17 Abr 2017 | Sin categorizar
«Todo lo que sucedió en mi vida fue un don de Dios. Mi apellido quiere decir “lobo”, y así es también mi naturaleza. Pero cuando comencé a vivir el Evangelio a la luz de la espiritualidad de la unidad se terminó la vida del lobo, y comenzó la de Miloslav que significa “manso”. Parecería una contradicción: un “lobo manso”, pero es así». Así empezó el Arzobispo, y prosiguió: «En el ’64 fui a la DDR (Alemania Oriental) para agradecerle a un sacerdote que siempre me mandaba libros de Teología, porque en este tiempo nosotros no teníamos nada. Él había conocido la espiritualidad de la unidad en Erfurt. Me contó cómo nació el Movimiento de los Focolares y me habló de Jesús Abandonado. Para decir la verdad, no comprendí mucho. Me acuerdo que me dio un libro de Chiara Lubich». Más adelante, se encontró con Natalia Dallapiccola, una de las primeras focolarinas, también ella estaba viviendo en la DDR. El cardenal no era ni siquiera seminarista, solo poco después comenzó el Seminario. «Tuve muchas ocasiones para comprobar personalmente que esta espiritualidad era verdadera», en primer lugar con los seminaristas que me resultaban “antipáticos”. Fue precisamente con uno de ellos que comenzó a compartir el ideal de la unidad. «Después de la ordenación sacerdotal, en el ’68, fui nombrado secretario del obispo de Cesdké Budejovice, un hombre muy profundo». El Obispo, sin embargo, tenía dificultades en aceptar la reforma litúrgica ocurrida con el Concilio Vaticano II. «Me resultaba fácil juzgarlo, pero los focolarinos me explicaban que debía amarlo en vez de criticarlo. Sentí entonces que la unidad era el camino para comprender y hacer comprender las cosas también a los otros». Después del ’68, el comunismo tomó el poder y Miloslav, que tenía mucha influencia en los jóvenes, fue enviado lejos, a una parroquia aislada entre las montañas. «Aquí comencé a comprender lo que se me había dicho sobre Jesús abandonado. Me confié a Dios, como Jesús en la Cruz que se abandona en el Padre. Fue un primer y profundo encuentro con Jesús abandonado». Después de un año y medio, por orden de las oficinas del Estado también tuvo que abandonar ese lugar, a cuyos habitantes ya les había tomado gran afecto, y recibió la prohibición total de celebrar la misa. «Comprendí que mi elección de Jesús en su abandono era un sí que debía decir para siempre». Fue trasladado a otra parroquia, donde sólo podía predicar y bendecir y recomenzó su trabajo desde el comienzo. Pero también esta experiencia duró poco tiempo: en breve, se le quitó la licencia para ejercer el ministerio sacerdotal. El Padre Vlk no se desanimó. «Dios me abría otras perspectivas. Encontré un trabajo como “lavavidrios”, para poder vivir. Era libre para poder circular por las calles de Praga y de encontrar a muchos sacerdotes, estaba menos controlado entre la multitud, era un simple y desconocido obrero. Otra vez era un rostro de Jesús abandonado. Al comienzo me rebelaba. Pero recuerdo de escuchar una voz en lo más profundo de mí mismo: “Yo te amo, te quiero, no por tu trabajo, quiero el encuentro directo contigo”. Desde ese día, cada mañana le repetía mi “Sí”. Durante diez años anduve por las calles con mi balde y los instrumentos para lavar los vidrios. Hiciera calor o frío, en las calles llenas de tránsito, sucias, estrechas, en el aire contaminado». En 1980 se abrió en Praga el focolar masculino y el “obrero Miloslav” pidió entrar al focolar “como el último de los focolarinos…” «Fueron años benditos. Comprendí mejor lo que Dios nos pedía a los sacerdotes: ir adelante con la fuerza de Jesús en medio, amando a Jesús abandonado, recomenzando cada día». En 1987 tuvo un infarto imprevisto. «Allí, en el hospital, le pedí a Dios: “¿Cómo es posible? Perdí el sacerdocio, ahora estoy perdiendo la vida… Una vez más comprendí que también esta situación era un rostro de Él abandonado y puse mi vida en Sus manos».
Un año antes de la caída del muro se le devolvió la licencia para ejercer el ministerio sacerdotal. Fue nombrado Obispo de Ceské Budejovice. Poco después llegó otro nombramiento: «El Santo Padre deseaba que yo fuera a Praga, como Arzobispo. Allí comprendí que Jesús abandonado había sido desde siempre el hilo de oro de mi vida». Al año siguiente, habiendo concluido el mandato del cardenal Martini quien era el presidente de aquél momento, fue elegido delegado del Consejo de las Conferencias Europeas (CEE). «Veía toda mi inexperiencia, habiendo estado durante años aislado del resto del mundo. Pero sentía el apoyo de la Obra de María. Fui ante Jesús Eucaristía y Le dije: “Ésta es una cosa tuya, el Reino es tuyo, no mío”. Este nuevo abrazo de Jesús abandonado me liberó». Continúan años de compromiso en muchos frentes, pero uno muy especial era el de moderador, durante 18 años, de la comunión entre los obispos que adhieren a la espiritualidad de la unidad. Después de una vida prodigada por este objetivo, hace un mes, el 18 de marzo de 2017, se apagó. Una multitud se reunió en la Catedral de Praga para rendirle el último, conmovedor, saludo.
16 Abr 2017 | Sin categorizar
El 16 de abril de hace 90 años, nació Joseph Ratzinger, en Marktl am Inn, una pequeña ciudad de Baviera. En aquel día, en 1927, el calendario marcaba Sábado Santo, mientras que en el 2017 festejamos su cumpleaños en el día del Domingo de Pascua. Con alegría, también el Movimiento de los Focolares quiere enviar a Benedicto XVI las felicitaciones más cálidas y sentidas por todos, por todo lo que él ha representado para nosotros, para la Iglesia y para la humanidad. Como signo tangible de nuestro afecto y de nuestra gratitud, la revista Nuova Umanitá le dedicó el Focus del número 225, que se publica en estos días. Este Focus escrito por Declan O’Byrne, contiene ensayos de Piero Coda, Stefano Zamagni y Antonio Bergamo, quienes muestran en profundidad la dimensión teológica, antropológica y ético-social de su pensamiento. En una Iglesia en la cual, con frecuencia, aparecen contraposiciones artificiales entre quienes sostienen una u otra perspectiva eclesial, el número dedicado a Benedicto XVI trae también un aporte de Brendan Leahy, obispo de Limerick (Irlanda), sobre la necesidad de trabajar en la Iglesia con un estilo sinodal. Estos interesantes aportes serán próximamente traducidos en los principales idiomas y aparecerán en las revistas del Movimiento de los Focolares.
15 Abr 2017 | Sin categorizar
«¡Ven, Señor Jesús!«. Mirándote a ti, el amor, nuestra vocación, no tendrá temores. Mientras esperamos tu venida, construiremos bien esta vida y, en cuanto comience la otra, nos lanzaremos en la aventura sin fin. Tú venciste la muerte. Y por esta oración comprendemos que Tú, desde ahora, la has vencido también en nosotros, en nuestro corazón. «¡Ven, Señor Jesús!», siempre, a todos nosotros. Y la muerte no existirá; Tú existirás. El Resucitado existirá. Y esto ya es Pascua. Les deseamos a todos una Pascua gloriosa y sin interrupción, fecunda, fecundísima para nosotros, para la Iglesia y para el mundo.
Chiara Lubich
De C. LUBICH, Buscando las cosas de arriba, Madrid 1993, pág.138. |
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14 Abr 2017 | Sin categorizar
Primer paso: predisponerse En la mañana, así como es posible al despertar, a mime dispongo así: “Hoy Lo quiero esperar”. No sé qué me traerá la jornada pero sé que, de forma imprevisible, Jesús abandonado vendrá a mí: en las dificultades, en las desilusiones, quizás incluso en mis faltas, en noticias malas o dolorosas. Le declaro que Él puede venir tranquilamente, que lo espero. Segundo paso: reconocerlo Durante el día encuentro, casi siempre distinto de lo que esperaba, lo negativo a mí alrededor y en mí. En ese momento es importante reconocerlo enseguida y sin titubeos. No existe necesidad o culpa en la no esté presente Él en su abandono: de esta forma cada dolor es un “sacramento suyo”, y lo que importa es reconocer, dentro del signo de este dolor, su rostro de Crucificado y Abandonado y, amando, adorarlo enseguida. Tercer paso: llamarlo por su nombre Al encontrarLO, no sólo registro algo, sino que Lo observo, Lo saludo. Lo llamo por su nombre. Y el hecho de darle un nombre a cada rostro de Jesús abandonado es un ejercicio precioso, es mucho más que un reconocimiento superficial. Ya no es “una cosa” sino un “Tú”. Precisamente así cada una de mis acciones se vuelve contemplación. Cuarto paso: celebrar Preparar una fiesta a Jesús abandonado. Con esto quiero decir acogerlo, no sólo no titubear, como si se tratara de un hecho inevitable, o como cuando se recibe a alguien que, aun siendo amigo, aparece inoportunamente. En cambio quiero que Él no se quede sentado en la sala de espera ni siquiera un instante, sino quiero acogerlo enseguida, como centro de mi amor, de mi alegre disponibilidad. Éste es el paso (pasaje) del dolor al amor, del abandono a la Pascua. Solo quien ama así al Abandonado dará alegría al mundo. La fiesta que nosotros preparamos al Abandonado es ese día de fiesta que no conoce el ocaso, porque su sol, el Amor, no se oculta nunca. Klaus Hemmerle Publicado en la Revista Gen’s 36, Roma 2006, n. 1, p. 3.
13 Abr 2017 | Sin categorizar
¿Quiénes «forman a los formadores»? ¿Quiénes y cómo, en especial, acompañan la delicada misión de seminaristas y sacerdotes en la trayectoria de su formación pastoral? ¿Cómo ayudar a seminaristas, diáconos y sacerdotes a ser «ministros capaces de enardecer el corazón de la gente, de caminar con ellos en la noche, de entrar en diálogo con sus ilusiones y desilusiones, de recomponer su fragmentación» (Discurso del Papa a los Obispos de Brasil, 27 de julio de 2013)? Preguntas válidas para todas las comunidades cristianas que ya habían surgido en el Concilio Vaticano II, y abren y exhortan a la creación de escuelas de formación a la espiritualidad de comunión. Historia. En 1966 nació en Grottaferrata (Roma), la Escuela sacerdotal del Movimiento de los Focolares, que luego, en 1974, se trasladó a Frascati, para finalmente establecerse, en 1984, en la ciudadela internacional de Loppiano, hoy con el nombre de Centro de espiritualidad Vinea Mea. La intención es ofrecer una formación unificada para sacerdotes, diáconos y seminaristas que ponga en el centro la fraternidad vivida. Una escuela de vida para hombres de todo el mundo llamados a anunciar el Evangelio, para formarse en una vida de comunión con los propios Obispos, con los demás sacerdotes, con los laicos de las respectivas parroquias, con hombres y mujeres de todo credo y cultura, según el deseo expresado en 1966 por Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, ante los participantes en la escuela de Grottaferrata: «… Saber posponerlo todo, despojarse de cualquier pretensión de poder, para asegurar la presencia de Jesús entre ustedes, viviendo como niños por el Reino de Dios. De esta forma [nacerá] una pastoral «nueva» y unos sacerdotes «nuevos»: sacerdotes-Cristo por la humanidad, dispuestos a dar la vida por todos». En sintonía con lo que el Papa Francisco varias veces ha subrayado hoy a los sacerdotes: salir hacia las «periferias existenciales». Desde 1966 hasta hoy, bajo la guía de muchos sacerdotes, empezando por el Padre Silvano Cola, se formaron más de 4.000 sacerdotes y seminaristas entre los 20 y los 75 años, de varias iglesias y de unos sesenta países de toda parte del globo. Una experiencia que, por el compromiso de vivir cada día el amor evangélico, quiere ser una experiencia que forma “sacerdotes de comunión” al servicio de los demás.
Después de casi dos años de reestructuración, la escuela volvió a abrir sus puertas en octubre de 2013. Ahora el Centro de Espiritualidad acoge el desafío de conjugar lo antiguo y lo moderno, la dimensión comunitaria y la tradición secular de la iglesia, tanto en las modalidades de formación de la comunidad como en la misma arquitectura. «Vinea Mea – explica el Padre Imre Kiss, actual responsable del Centro – ofrece una formación permanente a la luz de la espiritualidad de comunión del Movimiento de los Focolares. La escuela, que dura un año, prevé cursos de espiritualidad, teología, antropología, eclesiología, además de talleres sobre temas de actualidad (jóvenes, familia, comunicación, diálogo con las culturas y religiones). Compartiendo la vida en pequeñas comunidades, tratamos de responder a la exigencia expresada por muchos sacerdotes, es decir, la de experimentar, en lo concreto, una espiritualidad fundada en la comunión, para luego transmitirla a los hombres y las mujeres de nuestro tiempo». El Centro trabaja en sinergia con estructuras parecidas presentes en otras ciudadelas del Movimiento de los Focolares: en Polonia, Alemania, Kenia, Brasil, Filipinas y Argentina. Además promueve a menudo cursos y talleres anuales dirigidos a los educadores de los seminarios para sostener y difundir un estilo de vida sacerdotal basado en la comunión. En noviembre de 2016, el Centro Vinea Mea dio su aporte para la inauguración del Centro Evangelii Gaudium (CEG). El mismo, proyectado y realizado en colaboración con el Instituto Universitario Sophia, constituye una propuesta como respuesta a la invitación del Papa a dar un nuevo impulso a la obra de renovación necesaria a la nueva etapa de evangelización de la Iglesia, llamada a salir hacia las periferias existenciales de nuestro tiempo. Una de las primeras iniciativas del CEG es el curso de estudio sobre la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, organizado por el Centro de espiritualidad Vinea Mea.