Movimiento de los Focolares

Una emergencia sin fin

Jun 18, 2018

De Guatemala escribe Lourdes Barrientos, de los Focolares, empleada del CONRED (Coordinación Nacional para la Reducción de los Desastres). Más allá de la sensación de impotencia frente a una desmesurada tragedia, “la importancia de poner todo de mí”.

Las erupciones del 3 de junio no les dieron tiempo a muchísimos habitantes de los pueblos y aldeas a los pies del volcán del Fuego para que pudieran escapar. Y aún siguieron con menor intensidad en los días siguientes, Pero el peligro más grande parece ser el de las continuas avalanchas de lodo, escombros y cenizas incandescentes, llamadas “Lahar”. Descienden a una altísima velocidad desde el cono del Fuego, con una potencia tal que arrasan con todo o tapan lo que encuentran en su trayecto, provocando fuertes vibraciones similares a los terremotos. La Coordinación Nacional para la Reducción de Desastres también confirmó en los días pasados el estado de alerta en tres distritos, dando informaciones actualizadas acerca de los desaparecidos y los centros de acogida y hoteles que con gran generosidad están abriendo sus puertas. Allí también trabaja Lourdes Barrientos. «Una de mis funciones – explica – es la del adiestramiento y organización de las comunidades como respuesta a las emergencias y a los desastres. Ahora estamos viviendo esta emergencia, que ha provocado dolor, pérdidas y muertes en muchas familias que vivían cerca del volcán, especialmente en las comunidades de Chimaltenango, Escuintila y Sacatepéquez», los distritos en donde la alerta sigue siendo “roja”, o sea en el nivel más alto. Mientras tanto continúa, dolorosamente, el recuento de las personas encontradas sin vida, y en la sede central de la agencia, en Ciudad de Guatemala, la capital, se organizan los socorros. «Trato de ir más allá de mi cansancio para realizar plenamente las tareas que se me asignan. Al comienzo no era simple, porque me parecía que no estaba haciendo nada directamente por mi gente y por las víctimas, y que estaba perdiendo el tiempo quedándome en la sede central. De hecho, frente a los grandes problemas que las instituciones tienen que afrontar, mi trabajo consiste en recoger todo tipo de información acerca de las comunidades afectadas. Esta situación me abatía, sabiendo que mis compañeros se encontraban en cambio en el “punto cero”, o sea en los lugares del desastre del 3 de junio, intentando encontrar otros cuerpos y socorrer a las víctimas. Sabía que estaban cansados, que estaban ocupados en la organización y acogida en los hoteles, y todo esto mientras yo estaba sentada en una oficina. Para colmo yo seguía recibiendo mensajes de amigos y conocidos, de mis amigas gen, y de mi familia, preguntándome si me encontraba bien y si estaba en la zona del desastre. Después entendí la importancia de poner todo de mí en cualquier lugar en donde me encontrara actuando, sin perder la paciencia, a pesar de que estuvieran todos cansados y nerviosos. Estamos todos en primera línea: sobre todo puedo ofrecer lo que hago por mis compañeros que están en el frente, en particular por uno que perdió la vida durante las operaciones de rescate. De todos lados llegan pedidos de información sobre las víctimas, hay mucho dolor, en todas partes necesidades de todo tipo. Muchas personas ofrecen ayuda, muchos hoteles han abierto sus puertas. Se siente el amor concreto de mucha gente. Esto nos da la fuerza para continuar».

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