Movimiento de los Focolares
Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

He aquí, en resumen, el relato del acontecimiento (del 16 de julio) que se nos ofrece, recuperando su encantador espíritu evangélico. Ante la propuesta que Igino Giordani (Foco) le hace (a Chiara Lubich) de «unirse estrechamente» a ella para seguir más de cerca a Jesús ─como ocurría con santa Catalina y sus seguidores─, Chiara se siente impulsada a responder invitándolo a formular un «pacto», en fidelidad a la lógica evangélica a la que ha aprendido a modelar su vida [1]:

“Tú conoces mi vida: yo soy nada. Quiero vivir, de hecho, como Jesús Abandonado que se anuló completamente. También tú eres nada, porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la iglesia y a Jesús Eucaristía que vendrá a mi corazón, como en un cáliz vacío, yo le diré: ‘Sobre mi nada pacta tú unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco y, Jesús, haz de modo que se manifieste entre nosotros el vínculo que tú sabes’ […]”: Y luego añadí: “Y tú Foco, haz lo mismo”. (Párrs. 24 y 25 del texto de Chiara Lubich publicado en «Paraíso 49», Città Nuova, Roma 2026).

El relato es sobrio y extremadamente sencillo. El acontecimiento que surge de él como un don, una vez que se ha realizado el pacto y del que se da testimonio, supera toda expectativa humana. Y en esta forma, es también inédito en la historia de la experiencia cristiana.

Se puede intentar desentrañar su sentido a partir de lo que Chiara cuenta, en primer lugar, a Foco, para “explicarle” ─escribe─ lo sucedido. “¿Sabes dónde estamos?”: con esta pregunta comienza, invitándolo a abrir con ella los ojos del alma al escenario que se ha desvelado con el pacto. De aquí se intuye que el pacto crea las condiciones para que se produzca una gracia de Dios: la percepción mística de la presencia de Jesús en el hacerse Chiara y Foco (e inmediatamente después aquellos a los que se extiende el pacto) “una sola cosa” – realizada en Él y por Él, a través de la Palabra vivida y de la Eucaristía–. Y así en cada uno de ellos. Ciertamente, la identificación vivida y percibida, con Jesús, que experimenta Chiara, manifiesta la gracia extraordinaria común a todas las auténticas experiencias místicas atestiguadas a lo largo de la historia de la Iglesia. Pero lo que se pone de relieve, en la experiencia aquí descrita, es que esto ocurre para Chiara en la unidad en y gracias a Jesús que ella vive con Foco, y poco a poco con las demás personas a las que se les comunica la experiencia. Hasta el punto de que se les hace partícipes de ella.

Piero Coda
(Extraído de Paradiso ’49, Opere di Chiara Lubich,
a cura di Piero Coda – Alba Sgariglia, Città Nuova, Roma 2026)
Foto: Baita Paradiso. Vivienda en Tonadico, Italia, donde Chiara Lubich, junto con algunas de sus primeras compañeras, se alojó durante el periodo conocido como «Paradiso ’49». © Jesús María Zamora


[1] Nos encontramos ante una característica específica de la experiencia cristiana propiciada por el Carisma de la unidad: el “pacto”. Sea cual sea su origen en el pensamiento y la práctica de Chiara, es evidente que la dinámica de “pactar” implica compartir, con quienes se involucran en el pacto, la referencia fundamental a Dios de la propia existencia y la decisión de cumplir juntos su voluntad: de modo que el pacto, entre quienes lo viven, se hace expresión del pacto con el que Dios mismo estableció una alianza con su Pueblo en el Antiguo Testamento, y que “de una vez para siempre” renovó escatológicamente en Jesús. Nos encontramos, pues, ante un “fundamento” de la experiencia de la Revelación. “Anteriormente ─recuerda Chiara en una nota─, habíamos vivido otros pactos, como el del amor recíproco. Este había realizado un salto cualitativo en nuestra vida, haciéndonos experimentar la presencia de Jesús en medio con los dones del Espíritu que Él trae consigo: la paz, la alegría, la luz, la fuerza. El pacto de misericordia, después – así llamábamos a aquel pacto con el que, nosotras focolarinas, nos comprometíamos a vernos nuevas cada día, sin recordar los defectos de la otra, como si nos encontrásemos por primera vez – nos había ayudado a perfeccionar el amor mutuo” (nota 30). El pacto de unidad, suscitado por la petición de Foco y vivido según la modalidad descrita por Chiara, produce un nuevo y decisivo ─en la lógica, se diría, del desplegarse del Carisma de la Unidad como don de Dios─ «salto de calidad»: el de la identificación, donada y percibida, con Jesús y el de reencontrarse en el seno del Padre.

Chiara Lubich: Unidad

Chiara Lubich: Unidad

[…] La unidad. Pero ¿qué es la unidad? ¿Se puede realizar la unidad?

La unidad es lo que Dios quiere de nosotros.

La unidad es realizar la oración de Jesús: “Padre, que sean uno como tú y yo. Yo en ellos y tú en mí, para que sean uno” (Cf. Jn 17, 21).

Pero la unidad no se puede realizar únicamente con nuestras fuerzas. Solo la puede realizar una gracia especial, que viene del Padre, si encuentra una disposición particular en nosotros, un requisito preciso y necesario:

el amor recíproco, del mandamiento de Jesús, puesto en práctica.

Su amor recíproco, el que Él quiere y que no es –como sabemos – simple amistad espiritual o un acuerdo, o un buen entendimiento.

Se trata de amarnos unos a otros, como Él nos amó. Es decir, hasta el abandono: hasta el desapego completo, material y espiritual, de las cosas y de las criaturas para poder “hacernos uno” recíprocamente y a la perfección.

De esta manera hacemos nuestra parte y reunimos las condiciones para recibir la gracia de la unidad, que no faltará, que no puede faltar.

¡Cuánta gratitud debe nacer en nosotros, llamados a esto, ante este pensamiento! ¡Qué impulso para vivir de tal modo, que obtengamos este don que, donde no se vive así, no existe!

Debemos recordar que en nuestra espiritualidad comunitaria hay una gracia más. Que el Cielo puede abrirse en cada instante para nosotros; y nosotros, si hacemos lo que Él nos pide, invadidos por esta gracia, podemos hacer mucho, mucho por el Reino de Dios.

Sin duda, es esta gracia la que explica la gran expansión de nuestro Movimiento y de tantas estupendas conquistas vinculadas a él.

Conscientes de este privilegio extraordinario, en los primeros tiempos nos expresábamos así:

“Grábense en sus mentes una sola idea. Siempre fue una sola idea la que formó a los grandes santos. Y nuestra idea es esta: ‘la unidad’.

«Mantengan siempre este fuego encendido entre ustedes. Y no tengan miedo de morir. Ya han experimentado que la unidad exige la muerte de todos para dar vida al Uno. Hagan esto como sacrosanto deber, pero ¡les dará inmensa alegría! ¡Jesús prometió la plenitud de la alegría a quien vive la unidad!”.

Durante el próximo mes ¡esforcémonos siempre por obtener este don!

Y no lo esperemos solo para nuestra felicidad, sino para ser capaces de realizar nuestra típica evangelización. La conocen: “Que sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

¡El mundo tiene una gran necesidad de fe, de creer! Y todos estamos llamados a evangelizar. Un día Francisco dijo a uno de sus discípulos: “Vamos a predicar”. Y con las manos cruzadas dentro de sus mangas y con la mirada baja, caminaron por la ciudad predicando con su actitud la mortificación y la pobreza total.

Lancemos también nosotros, en el mundo, nuestra predicación. Que cualquiera que observe a dos o más de nosotros unidos –en el focolar, en los núcleos, en las unidades, en nuestras reuniones o casualmente juntos– quede impactado por un rayo de nuestra fe y crea; crea en el amor porque lo ha visto.

¡Manos a la obra! Esto es lo que el Señor quiere de nosotros. Lo quiere a través de nuestro carisma grabado en nuestros Estatutos: La unidad es la premisa de cualquier otra voluntad de Dios.
Después podemos también hablar para difundir el Evangelio. Pero después.

Chiara Lubich
(Convesazioni, Città Nuova, Roma 2019, pp 522/4

Foto: © JGH – CSC Audiovisivi

El “Paraíso ’49” se abre al mundo

El “Paraíso ’49” se abre al mundo

Una sala llena, atenta y de alguna manera sorprendida. Así se veía el viernes 22 de mayo el Aula Paulo VI de la Pontificia Universidad Lateranense (Roma), en donde se presentó por primera vez al público el volumen Paradiso ’49 (Paraíso ’49) de Chiara Lubich.

No era una simple presentación editorial. La impresión general –recogida también en los pasillos y en los comentarios del público– era la de encontrarse frente a un momento histórico, pues por primera vez se entregaba a todos un texto hasta ahora poco accesible; se lo ofrecía abiertamente para el debate eclesial y cultural. Y era en una sala repleta hasta en cada rincón.

En nombre del Centro Chiara Lubich, Anna Maria Rossi –promotora de la colección de las Obras de Chiara Lubich– acogía a los presentes. Ella aclaró enseguida el sentido del evento, recordando el largo trabajo editorial que ha llevado a la publicación del volumen. «No es un texto aislado –explicó– sino que es parte de un proceso más amplio, que cuenta el surgimiento de un carisma en la Iglesia».

Hubo oradores de distintas proveniencias eclesiales y académicas que introdujeron los contenidos. Alessandro Clemenzia, decano de la Facultad Teológica de Italia Central y estudioso de la espiritualidad de Chiara Lubich, brindó una clave de lectura incisiva: «No se trata de entender lo que Chiara ha escrito, sino lo que Dios quiere decir de sí mismo a través de esta experiencia». Una perspectiva que ha ayudado a captar la profundidad del texto sin reducirlo a un simple documento.

Stefan Tobler, suizo, teólogo evangélico y él también involucrado en la reflexión sobre el Carisma de la Unidad, hizo hincapié en la figura de la autora. Se trata de una mujer que a través de estas páginas «ofrece lo más íntimo de su relación con Dios», exponiéndose con autenticidad.

Muy esperadas las palabras de Ángela Ales Bello, filósofa y estudiosa de fenomenología, única oradora externa al Movimiento de los Focolares. Con claridad puso de relieve que la mística no es algo “extraño” o esotérico, sino que es «una iluminación de la realidad vivida en la fe». Y destacó una nota original del Paraíso ’49: es una experiencia que involucra no solo a la persona, sino también a la comunidad, pues es como un “nosotros” que se vuelve sujeto.

De manera virtual dio su aporte Brendan Leahy, obispo de Limerick (Irlanda) y –así como Clemenzia y Tobler– él también miembro del centro de estudios interdisciplinarios del Movimiento de los Focolares, la Escuela Abbá. Destacó el alcance eclesial del texto. El Paraíso ’49, afirmó, no es un tratado sistemático, pero puede «inspirar nuevas perspectivas» y ayudar a comprender la Iglesia como comunión viva y relacional.

Durante todo el encuentro se percibió –junto con el entusiasmo– también una cierta cautela. O sea: ¿cómo recibir un texto tan intenso sin simplificarlo o tergiversarlo? La respuesta emergió en reiteradas ocasiones, como si fuera un hilo conductor: el Paraíso ’49 no se puede entender solo leyéndolo, sino que también hay que dejarse interpelar por él.

Quizás ese fue justamente el sentido más profundo de la jornada. Con esta publicación, el Movimiento de los Focolares realiza un paso de apertura. Lo que nació como una experiencia vivida, ahora se la ofrece a todos. No como un objeto para ser analizado, sino como una propuesta de vida.

Joachim Schwind
Publicato originalmente en Citta Nuova
Foto: © Carlos Mana-CSC audiovisivi

Paraíso ’49: la dimensión mística de Chiara Lubich

Paraíso ’49: la dimensión mística de Chiara Lubich

«Agradecemos juntos al Señor por la gran familia espiritual que ha surgido del carisma de Chiara Lubich». Así se expresó el Santo Padre León XIV ante los participantes en la Asamblea General de la Obra de María –Movimiento de los Focolares–, el 21 de marzo de 2026. De Chiara Lubich se conoce, como recuerda el Papa, su labor como fundadora, así como su «espiritualidad de comunión», gracias también a sus numerosas publicaciones. Es menos conocida la experiencia mística que constituye el origen de su Obra y a partir de la que esta última ha obtenido inspiración constantemente. La publicación de Paradiso ’49, dentro del amplio proyecto editorial de sus «Obras» emprendido por el Centro Chiara Lubich y publicado por la editorial Città Nuova, del que el presente constituye el sexto volumen, descubre ahora un velo que mantenía reservado, por comprensible voluntad de la propia autora, ese intenso período contemplativo que va del 16 de julio de 1949 hasta finales de 1951, conocido precisamente como “Paradiso ’49”.

Antes de detenernos en el libro, observemos el acontecimiento en sí que este nos relata. El 16 de julio de 1949, después de participar en la misa, Chiara quiere dirigirse a Jesús y llamarlo por su nombre, pero no puede. Lo que ha vivido la ha transformado en Jesús; por lo tanto, no puede llamarse a sí misma, y de su boca sale la palabra que Jesús pronunciaba en su oración: «Abbá, Padre». «Me pareció comprender —escribe más tarde— que quien había puesto en mi boca la palabra: “Padre” había sido el Espíritu Santo». No es solo una palabra, es realidad: «en ese momento me encontré en el seno del Padre. […] Había entrado, pues, en el Seno del Padre, que se presentaba a los ojos del alma (pero es como si lo hubiera visto con los ojos físicos) como una vorágine inmensa, cósmica. Y todo era oro y llamas arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda». Desde el primer momento, el acontecimiento adquiere connotaciones de carácter místico, que se pueden encontrar en fenómenos análogos vividos por otros místicos. Sin embargo, también manifiesta una peculiaridad propia, dada sobre todo por la dimensión unitiva, «colectiva», eclesial.

Antes de asistir a la misa, Chiara había sellado un «Pacto de Unidad» con Igino Giordani, conocido escritor, parlamentario y padre de familia. Juntos habían pedido que fuera Jesús, que venía a cada uno mediante la Eucaristía, quien pactara la unidad del uno con el otro, en total apertura y disponibilidad a su acción, como en un «cáliz vacío». Así había sucedido: sobre ella y sobre él, habiéndose hecho «vacíos de amor», había descendido y permanecido solo Jesús. Los dos se habían convertido en un único Cristo. Se repetía la experiencia del apóstol Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2, 20): las dos almas se habían convertido en una sola alma, la de Cristo. Es esta única alma la que entra en el Seno del Padre. La experiencia mística que está ocurriendo no concierne solo a una persona, sino primero a dos, luego a todo un grupo al que Chiara comunica lo que está viviendo, involucrando siempre a nuevas personas en la misma experiencia: «Tuve la impresión de ver en el Seno del Padre a un pequeño grupo: éramos nosotros». En el Seno del Padre se vive como una sola Alma (la mayúscula es una constante en la narración de Chiara).

Algunos momentos de la presentación en la Pontificia Universidad Lateranense

Cuando poco después se produce el fenómeno, común a muchos místicos, de las «bodas místicas», ya no es la persona individual la que se «desposa», sino todo el grupo, hecho una sola Alma. A partir de ese momento comienza lo que Chiara llama «viajar por el Paraíso», una especie de viaje de novios en el que el Esposo le muestra las realidades del Cielo que ahora también le pertenecen a ella. Y aquí nos adentramos en el contenido de lo que ella llama «luces», «revelaciones», «comprensiones», experiencia e inteligencia de la Revelación, de una intensidad tal que se identifica con lo que «ve», casi conociendo los misterios de la fe desde dentro. Son intuiciones sobre la Obra que está naciendo, líneas guía para una pedagogía de la espiritualidad de comunión, indicaciones que se traducen en oración y en la vida cotidiana: «como en el Cielo, así en la tierra».

El texto no es de fácil lectura, tanto por su lenguaje místico —con paradojas, metáforas y oxímoron— como, sobre todo, por la densidad de sus contenidos. La autora compuso esta obra a lo largo de muchos años, prácticamente hasta el final de su vida, seleccionando y ordenando los escritos de ese periodo de iluminación. Nos encontramos ante una multiplicidad de géneros literarios: cartas, páginas íntimas al estilo de un diario espiritual, anotaciones para conversaciones, artículos de periódico y comentarios a la «Palabra de Vida», momentos autobiográficos y especulativos, incluso una fábula. La experiencia, sin embargo, aunque variada, se desarrolla como un hilo de oro que sigue una pedagogía divina, «un desvelarse de misterios ligeros y suaves como el Paraíso, lógicos y progresivos como la vida». La publicación reproduce el escrito completo, tal y como ella quiso donarlo, con sus anotaciones elaboradas durante la lenta relectura.

Los ponentes de la presentación: Alessandro Clemenzia, decano de la Facultad Teológica de Italia Central; Angela Ales Bello, profesora emérita de filosofía contemporánea de la Pontificia Universidad Lateranense; Stefan Tobler, teólogo y director del Instituto de Investigación Ecuménica de la Universidad «Lucian Blaga» de Sibiu (Rumanía); Brendan Leahy, teólogo y obispo de Limerick (Irlanda)

El libro viene precedido de dos ensayos: uno de carácter histórico, de Alba Sgariglia[1], que recorre la historia y la laboriosa elaboración del texto; y otro de carácter teológico, de Piero Coda[2], que muestra la naturaleza de la experiencia y cómo esta se enmarca en el camino histórico de la Iglesia, revelando al mismo tiempo su novedad. El libro se enriquece con un glosario, una bibliografía e índices bíblicos y temáticos.

Un texto fundamental para la comprensión del carisma de Chiara Lubich, que trasciende su Movimiento. Es una obra destinada a formar parte del patrimonio místico-doctrinal de la Iglesia, capaz de hablar a cada persona, «un legado que hay que compartir y hacer fructificar», como escribe Coda.

¿Cómo leer esta obra? «Todos estos papeles que he escrito —anotaba ya la autora el 25 de julio de 1949— no valen nada si el alma que los lee no ama, no está en Dios. Valen si es Dios quien los lee en ella». Es una ley elemental para comprender cualquier obra: ponerse a su mismo nivel. Para comprender adecuadamente el Paradiso ’49 es indispensable ponerse con sinceridad a la escucha de la experiencia de su autora y casi entrar con ella en ese «Paraíso» del que da testimonio el libro. Lubich estaba convencida de ello. Cuando el 22 de noviembre de 2003 comenzó de nuevo la lectura de su escrito, junto con un pequeño cenáculo de profesores que había reunido a su alrededor, llamado «Escuela Abbá», anotó en su texto: «Esta vez lo leemos con el propósito de convertirnos, traduciéndolo en vida. Debemos hacer que la Escuela Abbá se convierta en Paraíso. Además, solo así se comprenden los contenidos de estos volúmenes».

Fabio Ciardi, OMI
Foto: © Carlos Mana – CSC Audiovisivi


[1] Alba Sgariglia es responsable del Centro Chiara Lubich, investigadora del Centro de Estudios del Movimiento de los Focolares y miembro de la Escuela Abbà en el ámbito teológico-mariológico.

[2] Piero Coda è Segretario generale della Commissione Teologica Internazionale e Docente di Ontologia trinitaria presso l’Istituto Universitario “Sophia”. Già Presidente dell’Associazione Teologica Italiana dal 2004 al 2011.

Chiara Lubich: se ha publicado el libro «Paraíso ’49»

Chiara Lubich: se ha publicado el libro «Paraíso ’49»

Desde hoy se encuentra en las librerías el último volumen, de entre los que se han publicado hasta ahora, que recoge lo que Chiara Lubich ha dejado escrito sobre su experiencia mística: Paradiso ’49 (Paraíso ’49). Es un texto bajo muchos aspectos singular , que sin duda no dejará de suscitar una viva recepción. Sobre todo porque por primera vez pone a disposición del gran público, sin velos ni selecciones, la fuente última de la aventura cristiana que hizo de Chiara una protagonista de la segunda mitad del siglo pasado y más allá. Nos ha dado así un legado que aún queda en gran medida por explorar e implementar.

Sí, la fuente última: que no es el fruto de su imaginación –por más que haya sido genial– y ni siquiera tampoco solamente de una original inspiración que le fue concedida. Por el contrario, es algo más, y algo distinto. Es algo –escribe el filósofo Jean-Luc Marion– que viene d’ailleurs: de ese «otro lugar» que en Jesús se nos ha dado para siempre, «desde adentro» o «desde debajo» de la historia que vivimos, con sus magníficas e increíbles expresiones y sorpresas, y con sus dramáticas e inquietantes pruebas.

La historia de la Iglesia a lo largo de los siglos conoce muy bien lo que Jesús vuelve siempre a proponer de manera nueva, así como él mismo prometió: «Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». Se trata de un evento cada vez imprevisible y sorprendente. . Pues porque es obra del Espíritu que «es como el viento que sopla donde quiere y cuyo sonido oyes, pero que no sabes de dónde viene y adónde va». Sin embargo, se hace reconocible y apreciable.

El Paraíso ’49, aún una vez más y en forma inédita, es un testimonio desarmado y fiel de todo ello. Allí se reconoce de manera clara su primer valor. Y no podemos dejar de estar inmensamente agradecidos a Chiara porque al final –no sin antes haber querido garantizar cuidadosamente la cosa en conformidad con la fe de la Iglesia– ella haya querido hacernos este regalo. Pues ese don que Dios le dio no era solo para ella, sino también para todos. Aquí reside el segundo valor de estas páginas: lo que están destinadas a significar para la Obra de María. Esta Obra ha sido forjada en su ADN carismático justamente gracias a los eventos de los que allí se da testimonio: para ser el «odre nuevo” llamado a custodiar y derramar con generosidad el «vino nuevo” del Espíritu así comunicado. Al servicio del camino del Evangelio en la historia.

De aquí, el tercero y quizás resolutivo valor de este escrito: hacer que sea utilizable este recurso decisivo que el evento de Jesús representa hoy para nosotros. El cristianismo –así se ha dicho– aún tiene que florecer. . Pues en este desafiante punto de inflexión de época, en el diálogo fraterno que los discípulos de Jesús están llamados a vivir con todos los que buscan la verdad y son servidores de la justicia, es verdad que no, que aún no nos lo hemos dicho todo.

Piero Coda

Foto de portada: © Horacio Conde – CSC Audiovisivi

El sello de la unidad

El sello de la unidad

(…) ¿Cuál es la Palabra que el Espíritu ha grabado como un sello en esta casa, en nuestro Movimiento, cuando el Cielo pensó en él, al dar comienzo aquí en la Tierra a su realización?

Nosotros lo sabemos. La palabra es “unidad”. Unidad es la palabra que resume toda nuestra espiritualidad. Unidad con Dios, unidad con los hermanos. Es más, unidad con los hermanos para alcanzar la unión con Dios.

En realidad, el Espíritu nos ha revelado un camino completamente nuestro, plenamente evangélico para unirnos con Dios,

para encontrarlo a Él. (…) Nosotros lo buscamos y lo encontramos pasando por el hermano, amando al hermano. Lo encontramos si nos esforzamos en realizar la unidad con el hermano, con cada hermano; si establecemos la presencia de Jesús entre nosotros como hermanos. Solo de este modo tenemos garantizada también la unidad con Él, lo encontramos vivo y palpitante en nuestro corazón. Y esta unidad con Dios es la que nos empuja, a su vez, hacia los hermanos, la que nos ayuda a actuar de tal manera que nuestro amor por ellos no sea ficticio, insuficiente, superficial, sino radical, pleno, completo, un amor substanciado de sacrificio, dispuesto siempre a dar la vida, capaz de realizar la unidad.

Nuestros Estatutos ponen la unidad como base de todo, como norma de las normas, como la regla que

hay que poner en práctica antes de cualquier otra regla. La palabra unidad es para nosotros la roca.

Nosotros no tenemos significado en la vida sino en esta palabra, con la que todo adquiere sentido: cada acto, cada oración, cada aliento. Y si nos concentramos en esta palabra, si la vivimos lo mejor que podamos, todo se salvará para nosotros. Nos salvaremos nosotros y se salvará la porción de Obra que se nos ha confiado.

En el futuro tal vez lleguen para la Obra, en su conjunto o en alguna zona,

momentos diferentes de los que vivimos en el presente, que está marcado por tantas consolaciones, frutos, luz, fuego.

Podrán llegar momentos de oscuridad, de desaliento; podrán llegar persecuciones,

tentaciones (…) Podrán suceder desgracias, catástrofes… Pero si nos mantenemos firmes sobre la roca

de la unidad, nada podrá afectarnos, todo seguirá adelante como antes.

Chiara Lubich
in “Conversazioni in collegamento telefonico”, 2019, Città Nuova Editrice, p. 373