Movimiento de los Focolares
Sophia: «Wings of Unity»

Sophia: «Wings of Unity»

20160731-a«Los resultados de este seminario superaron ampliamente todas nuestras expectativas». Así dice Roberto Catalano del Centro para el Diálogo interreligioso de los Focolares, al finalizar la primera cita del grupo de investigación denominado “Wings of Unity” (“Alas de unidad”), que concluyó con la firma de una agenda muy comprometedora, si pensamos en la difícil fase que Europa atraviesa. El rector del Instituto Universitario Sophia (IUS), Piero Coda y el profesor Mohammad Ali Shomali (Director del Centro Islámico londinense Islamic Centre of England), fungieron como codirectores de tal iniciativa. La idea de reencontrarse en Loppiano surgió en el mes de abril pasado, cuando el profesor Shomali fue invitado a dar una clase sobre las “Perspectivas Interdisciplinarias de las Religiones en el Mundo Contemporáneo”, un curso que se da en Sophia coordinado por el profesor Frizzi. Pero las raíces de Wings of Unity son mucho más profundas. Existe una historia de amistad, de solidaridad, de confianza entre los amigos musulmanes y los cristianos de los Focolares, que comenzó hace 19 años y que, vinculando  los lugares de la vida cotidiana a los de la investigación académica, los  condujo a crear una etapa común de testimonio y fraternidad. Y es esto lo que vivieron los 14 participantes del Seminario, que tuvo lugar en Sophia desde el viernes 8 al domingo 10 de julio, contando con la asistencia de cinco musulmanes chiítas. Estuvo presente también la teóloga iraní Sharzad Housmand, docente de la Pontificia Universidad Gregoriana y experta en el diálogo islamo-cristiano, que al finalizar el curso quiso subrayar con fuerza la novedad del mismo. También asistió una estudiante pakistaní de Sophia, Arooj Javed, cristiana, que, como dice ella, nunca hubiera podido imaginar un espíritu de comunión tan profundo y al mismo tiempo de apertura y transparencia entre cristianos y musulmanes. Los trabajos comenzaron con algunos textos extraídos del patrimonio espiritual de Chiara Lubich y propuestos por los docentes Coda y Catalano. En estos textos la fundadora de los Focolares subraya, entre otras cosas, que la unidad se debe buscar con todas las personas, porque todos somos hijos de un único Padre. Sucesivamente el Profesor Shomali presentó los contenidos y las realidades extraídas del Corán y de las tradiciones sucesivas, que a menudo se revelaron coincidentes con todo lo que hasta el momento había sido expuesto. Y así es que, con sorpresa, a medida que el diálogo se profundizaba, la “dureza” de la diversidad se iba debilitando, dejando lugar a la esperanza de que un diálogo orientado a la escucha y a la comprensión recíproca es posible. La intervención de los profesores Callebaut y Ropelato fue muy apreciada, pues en la centralidad del amor detectaron la capacidad que la persona posee de unificar, dentro y fuera de ella misma, los diversos ámbitos humanos y visualizar nuevas líneas para la vida social,  económica y política. Muy valiosos también fueron los aportes de los huéspedes chiítas que abrieron nuevos escenarios sobre la experiencia de la unidad, un valor que – retomando las palabras de Coda- se convierte en “kairos, momento oportuno”. Fue extraordinariamente convincente el augurio de la profesora Mahnaz Heydarpoor, chiíta, sobre la importancia de la formación de las nuevas generaciones en el diálogo interreligioso. Entre las iniciativas futuras, se realizará en Sophia una Escuela de Verano interreligiosa para los jóvenes, y ya se puso en agenda para el verano de 2017, con el objetivo de dar continuidad al “laboratorio” de comunión inaugurado en esos días: “Después de tantos años invertidos en construir la confianza entre nosotros – dijo en la conclusión una de las participantes musulmanas-, ahora las nuevas generaciones no deben esperar más. Queremos hacer todo lo que sea posible para que puedan experimentar la unidad que en estos días ha colmado de forma tan intensa nuestro corazón y nuestra mente”. Fuente:  Sophia online

Mariápolis

Mariápolis

Mariapoli2016 ¿Qué es una Mariápolis? Es la cita más característica del Movimiento de los Focolares. Juntos, grandes y pequeños, y personas de los más variados orígenes, se reúnen durante unos días para dar vida a un laboratorio de fraternidad, a la luz de los valores universales del Evangelio. Esta experiencia original, que se repite en numerosos países del mundo, tiene por línea directriz la “regla de oro”, que nos invita a hacer a los demás lo que quisiéramos que hicieran a nosotros. Son días oportunos para experimentar que vivir lo cotidiano poniendo a la base de toda relación la escucha, la gratuidad y el don, es posible.   Historia de las Mariápolis En el difícil período del posguerra, mientras las heridas infligidas a los pueblos de Europa por el segundo conflicto mundial demoran en sanarse, en verano, en las montañas del Trentino (norte de Italia) un número cada vez mayor de jóvenes, familias, trabajadores, profesionales, políticos, se une al naciente grupo del Movimiento. Se compone así la Mariápolis, un bosquejo de sociedad renovada por el amor del Evangelio. Allí se encuentran tiroleses del sur e italianos, franceses y alemanes, que ven disolverse el odio y el resentimiento. “Chóferes, estudiantes y médicos, farmacéuticos y diputados, aquí en Mariápolis están parificados. ¿De qué valen los cargos si aquí hermanos somos?”, reza una vieja canción, en boga en las primeras Mariápolis, que expresa bien el sentido de fraternidad que se respiraba y se respira aún hoy en muchos países del mundo donde se repite esta experiencia única. La nota de la internacionalidad caracteriza pronto el Movimiento, en rápida expansión primero por toda Italia, luego, a partir de 1952, en otros países europeos y, desde 1958, en los otros continentes. En 1959 fueron más de 10.000 las personas que concurrieron a Fiera di Primiero, en el Trentino, aprovechando el periodo de veraneo. Representaban a 27 países de diferentes continentes. En esa Mariápolis – y luego, en 1960, en Friburgo – Chiara Lubich, hablando de la unidad de los pueblos a grupos de diferentes países, trasladó a la relación entre naciones la ley evangélica del amor, y propuso “amar la patria de los demás como la propia”. La Mariápolis se desarrollan hoy en los cinco continentes. En base a este modelo, surgieron las “Mariápolis permanentes”, las ciudadelas del Movimiento – alrededor de veinte, en diversas etapas de desarrollo. La primera nació en 1964 en Loppiano (en proximidad de Florencia, Italia).

Chiara Lubich a los jóvenes de la JMJ 2005

Chiara Lubich a los jóvenes de la JMJ 2005

ChiaraLubichStoccarda2004“¿Por qué vas a la JMJ?” “Porque espero encontrar a Jesús ”, respondió una joven que llegó a Colonia junto a un centenar de miles de jóvenes de todo el mundo. Pienso que no es la única que tiene en el corazón este deseo impetuoso: ¡encontrar a Jesús! Y es también el lema de esta Jornada Mundial de la Juventud: buscar a Cristo, encontrarlo y adorarlo. La “Jornada Mundial de la Juventud” – esta inspirada invención de nuestro amadísimo Papa Juan Pablo II – es una ocasión privilegiada para encontrar a Jesús vivo en su Iglesia, en unidad con el nuevo Papa Benedicto XVI, con los obispos y entre los jóvenes provenientes de todos los rincones de la Tierra. Encontrar a Jesús, adorarlo y después llevarlo a los demás, donde quiera que vayamos. Queridísimos jóvenes ¿Saben que existe un secreto para no perder más a este Jesús que durante los acontecimientos de la JMJ se nos presenta tan bello, tan vivo, tan fascinante? El secreto es éste: ¡es necesario amar! ¡Para amar a Dios, para permanecer en Él, para estar en la luz siempre, es necesario amar a los demás! Miren, yo les hablo desde mi experiencia de más de sesenta años, pero también desde la experiencia de un pueblo entero, esparcido por todo el planeta, de millones de hombres, mujeres y niños que ¡han elegido el amor como estilo de vida! ¡Éste es el secreto de una vida feliz, plena, interesante, siempre nueva, nunca aburrida, siempre sorprendente! Les cuento un pequeño, pero gran ejemplo: He sabido recientemente que un grupo de jóvenes en un campo de refugiados en África, donde falta casi de todo, quiere cambiar, con su amor, el campo en un Paraíso, y me cuentan experiencias concretas verdaderamente donde esto se realiza. ¿Entienden lo que significa esto? Quiere decir que ¡el amor vence todo!. Se podrían decir infinitas cosas de este amor que Jesús nos enseña con su vida, con sus palabras, con sus santos. Pero hoy me gustaría subrayar sólo dos puntos, que sin embargo son de una importancia fundamental: Es necesario amar A TODOS, sin excepciones, sin selecciones, sin preferencias, ¡como Dios hace con nosotros! Y aquí se trata de amar al amigo y al enemigo, al simpático y al antipático, al profesor y al vecino de casa, al cartero y al compañero. Amar A TODOS significa también amar a la gente que está lejos de nosotros, pero presente a través de los medios de comunicación, como las víctimas del Tsunami en el Sudeste Asiático, o los jóvenes de la JMJ, llegados desde Países pobres, a los que ustedes han ayudado con el Fondo de solidaridad. El segundo punto: es necesario SER LOS PRIMEROS EN AMAR. Normalmente, amamos cuando nos sentimos amados, se responde al amor que nos llega. ¿Y si no nos llega? No, es mucho mejor tomar nosotros la iniciativa, ser nosotros los primeros en dar un signo de amistad, de perdón, de voluntad de volver a empezar desde el inicio. Intenten amar de esta manera, experimentarán una gran libertad porque ¡ustedes son los protagonistas! Queridísimos jóvenes, ¡ánimo! Vale la pena vivir así, ustedes no están hechos para las cosas a medias, den su corazón a Aquél que sabe llenarlo. Dios necesita jóvenes así, incendiados, que no se dejan frenar por sus propios problemas, estos eternos obstáculos al amor, personas que han quemado todo en el fuego del Amor de Dios y que arrastran a los demás. ¡Qué Jesús,  a quien han encontrado, permanezca siempre con ustedes! En el Amor verdadero. (Chiara Lubich, Colonia, 16 agosto 2005) Fuente: Centro Chiara Lubich

JMJ 2016 y la aventura de los muchachos de Verona

JMJ 2016 y la aventura de los muchachos de Verona

gruppo 1De la diócesis de Verona (Italia), son 5 los autobuses de chicos – todos ellos de 17 años –, acompañados por sacerdotes, monitores y familias, que están saliendo hacia Polonia. El campo escuela, organizado para ellos en Cracovia en el marco de la JMJ, está dirigido exclusivamente a ellos, entre los cuales hay también Gen 3, entusiasmados por hacer una experiencia semejante. «Una etapa del viaje se previó para el 22 de julio en Múnich –cuenta Padre Stefano Marcolini de los Focolares, uno de los sacerdotes que acompaña al grupo–, desde donde se irá al ex campo de concentración nazi de Dachau. Por la noche, de regreso a Múnich, decidimos hacer un paseo turístico por la ciudad, ignorando que iba a ser el escenario de un atentado terrorista. No estamos en los aledaños del centro comercial donde sucede el tiroteo, pero la confusión es tal que toda la ciudad (metro, bar y lugares públicos), es tomada por el pánico. El miedo es muchísimo, como también es muy difícil reencontrarse. Menos mal que funcionan los móviles y Google maps. Finalmente, a las 3 de la mañana, nos volvemos a encontrar todos, generosamente acogidos por la iglesia local que nos hospeda y nos ofrece un abundante desayuno. Pero cuando nos ponemos en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, nos ordenan que regresemos a Italia, dado que el grupo está compuesto por menores».foto 1 Pero los chicos no se dan por vencidos. Alentados por las palabras con las que el papa Francisco los había invitado a la JMJ: “No se dejen robar la esperanza”, una vez de regreso a Italia han querido participar igualmente en un campo escuela – el que hubieran tenido que hacer en Cracovia – y que el Obispo hace montar a toda prisa en Campofontana (Verona). gmg verona 4«El papa, quien fue informado sobre esta aventura, alentó a los chicos a no rendirse, diciéndoles que los esperaba a todos en Cracovia. Mientras tanto, tres de estos muchachos y un sacerdote, son invitados a Cracovia para participar al Festival de los jóvenes de Italia. Y ellos han sido elegidos, junto a otros jóvenes, para hacer, en la conexión con el papa Francisco, una pregunta justamente sobre lo sucedido en Múnich». «Respondiendo a la invitación personal del Papa –continúa Padre Stefano–, al final del campo escuela, los autobuses vuelven a partir hacia Polonia, para llegar a tiempo para participar, el sábado 30, a una audiencia privada con el papa Francisco que ha cambiado su programa para recibirlos. Pero hay más: para el gran encuentro del sábado a la noche, al cual asistirán 2 millones de jóvenes, los chicos de Verona estarán en la primera fila! Y todo esto porque, como dice Ricardo, uno de los Gen 3, “¡no nos hemos dejado robar la esperanza!”».

Palabra de vida

Hace ya más de 70 años que se vive la Palabra de vida. Llega esta hojita a nuestras manos y leemos su comentario, pero lo que quisiéramos que permaneciese es la frase que se propone, una palabra de la Escritura, en muchos casos de Jesús. La «Palabra de vida» no es una simple meditación, sino que en ella es Jesús quien nos habla, nos invita a vivir, llevándonos siempre a amar, a hacer de nuestra vida un don. Es una «invención» de Chiara Lubich, que contó así su origen: «Tenía hambre de la verdad, y de ahí que estudiase filosofía. Es más, como muchos otros jóvenes, buscaba la verdad y creía que la encontraría estudiando. Pero he aquí una de las grandes ideas en los primeros días del Movimiento, y que comuniqué enseguida a mis compañeras: “¿Para qué buscar la verdad, cuando esta vive encarnada en Jesús, el hombre-Dios? Si la verdad nos atrae, dejémoslo todo, busquémoslo a Él y sigámoslo”. Y así lo hicimos». Tomaron el Evangelio y comenzaron a leerlo palabra por palabra. Les pareció completamente nuevo. «Cada palabra de Jesús era un haz de luz incandescente: ¡puramente divino! […] Sus palabras son únicas, eternas […], fascinantes, escritas con divino esplendor, […] eran palabras de vida, para traducir en vida, palabras universales en el espacio y en el tiempo». No les pareció que estuviesen estancadas en el pasado ni que fuesen un simple recuerdo, sino palabras que Él seguía dirigiéndonos a nosotros y a cualquier persona de todo tiempo y latitud»[1]. Pero ¿de verdad Jesús es nuestro Maestro? Estamos rodeados de muchas opciones de vida, de muchos maestros de pensamiento, algunos aberrantes, que inducen incluso a la violencia, y otros rectos e inspirados. Pero las palabras de Jesús poseen una profundidad y una capacidad envolvente que otras palabras –sean de filósofos, políticos o poetas– no tienen. Son «palabras de vida», se pueden vivir y dan la plenitud de la vida, comunican la vida misma de Dios. Cada mes destacamos una, y así, lentamente, el Evangelio penetra en nuestro ánimo, nos transforma, nos lleva a adquirir el pensamiento mismo de Jesús, lo que nos hace capaces de responder a las situaciones más variadas. Jesús se convierte en nuestro Maestro. A veces podemos leerla con otros. Quisiéramos que el propio Jesús, el Resucitado, vivo en medio de quienes estamos reunidos en su nombre, nos la explicase, nos la actualizase, nos sugiriese cómo ponerla en práctica. Pero la gran novedad de la «Palabra de vida» consiste en que podemos compartir la experiencia y la gracia que nacen de vivirla, tal como Chiara explica refiriéndose a lo que sucedía al inicio y sigue vigente hoy: «Sentíamos el deber de comunicar a los demás lo que experimentábamos, pues éramos conscientes de que, al comunicarla, la experiencia permanecía para edificación de nuestra vida interior; mientras que, si no la comunicábamos, el alma se empobrecía lentamente. Así pues, vivíamos con intensidad la palabra durante todo el día y nos comunicábamos los resultados no solo entre nosotros, sino también a las personas que iban añadiéndose al primer grupo. […] Cuando la vivíamos, ya no era yo o nosotros los que vi­víamos, sino la palabra en mí, la palabra en el grupo. Y esto era una revolución cristiana con todas sus consecuencias»[2]. Lo mismo puede sucedernos a nosotros hoy. FABIO CIARDI [1] Cf. C. Lubich, La palabra de vida (1975): Escritos espirituales/3. Todos uno, Ciudad Nueva, Madrid 1998, p. 124. [2] Ibid., pp. 129-130.