Las dos voces se entrelazan en un creciente sufrimiento y esperanza, conmoción y maravilla. Hasta hacerles descubrir el secreto que los lleva a recomponer la unidad que parecía rota irremediablemente. Fili empieza el relato: «Me casé con Nacho hace 24 años y tenemos dos hijos. Yo soy la sexta de once hermanos. Había dolores en mi familia, como el hecho de que mi padre tenía otra mujer y otros hijos y esto me hacía sufrir mucho».
«También yo siendo pequeño – interviene Nacho – sufrí por la ausencia de mi padre y la poca atención de mi madre. Quien se hacía cargo de mí era mi abuela materna. Cuando me casé con Fili estábamos enamorados, pero con un vacío existencial muy grande, en el que cada uno se identificaba con el otro. Unimos nuestras soledades, pero no nos conocíamos interiormente y muy pronto nos dimos cuenta de que no sabíamos amar ni tampoco qué era el amor».
«Nuestros problemas empezaron desde el inicio del matrimonio –prosigue Fili-. Yo era muy celosa y posesiva, al punto que Nacho continuamente tenía que cambiar de trabajo». «Su actitud – prosigue Nacho – me provocaba rencor, ira y frustración y las discusiones entre nostros no terminaban nunca. En este ambiente tan poco acogedor nacieron nuestros hijos. Tanto yo como Fili, sentíamos un gran amor por ellos, pero no habiendo amor entre nosotros dos, pensábamos suplirlo con cosas materiales, en cambio habríamos debido darles escucha, ternura. Así pasaron 15 años. Desilusionado por esta situación, me fui de la casa. Lo había hecho otras veces, pero todo intento de volver y reconstruir nuestra relación fracasaba. ¿Qué hacer, me preguntaba, cuando una relación está completamente rota?».
Continua Fili: «De hecho, para mí era imposible reconstruirla, tanto que acepté que volviera, sólo porque veía el sufrimiento de los hijos que tenían necesidad de él». «Un sábado en la noche – prosigue Nacho – estaba viendo en la TV un programa de boxeo. No me parecía interesante y por eso cambié de canal. Estaban dando un programa religioso y por curiosidad me quedé viéndolo. Había una mujer (después supe que era Chiara Lubich) que hablaba del Amor. Al final de su discurso, pasaron algunas imágenes de la ciudadela del Movimiento de los Focolares de México, que estaba cerca de nuestro pueblo, pero no la conocía».
«Así, al día siguiente – interviene Fili – fuimos a la Misa a El Diamante (que es el nombre de la ciudadela) con toda la familia. Me impreionó la forma como nos recibieron, era como si nos conocieran desde siempre. Faltaba sólo una semana para la Mariápolis, un encuentro que se iba a realizar allí, y decidimos ir. La propuesta del primer día era la frase del Evangelio: “Perdona hasta setenta veces siete”. Me pregunté: ¿pero cómo es posible perdonar siempre? La explicación la obtuve cuando me hablaron de Jesús en el abandono. Él no sólo había perdonado, sino que había dado la vida por nosotros. Me di cuenta de que ante tal amor, mis dolores eran muy perqueños. No fue fácil volver a empezar, pero la Palabra “Perdona setenta veces siete” siempre me ayuda a hacerlo».
«También para mí – confiesa Nacho – esa Mariápolis transformó mi vida. Aprendí a tener confianza en ese Dios para quien todo es posible. Con Fili aprendimos a amarnos en la diversidad. Poco a poco nos volvimos a enamorar el uno del otro. Descubrimos una plenitud de amor nunca antes experimentada, ni siquiera cuando éramos novios, porque ahora nos amábamos en la libertad, en Dios».
Teresa Ganzon y su marido compraron en 1989 la mayoría de las acciones del Bangko Kabayan, cuando el banco tenía una sóla sucursal, mientras que ahora se ubica como uno de los más grandes bancos rurales de Filipinas.
Lideran también en la Economía de Comunión, una red internacional de más de 800 empresas comprometidas en practicar la Doctrina Social de la Iglesia. En una rueda de prensa durante su reciente viaje a Filipinas, el Papa condenó la corrupción, diciendo incluso de dar una patada “donde no llega el sol” a los funcionarios corruptos.
¿Cuáles son los principales puntos de fricción para una empresa dirigida según los principios de la Doctrina Social católica en Filipinas?
«El problema principal del que hablamos es el respeto. Pagar los impuestos es un signo de contradicción para nosotros, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas. El soborno y la corrupción están en crecimiento y lamentablemente son conductas comunes en algunas oficinas públicas, de modo que para un empresario parece que el único modo de que su propia empresa sobreviva es hacer como todos y considerar estos procedimientos como “costos normales”».
Ésta actitud es contraria a la Doctrina Social y al papa Francisco. ¿Cómo enfrentan la corrupción congénita?
«Una empresa de Economía de Comunión defiende la adhesión a un estándar ético y es consciente de que tiene una vocación para cambiar el modo como se hacen las cosas, para estar más alineada con los valores cristianos. Hace algunos años, estábamos dispuestos a dar un cierto tipo de préstamo, que, estábamos seguros, habría tenido una gran demanda e iba a dejar buenos márgenes de ganancia. Pero cuando nos encontramos delante de un burócrata del Gobierno que nos pidió un porcentaje sobre los intereses, tuvimos que pensar en otro tipo de préstamo. En Filipinas, el pago de los impuestos por parte de las empresas, grandes y pequeñas, es algo que casi no existe. Hemos recibido un premio que nos certifica como una de las primeras cinco empresas contribuyentes, en una región donde existen algunas industrias manufactureras mucho más grandes que nuestro banco»
Por lo tanto, ¿renunciaron a una oportunidad de negocio antes que ceder a la corrupción?
«Sí, pero fue entonces que descubrimos la microfinanza. Ésta nos orienta a las necesidades financieras de un segmento de la sociedad considerada “fuera del ámbito de los bancos”. Hemos desarrollado así un programa de microcrédito y descubrimos un segmento de la sociedad mucho más amplio para servir, si bien no es tan fácil como el precedente».
La crítica del Papa sobre la financia especulativa, ¿cómo fue recibida por vuestra empresa?
«Él habla de tener mayor empatía hacia las personas más necesitadas de la sociedad, y para nosotros, que estamos en el área del microcrédito, sus palabras nos ayudan a ser más determinados. Es un campo de negocios muy difícil, porque implica mucho trabajo de campo y los jóvenes, cuando solicitan trabajo en un banco, imaginan que vienen a trabajar en un ambiente muy cómodo, en una empresa con aire acondicionado. Después de algunos meses, deciden que no quieren seguir haciendo un trabajo que requiere tanto esfuerzo. Para nosotros, encontrar a las personas justas que permanezcan y amen su trabajo, precisamente por la empatía con los pobres, es un gran desafío.
No alcanzamos los estándares de eficiencia tan fácilmente, pero, si alguien quiere permanecer en el mercado, no podemos hacer otra cosa que buscar por lo menos los estándares de un buen servicio. Pero el mensaje del Papa es muy claro: el verdadero negocio al cual no podemos renunciar es el servicio vital hacia los pobres».
Desde la izquierda: Natalia Dallapiccola, Peppuccio Zanghì, Luce Ardente
«Cuando Luz Ardiente empezó a dar testimonio del Ideal de la unidad entre los monjes budistas, Giuseppe Maria Zanghì, Peppuccio para muchos, quien falleció en estos días, lo definió “Un nuevo san Pablo para el budismo”.
Escribe Luigi: sabiendo cuanto era difícil, para un monje, hacer parte de un movimiento cristiano y extranjero, tenía mis dudas con respecto a la posibilidad de que se concretara su afirmación. Exactamente 20 años después, puedo decir que esas palabras se están realizando.
Todo empezó en 1995, cuando un monje budista apareció por primera vez en el centro del Movimiento de los Focolares. En ese entonces se llamaba Phramaha Thongrattana Thavorn. Había llegado a Roma para acompañar a uno de sus discípulos, Somjit, quien estaba haciendo la experiencia como monje por un breve periodo antes de casarse, siguiendo así la tradición de todos los jóvenes budistas. En esa ocasión, Phra Mahathongrat, que significa ‘oro fino’, conoció a Chiara Lubich quien lo impresionó profundamente. Ella también quedó impactada por esta persona y, bajo su pedido, le dio un nombre nuevo: Luz Ardiente.
En todos estos años, desde que lo conozco, -continua Luigi- nunca había notado en él una fuerza y entusiasmo tan fuertes como en estos días, al anunciar la fraternidad universal, el ideal de ‘mamá Chiara’ (como la sigue llamando). Hoy, en una ceremonia importante, a la que Luz Ardiente me invitó, ante más de 120 monjes, entre los cuales estaban las más altas autoridades budistas de la región, Luz Ardiente pidió la palabra, dando espontáneamente, pero con mucha claridad, el testimonio de su experiencia con Chiara Lubich y con el Focolar, diciendo abiertamente que él es un miembro de la gran familia de Chiara esparcida en más de 120 naciones con millones de miembros.
Los monjes escucharon, para nada molestos: a algunos les pareció divertido, a otros les llamó la atención, algunos quedaron perplejos, como es normal en cualquier ‘comunidad religiosa’. Antes, durante y después de la ceremonia, Luz Ardiente quiso saludar a cada uno, dejando a un lado, a menudo, las reglas, y manifestó el máximo respeto y cariño hacia los monjes más ancianos.
En estos días, Luz Ardiente ama repetir: «Para mí ha llegado el momento de decir a todos los budistas cuánto bien mamá Chiara hizo a mi vida como monje. Yo siento que ella sigue dándome un impulso interior y una fuerza para llevar a todos el ideal de la fraternidad entre las personas».
La muerte de Peppuccio – quien trabajó mucho para el diálogo interreligioso – , el inicio del proceso de beatificación de Chiara, son momentos fuertes e importantes, no sólo para nosotros cristianos, sino para todos los miembros del Movimiento.
Después del 14 de marzo de 2008, día en el que Chiara dejó esta tierra, Luz Ardiente dijo: «Chiara ya no pertenece sólo a ustedes cristianos. Ahora ella y su ideal son un legado para la humanidad entera». En estos días, que definiría especiales, hechos como éstos atestiguan que aquellas palabras de Peppuccio se están realizando ante nuestros ojos.
Hacia finales de los años ’60, siguiendo el camino de las múltiples aperturas auspiciadas por el Vaticano II, el episcopado alemán advierte la exigencia de fortalecer las relaciones con la Iglesia Ortodoxa. El obispo Graber de Regensburg –quien tiene a su cargo la tarea de incrementar este diálogo- sabe que puede contar con una persona de gran competencia que podrá asumir con brillantez este cometido: Albert Rauch. Fue ordenado sacerdote y completó sus estudios teológicos en la Gregoriana de Roma. Por su aguda sensibilidad hacia los ritos de Oriente, Albert decide hacer también un doctorado en el Colegio Russicum, donde aprende – entre otras cosas – el griego moderno y el ruso. Su estadía en Roma es para él la ocasión de conocer el Movimiento de los Focolares. Abraza la espiritualidad descubriendo en ella la profunda dimensión ecuménica. Casi de inmediato pide integrarlo como sacerdote focolarino. Para profundizar en el conocimiento de Oriente, Albert realiza largos viajes a Grecia, Turquía, Líbano, Siria e Israel. Forma parte de una delegación oficial que se dirige a Constantinopla, Sofía, Belgrado: éstos son los primeros e importantes pasos de acercamiento entre estas Iglesias hermanas. El Patriarca Athenágoras queda impresionado cuando lo ve tan joven y subraya la importancia de que también los jóvenes de Oriente viajen a Occidente para enriquecerse recíprocamente. Se abre así la posiblidad para que jóvenes de distintas Iglesias de Oriente vayan a Alemania. A él se le confía el recién iniciadoOstkirchliches Institut[Instituto de las Iglesias Orientales] con sede en Regensburg. Acepta esta tarea con humildad y amor. El obispo le pide a Chiara Lubich que se abra en ese lugar, también un focolar femenino, que lo ayude en su tarea.
Centro Internacional de los Focolares, Castel Gandolfo (Roma) 2003- Dirige una oración en la escuela ecumenica
Albert, en colaboración con otro sacerdote, se prodiga en mil iniciativas, entretejiendo relaciones pan-ortodoxas y entre ortodoxos y católicos que fueron significativas y fructíferas. Un diálogo, que dada su preparación, ha sido profundamente teológico y al mismo tiempo un ‘diálogo de la vida’, como él mismo ama llamarlo. Recordando el impulso que le dio Athenágoras, a menudo lleva a sus estudiantes, que provienen de las distintas Iglesias orientales, a visitar Roma, organizando el viaje en colaboración con el Centro Uno de los Focolares. Durante más de 35 años, estos estudiantes asistieron a las ‘Semanas ecuménicas’ que tienen lugar en el Centro Mariápolis. Varios de ellos, con el correr de los años, asumieron puestos de responsabilidad en sus iglesias. En el verano, durante vacaciones cerca de Roma, no deja de visitar el Centro Uno, para compartir sus proyectos y estar informado sobre las actividades del Movimiento. En el transcurso del tiempo, Albert, o mejor dicho, el Dr. Albert Rauch, comienza su colaboración también con la Escuela Abba y con el Instituto Universitario Sophia. Su ardiente pasión por la recomposición de la unidad lo lleva a aprender unos quince idiomas, que le permitieron sembrar la semilla de la unidad en muchísimos corazones de las más diversas naciones. Su fallecimiento es una gran pérdida para el mundo ecuménico. Su ejemplo y su pasión por la unidad de los cristianos son un estímulo para todos aquellos que quieren contribuir a la realización de la oración de Jesús “Que todos sean uno”.
La ciudad de Cannes es la ganadora de la sexta edición del Premio Chiara Lubich por la fraternidad. Lo que atrajo el reconocimiento fue el proyecto “Vivir juntos en Cannes”, en el que participan ciudadanos laicos y religiosos de distintos credos, comprometidos en una serie de iniciativas dirigidas a favorecer la convivencia pacífica. La solicitud del alcalde de Cannes como candidato al premio llegó precisamente el 7 de enero, día del atentado en París a la sede de Charlie Hebdo. «Existe el símbolo del odio y el símbolo de la paz y nosotros queremos mostrar el símbolo de la paz», declaró el abad cisterciense Vladimir Gaudrat, presente con la delegación francesa en la entrega del Premio. La ceremonia tuvo lugar en Roma, el 17 de enero pasado, en el marco del Congreso sobre el tema “Diálogo y comunidad, ¿cuál relación hay con la fraternidad?”, organizado por la Asociación Ciudades por la Fraternidad, promotora del premio. La sede elegida, el Campidoglio, hizo recordar la historia que vincula la ciudad de Roma a la persona a la que está dedicado este premio. El 22 de enero del 2000, el día en que cumplía 80 años, Chiara Lubich fue galardonada con la ciudadanía romana. Ya en el ’49, Chiara, quien hacía poco estaba en la capital –donde vivió por 10 años- en un artículo con el título “Resurrección de Roma”, describió esta ciudad desfigurada por la guerra y la miseria que ponía a prueba la dignidad de las personas. En el escrito manifiesta la voluntad de colaborar para devolver la luz y el amor a sus casas, a sus calles, a los lugares de estudio y de trabajo, al Parlamento, por doquier. Un auspicio que reformuló ese día del 2000, mostrando una vía para poder lograrlo, el arte de amar, tan en sintonía con el nombre de la capital, que si se lee al inverso resulta: “Amor”. Un arte que emerge de los valores del Evangelio. De estos elementos emerge la idea de Chiara Lubich de la ciudad – en la que se inspira la Asociación que actualmente reúne a 140 municipios italianos- como un lugar habitado por una comunidad que, en las relaciones entre los ciudadanos, y de los ciudadanos con las instituciones, puede ampliar sus propios confines internos y externos. «Las ciudades – explica Pasquale Ferrara, secretario general del Instituto Europeo de Florencia, quien dio su aporte al congreso- son siempre lugares de pluralismo y diversidad, donde distintas asociaciones colaboran con las instituciones locales para la resolución de problemas». También el cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada, ofreció su testimonio sobre la importancia de la fraternidad en relación con las ciudades, recordando sus experiencias en Brasil. «Del Movimiento de los Focolares –recordó el Cardenal- aprendí la apertura a la diversidad, que después experimenté en Brasilia. Hasta llegar a Roma, donde para mí la fraternidad significa mantener un contacto abierto con todos». «En este momento que hay tantos conflictos abiertos, nos parece muy importante reflexionar sobre la fraternidad y el diálogo, en una comunidad que se está transformando, con tantas sensibilidades distintas, y dedicar una tarde a este tema y cómo se puede crear una nueva cohesión», declaró Lina Ciampi, secretaria de la Asociación ‘Ciudades para la Fraternidad’, ante los micrófonos de la Radio Vaticana. «Cannes presentó un proyecto de índole multicultural e interreligiosa, en donde se interactuaban budistas, judíos, musulmanes,… Nos parecía que respondía muy bien a todo lo que la Asociación se propone hacer». Además de la ciudad francesa de Cannes, se premiaron los municipios de Severino y Tolentino en Las Marcas por sus proyectos dirigidos a los sectores menos favorecidos de la ciudadanía y se otorgó una mención de honor al Municipio de Trieste por el Proyecto Educación a la Paz, que llevó a que se instalara en un parque público el Dado de la Paz.