Movimiento de los Focolares

Chiara Lubich: la inmensidad de Dios

Ago 28, 2016

Ante la proximidad de la 11ª Jornada mundial para la salvaguardia de la creación, publicamos algunos fragmentos de un escrito de la fundadora de los Focolares, del 22 de enero de 1987, sobre una nueva comprensión de Dios y de la creación

Immensity_of_God-01«Durante un momento de descanso […] contemplando la inmensidad del universo, la extraordinaria belleza de la naturaleza y su potencia, me remonté espontáneamente al Creador de todo y adquirí una nueva comprensión de la inmensidad de Dios. […] Lo vi tan grande, tan grande, tan grande que me parecía imposible que hubiera pensado en nosotros. Esta impresión de su inmensidad ha permanecido en mi corazón durante algunos días. Ahora, el rezar: «Santificado sea tu nombre» o «Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo» es otra cosa para mí: es una necesidad del corazón. […] Nosotros estamos en camino. Y cuando alguien viaja, ya piensa en el ambiente que lo acogerá a su llegada, en el paisaje, en la ciudad, ya se prepara. Esto es lo que tenemos que hacer también nosotros. ¿Allá arriba se alabará a Dios? Alabémosle, por tanto, desde este momento. Dejemos que nuestro corazón le grite todo nuestro amor […]. Expresémosle nuestra alabanza con la boca y con el corazón. Aprovechemos para reavivar algunas de nuestras oraciones diarias que tienen esta finalidad. Y démosle gloria también con todo nuestro ser. Sabemos que cuanto más nos anulamos a nosotros mismos (según el modelo de Jesús Abandonado que se redujo a la nada), más gritamos con nuestra vida que Dios es todo, y, por tanto, se le alaba, se le glorifica, se le adora […]. Busquemos muchos momentos durante el día para adorar a Dios, para alabarlo. Hagámoslo durante la meditación, o en alguna visita a la iglesia, o en la Santa Misa. Alabémosle más allá de la naturaleza o en lo más profundo de nuestro corazón. Vivamos, sobre todo, muertos a nosotros mismos y vivos a la voluntad de Dios, al amor hacia los hermanos. Seamos también nosotros, como decía Isabel de la Trinidad, una «alabanza de su gloria». Así anticiparemos algo del Paraíso, y Dios será compensado a cambio de la indiferencia de innumerables corazones que viven hoy en el mundo». Chiara Lubich (Chiara Lubich, Buscando las cosas de arriba, Madrid 1993, p. 18-20)  

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