Del 18 al 20 de septiembre el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo ha albergado el encuentro internacional de EcoOne sobre el tema “Identidad, red, futuro”. Científicos, investigadores y profesionales provenientes de más de veinte países de los cinco continentes se interrogaron y dialogaron acerca de una pregunta crucial: ¿cómo cuidar el planeta sin separar las cuestiones ambientales de la vida de la gente?
La respuesta que surgió del congreso fue clara: la crisis actual no es solamente ecológica, sino también social, cultural y humana. Por ello no se la puede afrontar exclusivamente con soluciones tecnológicas o intervenciones de conservación aisladas. Por el contrario, hay que reconstruir relaciones auténticas entre las personas, las comunidades y el ambiente.
Los fundamentos de la sustentabilidad relacional
El profesor Sergio Rondinara, docente di Epistemología, recordó los orígenes de EcoOne a partir de una intuición de Chiara Lubich del 27 mayo de 1999, arraigada en su experiencia mística del año 1949. En esa contemplación del misterio de Dios surgía también una nueva comprensión del orden de la creación, percibida como una realidad profundamente unida.
La socióloga brasileña Vera Araújo, que intervino de forma remota, profundizó la vocación humana al cuidado respetuoso de la creación. En el plano científico, Stefania Papa, ecóloga de la Universidad de la Campania (Italia) “Luigi Vanvitelli” y coordinadora internacional de EcoOne, destacó cómo la biología contemporánea supera la visión de una naturaleza fragmentada. Pues la vida se sostiene gracias a la interdependencia y a la cooperación, principios fundamentales de los ecosistemas.
La propuesta de EcoOne nace de la conciencia de ello. Concibe el mundo como una red de relaciones que hay que custodiar y volver a generar. Una perspectiva que coloca en el centro la calidad de las relaciones humanas, de las opciones que se hacen a diario y de tener una mirada hacia el otro.



La contribución de América Latina
Ha sido especialmente significativo el aporte de estudiosos y profesionales de América Latina, que enriquecieron el debate con una perspectiva crítica y constructiva, capaz de relacionar la reflexión ético-teológica con los desafíos de la justicia social y ambiental.
Lucas Cerviño y Gabriel Ferrero remarcaron que la actual crisis ecológica refleja una más profunda fractura antropológica, que se genera a partir de un modelo de dominio sobre la naturaleza. Como alternativa, propusieron una visión “cosmoteándrica” y centrada en la vida, en la cual Dios, la humanidad y el cosmos se entrelazan en una trama de reciprocidad. En esa perspectiva, el ser humano no es propietario del mundo, sino custodio responsable de la creación. De allí deriva el concepto de “sustentabilidad relacional”, que se entiende como la práctica concreta de la construcción de vínculos comunitarios y ecológicos.
Justicia climática e inclusión social
La mesa redonda “Habitar la Tierra dentro de sus límites” favoreció un diálogo entre el Norte y el Sur del mundo, resaltando que la crisis ambiental y la crisis social son aspectos de una única emergencia.
El oceanógrafo Edison Barbieri, investigador del Instituto de Pesca, hizo hincapié en que la cuestión decisiva no se refiere solamente al aumento de las temperaturas, sino que sobre todo tiene que ver con quienes sufren en mayor medida las consecuencias del deterioro ambiental. Por ello, afirmó que no puede existir una verdadera sustentabilidad sin equidad, ni una transición ecológica eficaz sin inclusión social.
Para superar la lógica de la acumulación y del consumismo, el grupo de trabajo propuso el concepto de “suficiencia energética” y estilos de vida fundados en la sobriedad y en la interdependencia. Se presentaron modelos como el Buen Vivir, inspirado en las culturas latinoamericanas, y la Economía de Comunión, ambos orientados a la regeneración de las relaciones, a la reciprocidad y al cuidado de la casa común.
Experiencias provenientes de Nigeria y Filipinas mostraron, además, cómo la tutela del ambiente y el desarrollo económico local pueden avanzar juntos, contribuyendo así a una mayor justicia climática y social.



Una cultura del encuentro
Entre los temas que surgieron con mayor fuerza se analizó también el rol de la cultura en una época marcada por la polarización y la segmentación. La neuróloga Catherine Belzung, docente en la Universidad de Tours (Francia), remarcó la necesidad de partir de las situaciones concretas y del encuentro con las personas, para comprenderlas, respetarlas y valorizar el aporte de cada uno.
Un ulterior motivo de esperanza lo ofreció Luca Fiorani, investigador de la ENEA (Agencia Nacional Italiana para las Nuevas Tecnologías, la Energía y el Desarrollo Económico Sostenible) y docente del Instituto Universitario Sophia. Sus reflexiones pusieron de manifiesto cómo la sustentabilidad puede entenderse sobre todo como relación. En efecto, la misma ciencia muestra que la relación no es solamente un valor ético, sino también una de las condiciones fundamentales de la organización de la vida.
La relación fue el hilo conductor de todo el encuentro: una realidad filosófica, teológica, social y ecológica, pero sobre todo concreta y vivida. Del intercambio han nacido nuevas colaboraciones y una renovada pasión por una ecología integral capaz de involucrar a jóvenes, instituciones, empresas y sociedad civil. Emergió la conciencia de que nadie puede afrontar solo una crisis global. Hay que crear redes cada vez más sólidas y se requiere el aporte de todos.
Es este, quizás, el reto que EcoOne lanza al futuro: transformar el paradigma de la relación en una nueva forma de habitar la Tierra.
Edison Barbieri y Maria Florencia Decarlini
Foto: © EcoOne




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