Movimiento de los Focolares

Renacer con el amor al prójimo

Jun 28, 2021

Todos estamos llamados a realizar esta conversión en nuestro interior recomenzando continuamente a amar  a todos, si hubiésemos dejado de hacerlo; tenemos que experimentar este tipo de renacimiento, esta plenitud de vida. Por eso es necesario, lo más posible, traducir en amor al prójimo todas las expresiones de nuestra existencia.

Todos estamos llamados a realizar esta conversión en nuestro interior recomenzando continuamente a amar  a todos, si hubiésemos dejado de hacerlo; tenemos que experimentar este tipo de renacimiento, esta plenitud de vida. Por eso es necesario, lo más posible, traducir en amor al prójimo todas las expresiones de nuestra existencia. Tenía ante mis ojos la estupenda página del juicio final: Jesús vendrá a juzgarnos y nos dirá: “Tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber”*. La lectura de aquellas palabras me impresionó como si fuese la primera vez que las leía. Redescubrí que Jesús, en el examen final, no me preguntaría sobre esta o aquella cosa que también debo hacer, sino que se fijaría precisamente en el amor al prójimo. Empecé, como una persona que inicia ahora su ascenso hacia Dios, a amar a todos, a todos aquellos con quienes yo tenía algo que hacer durante el día y, ¡créanlo! me sentí renacida, y advertí que mi alma tiene sobre todo hambre de amor, hambre de amar; y que aquí, en el amor hacia todos, encuentra realmente su respiro, su alimento, su vida. El hecho es que también antes trataba de realizar muchos actos de amor, pero ahora me daba cuenta de que algunos de ellos eran, más que otra cosa, manifestaciones de una espiritualidad demasiado individual, que se alimenta de pequeñas o no tan pequeñas penitencias que, a pesar de nuestra buena voluntad, pueden ser para nosotros que estamos llamados al amor, ocasión de un cierto replegarnos sobre nosotros mismos. En cambio, ahora, en esta nueva tensión a amar a todos, podía realizar también muchos actos de amor, pero todos ellos finalizados a los hermanos, en los que veía y amaba a Jesús. Y solo de esta manera yo alcanzaba la plenitud de la alegría. Queridos, todos estamos llamados a realizar continuamente en nosotros esta conversión y todos debemos experimentar esta especie de renacimiento, esta plenitud de vida. Por eso debemos tratar lo más posible de traducir en caridad hacia el prójimo todas las manifestaciones de nuestra existencia. ¿Es nuestro deber ocuparnos de la casa? Hagámoslo no solo por motivos humanos, sino porque Jesús está en los hermanos a los que hay que amar, vestir, saciar su hambre y servirles. ¿Debemos realizar cualquier otro trabajo? Jesús está en los individuos y en las comunidades a las cuales llevamos nuestra contribución. ¿Debemos orar? Oremos siempre por nuestra persona como por las demás, utilizando ese «nosotros» que Jesús nos enseñó en el Padrenuestro. ¿Estamos llamados a sufrir? Ofrezcamos nuestro dolor por los hermanos.  ¿Es voluntad de Dios que tratemos con alguien? Que siempre exista la intención de escucharlo a Él, de aconsejarlo a Él, de instruirlo a Él, de consolarlo a Él… en una palabra, de amarlo a Él. ¿Tenemos que descansar, comer o distraernos? Demos a todas estas acciones la intención de querer con ellas recobrar fuerzas para servir mejor al hermano. En resumen, hagamos cada cosa, pensando en el prójimo. Por eso, más aún, para que se produzca en nosotros esta reconversión, tengamos en nuestra mente en los próximos […] días este compromiso: «Renacer con el amor».

Chiara Lubich

  *Mt 25, 35. (En una conferencia telefónica, Rocca di Papa 20 de marzo de 1986) Cf. Chiara Lubich, Juntos en Camino, Ciudad Nueva, Buenos Aires 1988, pp. 147-149.        

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Evangelio Vivido: “Quédate con nosotros, porque anochece” (Lc 24,29)

Evangelio Vivido: “Quédate con nosotros, porque anochece” (Lc 24,29)

¿Cómo podemos reconocer la presencia de Jesús cuando la noche, la injusticia y la desigualdad nos envuelven? ¿Cuándo las dificultades y el sufrimiento parecen oscurecer toda esperanza? El camino a Emaús se convierte en un símbolo de cada uno de nosotros, de nuestro camino de fe, de nuestro profundo deseo de redescubrir a Cristo en nuestras decisiones cotidianas; un encuentro que nos lleva a la alegría y al testimonio compartido. Es la conmovedora invitación que todos podemos hacerle, para que, una vez encontrado, permanezca con nosotros y entre nosotros.

Pascua: el fundamento de la Gran Esperanza

Pascua: el fundamento de la Gran Esperanza

Esta reflexión acerca de las razones y los orígenes pascuales de la esperanza cristiana, que “se atreve” a hablar aún a los hombres de hoy, nos la ofrece Declan J. O’Byrne, teólogo y rector del Instituto Universitario Sophia.

Ojos de Pascua

Ojos de Pascua

Klaus Hemmerle (1929-1994), obispo de Aachen (en Aquisgrán, Alemania), teólogo y filósofo, gracias a su especial característica, dio un aporte importante a la profundización doctrinal del carisma de la unidad. Con estas palabras, nos introduce en el misterio de la Pascua y de la Resurrección de Cristo, invitándonos a sumergirnos plenamente en este momento y a adoptar una nueva perspectiva.