “Todos los días, en el caleidoscopio del alma, ella se muestra con nuevas bellezas, con todos los matices del cielo azul. Y entonces la contemplo en su misterio”. La vida continúa, hecha de momentos de familia y vida de comunión con todos. Sí, es verdad, siento la necesidad de ella, de su compañía, de su complicidad, de su compartición. Nunca estamos preparados para ver partir a nuestro compañero, a quedarnos solos, sin su palabra o su mirada, bajo todos los aspectos, afectivo, psicológico, relacional. Pero también, concretamente, con los hijos, la familia, el trabajo. En el año 1967 Chiara Lubich les dio a las familias esta reflexión: cuando uno de los dos “parte” para el cielo, “se da que el matrimonio, que había hecho de dos criaturas una sola, no sólo física sino también espiritualmente, por el sacramento del matrimonio, se rompe, por voluntad de Dios. Es algo divino – si así se puede decir – como una pequeña Trinidad que se parte”. Se vive en esos momentos una verdadera purificación, que se afronta poniéndose a amar a quien está a nuestro lado. Este año descubrí qué significa Dios-Amor, el Amor: más que las cosas de Dios, es Dios mismo. Sólo el amor permanece. Hemos vuelto a encontrar una breve oración escrita por São: “Ayúdanos a ser la familia que tú has pensado. Dame la gracia de superar las dificultades con sabiduría, ingenio, inteligencia y bondad. Ayúdanos a verlo todo con tu luz”». Gustavo Clariá

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