Emergencia Siria

Foto: WFP/Abeer Etefa

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https://vimeo.com/125812270
¿Qué son las religiones en el mundo de hoy? Hay muchos que las ven como obstáculos a la paz, un residuo de tiempos pasados que ahora causan un extremismo violento. Pero el mundo, ¿sería verdaderamente más pacífico sin las religiones? El debate del tema a Alto Nivel “Promover la tolerancia y la reconciliación”, es animado. El segundo día del encuentro en la ONU aparecen, de hecho, algunas directivas. El secretario general Ban Ki-moon, en la apertura propone un comité consultivo con los líderes de las religiones, para ayudar a las Naciones Unidas a encontrar soluciones para los conflictos que están en curso, a menudo precisamente entre los fieles de religiones distintas. En la plenaria se presentan los testimonios de 15 líderes religiosos. Todos los presentes están de acuerdo en el hecho de que las religiones deberían ayudar a construir la paz, ir más allá de la simple tolerancia, de la aceptación –y subrayan que existen personas en todo el mundo que viven ya así en la cotidianidad. Maria Voce en su discurso recuerda la experiencia vivida por muchos en el Movimiento de los Focolares: «El encuentro entre culturas y religiones es una experiencia continua y fecunda, que no se limita a la tolerancia o al simple reconocimiento de la diversidad, sino que va más allá de la fundamental reconciliación, y en cambio crea, por así decir, una nueva identidad, más amplia, común y compartida». Y así ocurre en contextos que se han visto afectados y sufren aún ahora gravísimas crisis, como ocurre en Argelia, en Siria, en Iraq, en Líbano, en la República Democrática del Congo, en Nigeria, en Filipinas.
Para responder a los desafíos y a la violencia, propone un «extremismo del diálogo», es decir un diálogo que exige el máximo compromiso, «que es arriesgado, exigente, desafiante, que aspira a renunciar a las raíces de la incomprensión, del miedo, del resentimiento». De allí, invita a aspirar a una «civilización de la alianza», «una civilización universal que logre que los pueblos se consideren parte de un acontecimiento, plural y fascinante, del camino de la humanidad hacia la unidad», e invitó a la misma ONU a reconsiderar su propia vocación, a reformular su propia misión, para ser «una institución que verdaderamente trabaje por la unidad de las naciones, en el respeto de sus riquísimas identidades» Decir que las religiones son la causa de las tensiones, es según María Voce tener una visión demasiado limitada de la situación: «Lo que estamos presenciando hoy en muchas áreas del planeta, desde Medio Oriente a África, tiene muy poco que ver con las religiones y en cambio tiene mucho que ver con los habituales mecanismos de dominio de las oligarquías y de la prevalencia de estructuras orientadas a la cultura bélica». Así pues, la vocación de las religiones está bien determinada: «Ser fieles a la propia inspiración fundamental, a la Regla de Oro que es común en todas, a la idea de la única familia humana universal». En esta línea estaban todos de acuerdo: las religiones llevan a la paz, si no son instrumentalizadas para otros fines.
En la mesa redonda plenaria de la tarde, moderada por la periodista de la BBC Laura Trevelyan, el Rabino David Rosen se pregunta porqué existen tantos jóvenes que se sienten atraidos por el extremismo: «Tal vez porque están en búsqueda de la propia identidad, o por algo que dé un sentido a su vida». «En las Naciones Unidas, normalmente no se menciona a Dios», se atreve a decir el Rabino Arthur Schneier: «¿Cómo tratamos este problema –que la ONU tendría que ser neutral- cuando 5 de los 7 millares de personas en la tierra pertenecen a una religión?». Para Bhai Sahib Mohinger Singh, Sikh de Birmingham: «Dios es omnipresente, en cada uno de nosotros, por lo tanto no se puede decir que Dios no está aquí». Y para María Voce: «Se habla de Dios cuando se habla de justicia, de compartir todos los bienes de la tierra, de un desarrollo sustentable, se habla de Dios cuando pensamos en qué cosa le estamos preparando a las generaciones futuras. Esto es hablar de Dios, no es necesario hablar de forma abstracta». ¿Cómo mantener la integridad del diálogo interreligioso? Los líderes religiosos presentes ¿no están renunciando a algo, viniendo aquí a la ONU para hablar de la resolución de los conflictos? «Yo no renuncio a nada», afirma María Voce. «Yo vine por amor, pensando en traer mi contribución de amor a la humanidad. Me sentí enriquecida por esta posibilidad» Al final una mirada a las nuevas generaciones: «Volviendo a casa, lo que haré – declara- será sostener todas las actividades de los jóvenes y de los adolescentes, porque creo en su potencial profético» y le cede la palabra a Ermanno Perotti, joven italiano que la acompañó en esta etapa estadounidense. El joven de 25 años, máster en Economía del Desarrollo, aprovecha la ocasión para presentar El Atlas de la Fraternidad un dossier que reúne las iniciativas para la fraternidad que están presentes en todas las latitudes. «Con la esperanza- agrega María Voce- de que un día también estos “fragmentos de fraternidad” puedan ser presentados en las Naciones Unidas», y que las Naciones Unidas puedan acogerlos. Con esta visión está claro que las religiones tienen una gran oportunidad, pero también una gran tarea: construir la paz y responder a los desafíos con un “diálogo extremo” en vez de cerrarse en el propio grupo. Susanne Jansen, New York Intervención íntegra de Maria Voce (texto) Intervención íntegra de Maria Voce (video) Comunicado de prenas Prensa
Sede general de las Naciones Unidas: millares de personas trabajan allí, importantes personalidades y jefes de estado – ¿hay alguien que nunca soñó entrar ahí algún día? Ermanno Perotti, 25 años, estudiante de Economía del desarrollo en Florencia/Italia, se encuentra ahí, y no como uno de los numerosos visitantes que siguen a los guías a lo largo de los inmensos pasillos. Él acompaña a María Voce, la presidenta del Movimiento de los Focolares, que ha sido invitada con otros líderes religiosos para intervenir en el Debate de Alto Nivel sobre “Promoción de la Tolerancia y la Reconciliación: favoreciendo sociedades pacíficas, acogedoras y contrastando el extremismo violento”. Muchos comparten la impresión de Perotti: «Cada representante de un Estado da su contribución, muchas palabras bonitas e iniciativas positivas, pero parecen estar aislados, cada uno ve la ONU como una plataforma para difundir sus propios pensamientos». «La cosa que un poco me molesta es precisamente la falta de escucha. Lo que en cambio me atrae es ver el esfuerzo de llenar esta falta con una escucha y un diálogo verdadero». Con esta perspectiva, que ha heredado de la vida de los jóvenes de los Focolares, ha sentido la atracción a comprometerse en la política, para estimular relaciones más verdaderas. Casi todos los interlocutores estaban de acuerdo sobre cómo prevenir la violencia y el extremismo: no hay otro camino sino el diálogo entre las culturas. «Me gustaría hacer surgir una escuela de diálogo precisamente en la ONU» dice Perotti. De hecho, el 90% de los relatores han subrayado la necesidad de formación, y muchos han hablado de la necesidad de dar voz a las mujeres y luchar contra la pobreza.
Hoy empieza el debate de la ONU sobre la “Promoción de la tolerancia y la reconciliación: favoreciendo sociedades pacíficas, acogedoras y contrastando el extremismo violento”. Entre los líderes religiosos invitados está María Voce, presidente del Movimiento de los Focolares. Tres preguntas antes de entrar en la sede de las Naciones Unidas:
¿Cómo se siente antes de participar en este evento de alto nivel con representantes de los 193 Estados miembros?
«Estoy bastante tranquila. A veces en estas organizaciones lo que falta es precisamente el testimonio de cuanto ya se hace en el mundo por la paz. Tengo la impresión de que a menudo quienes que trabajan por ella se sienten solos y tienen necesidad de que alguien éste con ellos en el campo, trabajando por los mismos fines. Con un ideal tan grande, como el que nos ha dado Chiara Lubich, no trabajamos sólo por la reconciliación y la justicia social, sino que éstos son pasos para llegar a la unidad».
Mirando el mundo de hoy, algunos piensan que las religiones levan más a la división que a la paz…
«Ciertamente ninguna religión es autora de la guerra. La palabra religión quiere decir vínculo, es un vínculo entre las personas. ¿Cómo puede una religión generar la guerra? La guerra nace en el corazón de las personas, y ellas, no importa la religión a la que pertenezcan, pueden ser buenas o malas. Muchas veces la religión se usa como un pretexto para justificar motivaciones muy terrenales y antihumanas: el deseo de poder, de aplastar a los más débiles, de vender los propios productos, incluidas las armas. La raíz de las guerras sin duda no está en las religiones, sino en estos otros motivos que en el fondo siempre son fruto del egoísmo».
¿Con los enfrentamientos que existen actualmente, por ejemplo en Medio Oriente o en Nigeria, usted sigue siendo optimista de que la paz sea posible?
«No puedo no ser optimista porque Jesús es la paz. Y como nosotros seguimos a Jesús, tenemos que creer que la paz es posible. Es verdad que Él mismo ha dicho ‘He venido a traer la espada’, pero quiere decir tomar una posición decidida. Creo que las religiones pueden ayudar a hacer que se despierte la conciencia de la humanidad: la paz no es solamente un bien entre otros bienes porque, sin la paz todos los otros bienes no sirven de nada. Se puede trabajar por la paz si nos ponemos todos juntos, tanto el rico como el pobre, tanto el potente como el menos potente, el religioso como quien no se reconoce en ninguna religión. Tenemos que trabajar por estas relaciones de paz en la familia humana, donde verdaderamente somos todos iguales, y tenemos que dar testimonio de esta igualdad».
El Debate a Alto Nivel en el Palacio de Cristal de Nueva York es una iniciativa del Presidente de la Asamblea General Sam Kutesa, del Secretario General Ban Ki-moon y del Alto Representante de la Alianza de las Civilizaciones Nassir Abdulaziz Al-Nasser. El 21 de abril se hablará de las estrategias para lograr sociedades que incluyan a todos. El 22 de abril los líderes de varias religiones han sido invitados a dar un testimonio del potencial que tienen para construir la tolerancia y la reconciliación.
Susanne Janssen, New York
Conexión vía streaming de la web TV de las Naciones Unidas: http://m.webtv.un.org
Una mirada viva, una sonrisa dulce, con un velo de tristeza, que permanece cuando cuenta los trágicos acontecimientos del país que se convirtió ahora en su patria por propia elección. Ghada, ¿qué es lo que te ha empujado a volver a Siria?
A los 20 años dejé la familia y la patria para seguir a Dios. En septiembre de 2013, cuando decidí volver a Siria, el entusiasmo era el mismo. Estaba intacto. No me asustaba la idea de que podría morir. Mucho más me atraía el deseo de vivir al lado de las personas que años anteriores había conocido y quería que ellos sintieran que no habían sido abandonados. Me impulsó el deseo de compartir su vida, sus temores, la precariedad de su modo de vivir cotidiano. Aquí, de hecho, las bombas explotan cuando menos te lo esperas.
Pero, ¿no existe ningún aviso previo a los bombardeos para poderse proteger de algún modo?
No hay sirenas que anuncien los raid y tampoco se puede confiar en una estrategia que haga suponer cuándo y dónde caerán las bombas. Por otro lado, estamos ya en el 5º año de guerra y no podemos estar atrincherados por siempre. Uno se puede detener un día, un mes, pero después, aunque truenen los morteros, la vida debe continuar: los niños van a la escuela y los padres van a trabajar para mantener la familia. Todo va adelante, en la precariedad y en el riesgo más absoluto. Había vivido el mismo drama cuando estaba en el focolar en Líbano, pero aquí todo se agravó más, todo es más difícil. Aquí se respira terror y violencia en cada rincón.
Tú ya estuviste en Siria en el pasado. ¿Nos puedes decir algo del cambio que encuentras?
Cuando estaba en el focolar de Líbano, viajaba a Aleppo, a Homs y también a Damasco porque ya había muchas personas que deseaban mantenerse en contacto con los Focolares. Por la sensibilidad y la profundidad interior del pueblo sirio, resultaba fácil estrechar vínculos significativos. Se compartían los valores cristianos, que son aquí muy sentidos. Aún dentro de la pluralidad de las Iglesias y de ritos distintos, propia de esta tierra, había y hay todavía gran armonía entre todos. Cuando en el ’94 se planificó el focolar en Aleppo, fui enviada a abrirlo junto con otras dos focolarinas. Me quedé durante 9 años. Para Siria eran momentos de prosperidad: el país no tenía deuda pública y el PIL estaba en constante incremento. De noche las chicas podíamos salir libremente.
Ahora hay una tempestad. Pero lo peor es la ausencia de perspectiva de que esta guerra pueda terminarse.
Volví, para decir junto con los otros focolarinos que están en Siria, que no los hemos olvidado, que Jesús nos hizo una única familia y por esto queremos correr los mismos riesgos. También nosotros, de hecho, como todos, vamos al trabajo, a la iglesia, al mercado, sin saber si volveremos a casa. Estamos allí por el amor que nos liga y la comunidad en Siria sabe que estamos dispuestos también a dar la vida por ellos.
Del mismo modo que ellos también están dispuestos a darla por nosotros. Esta reciprocidad es de verdad excepcional. Compiten para hacernos sentir bien, para compartir con nosotros todo lo que tienen.
Ustedes las focolarinas, están en Damasco, una ciudad fascinante, rica en arte, en historia, una famosa meta turística. ¿Cómo se vive allí, hoy?
En la ciudad, pero también en los pueblos, cada día se desafía a la muerte. El transporte a menudo no existe por la falta de gasoil y los continuos sitios de bloqueo. Se sabe cuándo se sale pero no se sabe cuándo se vuelve. En las casas falta la electricidad y también el agua durante horas. Se llega a la exasperación. A tal punto que el éxodo –para quienes quieren dejar el país- está en continuo aumento. Se calcula que la emigración, tampoco está exenta de enormes riesgos, ha superado los 6 millones de personas. Pero la religiosidad es siempre muy fuerte. En el Vía Crucis del viernes santo, aún conscientes de que las bombas podían explotar de un momento a otro, los cristianos estaban todos en la procesión, llevando con ellos también a los niños. Recientemente los muchachos que conocemos hablaron por skype con un grupo de coetáneos portugueses. Ellos querían organizarse para mandar ayuda y preguntaban qué era lo que más precisaban. Y ellos, aun teniendo necesidad de muchas cosas materiales, seguían repitiendo: «Recen por nosotros, recen por la paz, recen para que se detenga este espiral de odio»
La elección de ustedes de quedarse en Siria, es una elección fuerte, valiente…
No nos sentimos héroes. Tampoco estamos aquí a título personal. Antes de partir pude encontrar al papa Francisco y en sus palabras de aliento sentí todo el amor de la Iglesia que se acerca a este pueblo tan probado. Nos sentimos sostenidos también por el amor de todo el Movimiento de los Focolares esparcido en todo el mundo. Precisamos este amor para seguir esperando, impotentes frente a la supremacía de los intereses económicos y a la proliferación del mercado internacional de armas. Nuestra misión es participar y compartir los dolores cotidianos de la gente. Festejamos juntos los aniversarios, construimos momentos de distensión entre adultos y niños para tratar de aliviar el stress. Organizamos momentos de espiritualidad, rezamos juntos por la paz. En Navidad nuestros jóvenes organizaron un concierto al que asistieron 300 personas, entre ellos también amigos musulmanes. Recientemente festejamos una boda. En la familia habían sido asesinados dos hijos y a causa del luto, la chica no podía salir de la casa vestida de novia. Entonces salió del focolar, y todos nosotros la acompañamos a la iglesia. Tratamos de integrarnos en las iniciativas de la Iglesia local y con las otras expresiones eclesiales que están aquí, nos ayudamos a aliviar los sufrimientos y las privaciones de la gente. Para continuar juntos esperando y creyendo, sosteniendo cada esfuerzo a fin de que la paz llegue.