Una herencia preciosa: el Paraíso ’49 de Chiara Lubich
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He aquí, en resumen, el relato del acontecimiento (del 16 de julio) que se nos ofrece, recuperando su encantador espíritu evangélico. Ante la propuesta que Igino Giordani (Foco) le hace (a Chiara Lubich) de «unirse estrechamente» a ella para seguir más de cerca a Jesús ─como ocurría con santa Catalina y sus seguidores─, Chiara se siente impulsada a responder invitándolo a formular un «pacto», en fidelidad a la lógica evangélica a la que ha aprendido a modelar su vida [1]:
“Tú conoces mi vida: yo soy nada. Quiero vivir, de hecho, como Jesús Abandonado que se anuló completamente. También tú eres nada, porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la iglesia y a Jesús Eucaristía que vendrá a mi corazón, como en un cáliz vacío, yo le diré: ‘Sobre mi nada pacta tú unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco y, Jesús, haz de modo que se manifieste entre nosotros el vínculo que tú sabes’ […]”: Y luego añadí: “Y tú Foco, haz lo mismo”. (Párrs. 24 y 25 del texto de Chiara Lubich publicado en «Paraíso 49», Città Nuova, Roma 2026).
El relato es sobrio y extremadamente sencillo. El acontecimiento que surge de él como un don, una vez que se ha realizado el pacto y del que se da testimonio, supera toda expectativa humana. Y en esta forma, es también inédito en la historia de la experiencia cristiana.
Se puede intentar desentrañar su sentido a partir de lo que Chiara cuenta, en primer lugar, a Foco, para “explicarle” ─escribe─ lo sucedido. “¿Sabes dónde estamos?”: con esta pregunta comienza, invitándolo a abrir con ella los ojos del alma al escenario que se ha desvelado con el pacto. De aquí se intuye que el pacto crea las condiciones para que se produzca una gracia de Dios: la percepción mística de la presencia de Jesús en el hacerse Chiara y Foco (e inmediatamente después aquellos a los que se extiende el pacto) “una sola cosa” – realizada en Él y por Él, a través de la Palabra vivida y de la Eucaristía–. Y así en cada uno de ellos. Ciertamente, la identificación vivida y percibida, con Jesús, que experimenta Chiara, manifiesta la gracia extraordinaria común a todas las auténticas experiencias místicas atestiguadas a lo largo de la historia de la Iglesia. Pero lo que se pone de relieve, en la experiencia aquí descrita, es que esto ocurre para Chiara en la unidad en y gracias a Jesús que ella vive con Foco, y poco a poco con las demás personas a las que se les comunica la experiencia. Hasta el punto de que se les hace partícipes de ella.
Piero Coda
(Extraído de Paradiso ’49, Opere di Chiara Lubich,
a cura di Piero Coda – Alba Sgariglia, Città Nuova, Roma 2026)
Foto: Baita Paradiso. Vivienda en Tonadico, Italia, donde Chiara Lubich, junto con algunas de sus primeras compañeras, se alojó durante el periodo conocido como «Paradiso ’49». © Jesús María Zamora
[1] Nos encontramos ante una característica específica de la experiencia cristiana propiciada por el Carisma de la unidad: el “pacto”. Sea cual sea su origen en el pensamiento y la práctica de Chiara, es evidente que la dinámica de “pactar” implica compartir, con quienes se involucran en el pacto, la referencia fundamental a Dios de la propia existencia y la decisión de cumplir juntos su voluntad: de modo que el pacto, entre quienes lo viven, se hace expresión del pacto con el que Dios mismo estableció una alianza con su Pueblo en el Antiguo Testamento, y que “de una vez para siempre” renovó escatológicamente en Jesús. Nos encontramos, pues, ante un “fundamento” de la experiencia de la Revelación. “Anteriormente ─recuerda Chiara en una nota─, habíamos vivido otros pactos, como el del amor recíproco. Este había realizado un salto cualitativo en nuestra vida, haciéndonos experimentar la presencia de Jesús en medio con los dones del Espíritu que Él trae consigo: la paz, la alegría, la luz, la fuerza. El pacto de misericordia, después – así llamábamos a aquel pacto con el que, nosotras focolarinas, nos comprometíamos a vernos nuevas cada día, sin recordar los defectos de la otra, como si nos encontrásemos por primera vez – nos había ayudado a perfeccionar el amor mutuo” (nota 30). El pacto de unidad, suscitado por la petición de Foco y vivido según la modalidad descrita por Chiara, produce un nuevo y decisivo ─en la lógica, se diría, del desplegarse del Carisma de la Unidad como don de Dios─ «salto de calidad»: el de la identificación, donada y percibida, con Jesús y el de reencontrarse en el seno del Padre.
«Jóvenes de todo el mundo, únanse»: esta es la invitación que Chiara Lubich dirigió hace 60 años a las nuevas generaciones para que cada uno pudiera responder a la llamada de Dios a vivir por la unidad de manera concreta. Hoy en día, esta misión sigue siendo de actualidad y, en una época sumamente lacerada, continúa siendo un camino —a menudo contracorriente— que no quiere dejar que el odio y las divisiones tengan la última palabra; un camino de familia hecho de esperanza y acciones que lleva en sí mismo el deseo, siempre vivo, de un mundo unido.
Un nuevo espacio para conocer y dar a conocer de forma directa e informal. Un espacio para compartir noticias, historias e iniciativas para descubrir lo que ocurre en el Centro Internacional y en las distintas partes del mundo y reforzar el sentido de comunidad.
En este primer episodio partiremos del Centro Internacional (Rocca di Papa, Roma), sede central del gobierno del Movimiento de los Focolares, y tras algunas curiosidades conoceremos mejor a algunos de los consejeros que, tras la Asamblea General de marzo de 2026, han concluido su mandato.
¡Vamos!
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La Coordinación de Emergencias del Movimiento de los Focolares ha puesto en marcha una recaudación extraordinaria de fondos en apoyo de la población de Venezuela, a través de Acción por un Mundo Unido (AMU) y Acción por Familias Nuevas (AFN). Las aportaciones recibidas serán gestionadas conjuntamente por AMU y AFN para hacer llegar a las poblaciones afectadas por el terremoto del 24 de junio de 2026 ayuda de primera necesidad para la alimentación, la atención médica, la vivienda y el acogimiento en diversas ciudades del país, también en colaboración con las Iglesias locales.
Cada contribución permitirá llevar alivio inmediato e imaginar, juntos, caminos de esperanza y reconstrucción.
Se puede donar online:
Azione per un Mondo Unito ETS (AMU) IBAN: IT 58 S 05018 03200 000011204344 presso Banca Popolare Etica Codice SWIFT/BIC: ETICIT22XXX
Azione per Famiglie Nuove ETS | Banca Etica – filiale 1 di Roma – Agenzia n. 0 | Codice IBAN: IT 92 J 05018 03200 000016978561 | BIC/SWIFT: ETICIT22XXX
Motivo: Emergencia Venezuela
En muchos países de la UE y en otros países del mundo existen ventajas fiscales para este tipo de donaciones, según las distintas normativas locales. Los contribuyentes italianos podrán obtener deducciones y desgravaciones fiscales, según la normativa para los Entes del Tercer Sector (ETS).
Foto: © fotospublicas.com
En su vida cotidiana en el focolar, Maria Voce Emmaus vivió de manera sencilla y luminosa ese Evangelio de la unidad que se comunica con inteligencia, libertad y creatividad.
Poseía una característica que llamaba inmediatamente la atención: movilizaba su corazón, su imaginación y toda su inteligencia para amar verdaderamente a cada persona tal como deseaba ser amada, sin esquemas ni soluciones prefabricadas. Cada persona era única, y ella se tomaba esto muy en serio.
Una de nosotras, por ejemplo, recuerda que cuando llegó, no podía comer queso. Un detalle, diríamos. Pero no. Para Emmaus, no lo era. Sin hacer pesar nada, siempre se aseguraba de que hubiera alternativas en las comidas. No era solo consideración, era una forma de decir que cada una es importante tal como es. Y esto también se aplicaba a las diferentes preferencias alimentarias o sensibilidades: las respetaba con una libertad capaz de aceptar incluso lo que podría parecer cuestionable.
Con Emmaus, de verdad, todo era posible. No por grandes planes, sino por esa capacidad de escuchar los deseos más profundos y hacerlos florecer. Así, el sueño de una de nosotras —ir a un país de habla inglesa para mejorar su inglés— se convirtió, con sorprendente sencillez, en su regalo de cumpleaños.



En el focolar, también tenía una sensibilidad especial hacia las diferentes culturas. No solo las apreciaba, sino que las acogía y valoraba con profundo respeto. Durante un festival tradicional coreano, animó a una de nosotras a vivir el momento plenamente: vestirse con el traje típico, realizar el ritual según la tradición, sin simplificaciones. Y no se limitó a observar: quiso participar activamente, preparando un bonito sobrecito con una suma de dinero, como se espera de un anciano hacia el más joven. Era su manera de decir que cada cultura es un regalo que debemos atesorar.
También sabía reconocer y apoyar los gustos y preferencias de cada una. A quien les gustaba los eventos culturales, no solo le decía: “Ve, es bonito”. Ella misma los buscaba en los alrededores, los recomendaba, los animaba y los acompañaba. Era como si hiciera suyos los sueños de los demás.
Y luego estaban los regalos. Nunca eran regalos “así no más”. Eran considerados, buscados, cuidadosamente preparados. Eran muestras concretas de amor personalizado —como un reloj especial o un paseo por la playa en un cumpleaños— que llegaban no solo a nosotros o a otros focolares, sino también a nuestras propias familias: hermanas, padres, sobrinas y sobrinos.
El arte siempre ha estado presente en nuestro focolar, como aliado para fomentar la unidad entre nosotras. ¡Cuántas veces hemos cantado juntas!, ¡se sabía de memoria muchas canciones y poesías!… ¡o representado pequeñas obras de teatro! La que preparó para la fiesta del nombre de María fue inolvidable: una reinterpretación libre y alegre, inspirada en la “Divina Comedia” de Dante, el gran poeta italiano, vivida con ella y para ella, que transformó un simple momento en una profunda experiencia con María.



En el fondo, esa era su forma de vida: creaba la familia. Un episodio lo ilustra bien. Un domingo por la tarde, sin previo aviso, visitamos con todo el focolar a la focolarina casada que se acababa de mudar al Centro. Cuando, sorprendida, preguntó por el intercomunicador quién era, Emmaus respondió con sencillez y alegría: “¡Tu familia!”.
En otra ocasión, nos llamó un fin de semana para invitarnos a sus vacaciones. Nos sorprendió que hubiera visto ropa en una tienda que nos podría gustar. Así que nos la probamos y elegimos prendas según el gusto y el estilo de cada una, ¡con esa alegría que se siente cuando Jesús está presente!
Al reflexionar sobre nuestra vida con Emaús, podemos afirmar que la unidad no es una idea abstracta. Es algo que se construye día a día, que requiere que nos involucremos personalmente en las relaciones con los demás, en los detalles, en las atenciones, en la creatividad del amor. Ella nos demostró que la unidad es posible cuando cada uno ama y se siente verdaderamente amado.
Las focolarinas que han vivido en el Focolar con Emmaus
En las fotos, distintos momentos de la vida cotidiana – © Archivio CSC Audiovisivi