24 Sep 2011 | Sin categorizar
Campus con ancianos (29 de julio/7 de agosto). Nos unía un objetivo sencillo, pero preciso: amar. Con este deseo en el corazón pusimos, juntos, manos a la obra. En medio del tórrido calor veraniego, fue un duro trabajo de servicio: limpiar las habitaciones de los ancianos, servir la comida, animar veladas para ellos… pero el amor circulaba, se sentía en la atmósfera. Había una atención especial a la hora de hacer las cosas, juntos, para no dejar a nadie de lado, con la disponibilidad de perder la propia idea cuando el conjunto consideraba que no era apropiada. Todo se hizo bajo el signo de la sonrisa… y esto hizo extraordinaria cada cosa. Los ancianos confiaban en nosotros y nos animaban. Si la flor de papel maché que embellecía la sala no era tan perfecta, o el cartel del bingo hecho a último momento no estaba tan bien terminado, sabían siempre disimular. Por nuestra parte, nos escribe Salim, de Kenia: “Estoy contento de haber estado en el campus, me sentí como en casa porque este tipo de actividad me despertó el deseo de ser feliz. ¡No hay tristeza cuando amamos así!”. Cáritas (1/14 DE agosto). Para permitirles a los voluntarios de la asociación tener unos días de vacaciones, nos propusimos encargarnos nosotros de las múltiples actividades que se desarrollan en nuestro territorio en el período de verano,. Esta vez el trabajo consistía en la preparación de los menú, el empaque de los almuerzos y finalmente en nuestro donarnos a los tantos marginados de nuestra ciudad, descubriendo su mundo. Para nosotros fue sorprendente descubrir cómo, día tras día, no hubo un sólo momento en el que se apagara la sonrisa de nuestro rostro a pesar de los problemas que no faltaron. Un regalo más, además de las comidas que se distribuían, a muchos que venían cotidianamente.
A su regreso los voluntarios nos felicitaron por el trabajo desarrollado y nosotros constatamos cómo las ideas divergentes se armonizan, si se vive la regla de oro y mantenemos la sonrisa en los labios. Ahora, después de este verano tan activo y aventuroso, todavía más recargados, estamos listos para empezar el nuevo año. Juntos, queremos hacer ver la belleza de esta nueva corriente de vida y corremos decididos hacia la gran cita del próximo septiembre: el Genfest 2012. A cargo de los Jóvenes por un Mundo Unido de Sassari.
18 Sep 2011 | Sin categorizar
Chiara Lubich y sus primeras compañeras, durante la guerra, tomaron la costumbre de encontrarse en los refugios antiaéreos, apenas sonaba la sirena que anunciaba un nuevo bombardeo. Era demasiado fuerte el deseo de estar juntas, de descubrir formas siempre nuevas de ser cristianas, de poner en práctica el Evangelio, después de la intuición fulgurante que las llevó a poner a Dios en el centro de sus intereses, en el centro –único y absoluto– de sus jóvenes vidas. «Cada acontecimiento nos impactaba profundamente –comentará años más tarde Chiara. La lección que Dios nos ofrecía mediante las circunstancias era clara: todo es vanidad de vanidades, todo pasa. Sin embargo, al mismo tiempo, Dios ponía en mi corazón, para todas, una pregunta y con ésta la respuesta: “¿Existirá un ideal que no muera, que ninguna bomba pueda destruir al que podamos donarnos completamente?”. Sí, Dios. Decidimos hacer de Él el ideal de nuestra vida» En el 2000 Chiara escribe: «Dios. Dios, que en medio del furor de la guerra, fruto del odio, bajo la acción de una gracia especial, se manifestó por lo que realmente es: amor. La primera idea central sobre la que el Espíritu ha construido esta espiritualidad ha sido: Dios Amor (Cf. 1 Jn. 4,8).
¡Qué transformación produce en las personas esta verdad, comprendida de manera completamente nueva, al contacto con el carisma del Movimiento! La vida cristiana practicada anteriormente, aún siendo coherente, en comparación parecía ensombrecida de orfandad. Ahora, de hecho, habíamos descubierto que Dios es amor, Dios es Padre. Nuestro corazón, habiendo vivido en el exilio de la noche de la vida, se abre y sube y se une con Aquel que lo ama, que piensa en todo, que cuenta incluso los cabellos de nuestra cabeza.
Las circunstancias alegres o dolorosas adquieren un significado totalmente nuevo: todo está previsto y es querido por el amor de Dios. Ya nada puede darnos miedo. Es una fe apasionada, que fortifica, que nos hace exultar. Es una fe que conmueve a quien la experimenta por primera vez. Es un don de Dios que nos hace gritar: «Nosotros hemos creído en el amor (1 Gv4,16). Con la elección de Dios, que es amor, como ideal de la vida, se definía el primer punto cardinal, el primer paso de esta nueva espiritualidad que brotaba en nuestros corazones. En consecuencia, habíamos encontrado por quién vivir, Dios amor».
11 Sep 2011 | Sin categorizar
La espiritualidad de la unidad se desarrolla en doce puntos, entrelazados uno en el otro.
- Dios Amor
- La Voluntad de Dios
- La Palabra
- El hermano
- El amor recíproco
- Jesús Eucaristía
- La unidad
- Jesús abandonado
- María
- La Iglesia
- El Espíritu Santo
- Jesús en medio.
La espiritualidad de la unidad de Chiara Lubich, en cada uno de sus puntos, no es la formulación de un proyecto madurado en su mente, de una reflexión, de un aspecto de la teología espiritual. Se trata más bien de algo que suscita la vida, de una espiritualidad que requiere una inmediata adhesión, decidida y concreta. En la riqueza de la historia de la Iglesia, de sus miembros, de sus santos y de sus comunidades, existe una característica constante: es la persona que camina de manera individual hacia Dios. Esto también es así en la espiritualidad de la unidad, en el sentido de que la experiencia que el individuo hace con Dios es única e irrepetible. Sin embargo, junto a esta indispensable experiencia espiritual personal, la espiritualidad que contiene el carisma de la unidad, confiado por el Espíritu a Chiara, acentúa la dimensión comunitaria de la vida cristiana. No es, en absoluto, una novedad, ya que el Evangelio es eminentemente comunitario. Existen en el pasado experiencias que subrayan este aspecto colectivo de la peregrinación hacia Dios, sobre todo en las espiritualidades que ponían el amor como base de la vida espiritual, como por ejemplo, San Basilio y sus comunidades. La espiritualidad de Chiara Lubich conlleva una forma original, comunitaria, de ir hacia Dios: ser uno en Cristo, según las palabras del Evangelio de Juan: “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, así estén también ellos en nosotros” (Jn. 17, 21). En Chiara esta frase se convierte en un estilo de vida. Una “espiritualidad comunitaria” había sido augurada para nuestra época por teólogos contemporáneos y a ella se refiere el Concilio Vaticano II. Karl Rahner, por ejemplo, hablando de la espiritualidad de la Iglesia del futuro, la veía en la «comunión fraterna en la que sea posible hacer la misma experiencia fundamental del Espíritu». El Vaticano II, orienta su atención sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo y pueblo reunido en el vínculo del amor de la Trinidad. Si Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia, hablaba de un “castillo interior”, la espiritualidad de la unidad contribuye a edificar también un “castillo exterior”, donde Cristo esté presente e ilumine todas sus partes.
1 Sep 2011 | Focolare Worldwide
Hago parte de la generación de los “rebeldes”, educado en la fe católica, pero sin comprenderla ni vivirla coherentemente. Ya desde joven me hacía muchas preguntas. Sobre todo me costaba ir a Misa todos los domingos. Encontré la solución: dejé de creer, manteniendo igualmente como referencia el mensaje de amor de Jesús.
Conocí a M. Angels, mi mujer, y comenzó una larga y benéfica transformación para ambos. Ella creyente y del Movimiento de los focolares. En realidad, con el pasar del tiempo, descubrí que me había casado con una “activista” del Movimiento.
Nos tuvimos que confrontar enseguida sobre las decisiones que debíamos tomar para el rito del matrimonio. Nos casamos por la Iglesia. A pesar de esto, por mi parte no renuncié a nada. No solo acepté el rito religioso, sino que participé con el máximo interés y respeto.
La otra decisión importante fue la educación que habríamos tenido que dar a nuestros hijos. Nuevamente aplicamos un sencillo principio que, para estas cuestiones difíciles, ha funcionado muy bien: “la formación en la fe católica será un plus para nuestros hijos que les hará más sensibles, más completos, más felices». Le decía a mi mujer: «Tú tienes la fe, yo el vacío”.
No ha sido todo fácil como puede parecer. De hecho, no comprendía el entusiasmo de mi esposa por participar a las reuniones de los Focolares: Era quizás un secta? Admito que estabe un poco celoso. Poco a poco, esforzándonos mutuamente, llegamos a un pleno equilibrio. Tenía una cierta curiosidad por el Movimiento y ella discretamente me lo hacía conocer.
Un hecho significativo sucedió cuando participé a una reunión. Recuerdo la acogida que recibí y la atmósfera que se respiraba. Comencé a conocer la espiritualidad de Chiara Lubich e intenté hacerla coincidir con mis convicciones personales. Un aspecto importante fue comprender con una luz nueva el significado de la palabra amor, que hoy día ha perdido su importancia.
Había encontrado una espiritualidad que ponía al centro el mensaje de Jesús da una manera radical y manifiesta; que se concretizaba cotidianamente y en las pequeñas cosas. Creció mi interés por esta espiritualidad así como el deseo de vivirla: con los amigos, los desconocidos, los compañeros de trabajo, y sobre todo en familia.
Había solo un obstáculo. Me parecía que el Movimiento fuese reservado a las personas creyentes cristianas. Fui sorprendido cuando supe que era abierto también a personas de convicciones non religiosas y no sólo, sino que me invitaban a participar activamente.
He aprendido a ver al otro como a un hermano, a pensar y actuar de consecuencia, y que no es necesario ser un héroe; he experimentado que es necesario un ejercicio continuo, pero que en esto uno es ayudado por una espiritualidad que tiene un alto componente comunitario.
En los últimos años he tenido la fortuna de poder dirigir un grupo musical de jóvenes. Es una riqueza, porque estando con ellos he podido participar a su crecimiento, non sólo musical sino también espiritual. Esto ha exigido por mi parte una grande dosis de trabajo y mucha paciencia para adaptarme a sus exigencias, conocimientos, edad y a las ganas que tienen de jugar y de vivir.
Ahora miro mi vida como una trayectoria que me ha permitido crecer en el terreno espiritual, y llenar el vacío que me parecía tener respecto a la plenitud de fe de mi mujer. Una evolución que hace necesario que me impulsa a pasar de espectador a actor.
Jordi Illa
15 Ago 2011 | Focolare Worldwide
“Me llamo Sandra, soy empresaria desde los 30 años; actualmente, propietaria y directora de tres empresas del campo artesanal. Trabajo como diseñadora con fibras tropicales de la Amazonia, y desarrollo una investigación en esa zona. Fui siempre sensible a las necesidades de las personas menos favorecidas. Diría que forma parte de mi naturaleza dedicarme a aquellos que tienen mayormente necesidad de ayuda y de solidaridad. Ya desde muy joven trabajé con los detenidos en una cárcel, después, como directora de una empresa. Siempre traté de transmitir mis conocimientos para la promoción de otras personas, ofreciendo una formación profesional y oportunidades de trabajo. En 1999, una tragedia familiar cambió completamente mi vida. En un momento, la “isla” maravillosa en la cual vivía se derrumbó. De golpe, me faltó la tierra debajo de los pies. Estaba desesperada. En ese momento de gran sufrimiento, se profundizó la relación con algunas amigas del focolar, que había conocido tres años antes. Encontré un gran apoyo de parte de ellas y de a poco comencé a levantarme nuevamente. Habiendo conocido la experiencia de Chiara Lubich, sentí que un reflejo de su luz me daba la esperanza de encontrar una salida al final de aquel túnel. Comprendí que era un ejemplo que me contagiaba. Así, tuve fuerza para comenzar de nuevo. En el 2009 participé del Congreso del Diálogo con personas de convicciones no religiosas en la Mariápolis Ginetta, la ciudadela de los Focolares que está cerca de San Pablo. Me sentí motivada y comencé a colaborar concretamente con ellos. Se dio la posibilidad de abrir un curso para realizar trabajos hechos a mano con fibra de coco y de palmas de “buriti”, plantas originarias de Brasil. Viniendo de una familia de artesanos especialistas en el uso de fibras vegetales, traté de desarrollar un trabajo que, además de valorizar la mano de obra, pueda garantizar la conservación del ambiente. Nació el proyecto Ratan. Actualmente, nuestro taller trabaja tres veces por semana y a él asiste un grupo de ocho jóvenes. Lo lleva adelante una ejecutiva de la empresa y yo hago la supervisión y la orientación en los diseños. Son productos que sirven para la decoración, como vasijas, cajitas, etc., en las que se utiliza la técnica del tejido de hilos. A fin del año pasado, vivimos una tarde cultural, con la presentación de los trabajos y la venta de algunas piezas. Este año ya comenzó una segunda etapa, con una ampliación en la gama de trabajos. Siendo un curso profesional, los jóvenes podrán inserirse después en el mercado laboral. Las inscripciones siguen en aumento. Esta actividad es un don para mí. Comprendo que también yo recibo, y, a veces, mucho más que ellos. Siento una alegría enorme en el poder colaborar. Desde que comencé a dedicarme a esto renací, y mientras viva quiero seguir trabajando por esta causa.” S.G.