18 Oct 2015 | Sin categorizar
«La inculturación es una exigencia intrínseca del cristianismo. Se trata de procesos difíciles y complejos que llevan su tiempo. Las mismas personas del lugar son particularmente importantes. Viviendo con autenticidad el Evangelio, las personas que ya tienen profundamente dentro su propia cultura, harán esa síntesis que luego donarán a los otros, a través de las costumbres, las manifestaciones artísticas, las estructuras del propio pueblo. Estoy totalmente convencido de que lo más importante es Dios mismo. Esto no significa, obviamente, que se pueda permanecer inactivos o indiferentes. También nosotros estamos recogiendo, por ejemplo, los proverbios africanos o de otros pueblos; publicamos libros sobre las grandes religiones en nuestra editorial; Chiara [Lubich] inició en África una escuela sobre la inculturación y posteriormente nació otra en América Latina… Pero si uno pensara que es suficiente estudiar las diversas culturas para luego hacer un vínculo con el Evangelio, estaría siguiendo un camino equivocado. Hay que llevar Dios, Él está abierto y plenamente “interesado” en lo que Él mismo creó y será Él quien hará la inculturación. Naturalmente existen muchas formas de inculturación, muchos intentos que se deben alentar y bendecir, pero la verdadera inculturación la hace sólo Dios. El mayor aporte que nosotros podemos dar es el de amar. Si cada uno se dona a sí mismo, perdiendo el propio yo en el otro y acogiendo al otro dentro de sí, entonces florece la personalidad de cada uno de la forma más linda y completa. Así ocurre entre los pueblos: si se sabe “perder” la propia cultura por amor, abriéndonos a Dios en el prójimo, “se salvará” lo mejor de cada cultura y emergerán y se enriquecerán no solamente las cualidades espirituales, sino también aquellas humanas, culturales, étnicas de cada uno de ellos. Al comienzo, el camino será lento, pero una vez que se encuentre el camino seguramente se producirá una aceleración que dará grandes frutos» Pasquale Foresi Extraído de: Pasquale Foresi, Colloqui, Editorial Città Nuova, 2009, pág.133-136. Recopilación de respuestas a las preguntas de los miembros del Movimiento de los Focolares entre los años 1990/98
17 Oct 2015 | Sin categorizar
«No han faltado en estos años, estudios y profundizaciones sobre Pablo VI, el “timonel del Vaticano II” y sobre la Fundadora de los Focolares. Pero no había aún llegado el momento para conocer profundamente el entretejido providencial de relaciones entre Giovanni Battista Montini y Chiara Lubich que se remontan precisamente a ese período. Un Papa y una laica, una mujer: ¿qué podían tener en común?» La historia no termina nunca de sorprender. El 7 y 8 de noviembre de 2014 se realizaron dos jornadas de estudio, organizadas conjuntamente por el Instituto Pablo VI y el Centro Chiara Lubich. El tema tratado en esas jornadas fue Pablo VI y Chiara Lubich. La profecía de una Iglesia que se transforma en diálogo. A raíz de este evento se logró la esperada publicación del libro. El texto, que salió de la imprenta en julio de 2015, sigue el hilo de esas “jornadas” que permitieron conocer, bajo la perspectiva histórica, social, eclesial, ecuménica y teológica, la relación entre Mons. Montini, quien era entonces el sustituto de la Secretaría de Estado, y Chiara Lubich. Una relación que comenzó en 1952 y concluyó en 1978 cuando Pablo VI falleció. El itinerario del libro hace referencia a períodos importantes, tanto para la Iglesia como para el Movimiento de los Focolares, y al impulso carismático que lo distinguió desde sus primeros pasos en la ciudad de Trento. El libro recuerda el estudio sobre el Movimiento que hizo la Iglesia en los años ’50, donde surgieron fuertes dudas por parte de la autoridad eclesial con respecto a la novedad que éste representaba y la superación de estas dudas en los comienzos de los años ’60, cuando llegaron las primeras aprobaciones. En este aspecto, Pablo VI desempeñó un rol fundamental con su compromiso personal en la progresiva configuración jurídica e institucional del Movimiento. Un aspecto todavía poco conocido, pero de gran interés está vinculado a la presencia de los Focolares en los países de Europa del Este, desde principios de los años ’60, en plena Guerra Fría, así como la multiplicación de importantes contactos en el campo ecuménico realizados en el mismo período. Lo que se expone está ampliamente documentado por una nutrida correspondencia epistolar entre Chiara y Pablo VI y por lo que Chiara Lubich escribía en su diario después de las audiencias privadas con el papa Montini. Junto a estas dos figuras se evidenció también el rol de Igino Giordani, quien fue amigo personal de Pablo VI, el cual, cuando era todavía un joven Monseñor en Roma, acostumbraba visitar la casa del entonces bibliotecario del Vaticano, futuro miembro de la Asamblea Constituyente y cofundador del Movimiento de los Focolares a la par de Chiara Lubich. Maria Voce, presidente de los Focolares, puso de relieve «la consonancia profunda entre ambos, que se revela de modo especial en la finísima capacidad espiritual de Pablo VI para captar en el carisma donado por Dios a Chiara Lubich, la actuación del Espíritu Santo en el momento crucial de la celebración del Concilio Vaticano II, que llevó a la Iglesia a establecer un diálogo a 360º. En sus encuentros con Chiara, Pablo VI la escuchó, la valoró, la alientó. Impactado por el carácter ecuménico del Movimiento, en 1964, la exhortó: “Así como usted ha abierto un diálogo con los cristianos no católicos, haga lo mismo con aquellos que no tienen fe”». «Es una historia – comenta el Padre Angelo Maffeis, presidente del Instituto Pablo VI- cuyo inicio se remonta a un período bastante anterior a la época del Vaticano II y que merece ser reconstruida para iluminar el marco en el que tuvieron lugar contactos personales y experiencias eclesiales que gradualmente hicieron madurar las orientaciones propuestas por Pablo VI en el curso de su pontificado» Otras contribuciones al texto –de Andrea Riccardi, Alberto Monticone, Lucía Abignente, Paolo Siniscalco, Joan Patricia Back, Alberto Lo Presti, Adriana Cosseddu y Piero Coda- iluminaron bajo varios aspectos «la grandeza de la profecía de una Iglesia que se hace diálogo». El de Pablo VI y Chiara fueron dos carismas que se encontraron, se reconocieron y trabajaron juntos para convertir a la Iglesia en “casa de comunión”, y por lo tanto, en diálogo con el mundo. El libro Pablo VI y Chiara Lubich. La profecía de una Iglesia que se hace diálogo fue escrito por Paolo Siniscalco y Xenio Toscani y editado por “Studium”». Caterina Ruggiu
16 Oct 2015 | Sin categorizar
Están casados desde hace 23 años y tienen dos hijos adolescentes. Fueron formados en la fe con bases sólidas por sus familias de origen, se conocieron en el ámbito del Movimiento de los Focolares, del que todavía forman parte. «Tiempo atrás trabajamos con un grupo de jóvenes en un barrio marginal de la periferia de Bogotá –cuentan [en su testimonio en el Sínodo] – Allí jugaban con los niños, les enseñaban a los adultos a leer, ofrecían gratuitamente servicios médicos y dentales». Se trata de Los Chircales, un barrio donde actualmente tiene su sede el Centro social Unidad: «Fueron muchos los obstáculos – afirma la pareja colombiana – empezando por la preocupación del personal y el temor de ir a estos barrios y a ambientes tan degradados. Pero la voluntad de servir a estos hermanos fue más fuerte que nuestras debilidades».
«Nos casamos –dicen recordando algunas etapas de su historia- y muy pronto la gracia del sacramento se manifestó». Caracteres muy distintos: Luis, “un tipo tranquilo”, María Angélica “un volcán”. «Sabíamos que el amor humano se desvanece fácilmente: los años pasan y el encanto inicial disminuye. Por eso era importante robustecernos nutriendo nuestro amor con el amor de Dios que nos enseña a amar en las pequeñas cosas de todos los días». «Para mí significaba no esperar que me sirvieran siempre –confiesa Luis- sino más bien ayudar a lavar los platos o escuchar con atención cuando ella quería contarme algo. Por su parte M. Angélica veía conmigo las carreras de Fórmula 1…» «Experimentamos que nutriéndonos de la Eucaristía, acercándonos al sacramento de la confesión y estando en esta actitud de amor recíproco, Jesús se hacía presente en medio nuestro y así teníamos la luz para educar y corregir a nuestros hijos, y también la fuerza para afrontar las dificultades que se presentaban». «Hace poco tiempo discutimos en forma fuerte y la unidad entre nosotros se rompió. Esa noche nos fuimos a dormir sin pedirnos disculpas», una de las tres palabras que para el papa Francisco no deben faltar en la vida de la pareja: «Llamé a Lucho por teléfono –cuenta M. Angélica- y le pedí disculpas por contestarle mal. Fue la ocasión para abrir un diálogo entre nosotros. Ciertamente somos frágiles, pero precisamente por eso queremos comprometernos a recomenzar a mar cada vez que nos equivocamos». Junto a los obispos y a los sacerdotes de algunas ciudades de Colombia, con otras familias y jóvenes, organizaron una serie de visitas a algunas comunidades pobres: «La idea era compartir nuestras experiencias y ofrecer una cierta formación en familia. Algunas de estas parejas con confiaron su deseo de acercarse al sacramento del matrimonio».

Entrevista con Rome Reports (inglese)
«Con las parejas de novios vemos que, gracias a esta cercanía, algunos han tomado la decisión valiente y contra la corriente de elegir a Dios como centro de su vida, de vivir aspectos como la castidad en la relación de pareja, de vivir por los demás, dedicando a esto tiempo y energías». «Nuestra experiencia –concluyen- nos lleva a confirmar que así como es la familia será la sociedad. Sabemos que las familias están llamadas a cosas grandes, por eso todos los días pedimos a la Sagrada Familia la gracia de permanecer fieles al amor, para ser constructores de una sociedad más humana y al mismo tiempo más divina. Soñamos que, con el aporte de todos, la humanidad se transforme realmente en una familia».
15 Oct 2015 | Focolare Worldwide
«Nos sentimos dolorosamente impresionados y seguimos con profunda preocupación lo que está sucediendo en Siria, en Irak, en Jerusalén y en Cisjordania, donde asistimos a una escalada de violencia que afecta a civiles inocentes y sigue alimentando una crisis humanitaria de enormes proporciones. La guerra conlleva destrucción y multiplica el sufrimiento de las poblaciones», dijo Francisco el pasado 9 de octubre durante una de las sesiones de trabajo del Sínodo de la Familia. «Gracias por sus oraciones por la dolorosa situación que estamos viviendo en Tierra Santa», escribe la comunidad de los Focolares del lugar. «El odio engendra violencia y la violencia hace que se multiplique el odio… así se crea un círculo vicioso que no se sabe cómo detener. La situación es la que transmiten los medios todos los días. Nuestros amigos de ambas partes, como tanta otra gente, están tristes y se sienten impotentes ante el mal. Tratamos de ser prudentes a la hora de movernos, multiplicamos nuestras oraciones, nos comprometemos a sembrar el amor a nuestro alrededor con una sonrisa o un gesto gentil…». «Seguimos rezando y construyendo la paz –concluyen- esperando que el deseo de reconciliación prevalezca».