Movimiento de los Focolares
Genfest 1975: por un mundo unido

Genfest 1975: por un mundo unido

PatriziaMazzola

Patrizia Mazzola

Transcurrían los años ’70, marcados en la historia de muchos países por protestas sociales, guerras y desorientación. En mi ciudad, Palermo (en Sicilia, isla del Sur de Italia), asistía al último año del Instituto de Magisterio y estaba muy pendiente de la vida política. Era un período muy triste: en Sicilia se producía una oleada de crímenes mafiosos, jóvenes que pertenecían a la izquierda y a la derecha política, durante las huelgas estudiantiles, se enfrentaban a menudo con hechos violentos. El retiro de los norteamericanos de Vietnam y la caída de Saigon dejaban solamente heridas abiertas, provocadas por una guerra absurda. También yo, como muchos jóvenes, buscaba puntos de referencia. Con este ánimo, acepté con gusto la invitación de una profesora para participar en el Genfest, manifestación integrada en el Año Santo organizado por el papa  Pablo VI. Genfest1975Estaba asistiendo a las reuniones de los scouts,  y no me parecía verdad poder hacer esta nueva experiencia. La invitación se extendió también a muchos otros estudiantes de mi liceo y finalmente, junto con mis hermanas, decidimos ir al Genfest. En el último momento, me acuerdo que me vino la tentación de renunciar porque ese año debía dar el examen de graduación al finalizar el secundario. Al final fui alentada por los demás y viajamos desde Palermo con otros ómnibus. Llevé mi inseparable guitarra, canciones y un grabador, que en esa época eran muy incómodos. Durante el viaje me impresionó la actitud de algunas chicas, las gen, que ya vivían la espiritualidad de la unidad. Me impactaban las pequeñas atenciones que dirigían a todos, el clima de armonía y serenidad, a pesar de nuestra exhuberante vivacidad, los momentos de reflexión que brotaban de las canciones del Gen Rosso y del Gen Verde, que enseguida aprendí y que ya tocaba apasionadamente. Genfest1975_bEra el 1º de marzo de 1975. Fue poderoso el impacto en el Palacio de los Deportes romano, con 20 mil jóvenes procedentes de los cinco continentes.Enseguida experimenté la fuerza del Evangelio vivido. Por ejemplo, era la primera vez que compartí lo que tenía con el que estaba sentado a mi lado, haciendo la experiencia de vivir como hermanos. Mi sueño estaba alli: ver un mundo de paz, un mundo unido ya  realizado. Estaba estupefacta, impresionada por los testimonios, casi que no creía a mis ojos que veían que todo eso era posible.Escuchaba sus historias contadas desde el palco. Esas dos jóvenes de Sud Africa, cuando el apartheid no había todavía desaparecido, o las de un grupo de Belfast (Irlanda del Norte), ciudad que todavía era teatro de división religiosa y política, eran signos de que, si de verdad nos comprometemos, podemos realizar la paz, allí donde vivimos. Genfest1975_aAl día siguiente fuimos todos a la Basílica de San Pietro, donde Chiara Lubich nos presentó al Santo Padre. En el ofertorio, doce jóvenes, en representación de todos, subieron con Chiara al altar. Recuerdo que se produjo un aplauso interminable. En el Angelus en la plaza S. Pietro, el Papa nos saludó con palabras que nos alentaban a ir adelante; «Tuvimos aquí esta mañana, en torno al altar a veinte mil fieles, jóvenes GEN – Generación Nueva- procedentes de todo el mundo. Una conmovedora belleza. Agradecemos a Dios y retomamos el coraje. Nace un mundo nuevo, el mundo cristiano de la fe y de la caridad» Había de verdad comenzado un mundo nuevo. Para mi, el comienzo de una vida nueva. Patrizia Mazzola  

Jornada Mundial de los Derechos de los Niños

Jornada Mundial de los Derechos de los Niños

Childrens-DayEl 20 de noviembre es el día en el que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó, en 1959, la Declaración de los derechos del niño, y aprobó, en 1989, la Convención internacional sobre los derechos de la infancia y adolescencia. Construida armonizando distintas experiencias culturales y jurídicas, la Convención enuncia por primera vez, de forma coherente, los derechos fundamentales que se deben reconocer y garantizar a todos los niños del mundo. Son cuatro los derechos fundamentales explicitados en el documento: a la no discriminación, al interés superior, vida, sobrevivencia y desarrollo y finalmente a ser escuchados en todos los procesos decisionales. La Convención prevé también un mecanismo de control sobre lo realizado en los Estados, los cuales deben presentar un informe periódico sobre el cumplimiento en el propio territorio. Según Unicef, cada año millones de niños siguen siendo víctimas de violencia: abusos, abandono, explotación, guerras, discriminaciones. Ya se ha hecho mucho, pero hay mucho todavía por hacer para alcanzar una real aplicación de estos principios.  

Hemmerle: la infancia, aurora de una profecía

Hemmerle: la infancia, aurora de una profecía

20171118-01A lado de la caja del supermercado hay un cochecito y dentro de él un recién nacido. Nadie le hace caso a los demás, todos están empeñados en hacer respetar su turno, se imponen sobre los demás para terminar rápido, sin embargo, muchos se detienen ante el niño, le sonríen, le dicen una que otra palabrita amable. Los niños poseen el singular poder de quebrantar la enajenación y el mutismo de nuestra sociedad y crear un vínculo, simplemente con su estar. Los niños les pertenecen a sus padres, a su familia, pero al mismo tiempo nos pertenecen a nosotros, a todos. Son, por así decirlo, un “bien común”. En  cierta manera, se aplica a los niños en general, es de a cada niño, lo que el profeta anunció de un niño: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado” (Is. 9,5). Los niños son dones, dones que se nos hacen a nosotros, a todos. ¿Qué es lo que se nos dona, a través de ellos?  Respuesta: el futuro. Esto es obvio. Si no existieran los niños, la humanidad no tendría futuro. Pero nuestra respuesta tiene un sentido más profundo. Instintivamente experimentamos al niño como una promesa, como aurora de ese futuro mejor que deseamos. A un niño no le pedimos sólo¿Qué futuro tienes? Sino también: ¿Qué futuro nos traes? En efecto, cómo será el futuro, qué acontecerá o no acontecerá, depende de aquellos que hoy son niños. El futuro ya nació, en los niños que nacen. (pp 39-40) Volverse hombre significa volverse niño. Desde Adán y Eva no hay excepción en esto. El camino que lleva a ser hombre pasa a través del niño. Y precisamente éste es el camino de Dios: el Hijo de Dios se hizo hombre, haciéndose niño. Nosotros le pertenecemos si acogemos a sus amigos, a los niños, y si lo acogemos a él mismo como niños. Sólo quien se hace como niño entrará en el Reino. Llegar a ser sencillos, puros, compartir el dolor, compartir la alegría. Dejar que nos regalen algo y corresponder. El niño es virtud que salva de la resignación y del automatismo, del egoísmo y de la falta de sentido. El niño nos pide poder vivir, tener su espacio vital. El Niño en el pesebre es aquel que nos invita a ser hombres como él y a recibir de él una vida divina. (pág. 34) Klaus Hemmerle, de “Dio si è fatto bambino” –  Ed. Città Nuova, Roma 1994.