29 Oct 2015 | Sin categorizar
Con ocasión del cincuentenario de la Declaración conciliar Gravissimum educationis se desarrollará en Roma en Congreso mundial “Educar hoy y mañana. Una pasión que se renueva”, promovido por la Congregación para la Educación Católica. En el Congreso participarán todas las personas que están involucradas en la misión educativa en las escuelas y universidades católicas de todo el mundo. Con una mirada global, se pretende reflexionar sobre el aporte que la comunidad cristiana puede ofrecer en contextos multiculturales y multireligiosos en rápida transformación. La actual emergencia educativa y social exige una renovación de las propuestas formativas para que sean capaces de transformar la realidad, de acuerdo al alcance y a las exigencias de los niños, adolescentes y jóvenes. Están previstas conferencias, testimonios y mesas redondas con expertos internacionales. El Congreso está estructurado en tres sesiones:
- la sesión inaugural (18 de noviembre, en el Aula Pablo VI, Ciudad del Vaticano)
- la sesión central, dividida en dos sub sesiones: “Escuela y Universidad” (19-20 de noviembre, en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo) y el Congreso OIEC (en el Auditorio dei Via della Conciliazione – Roma)
- la sesión conclusiva (21 de noviembre, en el Aula Pablo VI, Ciudad del Vaticano) con la participación e intervención del Papa Francisco.
En la sesión conclusiva, ante el Santo Padre, será presentada la propuesta pedagógica Aprendizaje y Servicio. La misma ha tomado de la Pedagogía de Comunión de Chiara Lubich algunos de sus fundamentos filosóficos y metodológicos, como uno de los itinerarios formativos certificados que la Congregación para la Educación Católica aconsejará a las instituciones educativas de todo el mundo.
29 Oct 2015 | Sin categorizar
«Dentro de un mes recibiré en Constantinopla a los obispos amigos del Movimiento»: es el mismo Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé I quien anunció a la prensa el próximo Congreso de los Obispos de varias Iglesias amigos de los Focolares, que tendrá lugar en Estambul del 25 al 30 de noviembre próximos. El anuncio lo suscitó una entrevista concedida enseguida después de la entrega del doctorado honoris causa en cultura de la unidad, el 26 de octubre pasado, en Loppiano, por parte del Instituto Universitario Sophia. «Tendremos una reunión en Halki –prosiguió- en la escuela de Teología y allí tendremos la posibilidad de recordar todos juntos a Chiara Lubich y rezar por el descanso de su alma, y de expresar nuestras experiencias y nuestra voluntad de trabajar por la unidad de las Iglesias. Nosotros, como iglesia de Constantinopla, estamos felices, estamos listos para acogerlos, e intercambiar nuestras experiencias y contracambiar el beso de la paz entre Oriente y Occidente».
29 Oct 2015 | Sin categorizar
Acogerse los unos a los otros, del temor a la confianza. Es el título, pero también el auspicio de la Asamblea europea de Religiones por la Paz (RfP), el organismo que reúne a los líderes religiosos a nivel mundial, y del cual Maria Voce es una de los co-presidentes, para caminar juntos en la búsqueda de la paz y de la justicia. En este periodo Religions for Peace está comprometida – entre otras cosas – en una campaña mundial, el proyecto Faiths for Earth (Religiones para la Tierra). «Una iniciativa importantísima» – declara – porque «la humanidad tiene que enfrentar un desafío a nivel planetario y con poquísimo tiempo disponible. Las religiones están llamadas a pasar a la acción una vez más, a convencer a los potentes de las naciones para que intervengan. Veo una providencial sintonía con la carta encíclica del Papa Francisco “Laudato si’”, que ha suscitado un gran interés mundial». En su intervención durante la apertura de los trabajos, el 29 de octubre, la presidente de los Focolares vuelve a referirse a los acontecimientos recientes que han transformado el rostro de Europa. Frente al «océano de “refugiados” y emigrantes, sin precedentes», «fenómeno que, numéricamente, supera con creces los millones de personas sin hogar que dejó la Segunda Guerra Mundial», Maria Voce evidencia la situación dramática que «provoca en nosotros cada vez más desaliento, perplejidad, malestar». Entre las causas identificadas, también las «dramáticas y discutibles intervenciones militares que han trastornado naciones enteras del Norte de África, de Oriente Medio, de África subsahariana y otros conflictos aún en pleno desarrollo. Y los Países europeos ciertamente no dejan de tener alguna culpa frente a estos conflictos». Suscita preocupación «la profunda crisis de identidad del continente, que impide afrontar de modo coordinado y unitario estas emergencias» y la constatación que «con frecuencia estas personas que huyen del hambre y de la guerra están al centro de disputas, suscitan reacciones nacionalistas» y son «instrumentalizadas para cálculos estratégicos». Y he aquí que intervienen los «creyentes, pertenecientes a los más distintos credos religiosos, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad». «Sin lugar a dudas somos diferentes – afirma Maria Voce – pero permanecemos todos unidos por el mismo imperativo, ratificado por la “Regla de Oro” diseminada y repetida en todas nuestras Escrituras: “¡Haz a los demás lo que querrías que los demás te hicieran a ti!” Una referencia ética y espiritual olvidada muy a menudo, que el Papa Francisco ha propuesto como verdadero paradigma socio-político en su discurso al Congreso de los Estados Unidos». Una Regla que «nos interpela delante de estos dramas, invitándonos como líderes, como comunidad, como individuos, a un compromiso común, concreto, constante, heroico si es necesario, para salir al encuentro de las multitudes de humanidad que sufre». Y abre un camino de esperanza en el rol de las religiones, porque, afirma «precisamente la religión, desde hace siglos relegada a la esfera privada de la vida de los individuos y de las comunidades, se ha vuelto a poner de moda dentro de la vida pública de nuestros Países», como «protagonista en la construcción de un mundo de paz». «Ésta es la extraordinaria aventura que nos ha sido dada para vivirla en nuestros días y Religions for Peace es una plataforma providencial. Cada uno de nosotros tiene una función bien precisa en su vasto engranaje. Somos una comunidad internacional, intercultural e interreligiosa, muy bonita, hecha una familia también, y sobre todo, por el común ideal», apoyado sobre algunos pilares fundamentales: la unidad en la diversidad, la reciprocidad en las relaciones, la igualdad en la común dignidad humana. Sobre esta «sólida base» será posible «ofrecer una aportación eficaz para la paz y la reconciliación en Europa, y ponerse «un punto de llegada, un objetivo, una meta, que se alcanza tras un largo, y a menudo fatigoso, camino. Y la meta es: la humanidad en el designio de Dios, realizado, es decir, la fraternidad universal».
29 Oct 2015 | Palabra de vida, Sin categorizar
Es la última y sentida oración que Jesús le dirige al Padre. Sabe que está pidiendo lo que más le importa a Él, pues Dios había creado a la humanidad como familia suya, con la cual compartir todo bien, su misma vida divina. Y ¿qué ansían los padres para sus hijos sino que se quieran, se ayuden y vivan unidos entre sí? Y ¿qué mayor disgusto que el verlos divididos por envidias e intereses económicos hasta dejar de hablarse? También Dios ha soñado desde toda la eternidad con una familia unida en la comunión de amor de los hijos con Él y entre ellos. El dramático relato de los orígenes nos habla del pecado y de la progresiva desintegración de la familia humana. Como leemos en el libro del Génesis, el hombre acusa a la mujer, Caín mata a su hermano, Lamec se jacta de su desmesurada venganza, Babel provoca la incomprensión y la dispersión de los pueblos… El proyecto de Dios parece haber fracasado. Sin embargo, Él no se da por vencido, sino que persigue con tenacidad la reunificación de su familia. La historia se reanuda con Noé, con la elección de Abrahán, con el nacimiento del pueblo elegido; y finalmente decide mandar a su Hijo a la tierra, al que encomienda una gran misión: congregar en una sola familia a sus hijos dispersos, reunir a las ovejas perdidas en un solo rebaño, derribar los muros de separación y de enemistad entre los pueblos para formar un único pueblo nuevo (cf. Ef 2, 14-16). Dios no deja de soñar con la unidad, y por eso Jesús se la pide como el regalo más grande que pueda implorar para todos nosotros: «Te pido, Padre,… …para que todos sean uno». Toda familia lleva la huella de los padres. Lo mismo la familia creada por Dios. Dios es Amor no sólo porque ama a su criatura; es Amor en sí mismo, en la reciprocidad del darse y de la comunión por parte de cada una de las tres divinas Personas respecto a las demás. Por eso, cuando creó a la humanidad, la modeló a su imagen y semejanza e imprimió en ella su misma capacidad de relación, de modo que cada persona viva en la entrega recíproca de sí. La frase completa de la oración que queremos vivir este mes dice: «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros». El modelo de nuestra unidad es nada menos que la unidad existente entre el Padre y Jesús. Parece imposible de tan profunda como es. Y sin embargo, se hace posible por ese cómo, que significa también porque: podemos estar unidos como están unidos el Padre y Jesús precisamente porque nos incluyen en su misma unidad, nos la regalan. «…para que todos sean uno». Ésta es precisamente la obra de Jesús: hacer de todos nosotros uno, como Él lo es con el Padre, una sola familia, un solo pueblo. Para esto se hizo uno de nosotros, cargó con nuestras divisiones y nuestros pecados y los clavó en la cruz. Él mismo nos indicó el camino que iba a recorrer para llevarnos a la unidad: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32). Como había profetizado el sumo sacerdote, «iba a morir […] para reunir a los hijos de Dios dispersos» (Jn 11, 52). En su misterio de muerte y resurrección «recapituló todas las cosas en sí» (cf. Ef 1, 10), regeneró la unidad rota por el pecado, recompuso la familia en torno al Padre y nos hizo de nuevo hermanos y hermanas entre nosotros. Jesús cumplió su misión. Ahora queda nuestra parte, nuestra adhesión, nuestro «sí» a su oración: «…para que todos sean uno». ¿Cuál es nuestra aportación al cumplimiento de esta oración? Ante todo, hacerla nuestra. Podemos prestar labios y corazón a Jesús para que continúe dirigiendo estas palabras al Padre y repetir cada día con confianza su oración. La unidad es un don de lo Alto que hay que pedir con fe sin cansarnos nunca. Además debe permanecer siempre en nuestros pensamientos y deseos. Si éste es el sueño de Dios, queremos que sea también nuestro sueño. De vez en cuando, antes de cualquier decisión, de cada opción, podríamos preguntarnos: ¿sirve para construir la unidad; es lo mejor con vistas a la unidad? Y deberíamos acudir allá donde las desuniones sean más evidentes y cargar con ellas, como hizo Jesús. Pueden ser roces en la familia o entre personas que conocemos, tensiones que se viven en el barrio, desacuerdos en el trabajo, en la parroquia, entre las Iglesias. No huyamos de las discordias e incomprensiones, no permanezcamos indiferentes; llevemos allí nuestro amor a base de escucha, de atención al otro, de compartir el dolor que brota de esa herida. Y sobre todo, vivamos en unidad con todos los que estén dispuestos a compartir el ideal de Jesús y su oración, sin dar importancia a malentendidos o discrepancias, contentándonos con lo «menos perfecto en unidad antes que lo más perfecto sin unidad», aceptando con alegría las diferencias e incluso considerándolas una riqueza para una unidad que nunca implica reducción a la uniformidad. Sí, a veces esto nos clavará en la cruz, pero ese es precisamente el camino que Jesús eligió para recomponer la unidad de la familia humana, el camino que también nosotros queremos recorrer con Él.
Fabio Ciardi
29 Oct 2015 | Focolare Worldwide
El espectáculo musical “Life, love, light”, inspirado en la vida de la beata Chiara Luce Badano, ha llegado a Perú: el pasado 10 de octubre, pocos días después del aniversario de la beatificación de la joven de Sassello, fue presentada la obra en Lima. Los jóvenes del Movimiento de los Focolares desde hacía algunos meses se habían puesto en contacto con sus coetáneos españoles –que en Burgos habían montado este espectáculo en su idioma- a fin de obtener los materiales necesarios. Y gracias a la colaboración de la Municipalidad de Villaregia, de las Misioneras Identes y de algunos profesionales asumieron la preparación del musical, que en efecto, como ellos mismos dijeron: “era una obra que superaba nuestras fuerzas”.
En su realización participaron 75 jóvenes, tanto de los Focolares como de otras agrupaciones. No faltaron una serie de “afortunadas coincidencias” en las que estos muchachos han visto la mano de la Providencia, materializada en la disponibilidad de una sala con centenares de lugares en un renombrado barrio de Lima; la alimentación para todo el equipo gracias a la generosidad de un adherente del Movimiento y las entrevistas efectuadas por dos canales de televisión, sumadas a la grabación de todo el espectáculo, por parte de uno de estos medios, para poder transmitirlo en diferido.
También los quinientos espectadores fueron generosos: la entrada era libre, pero con una invitación a ofrecer alimentos no perecederos –que llegaron en gran cantidad-. Los mismos fueron destinados a las personas que ayuda la Comunidad de Villaregia. El espectáculo propiamente dicho fue un gran éxito según los testimonios de los concurrentes, que tuvieron oportunidad de descubrir y valorar los muchos talentos en acción. Especialmente impactante fue el testimonio de la madre de una chica de 13 años aquejada por una grave depresión, quien afirmó: “Han cambiado la vida de mi hija”.
La función concluyó con el mensaje enviado por los padres de la joven beata, Ruggero y María Teresa Badano, quienes agradecieron por lo realizado. “Su tensión a la santidad y la fidelidad a los valores del Evangelio – escribieron – han guiado a Chiara Luce aún en los momentos más difíciles de su existencia, y estamos convencidos de que los inspirarán también a ustedes. Porque –como repetía su madre espiritual Chiara Lubich– “tienen una sola vida y vale la pena emplearla bien”.