Movimiento de los Focolares

7 de diciembre: donación y luz

Dic 6, 2024

El 7 de diciembre de1943, mientras la lluvia y el viento arreciaban, Chiara Lubich entró en la iglesia de los Capuchinos en Trento (Italia), para consagrarse a Dios para siempre, estaba sola, ella y el sacerdote que la acompañaba como padre espiritual. Se casaba con Dios. Pero con este acto daría inicio a un nuevo camino. Leamos y escuchemos las palabras con las que Chiara Lubich misma recordaba aquel día.

(…) Hoy, mirando hacia atrás, podemos comprender qué podía decirnos, hace varios decenios, ese 7 de diciembre de 1943, año del nacimiento de nuestro Movimiento; afirma que un carisma del Espíritu Santo, una nueva luz, descendió esos días a la tierra; una luz que en la mente de Dios tenía que saciar la sed abrasadora de este mundo con el agua de la Sabiduría, calentarlo con el amor divino y hacer nacer así este pueblo nuevo, alimentado por el Evangelio. Esto, ante todo.

Pero como Dios es concreto en su manera de obrar, proveyó inmediatamente a asegurase el primer ladrillo para el edificio, esta Obra que le iba a ser útil para realizar sus planes. Y pensó en llamarme a mí, una chica como cualquiera. Y de allí nació mi consagración a El, mi “sí” a Dios que muy pronto fue seguido por muchos otros “sí” de jóvenes, mujeres y hombres.

Por eso aquel día nos habla de luz y de entrega a Dios de algunas criaturas, como instrumentos en sus manos para sus fines.

Luz y entrega de sí a Dios, dos palabras extremamente útiles en aquel tiempo de desorientación general, de odio recíproco, de guerra. Tiempo de tinieblas, en el que Dios parecía estar ausente del mundo con su amor, con su paz y guía, y parecía que nadie se interesara por Él.

Pero luz y entrega a Dios son dos palabras que también hoy el Cielo quiere repetirnos, cuando en nuestro planeta se prolongan tantas guerras. (…)

Luz que significa Verbo, Palabra, Evangelio, aún tan poco conocido y, sobre todo, demasiado poco vivido.

Chiara Lubich
(Conversazioni, Città Nuova, Roma 2019, p. 665)
Foto: © Archivio CSC Audiovisivi

3 Comentarios

  1. Francisco

    El SI de Chiara,, tan radical y vivido profundamente, me hizo conocer a Dios y verle en el prójimo como jamás antes lo había sentido, aunque provengo de una familia católica y evangélica

    Responder
    • Víctor Herrera

      Toda la Unidad

      Responder
  2. Luis Zavala Morencos

    Gracias siempre a Chiara por su Si, detrás del que por gracia de Dios han venido todos nuestros «síes». Que Él nos ayude a llevar este regalo al mundo, con fidelidad y generosidad, más allá de nuestra vasija de barro.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Un premio para Run4Unity

Un premio para Run4Unity

La carrera de relevos que los Chicos por un mundo unido organizan cada año en todo el mundo el primer domingo de mayo, durante la “Semana Mundo Unido», ha ganado el premio #BeActive EU Sport Awards.

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

Desde Caracas (Venezuela): la solidaridad se hace tangible

Han pasado ya algunos días desde que ocurrieron los terremotos en Venezuela, que provocaron el derrumbe de 770 edificios. En este momento las cifras oficiales hablan de más de 1400 víctimas, los heridos son miles y los dispersos se piensa que llegan a los 50.000. De muchos países han llegado socorristas que están haciendo una verdadera carrera contra el tiempo para encontrar sobrevivientes debajo de los escombros. Publicamos las noticias que hemos recibido de los focolares de Caracas que se han movilizado para ir al encuentro de las múltiples necesidades y la red de solidaridad se ha puesto en acción.

Chiara Lubich: Unidad

Chiara Lubich: Unidad

La unidad, como realización de las palabras de Jesús «Padre, que todos sean uno» (Jn 17,21), es uno de los puntos fundamentales de la espiritualidad de los Focolares. Pero ¿cómo lograr la unidad? ¿Cómo recibir la gracia de la unidad? Chiara Lubich habló de ello el 26 de septiembre de 1996 en su discurso durante una Conexión, de la que ofrecemos aquí un extracto.