Desde Nairobi (Kenya), la historia de Millycent
https://vimeo.com/171597196
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Divine Liturgy at the Patriarchal and Stavropegial Monastery of Gonia. PHOTO: © POLISH ORTHODOX CHURCH/JAROSLAW CHARKIEWICZ.
Juntos, queremos pedir perdón por las divisiones del pasado que han provocado guerras y muerte en Europa. Juntos queremos testimoniar hoy nuestra unidad en el respeto y en la belleza de las diversidades de nuestras Iglesias y comunidades. Juntos queremos ponernos al servicio de una novedad que sirve hoy para poder emprender de nuevo el camino europeo. Lo que nosotros podemos ofrecer – comprometiendo nuestra vida – es la novedad del Evangelio. Jesús antes de morir rezó así: «Padre, que todos sean uno”. Mostró que todos somos hermanos, que es posible una única «familia humana», que la unidad es posible, que la unidad es nuestro destino. Hoy, nosotros aquí nos comprometemos a ser instrumentos de este cambio, instrumentos de una nueva visión de Europa, instrumentos de una aceleración en el camino hacia la unidad, abriendo, con todos y para todos los hombres y mujeres de nuestro planeta, un dialogo profundo. Diálogo factible por la así llamada «regla de oro», que dice: «No hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti» (Cf. Lc 6,31). En el fondo, quiere decir: ama. Y, si el amor se hace recíproco, hace que florezca, entre todos, la fraternidad. Y precisamente, con la fraternidad universal es con lo que Europa puede redescubrir su propia vocación. Chiara Lubich, ya en los años ’50 escribía: “Si un día los pueblos supieran posponer a sí mismos, la idea que tienen de la propia patria (…), por aquel amor recíproco entre los Estados, que Dios pide como pide el amor recíproco entre hermanos, ese día sería el inicio de una nueva era”. ¡Vivamos entonces para esta nueva era! ¡La unidad es posible!» Maria Voce Múnich de Baviera, 2 de julio de 2016
¿Cuáles son hoy los desafíos de Europa? ¿Cuál es la responsabilidad social y política frente a los otros continentes? ¿Qué contribución pueden ofrecer los movimientos cristianos? Son muchas las preguntas que abrieron la segunda jornada del Congreso, que tuvo lugar el 1º de julio. La misma se enfocó en el hoy del continente europeo con sus desafíos locales y mundiales. “Hay que dejar la Europa de los padres y construir la de los hijos – exhortó Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de S. Egidio-. Los cristianos debemos volver a elegir a Europa, juntos, no podemos construirla solos. Europa no puede vivir para ella misma, debe vivir un cristianismo para los demás y con los demás. Ahora es el momento de un ‘humanismo espiritual’. La vida de las Iglesias y de las comunidades debe emerger y aportar su propia contribución” Gérard Testard de Efesia (París), puso el acento en la necesidad de la acción cristiana en la vida pública. No puede existir por un lado la ciudadanía celestial y por otro lado la terrenal. Hay que vivir ambas realidades juntas. Michael Hochschild, sociólogo y docente de pensamiento post-moderno en el Time-Lab de París, subrayó la importancia sociopolítica de los Movimientos y de las Comunidades espirituales en Europa. Pero para que esto ocurra, afirmó, “deben considerarse y demostrar, con mayor decisión, que son fuerzas “modelo” del panorama cultural. Deben convertirse en ‘Movimientos socio-civiles”. Afirmó además, que en un tiempo de incertidumbre y escasez de perspectivas, las Comunidades comprometidas en “Juntos por Europa” ofrecen modelos alternativos de vida. “Precisamente el miedo al futuro puede obligarnos a hacer todo lo que podamos para que éste sea mejor”, afirmó Herbert Lauenroth, experto en interculturalidad del Centro Ecuménico de Ottmaring (Augsburgo). Según su análisis, la situación actual de Europa nace como una reacción al miedo y a la inseguridad causada por una sensación de sofocamiento existencial. Esta situación al mismo tiempo representa un desafío: El miedo podría convertirse en una experiencia de aprendizaje. “Se trata de preferir aquello que es desconocido, extraño, lo que está en la periferia como lugar donde aprender la fe”. A través de la confrontación con los abismos es que la sociedad está encontrando que una nueva orientación sobre la base de la fe es posible. “Europa está atravesando la noche de sus principios, la noche de su rol en el mundo, la noche de sus sueños”, afirmó en su intervención la presidente de los Focolares María Voce. “La red ‘Juntos por Europa’ nos parece el sujeto capaz de inspirar a personas individuales o asociadas en su compromiso por una Europa libre, reconciliada, demócrata, solidaria y fraterna que puede ser un don para el resto de la humanidad” Steffen Kern de la Federación Evangélica de Wuerttemberg continuó la reflexión sobre Europa y la esperanza: “¿Dónde ponemos la esperanza nosotros, los cristianos? Hay que tener sentido de responsabilidad y asumir los dolores y las oscuridades de nuestras ciudades. Hemos fundado en Stuttgart, la Casa de la Esperanza que acoge a mujeres y a personas que están solas para testimoniar con nuestro compromiso que Dios no abandona a nadie”. Thomas Roemer (YMCA, Múnich), aclaró que si no sustituimos la Europa del miedo por la de la esperanza, ésta última corre el riesgo de morir. También Europa, al igual que los discípulos en otra época, se encuentra sobre la barca con Jesús. “Jesús está presente también en las tempestades; hay que tener fe. El subió a la barca para salvarnos”. Durante la tarde, “Juntos por Europa” abrió sus propios círculos de diálogo, de intercambio de ideas y de proyectos, a todos los que deseaban encontrarse con los protagonistas y tratar los temas de estas jornadas. En la mesa redonda sobre “Cristianos y musulmanes en diálogo”, surgió la necesidad de conocerse, encontrarse y trabajar juntos en torno a los desafíos sociales y culturales. Pasquale Ferrara, nuevo embajador italiano en Argelia, subrayó que el diálogo no lo hacen las culturas o las religiones, sino las personas. Es necesario sumergirse en lo concreto y en la realidad. Y el imán Bastami invitó a encontrar al otro, a conocerlo. Son muchas las ideas y los proyectos que surgieron del debate entre la filósofa de las Religiones, Beate Beckmann-Zoeller, el Dr. Thomas Amberg de la Iglesia Evangélica y el obispo francés, M. Dubost. En la mesa redonda “Hacia una Europa sostenible”, el Card. Turkson, el ingeniero ambiental Daniele Renzi, Hans-Hermann Böhm, y otros expertos aceptaron la invitación del Papa Francisco a realizar un debate serio y abierto sobre los cambios climáticos y los desafíos ecológicos. “Ciencias y religiones deberían dialogar –afirmó el Card. Turkson- para dar una contribución común a la sociedad”. “La mística del encuentro” puso en diálogo a exponentes de la izquierda europea con teólogos y filósofos de movimientos cristianos. “Con respecto a las últimas preguntas sobre el sentido de Europa: estamos más cerca entre nosotros de lo que pensamos”, afirmó Walter Baier, miembro del partido comunista austríaco y coordinador de la red europea, “Transform! Europe”. Jesús Morán, copresidente del Movimiento de los Focolares se expresó a favor de formas nuevas e inclusivas de integración de personas de distintas convicciones. Y concluyó: “La armonía entre nosotros en el día de hoy es motivo de gran esperanza” El cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los cristianos, habló de ‘Encuentro, reconciliación, futuro’ (las tres palabras que conformaron el título del evento), “Es Dios quien viene al encuentro y da el primer paso”. “Se puede perdonar sólo cuando se reconoce el mal, lo negativo, por eso hay que trabajar los corazones endurecidos”. Por esto los movimientos cristianos están “llamados a ser misioneros de la reconciliación, comenzando por la oración, traduciéndola después en vida cotidiana”. Fuente: www.together4europe.org
«Es paradójico que la nueva Europa, nacida con la caída del Muro de Berlín, esté tentada, víctima del miedo, de encerrarse dentro de nuevos recintos, construyendo otros muros, con la ilusión de poder detener la historia que, una vez más, llama a sus puertas», afirma la presidente de los Focolares, María Voce, durante el congreso con 1700 representantes de Movimientos y Comunidades, que precede la gran manifestación pública del 2 de julio en el centro de Múnich. Presenta dos ejemplos que muestran cuán lejos están los ideales de unidad política, identidad, solidaridad y colaboración: «por una parte la gran lentitud para intervenir con ayudas y los encendidos debates que siguieron a la crisis de la deuda en Grecia y que han amenazado fuertemente las bases de la solidaridad entre los Países miembros de la Unión, llegando incluso a la hipótesis de la salida de Grecia del Euro; y por otro lado, la posibilidad de que Gran Bretaña decida salir de la Unión Europea, de forma deliberada y a través de un referéndum. También en este caso la cuestión de la solidaridad es central, porque la salida de la Unión no es como abandonar un club, sino que equivale, radicalmente, a abandonar a los socios con los cuales ya no se comparte más la misma motivación para estar juntos, el pacto fundacional». «Europa atraviesa la noche de sus principios, la noche de su rol en el mundo, la noche de sus sueños», afirma, vinculada a una gran desorientación provocada por la aparición de tres crisis contemporáneas: la crisis migratoria, económica y demográfica. ¿Cuáles son las razones más profundas de la situación de debilidad de la Europa de hoy? María Voce las atribuye a «la negación de Dios y de lo trascendente, fruto de la progresiva afirmación y difusión de la cultura laicista que quiere prescindir de todo vínculo con lo sobrenatural. Europa, en búsqueda de una total libertad, ya no reconoce que la propia cultura ha ido formándose a través de 2000 años de tradición cristiana; negar esto significa cortar las propias raíces y encontrarse como un árbol sin vida». «Por tanto ¿Todo se derrumba? ¿Se está destruyendo el sueño de unidad del continente?», se pregunta, pero la esperanza proviene precisamente del estar « aquí juntos, Movimientos y comunidades cristianas de Europa, porque creemos que existe algo que no se derrumba. Es el Amor. Es Dios Amor». «Todos nosotros – continua –podemos testimoniar, juntos, que un día hemos encontrado a Cristo y nos hemos dejado fascinar y atrapar por su Evangelio. Vivir sus palabras nos ha empujado a cambiar empezando por nosotros mismos para ir hacia los demás, construyendo relaciones de amor evangélico y haciendo surgir comunidades que son levadura en cualquier lugar en el que actúan. Hemos vuelto a descubrir una disponibilidad y apertura hacia todos, yendo más allá de los confines entre las Iglesias, entre las religiones, entre las razas y las culturas, en un diálogo a 360º hasta descubrirnos todos hermanos. De esta manera hemos descubierto la raíz de nuestra cultura europea y, sobre esta base, hemos intentado interpretar el tiempo presente que involucra, como nunca, al entero planeta y a toda la Humanidad, en una prospectiva que tiende al mundo unido. De hecho, actualizar hoy los ideales de paz, de justicia, de libertad, de igualdad, significa tener una dimensión universal que hace posible la fraternidad. Es necesario cultivar una visión consciente y responsable de un futuro de integración creativa, cuyas identidades no se anulan sino que juntas crecen, se enriquecen, actúan en favor de un mundo más justo y equitativo. Hace falta superar el paradigma de la seguridad entendida como protección y rechazo, una seguridad sólo ilusoria, para entrar en aquél más amplio de la «seguridad humana», es decir una seguridad que considera en primer lugar a las personas y su destino, la preservación de la vida, la prospectiva de la esperanza». Una integración creativa, concluye, que « puede verse como un proyecto también en la red de nuestros Movimientos: todos hijos de Dios, unidos y diferentes, vinculados por el amor recíproco que genera la presencia de Dios entre nosotros («Donde dos o más están unidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos» MT 18, 20). Es Él el don más grande que esta red de Movimientos y comunidades puede dar a Europa. Ésta es nuestra respuesta: el Resucitado entre nosotros que, a través de nuestros carismas, consuela, reanima, renueva. Juntos por Europa nos parece que es justamente el sujeto capaz de inspirar a las personas individualmente o asociadas, en su compromiso por una Europa libre, reconciliada, democrática, solidaria y fraterna: no un «viejo» continente, sino un continente vivo y vivaz, que descubre que tiene un proyecto para realizar y que puede ser un don para el resto de la Humanidad». Congreso Juntos por Europa – Múnich de Baviera, 1º de julio de 2016 Intervención de María Voce (texto integral)