Movimiento de los Focolares
En Argelia la celebración de los 50 años de los Focolares en el Norte de África y Medio Oriente

En Argelia la celebración de los 50 años de los Focolares en el Norte de África y Medio Oriente

Ulisse_AlgeriaEl 16 de octubre de 1966 un Citroën 2 CV llega un Tlemcen, una ciudad de Argelia. A bordo tres focolarinos: Salvatore Strippoli y Ulises Caglioni, italianos, y Pierre Le Vaslot, francés. Será el comienzo de una aventura que en estos días está celebrando 50 años de presencia y de vida, y que desde Argelia se difundió por todas partes en el Norte de África y Medio Oriente. Dice Mourad, médico: «Éramos un grupo de jóvenes que no sabíamos exactamente lo que queríamos hacer; una nada nos hacía reír. Un día nos encontramos con Gérard que nos invitó a tomar el té en su casa, el focolar. Volvimos varias veces, hablamos, cantamos canciones, eran lindas canciones que decían muchas cosas acerca de la vida. Íbamos conociendo cada vez más un ideal que nos ha colmado, y nos enseñó a vivir. Esto fue hace cincuenta años. Ahora tengo 67 años y sigo viviendo este ideal, estoy feliz de vivirlo; es un ideal que nos enseña a vivir el amor entre las personas». Y Samira, una estudiante: «Tengo 21 años. Estoy muy impactada, agradecida y alentada por las ideas sanas de los Focolares. Sobre todo por la determinación de construir puentes entre las personas y en la transmisión de los valores morales y humanos, que unen a los hermanos de todos los horizontes y sobre todo a Alá, nuestro Señor, que es uno». Omar, enfermero de la sala de operaciones: «La paz sea con ustedes. El Movimiento de los Focolares me ha enseñado a conocer al otro, aunque sea diferente, a aprender a apreciarnos, incluso más, a enriquecernos mutuamente más allá de los prejuicios, a veces seculares. Aprendí a dar el primer paso hacia el otro, para acercarme como a un hermano, con un amor desinteresado que es la clave de la fraternidad». Y monseñor Henri Teissier, arzobispo emérito de Argel: «La Iglesia de Argelia no es más que un pequeño número de cristianos para el que es importante estar insertado en la sociedad argelina. El Focolar se ha centrado precisamente en la relación, en el diálogo, sin ocultar la propia identidad, pero dejando los amigos argelinos que se acercaban la tarea de traducirlo en su propia cultura. Creo que el Focolar, al hacerlo, ha respondido a las expectativas de la Iglesia. Obviamente, esto los ha marginado de la comunidad cristiana reunida, pero, sin duda, nuestro objetivo no es la comunidad reunida, sino una comunidad que busca a los demás para encontrarse en una realidad que va más allá de nosotros». El centro de los Focolares “Dar es Salam” de Tlemcen da la bienvenida a dos eventos que marcan la etapa de este 50°: * El segundo Congreso Internacional de los musulmanes del Movimiento de los Focolares (28-30 de octubre de 2016), con participantes de toda Argelia, de la cuenca mediterránea (Líbano, Egipto, Jordania, Italia, Francia, Suiza) y Canadá; * La fiesta del 50 aniversario del Movimiento de los Focolares en Argelia (1 a 2 de noviembre de 2016), con participantes de diversas comunidades y algunos de los primeros testigos de esta aventura, presente también el copresidente de los Focolares Jesús Morán. Comunicado de prensa – 28 de octubre de 2016

Palabra de vida: la alegría del perdón

Palabra de vida: la alegría del perdón

20161028 perdonoEn la cárcel «Tuve problemas con otro muchacho y los dos terminamos en la prisión. Éramos enemigos, entre nosotros no existía ninguna posibilidad de entendimiento. Cuando conocí más profundamente la enseñanza de Jesús sobre el amor, pensé en este “enemigo”. ¿Qué hacer para amarlo? Me acordé que podía compartir con él un poco de la comida que me traía mi familia, porque sé que a él nadie le trae cosas. Ahora nos hicimos buenos amigos. Otra experiencia se refiere al único recipiente de comida que tenía: me lo robaron y yo sabía quien había sido. Fui ante esa persona pero él se negó a dármelo. No sabía qué hacer. Volviendo a mi celda, comencé a leer el Evangelio, pues era mi punto de referencia para cada cosa, y en un momento dado leí el párrafo que se refiere al mandamiento nuevo. ¡Allí estaba la respuesta! Enseguida, con todo el corazón, decidí no insistir y no pensar más en el recipiente. Lo más importante era amar». (D. J. – Nigeria) La maquinilla del café « En el trabajo todos usamos la maquinita del café, pero nadie se preocupa de lavarla y recargarla. Se acostumbraron a que esa tarea la hacía yo. Un día una colega, después de haber tomado el café, vino a investigar por qué yo estaba tan dispuesto hacia los demás. Le dije que no me costaba mucho y que era la única cosa que podía hacer por ellos. Y ella: «Me estás diciendo algo importante. Me quejo siempre con mi marido porque deja todo desordenado y en cambio debo comenzar también yo a hacer lo que él no hace». Desde ese día la atmósfera en el trabajo dio un salto de calidad» (R.C. España) Ese hijo “desconocido” «Con el primer hijo logramos siempre tener un diálogo y darle un apoyo moral. Con el hermano, en cambio, que tiene un carácter muy fuerte, fue difícil. Encontrarse con un joven adolescente que no quiere comunicar nada creaba malestar entre todos.  En la escuela además no se esforzaba y nos llegaban varias quejas  de los docentes. Mi marido y yo, de común acuerdo, tratábamos de buscar un camino para “llegar” a nuestro hijo; nos alentábamos mutuamente en amarlo así como él era, poniendo en evidencia sus lados positivos aunque nos parecía que en casa era casi un desconocido. Mientras tanto seguíamos rezando y golpeando a la puerta del Cielo para que Dios nos guiara en la difícil tarea de ser padres. Se nos ocurrió la idea, de acuerdo con nuestro hijo, de cambiarlo de escuela. ¡Funcionó! Desde entonces nuestro hijo cambió positivamente: ya no es agresivo, al contrario, está siempre dispuesto a ayudar en la casa: en la escuela está sacando buenas notas; y comenzó a asistir a la iglesia. Todos estamos gozando de esta oleada de aire fresco». (B.S. – Suiza)      

Palabra de vida – Noviembre 2016

Hay momentos en que nos sentimos contentos, llenos de fuerza, y todo parece fácil y ligero. Otras veces nos asaltan dificultades que amargan nuestros días. Pueden ser los pequeños fallos al amar a las personas que tenemos al lado, la incapacidad de compartir con otros nuestro ideal de vida. O sobreviene una enfermedad, apuros económicos, desilusiones familiares, dudas y tribulaciones interiores, la pérdida del trabajo, situaciones de guerra…, situaciones que nos abruman y parecen no tener salida. Lo que más nos pesa en estas circunstancias es sentirnos obligados a afrontar solos las pruebas de la vida, sin el apoyo de alguien capaz de prestarnos una ayuda decisiva. Pocas personas como el apóstol Pablo han vivido con tanta intensidad alegrías y dolores, éxitos e incomprensiones. Pero él supo perseguir con valentía su misión sin caer en el desánimo. ¿Era un superhéroe? No, se sentía débil, frágil e inepto, pero poseía un secreto, y así se lo comunica a sus amigos de Filipo: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta». Había descubierto en su vida la presencia constante de Jesús. Incluso cuando todos lo abandonan, Pablo nunca se siente solo: Jesús permanece cerca de él. Y Él era quien le daba seguridad y lo empujaba a seguir adelante, a afrontar cualquier adversidad. Jesús había entrado plenamente en su vida y se había convertido en su fuerza. El secreto de Pablo puede ser también el nuestro. Todo lo puedo cuando, incluso en medio del sufrimiento, reconozco y acojo la cercanía misteriosa de Jesús, que se identifica con ese dolor y carga con él. Todo lo puedo cuando vivo en comunión de amor con otros, porque entonces Él viene en medio de nosotros, tal como prometió (cf. Mt 18, 20) y me siento sostenido por la fuerza de la unidad. Todo lo puedo cuando acojo y pongo en práctica las palabras del Evangelio, pues me hacen atisbar el camino que estoy llamado a recorrer día a día, me enseñan cómo vivir, me dan confianza. Tendré la fuerza para afrontar no solo mis pruebas personales o las de mi familia, sino también las del mundo que me rodea. Puede parecer una ingenuidad o una utopía, ¡con lo inmensos que son los problemas de la sociedad y de los pueblos! Y sin embargo, todo lo podemos con la presencia del Omnipotente; todo y solo el bien que Él, con su amor misericordioso, ha pensado para mí y para los demás a través de mí. Y si no se realiza inmediatamente, podemos seguir creyendo con esperanza en el proyecto de amor de Dios, que abraza la eternidad y se cumplirá de todos modos. Bastará con trabajar «entre dos», como enseñaba Chiara Lubich: «Yo no puedo hacer nada en ese caso, por esa persona querida en peligro o enferma, por esa circunstancia intrincada… Pues bien, haré lo que Dios quiere de mí en este momento: estudiar bien, barrer bien, rezar bien, atender bien a mis niños… Y Dios se encargará de desenredar esa madeja, de consolar a quien sufre, de resolver ese imprevisto. Es un trabajo entre dos, en perfecta comunión, que requiere de nosotros una fe grande en el amor de Dios por sus hijos y, por nuestro modo de actuar, le da al mismo Dios la posibilidad de tener confianza en nosotros. Esta confianza recíproca obra milagros. Se verá que, donde no llegamos nosotros, llega verdaderamente Otro que actúa inmensamente mejor que nosotros»1. FABIO CIARDI 1 Cf. C. LUBICH, Si, sí; no, no: Escritos espirituales/2, Ciudad Nueva, Madrid 1999, pp. 194-195 (en catalán, en Escrits espirituals/3, Publicacions de l’Abadia de Montserrat/Ciutat Nova, Barcelona 1986, pp. 95-96).