17 Ago 2016 | Focolare Worldwide
«Trastornados por la noticia de la imprevista y absurda desaparición del amado Hermano Roger Schutz, nos unimos, en el más profundo dolor y en la oración, a toda la Comunidad de Taizé. Su vida, totalmente donada a Dios y a los hermanos, fue coronada por la palma del martirio. El Hermano Roger fue un constructor de paz, un profeta de esperanza y de alegría. “Dios nos quiere felices”, me escribía hace apenas dos meses, y ahora creemos que él se encuentra en la plenitud de la alegría en el seno de la Trinidad. Nos sentimos muy cercanos en esta circunstancia. Quisiéramos que la amistad que desde hace 40 años nos unió profundamente al Hermano Roger y a la Comunidad de Taizé, continúe también ahora que El alcanzó el Cielo». Chiara Lubich También hoy lo queremos recordar así: como un constructor de paz, un profeta de esperanza y de alegría.
16 Ago 2016 | Focolare Worldwide
Cada verano, obispos provenientes del mundo entero pasan juntos un periodo de descanso que les permite compartir sus vivencias y preguntarse cómo ser Iglesia, signo e instrumento de unidad, en los más variados escenarios de un mundo global surcado por tensiones y contradicciones. Este año se reunieron del 2 al 11 de agosto en Braga, Portugal. «Hoy en la Iglesia vivimos el momento de la unidad y de la comunión; es un momento en el que estamos invitados a experimentar a Dios juntos. No estamos aquí sólo porque somos obispos sino porque somos hermanos. Deseamos ser como los Apóstoles con Jesús, un cuerpo de hermanos». Estas son las palabras de la homilía pronunciada por el Card. João Bráz de Aviz durante la Misa en la Capilla de las Apariciones, con ocasión de la peregrinación de 67 obispos de 27 naciones a Fátima el pasado 4 de agosto.
«Durante estos días hemos sido realmente felices. Hemos vivido como hermanos. Nos hemos sentido libres y hemos podido abrir el corazón el uno al otro. Entre nosotros ha estado realmente el único Maestro. Nos hemos sentido en la casa de María», dijo el Card. Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok y moderador del encuentro, resumiendo al final de ese periodo la experiencia realizada. Los obispos fueron acogidos, por invitación de Mons. Jorge Ortiga, arzobispo de Braga, en el Centro apostólico “Mater Ecclesiae”, a la sombra del Santuario de Nuestra Señora de Sameiro. Era un ambiente muy adecuado para poder tratar, en un clima de distensión, cuestiones como el escenario que nos presenta el mundo de hoy, con el experto en política internacional Pasquale Ferrara, o la reforma de la Iglesia, siguiendo el surco trazado por el Papa Francisco, con el teólogo Piero Coda. Teniendo todo esto como telón de fondo, los presentes se han preguntado cómo ser obispos con un estilo sinodal y actuar una cultura pastoral marcada por la comunión.
Las sesiones plenarias y los encuentros de grupo, los paseos y los momentos de sobremesa, han servido para poner en común situaciones dolorosas y señales de esperanza: el grito angustiado que se eleva de las Iglesias de Oriente Medio; el crecimiento de una fecunda interacción entre comunidades eclesiales de base y nuevos Movimientos y Comunidades en una gran diócesis de Brasil – significativo ejemplo de lo que desea la Carta Iuvenescit Ecclesia publicada en junio por la Congregación de la Doctrina de la fe – ; los desafíos y las potencialidades que plantea la inculturación en un contexto plural como el de India; los frutos que pueden nacer cuando un obispo y sus auxiliares viven juntos y cuando un obispo logra hacerse hermano y amigo de sus sacerdotes; el duro trabajo de la evangelización en un contexto marcado por la pobreza como en Madagascar.
La participación de tres obispos de otras Iglesias durante un par de días – dos luteranos y un siro-ortodoxo, y una tarde de encuentro con siete obispos de Portugal, han sido fuente de un gran enriquecimiento. El encuentro tuvo como temática espiritual de fondo, por un lado, a Cristo crucificado en cuanto punto cardinal de la espiritualidad de la unidad y, por otro, la pasión por la Iglesia. Sobre estos temas intervinieron la presidente de los Focolares, María Voce (Jesús abandonado, ventanal de Dios – ventanal de la humanidad”) y el copresidente Jesús Morán (“La genialidad eclesial de Chiara Lubich y el carisma de la unidad”).
15 Ago 2016 | Sin categorizar
Después de la muerte de Jesús, después de la aparición del Espíritu Santo, María desaparece, oculta: lejana. Ha cumplido con su misión y se retira en su elemento: el silencio, el servicio. Resuelve, refugiándose en Dios, el problema de la vejez que así resulta nueva infancia del espíritu. Enseña a morir. Esta operación, que nos da miedo, en María madre se convierte en un regreso a los orígenes, mediante un incansable proceso de perderse en Dios: vida que nunca acaba. Y ese perderse en la Eternidad fue la muerte de María. Sucedió el día en que los apóstoles ya podían valerse por sí mismos. Pero no fue una muerte como nosotros la imaginamos y la soportamos. Fue más bien algo dulce y rápido que los teólogos expresan veladamente de varias formas: pausa, translación, tránsito, sueño, muerte vivificada. Aquel cuerpo virgen se hubiera contaminado por el proceso de descomposición mientras que, habiendo sufrido con Cristo, no podía dejar de subir inmediatamente a la gloria con Cristo. Así, lo que para Cristo fue la resurrección, fue para María la asunción: doble victoria — del cuerpo y del espíritu — sobre la muerte. En nuestra época se nos ha presentado el espectro aterrador de la desintegración física de millones de seres humanos y quizás de la humanidad entera, bajo la amenaza atómica o la contaminación ecológica. No hay manera de escapar de este destino si no es replicando la victoria de Jesús y María: llegando a ser también nosotros espiritualmente Jesús y María, agentes de vida. Es lo que sucede cuando insertamos la nulidad humana en la omnipotencia divina. Si, todos juntos, viviendo el Evangelio, somos Cristo místico; si, hechos otras María, damos Jesús a la sociedad, la guerra no tiene sentido y la bomba atómica se convierte en un pedazo de museo. Reina la paz: un solo corazón y un alma sola, la de la comunidad reunida alrededor de María; y su fruto es la unidad. La unidad de los vivientes. Subiendo desde este pantano sanguinoso, que es la tierra, al cielo de María, la totalmente hermosa, la estrella del mar, se comprende mejor el significado de su Asunción, que fue el sello supremo del privilegio único de haber sido Virgen Madre de Dios. Un hecho que tendría que conmover incluso a los materialistas, pues representa la exaltación del cuerpo físico por parte del Supremo Espíritu. En ella se celebra la materia redimida y se exalta el universo material, transfigurado en templo del Altísimo. Basta meditar por un momento, con la inteligencia que da el amor, sobre la posición de María que sube de la tierra al cielo atravesando el cosmos, para entender su envergadura y su función. Ella es la obra maestra de la creación. En Ella Dios ha querido mostrar toda su omnipotencia, su infinita originalidad. Son admirables las estructuras de las estrellas y los átomos; y henchidos de belleza inagotable están los cielos y los mares, los hombres y los ángeles… Pero Ella es todavía más bella: reúne y funde en sí todas sus maravillas, de tal manera que toda la naturaleza resulta un pedestal bajo sus pies. María: humilde, ningún factor externo pareció exaltarla; silenciosa, porque ninguna voz humana pareció lograr definirla; pobre, porque ningún ornato de la tierra pareció recubrirla. Ella habla únicamente sirviéndose de la palabra de Dios, su riqueza es solamente la sabiduría de Dios, su grandeza estriba en la grandeza de Dios. Y así, identificada con el Señor, María es la expresión humana de la grandeza, de la mente y del amor de la Trinidad. La reina — sierva y señora — de la morada de Dios, que abre las puertas y hace entrar a los hijos, afanándose para recogerlos a todos en el palacio del Padre, para gloria del Hijo, en el circuito vital del Espíritu Santo. Para dar a los mortales una idea de Dios que, infinito, está por encima y colma la inteligencia del hombre; queriendo casi mediar entre la potencia, la sabiduría y el amor de la Trinidad inefable, a la que jamás se hubiera acercado la humanidad, el Creador creó a María, en cuyo seno el Verbo se hizo carne, en cuya persona Dios se hace accesible y el amor divino se hace casa. María entre nosotros trae a Dios en medio nuestro. Es la puerta del cielo; ha subido a la morada de Dios, para acoger a los hijos en la casa del Padre. Por eso ellos la invocan, incluso centenares de veces al día, para que ruegue por ellos ahora y en la hora de la muerte. (Tomado de: Igino Giordani, Maria modello perfetto, Città Nuova, Roma 2012 (1967), pp. 157 – 163)
13 Ago 2016 | Sin categorizar
La primera reacción ha sido la gratitud. En la Iuvenescit Ecclesia, el Movimiento de los Focolares ve una invitación a seguir por el camino que ha estado recorriendo hasta hoy. En especial al referirse a la «reciprocidad entre los dones jerárquicos y los dones carismáticos», es decir a su «coesencialidad», parece que la carta interprete plenamente la experiencia madurada, día tras día, en la nueva realidad eclesial fundada por Chiara Lubich. La entrevista a María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares, se coloca en el ciclo dedicado a la profundización de la carta de la Congregación para la doctrina de la fe, sobre la cual las pasadas semanas han intervenido Salvatore Martínez, presidente nacional de la Renovación Carismática en el Espíritu Santo, y el Padre Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación. «El documento – subraya María Voce – habla claro: la Iglesia es una, es “un cuerpo” llamado a encarnar el misterio de comunión de la vida trinitaria. El protagonista del rejuvenecimiento de la Iglesia es el Espíritu Santo que actúa, en especial, por medio de los carismas. El documento reconoce pues a los movimientos eclesiales algo importante: la capacidad, si correspondemos a la gracia, de revitalizar a la Iglesia. Con un objetivo claro: contribuir a poner la vida de Dios en los engranajes de la vida social, hacer que los hombres y mujeres, sumergidos como están en la complejidad de nuestro mundo, la “toquen”». El punto central del documento es la reciprocidad, la coesencialidad en la vida de la Iglesia de los dones jerárquicos y de los dones carismáticos. Esto hace referencia explícita a la enseñanza conciliar. Sí, me parece que la carta pone un punto de referencia de notable alcance doctrinal ya sea cuando se refiere al Concilio Vaticano II, ya sea al reconocer una “convergencia del reciente magisterio eclesial” sobre la coesencialidad. Esta nos dice que los dones jerárquicos y los dones carismáticos poseen un mismo origen y un mismo fin; este tema no había sido tratado suficientemente en estos años y esperaba ser profundizado.
Una coesencialidad que, ustedes afirman, forma parte desde siempre de su experiencia. Desde sus inicios, el Movimiento de los Focolares ha tendido hacia esta íntima relación con aquellos que en la Iglesia tenían el carisma del discernimiento. Esto se puede observar, por ejemplo, en la larga historia de su aprobación, perseguida con una determinación diamantina y con una confianza total, a veces con sufrimiento, por parte de Chiara Lubich y de todos aquellos que generaban con ella a esta nueva creatura. Ella misma lo narra en su libro “El Grito”. Después los reconocimientos públicos, como es sabido, han sido abundantes. También otros representantes de Iglesias cristianas quisieron manifestar su reconocimiento, empezando por el patriarca ecuménico Athenagoras I, por el obispo luterano Hermann Dietzfelbinger, por el primado anglicano Michael Ramsey y por otros muchos. La carta subraya que no puede existir una contraposición entre la Iglesia de las instituciones y la Iglesia de la caridad, lo que significa, por una parte, renunciar a todo tipo de presunción institucional y, por otra, a la autorreferencialidad. ¿Cómo se pueden evitar estos riesgos? Viviendo cada cual por la finalidad por la cual existe la Iglesia: la humanidad entera. Si miramos en lo concreto y localmente sucede que se da un recíproco activarse con la riqueza de cada uno. La fraternidad universal exige el compromiso de todos y pide que se den infinitos pequeños pasos. Desde el 30 de junio al 2 de julio, por ejemplo, 300 movimientos y comunidades nacidos en el seno de la Iglesia católica y en el de otras muchas Iglesias, se han dado cita en Munich, en Alemania. ‘Juntos por Europa’ es un camino iniciado en 1999 y que sigue adelante para el bien de este continente, que debe redescubrirse a sí mismo y tiene graves deberes hacia el resto del mundo. Y para armonizarse, como dice el documento, ¿cómo y dónde hay que actuar? Creo que tenemos que caminar con confianza por la vía que nos indica. Quizás haya que ir más a fondo en considerar las consecuencias que trae el reconocer la coesencialidad de los dones jerárquicos y carismáticos. Hay que pensar en cómo iniciar en la práctica una profunda y concreta participación de los dos aspectos en los diferentes niveles de la Iglesia . No basta constatar esta realidad, me parece que se tienen que encontrar también las formas operativas para proceder juntos. Un eslogan que se desprende del documento podría ser el de “Unirse para una Iglesia en salida”. ¿Cómo interpretar este compromiso? La vía de los diálogos es la que han recorrido los Focolares y la que se ha ido manifestando a lo largo del tiempo con claridad, vinculada a hechos precisos y a encuentros con ciertas personas en concreto. No se trata de estrategia, sino de la sustancia de la relación establecida, basada en el reconocimiento mutuo y en el amor recíproco. De ahí nace la maduración del diálogo dentro de la propia Iglesia, entre las Iglesias cristianas, con las otras religiones, con personas que tienen puntos de referencia no religiosos y con la cultura contemporánea. Algunos intérpretes subrayan que el Papa Francisco es a menudo algo severo con los movimientos. ¿Es así? No lo considero severo. Encuentro que hay sintonía entre sus palabras y gestos y la vida de los movimientos. Es uno de los Papas que más ha entrado en contacto con ellos participando en manifestaciones y en las audiencias. Así ha sucedido con la Renovación Carismática, con el Camino Neocatecumenal, con Comunión y Liberación, con Schoenstatt… Lo ha hecho también con los Focolarinos, recibiendo a los 600 participantes en la Asamblea general del 2014. Ciertas puntualizaciones suyas, que a los observadores externos pueden parecer un reproche, impulsan a los movimientos a vivir su propio carisma, a ser más fieles al Espíritu Santo para contribuir mejor a la Iglesia comunión. Las palabras que pronunció el pasado mes de abril durante su inesperada visita a la Mariápolis de Roma en Villa Borghese, fueron claras. Con una imagen, ha subrayado la importancia y la capacidad de los movimientos de vivificar los ambientes más variados: «transformen los desiertos en una floresta». La última parte del documento contiene la invitación a mirar a María. Un “llamado” que de alguna manera forma parte del ser mismo del Movimiento. María es la carismática por excelencia y esto la pone en el centro de la Iglesia naciente, guardiana de la presencia del resucitado entre los apóstoles que, en una Iglesia que no sabía todavía que lo era, sólo ella podía interpretar adecuadamente. «La dimensión mariana de la Iglesia precede su dimensión apostólico-petrina», escribe Juan Pablo II en la Mulieris dignitatem: de hecho no somos los cristianos los que “hacemos” la Iglesia, sino el Resucitado que nos precede. De aquí nace la exhortación al Movimiento de los Focolares, llamado por su específico carisma a generar a Jesús espiritualmente allí donde viven sus miembros. Una vocación descrita en los Estatutos con palabras fuertes: ser – en la medida de lo posible – una continuación de María, justamente en su obra específica de dar Cristo al mundo. El objetivo de ustedes – corríjame si me equivoco – es el de edificar todos juntos la nueva civilización del amor. ¿Dónde hay que trabajar sobre todo en estos tiempos?¿Cuáles son las periferias en las que es necesario estar presentes? Las periferias están allá donde sobreabunda el sufrimiento. El Papa Francisco no renuncia a indicarlas. No son solo las miserias materiales sino también las espirituales: la falta del sentido de la vida, la pérdida de las raíces cristianas en una Europa desgastada por el consumismo, por el hedonismo, por el poder económico y tecnológico, la devastación de la creación, los exterminios, el drama humanitario de los refugiados y de las migraciones en masa, los numerosos conflictos armados. Las periferias son infinitas. No se trata de hacer todos juntos lo mismo, sino de trabajar juntos con el mismo objetivo: transformar el desierto en una floresta. Riccardo Maccioni, 7 agosto 2016 Pdf de la entrevista
12 Ago 2016 | Focolare Worldwide
«Aprendí cómo transformar lo negativo en algo positivo y cómo transmitirlo a mis amigos» y no «estar desesperado frente a las dificultades». Estas palabras pronunciadas en un contexto como el que se vive en Siria, donde los jóvenes están «sometidos a constantes presiones psicológicas» adquieren un peso especial. «Desde Siria, lamentablemente, siguen llegando noticias de víctimas civiles de guerra, en particular de Alepo», recordó una vez más el papa Francisco en el Angelus del pasado 7 de agosto. «Es inaceptable – continuó- que muchas personas inermes –también muchos niños– deban pagar el precio del conflicto, el precio del corazón cerrado y de la falta de voluntad de paz de los poderosos». Y exhortó a todos a estar «cercanos con la oración y la solidaridad hacia los hermanos y las hermanas sirios». El clima de guerra es desgastante, aunque no faltan semillas de esperanza, y es en ellas en las que hay que afirmarse. «Sentíamos que teníamos que hacer algo distinto con los jóvenes, para apoyarlos desde el punto de vista espiritual y humano», cuentan Lina Morcos y Murad Al Shawareb, educadores del Movimiento de los Focolares, «y así fue que nació la idea de invitar al Sr. Noha Daccache, libanés, del Sagrado Corazón, docente de la universidad con especialización en lo social. Hemos elegido profundizar en el año de la misericordia, “la misericordia en nuestra vida cotidiana y la oración”». «Ya desde la preparación –hecha por whatsapp– se sentía una gran madurez», que se manifestó en el desarrollo de los tres días (desde el 10 al 12 de junio pasados). La intervención del Sr. Noha sobre la misericordia y la oración, y sobre la Sagrada Escritura –que tocaba la vida espiritual de los jóvenes– generó preguntas y reflexiones.
«El primer día nos dimos cuenta de que estábamos muy estresados por causa de la situación que estamos viviendo, por lo tanto, hicimos una hora de diálogo y después alguien propuso hacer un momento de oración. Fue un momento muy fuerte con cantos y meditaciones, en el que los jóvenes rezaron espontáneamente pidiendo con mucha fe el don de la Paz». «El segundo día profundizamos varios aspectos de la vida que impiden la plena correspondencia a lo que Dios nos pide cada día. Mientras que el último día, el escrito de Chiara Lubich “Mejor que ayer”, proporcionó mucha luz porque nos indicó una clave concreta para amar a Jesús cada vez mejor». «Comprendí que tenía que vivir el momento presente con solemnidad, ofrecer el dolor y vivirlo por Jesús; todo lo demás es secundario – escribe una chica- . Durante la oración sentí que Jesús me decía: estoy contigo». «Ustedes son jóvenes muy capaces -dijo el Sr. Daccache cuando se marchaba-. Los llevo a todos en el corazón y rezamos intensamente por la Paz». Maria Chiara De Lorenzo