Movimiento de los Focolares

Vittoria Salizzoni, una biografía

Jul 16, 2013

Aletta cuenta…una trentina con Chiara Lubich

Un libro ‘escrito con el corazón’, el testimonio de una de las primeras jóvenes protagonistas que siguieron a Chiara Lubich desde el inicio, en Trento, en una aventura espiritual que a los largo de los años ha involucrado a millones de personas. Cuando se habla de Chiara y de sus ‘primeras compañeras’, estaba también ella, Vittoria Salizzoni, “Aletta” para todos, junto a Dori Zamboni, Graziella De Luca, Silvana Veronesi, Bruna Tomasi, Palmira Frizzera, Gisella y Ginetta CalliariNatalia DallapiccolaGiosi GuellaValeria RonchettiLia BrunetMarilen Holzauser.

Aletta vivió con Chiara los albores de los Focolares y sus recuerdos, algunos de los cuales son inéditos, fueron tomados de sus discursos o intervenciones, y son básicamente episodios de vida. Así como los informes de su trabajo, durante un cuarto de siglo, para dar impulso al Movimiento de los Focolares en los países de Medio Oriente.

Se trata de memorias, relatadas con un estilo simple y espontáneo, que no pretenden delinear una historia del Movimiento, pero de las que se deduce la vitalidad y el coraje que acompañaron eventos y viajes. Hoy, habiendo alcanzado sus 87 años, a quien le pregunta cómo está, responde: “¡Me siento rica!…”.

Reportamos un episodio del nuevo volumen (Aletta cuenta… una trentina con Chiara Lubich, Colección Città Nuova Per), en donde cuenta sobre los años vividos en Líbano, durante la guerra (1975-1990).

“Creíamos en el Evangelio en medio de las bombas y del odio, de los heridos y los muertos, casi como en un oasis de personas que trataban de poner en práctica el amor recíproco y la comunión de los bienes, no sólo entre ellas, sino también con los demás, también con los musulmanes”.

Había mucha ayuda recíproca, por ejemplo una auténtica competencia para poner en común habitaciones y apartamentos: muchas familias abrieron sus casas a los que vivían en las zonas más peligrosas. Quienes tenían casas en la montaña o en lugares seguros acogían a los demás que se habían quedado sin casa.

Cuando escaseaban los víveres, quien tenía pan lo distribuía a quien no tenía. Lo mismo con el agua. Quien iba a buscarla decía a los demás: “Denme sus bidones, traemos agua también para ustedes”, y había que hacer largas filas, durante horas, en las fuentes, siempre con el temor de que pudiera empezar un bombardeo.

Hubo momentos en los que nos sentimos perdidos, pero en el sostenernos espiritualmente unos a otros surgía como consecuencia el ayudarnos materialmente. Todo nacía de allí, no como en las asociaciones de ayuda, sino como una sociedad donde se vive el Evangelio.

Todos vivíamos en la misma condición, sólo podíamos amar y esto la guerra no nos lo impedía, todo lo contrario. Se puede decir que nos formó. Sentíamos el apoyo continuo del Movimiento [de los Focolares] y la cercanía de Chiara Lubich, quien siempre estaba pendiente, en los momentos más difíciles y tormentosos de la situación libanesa».

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