30 May 2018 | Focolare Worldwide
“Puerta”, no “frontera”, por lo menos hasta cuando Francia suspendió los tratados de libre circulación. Así, Ventimiglia pasó a ser un embudo, en donde se recogen los migrantes que consideran nuestro país sólo una etapa, antes de alcanzar otras metas más allá de los límites geográficos. «Por Ventimiglia pasaron más de 20 mil personas el año pasado». Lo cuenta Paola, de la comunidad de los Focolares. «Prácticamente otra Ventimiglia, porque nuestra población es de alrededor de 24 mil habitantes». Ella es profesora en el Seminario del Obispado, y recuerda: «En los meses de febrero y marzo de 2015, los seminaristas habían empezado un servicio de distribución de alimentos a los que vivían en la estación de tren. Pero, con el pasar de los días, esta gente se multiplicaba». De hecho, a éstos se le agregaban los migrantes que habían desembarcado en las costas italianas y que querían atravesar la frontera con Francia para llegar a los otros países europeos. «Desde entonces empezó una “emergencia” que no ha terminado. Al comienzo nos esforzamos, con otras instituciones locales, por distribuir en forma voluntaria comida por la calle». Un voluntariado que desarrollábamos en colaboración con la Caritas diocesana. «Nos pusimos en contacto con la comunidad de los Focolares del otro lado de la frontera, que compartió con nosotros los turnos, y nos sostuvo con fondos recogidos en ventas de beneficencia durante el Grand Prix de Mónaco».
«En junio de 2015 – continúa contando – surgió un campamento de la Cruz Roja cerca de la estación. El acceso era limitado, pero algunos, con una debida autorización, pudimos entrar para colaborar de distintas maneras». Al lado de este campamento “oficial”, durante el verano nació un campamento “informal” justo en la frontera con Francia. «Muchos migrantes llegaban sin documentos, y como en el campamento gestionado por la Cruz Roja era obligatoria la identificación, muchos preferían acampar allí, para tratar de pasar enseguida la frontera». Luego, en los primeros días de octubre, este campamento fue desmantelado y desalojado, “diría brutalmente”. «Cuando en mayo de 2016 se cerró también el Campamento de la Cruz Roja nos encontramos de golpe con más de mil personas en la ciudad. Una situación insostenible, agravada por una ordenanza municipal que prohibía la distribución de alimentos y bienes de primera necesidad a los migrantes, con sanciones penales y multas. Hasta que la Caritas intervino y pudo mediar. Así nació una realidad de acogida en la iglesia de San Antonio. Iglesia de día, dormitorio de noche. Las familias con niños y las personas más frágiles eran hospedadas en la iglesia; se quitaban los bancos, se ponían mantas y, de mañana, se limpiaba todo». A mediados de julio de 2016 se abre un nuevo campamento de la Cruz Roja, fuera de la ciudad, reservado a los hombres; las mujeres y los menores siguen siendo alojados en la iglesia. «En 2017 empezó la llegada de una serie infinita de menores, que sobre todo se quedaban a lo largo del río Roya. Entonces, el Prefecto le pidió a la Cruz Roja si podía abrir una sección dedicada a ellos. Mientras tanto había rastrillajes continuos, con cientos de migrantes cargados en los buses hacia Taranto. Pero después de pocos días, estaban de nuevo aquí». Lo cierto es que – explica – estas personas quieren reunirse con sus familiares que se encuentran en otros países, y están dispuestas a todo para lograrlo: «Desde aquí pueden intentar pasar la frontera. Hay gente que lo intentó incluso hasta diez veces antes de conseguirlo». La frontera está presidiada día y noche. . «Desafortunadamente lo que estamos haciendo no es más que asistencialismo. Pero ellos no tienen necesidad de ropa o un par de zapatos. Tienen necesidad de ejercitar esa libertad de autodeterminación que debería ser de todo el género humano». Tal vez, la solución podría ser crear un campamento de tránsito, sugiere Paola, «un lugar en donde el migrante, durante el viaje, pueda detenerse, nutrirse, lavarse y cambiarse de ropa; en donde pueda recibir atención médica, asistencia legal». Paola llama a esta atención con el término “rien du tout”, cosas sin valor, detalles que los hacen sentir, a estos viajantes, nuevamente personas: «Cocinamos recetas africanas o árabes a base de cous cous y arroz, hemos aprendido a mezclar las especias y presentar platos como en sus tradiciones. Un día, notamos que una mujer siria se lavaba cada vez que venía a Caritas, pero seguía poniéndose el mismo vestido. Llevaba una túnica, con debajo unos pantalones. Siempre revisaba en la pila de ropa, pero se iba con las manos vacías. Al final entendimos, le pedimos a unas amigas marroquíes si tenían ropa de ese estilo. Y se cambió, se marchó feliz». Fonte: United World Project
29 May 2018 | Sin categorizar

Beatriz Sarkis
«Un espacio de encuentro entre cristianos, donde desaparecen los prejuicios y se pueden establecer relaciones de estima recíproca». Beatriz Sarkis definió así la III Asamblea del Global Christian Forum (24-27 de abril del 2018) que reunió a más de 250 cristianos pertenecientes a iglesias, organizaciones y movimientos cristianos de todo el mundo. La teóloga brasileña, graduada en Inglaterra y con una Maestría en la Universidad luterana de su país, vino en representación de María Voce, la presidente de los Focolares, y habló sobre la contribución del Movimiento de los Focolares al ecumenismo. En una entrevista, Sarkis, quien desde el 2009 al 2016 participó, siendo la única mujer laica, en la Consulta entre el Consejo Pontificio para la Promoción de la unidad de los Cristianos y la World Evangelical Alliance, nos explicó la finalidad del GCF. «La idea de crear un Foro nació en 1998, como fruto de un profundo intercambio entre la Alianza Evangélica Mundial, el Consejo Ecuménico de las Iglesias, la Fraternidad Mundial Pentecostal y el Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. Estas cuatro instituciones, juntas, lo siguen sosteniendo como un espacio abierto a todos.
Después de un primer encuentro a nivel mundial, en Kenia (2007), se realizó otro en Indonesia (2011). Esta vez en Bogotá proveníamos de 55 países, estábamos presentes anglicanos, adventistas, bautistas, católicos, cuáqueros, discípulos de Cristo, miembros del ejército de salvación, evangélicos, independientes, luteranos, menonitas, metodistas, neo-carismáticos, ortodoxos, ortodoxos orientales, pentecostales, reformados/presbiterianos, pertenecientes al movimiento de santidad, al African Instituted Churches valdenses, vetero-católicos y un representante de los judíos mesiánicos». El Global Christian Forum tiene como objetivo que cristianos e iglesias de tradiciones muy distintas mantengan un diálogo. «El Forum no sustituye el precioso e insustituible trabajo de los teólogos, en las distintas comisiones –explica Sarkis-, pero es uno de los caminos que hoy se transitan para reunir al pueblo de Dios y ponerlo en marcha enseguida por el camino de la unidad. Si el amor fraterno está vivo, las cuestiones teológicas se irán afrontando más fácilmente. Durante la Asamblea tuvieron lugar muchos momentos de intercambio y reflexión común sobre el futuro y sobre los desafíos que los cristianos tienen que afrontar hoy. No faltaron los momentos de oración común, al inicio y como conclusión de cada jornada. Personalmente yo participaba todos los días, junto con los otros católicos, en la Santa Misa del cercano Monasterio de la Visitación. El tema elegido, “Perseveren en el amor fraterno” (Heb. 13, 1), nos llevó a todos al corazón del cristianismo.
Subdivididos en pequeños grupos, nos donamos recíprocamente el relato de nuestro encuentro con Jesús. Esta práctica, que es típica del Forum desde un inicio, encuentra una especial consonancia con la espiritualidad del Focolar, por la comunión de las experiencias que tiene lugar dentro del Movimiento. Fue un intercambio profundo que abrió nuestros ojos y nos permitió descubrir el trabajo de Dios en la vida de cada uno, haciendo caer muchos prejuicios. Nos descubrimos todos sencillamente cristianos. Además de esto, tuve la gran alegría de poder compartir la experiencia, aunque en forma breve, con la comunidad de los Focolares del lugar, que me acogió, dato que se me presentaron algunos contratiempos en mis documentos que me impidieron regresar enseguida a Italia. El mensaje final de la Asamblea contiene una invitación a unirnos en el amor recíproco en Cristo para seguir caminando juntos, porque las divisiones entre los cristianos contradicen la voluntad de Jesús, escandalizan al mundo y dañan la misión común de anunciar el Evangelio a todas las gentes. Todos juntos debemos seguir construyendo y reforzar esta red. También éste es el objetivo del “Centro Uno” para la unidad de los cristianos (Roma), fundado por Chiara Lubich en 1961, para contribuir, con la espiritualidad de la unidad, a la comunión plena y visible entre las Iglesias».
28 May 2018 | Sin categorizar
« “Tú nos enseñaste que el matrimonio significa apertura, realización del proyecto que Dios tiene sobre nosotros. Haremos todos nuestros esfuerzos para que la familia y el mundo lleguen a ser como deben ser”. Maria da Conceição, para todos simplemente São, había escrito estas palabras a Chiara Lubich, nada más haber comenzado nuestra aventura. Nos casamos en Braga en 1981 – cuenta Zé Maia – y de nuestra unión nacieron seis hijos. Luego llegaron los nietos, que ya son nueve. La misma Chiara Lubich, un tiempo antes, le había indicado una frase el Evangelio como programa de vida: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn. 3, 30). ¡Cuántas veces me la había repetido!» Zé y São, ambos portugueses, en 2002 se habían ido a vivir junto con sus hijos a la ciudadela de los Focolares “Arco Iris”, a 50 kilómetros de Lisboa, para dar su aporte concreto a la construcción de ese Centro. En noviembre de 2016, São se encontraba en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo (Roma), participando en un Congreso de “Juntos por Europa”. «Antes de partir – prosigue Zé – me había confiado: “Estoy contenta de participar en este Congreso, creo que será éste el camino que tendremos que recorrer”. Fue su último acto de amor, en la alegría de dar su propia vida por los demás. El día 11, de improviso, por un infarto, Dios la llamó consigo.
¿Y ahora? Estoy haciendo la experiencia de vivirla a ella, que está en mí, en esa “sola carne”, entre el cielo y la tierra. No puedo perder la frescura de sus últimas palabras, ese reto a “ir adelante juntos y con coraje”. Vuelvo a comenzar todos los días, con el estímulo y la ayuda de la vida del focolar. En casa, en mi familia, estamos descubriendo un “nuevo nosotros” y experimentamos que lo que hemos construido con el amor permanece. Y continúa, porque la eternidad es el perfecto amor. Vivo en la búsqueda constante de cómo ser, al mismo tiempo, padre y madre. Vivo como si São estuviera aquí conmigo, acogiendo a los demás, o haciendo las compras. Junto con ella compro flores, preparo una buena comida para mis hijos, o lo que les gusta a mis nietos. Junto a ella digo una palabra que corrige, construye, o incentiva. Es un diálogo continuo, entre el cielo y la tierra. He hecho un nuevo descubrimiento, Jesús Eucaristía. Allí se da “nuestro” encuentro. Los momentos de dolor existen, pero nos hacen dilatar el corazón hacia el prójimo. La soledad está, es una sombra real. Hay que darle la espalda y mirar la luz. Al final de cada jornada descubro la gratitud, cuando levanto la mirada para lograr ver lo invisible, aunque el miedo se presenta como un ladrón, a escondidas, para robarnos la paz. A veces el alma desea volar, irse a otro sitio. Pero luego dejo que ese rayo de luz me hable, me salude y me acompañe». «A veces escribo dos líneas a los hijos, para contarles lo que estoy viviendo con su madre: “Todos los días, en el caleidoscopio del alma, ella se muestra con nuevas bellezas, con todos los matices del cielo azul. Y entonces la contemplo en su misterio”. La vida continúa, hecha de momentos de familia y vida de comunión con todos. Sí, es verdad, siento la necesidad de ella, de su compañía, de su complicidad, de su compartición. Nunca estamos preparados para ver partir a nuestro compañero, a quedarnos solos, sin su palabra o su mirada, bajo todos los aspectos, afectivo, psicológico, relacional. Pero también, concretamente, con los hijos, la familia, el trabajo. En el año 1967 Chiara Lubich les dio a las familias esta reflexión: cuando uno de los dos “parte” para el cielo, “se da que el matrimonio, que había hecho de dos criaturas una sola, no sólo física sino también espiritualmente, por el sacramento del matrimonio, se rompe, por voluntad de Dios. Es algo divino – si así se puede decir – como una pequeña Trinidad que se parte”. Se vive en esos momentos una verdadera purificación, que se afronta poniéndose a amar a quien está a nuestro lado. Este año descubrí qué significa Dios-Amor, el Amor: más que las cosas de Dios, es Dios mismo. Sólo el amor permanece. Hemos vuelto a encontrar una breve oración escrita por São: “Ayúdanos a ser la familia que tú has pensado. Dame la gracia de superar las dificultades con sabiduría, ingenio, inteligencia y bondad. Ayúdanos a verlo todo con tu luz”». Gustavo Clariá
27 May 2018 | Sin categorizar
El enfermero Soy albanés. Tras mucha búsqueda de trabajo me habían tomado como enfermero en un hospital de Macedonia. Un día, para ser coherente con mis principios religiosos, rechacé el pedido de asistir durante un aborto, con gran sorpresa de mis compañeros, porque si hacía así corría el riesgo de que me echaran. Siendo bien consciente de que mi familia, que vive de mi sueldo, iba a sentir el efecto, permanecí fiel a mi posición. Después de algunos días, en privado, el director del hospital me transmitió su admiración por ese gesto. Él también pensaba que había que luchar contra la práctica de los abortos, pero no tenía el coraje de arriesgar su trabajo. S. E. – Macedonia El gallinero Queríamos montar una empresa que fuera al encuentro de la necesidad de los pobres. Juntamos un poco de dinero y empezamos a criar gallinas ponedoras. El primer trabajador que contratamos era un joven de veinte años que, como se demostró después, tenía un comportamiento deshonesto. Una vez, de hecho, desapareció una gran cantidad de huevos y él había sido el único que se había ausentado durante el horario de trabajo. Todas las veces que me disponía a despedirlo, sin embargo, me frenaba: “Es fácil despedir a alguien – me decía yo –; ¿no sería mejor ayudarlo?”. Le pedí ayuda a Dios, y traté de darle confianza a ese joven. Hace algunos meses se estaban muriendo muchas gallinas y el veterinario no conseguía entender qué pasaba. Ese joven, observándolas, se dio cuenta de que dependía de una equivocada disposición de los nidos: las gallinas que iban a poner los huevos no quedaban protegidas de los picotazos de las otras. Cambiamos entonces la disposición y desde ese momento ya no hubo más problemas. P. L. – Camerún Turno nocturno Un colega que hace el turno nocturno en el centro electrónico del banco en donde trabajo, después del enésimo inconveniente, me llama por teléfono desesperado para pedirme que vaya en su ayuda. Aunque me cuesta salir de casa y dejar a mi familia, decido ir a darle una mano. Como primera cosa, trato de absorber su enojo, luego, poco a poco se va calmando, y juntos logramos reconstruir todos los datos que se habían perdido. En ese momento, mi tarea había terminado, pero recordando las palabras de Jesús: “Si alguien te pide que lo acompañes una milla, acompáñalo dos”, le propongo que vuelva a su casa y que yo podía cubrir su turno. Él prefiere quedarse y entonces lo acompaño hasta la medianoche. Más allá del cansancio, experimento también una gran alegría. F. S. – Suiza Incomunicación Después de años de matrimonio, con mi esposa habíamos llegado a una situación de grave incomunicación. Cualquier cosa que dijésemos para aclarar nuestras posiciones y las motivaciones de nuestro comportamiento, era como ponerle más combustible al fuego, hasta incluso llegar a echarnos en cara que entre nosotros, en el fondo, nunca había existido una verdadera comunión. Fueron días de infierno que llenaban toda nuestra vida. Nuestros hijos, por más de que vivieran fuera de casa, se daban cuenta, ellos también, del gran malestar que reinaba entre nosotros. Un día, en el que me sentía particularmente con una gran opresión interior, pedí ayuda a Dios. Después de un rato, me encontraba hojeando una revista en el tranvía y me llamó la atención un artículo sobre la importancia de dar confianza al otro. ¡Era exactamente lo que estaba necesitando! Comprendí que más que analizar acciones y palabras, tenía que volver a darle confianza a mi esposa, demostrándole que creía en ella. Hice la prueba y ese cambio de actitud en mí dio sus frutos. Tras días de silencio, mi esposa y yo volvimos a retomar un nuevo diálogo. F. T. – Hungría
24 May 2018 | Sin categorizar
https://vimeo.com/271706391 (2403M) Copyright 2018 © CSC – P.A.F.O.M. – All rights reserved
«Hace dos semanas estábamos con el Papa en Loppiano. Han pasado dos semanas y nos preguntamos: «¿De verdad sucedió esto?». ¡Sucedió realmente! Y no sólo sucedió sino que nos dejó una tarea para vivirla. Por ello, en este momento me pregunto: «¿Hemos comprendido profundamente lo que ha sucedido?». Tal vez lo vamos descubriendo poco a poco, conforme vamos profundizando su maravilloso discurso, porque el Papa nos lanzó un desafío, nos dijo que estamos al inicio de nuestra historia, al inicio de Loppiano, al inicio de todo, digamos. Y si estamos al inicio, significa que debemos mirar adelante, que algo hay que hacer para seguir adelante. Pero el Papa nos dijo lo que tenemos que hacer: debemos transformar la sociedad, no sólo debemos contentarnos –dijo cosas fuertes– con favorecer las relaciones entre las personas, entre las familias, entre los grupos, entre los pueblos, sino más bien ponernos juntos para vencer el desafío de esta sociedad que va mal y que tiene necesidad del Evangelio, que tiene una necesidad enorme de semillas de vida evangélica que luego florezcan y la transformen. En esto nos sentimos realmente al inicio y verdaderamente estamos al inicio, pero no podemos detenernos, precisamente porque el Papa al decirnos esto nos retó y nos dijo: «Ustedes pueden hacerlo». Y también nos indicó cómo, porque nos dijo: «…transmitiendo a los demás esta espiritualidad del ‘nosotros’, esta ‘cultura del nosotros'», que puede favorecer una alianza global, universal, una nueva civilización, una civilización que nazca de este «nosotros». Y nos dijo también que tenemos una ayuda y un estímulo potente en el carisma. El carisma es un don de Dios, por ello no tenemos que enorgullecernos de haberlo recibido, sin embargo, con la humildad que él nos recordó, tenemos que ser conscientes de este carisma y hacer todo lo posible para transmitirlo a la sociedad que nos rodea. Éste es un camino largo, arduo, pero el Papa dijo: «Tenemos necesidad de hombres y de mujeres capaces de hacer esto». Entonces: ¿Queremos responder a la apelación del Papa? Pienso que sí, queremos responder, y nos ponemos con todo nuestro ser a ir descubriendo, allí donde estamos, el modo para transformar la sociedad que nos rodea. Éste es, creo yo, un compromiso que asumimos hoy pero que durará toda la vida».